Categoría: Zaratustra IV

  • 4.20. EL SIGNO

    En la mañana, después de esta noche, saltó Zaratustra de su lecho, se ciñó los lomos y salió de su cueva, radiante y fuerte, como un sol de la mañana que surge de oscuras montañas.

    “¡Tú, gran astro —dijo, como antaño había dicho—, tú, profundo ojo de felicidad! ¿Qué sería toda tu felicidad, si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas? Y si permanecieran en sus cámaras mientras tú ya estás despierto y vienes y regalas y repartes: ¡cómo se encolerizaría entonces tu orgullosa vergüenza!”

    “¡Bien! Aún duermen estos hombres superiores, mientras yo estoy despierto: ¡no son mis verdaderos compañeros! No a ellos aguardo yo aquí en mis montañas. A mi tarea quiero ir, a mi día: pero ellos no entienden qué son los signos de mi mañana; mi paso no es para ellos un llamado a despertar. Aún duermen en mi cueva, su sueño rumia aún mis medianoches. El oído que escucha hacia mí —el oído obediente— falta en sus miembros.”

    —Esto había dicho Zaratustra a su corazón, cuando el sol salió: entonces miró inquisitivamente hacia lo alto, pues oyó sobre sí el agudo grito de su águila. “¡Bien! —gritó hacia arriba—, así me agrada y me corresponde. Mis animales están despiertos, porque yo estoy despierto. Mi águila está despierta y honra, como yo, al sol. Con garras de águila busca la nueva luz. Vosotros sois mis verdaderos animales; yo os amo. ¡Pero aún me faltan mis verdaderos hombres!”—

    Así habló Zaratustra; pero entonces sucedió que de pronto se sintió como rodeado por un enjambre y el aleteo de innumerables pájaros; y el batir de tantas alas y el apiñamiento en torno a su cabeza eran tan grandes, que cerró los ojos. Y en verdad, como una nube cayó sobre él, como una nube de flechas que se descarga sobre un nuevo enemigo. Pero, ¡mira!, aquí era una nube de amor, y sobre un nuevo amigo.

    “¿Qué me sucede?”, pensó Zaratustra en su asombrado corazón, y se dejó caer lentamente sobre la gran piedra que yacía junto a la salida de su cueva. Pero mientras tanteaba con las manos a su alrededor y por encima y por debajo de sí, y apartaba a los tiernos pájaros, mira, le sucedió algo aún más extraño: pues metió la mano inadvertidamente en una espesa y cálida maraña de pelo; al mismo tiempo resonó ante él un rugido —un suave y prolongado rugido de león.

    “El signo llega”, dijo Zaratustra, y su corazón se transformó. Y en verdad, cuando se hizo claro ante él, yacía a sus pies una amarilla y poderosa bestia, que apoyaba la cabeza en sus rodillas y no quería apartarse de él por amor, y hacía como un perro que encuentra de nuevo a su antiguo amo. Pero las palomas no eran menos fervorosas en su amor que el león; y cada vez que una paloma rozaba fugazmente la nariz del león, este sacudía la cabeza y se maravillaba y reía.

    Ante todo ello, Zaratustra no dijo más que una palabra: “mis niños están cerca, mis niños” —y luego quedó completamente mudo. Su corazón se le desató, y de sus ojos caían lágrimas que descendían sobre sus manos. Y no atendía ya a nada más, sino que permanecía allí sentado, inmóvil y sin defenderse de los animales. Entonces las palomas volaban de un lado a otro y se posaban sobre su hombro, acariciaban su blanco cabello y no se cansaban de ternura y júbilo. El fuerte león, por su parte, lamía siempre las lágrimas que caían sobre las manos de Zaratustra, y rugía y gruñía tímidamente al hacerlo. Así se comportaban estos animales. —

    Todo esto duró mucho tiempo o poco tiempo: pues, hablando con propiedad, para tales cosas no hay tiempo en la tierra. Entretanto, los hombres superiores en la cueva de Zaratustra habían despertado y se dispusieron en comitiva para salir al encuentro de Zaratustra y ofrecerle el saludo de la mañana: pues habían advertido, al despertar, que ya no estaba entre ellos. Pero cuando llegaron a la puerta de la cueva y el ruido de sus pasos corría delante de ellos, el león se detuvo bruscamente, se apartó de pronto de Zaratustra y, rugiendo salvajemente, se lanzó contra la cueva; los hombres superiores, al oírle rugir, gritaron todos como con una sola voz, huyeron hacia atrás y en un instante desaparecieron.

    Zaratustra mismo, aturdido y como extraño a sí mismo, se levantó de su asiento, miró a su alrededor, quedó en pie asombrado, interrogó a su corazón, se recogió y quedó solo. “¿Qué oí?”, dijo por fin lentamente, “¿qué me ha sucedido?” Y ya le vino el recuerdo, y comprendió de una sola mirada todo lo que había ocurrido entre ayer y hoy. “Aquí está, en efecto, la piedra —dijo, y se pasó la mano por la barba—, sobre ella me senté ayer por la mañana; y aquí se me acercó el adivino, y aquí oí por primera vez el grito que acabo de oír, el gran grito de angustia.

    “¡Oh vosotros, hombres superiores, de vuestra angustia fue, en efecto, que aquel viejo adivino me profetizó ayer por la mañana —; a vuestra angustia quiso seducirme y tentarme: ‘¡oh Zaratustra —me dijo—, vengo para seducirte hacia tu último pecado!’”

    “¿A mi último pecado?”, gritó Zaratustra y rió colérico ante sus propias palabras; “¿qué me quedaba aún reservado como mi último pecado?”

    —Y de nuevo Zaratustra se hundió en sí mismo y volvió a sentarse sobre la gran piedra y caviló. De pronto se levantó de un salto—: “¡Compasión! ¡La compasión con el hombre superior!”, gritó, y su rostro se volvió de bronce. “¡Bien! ¡Eso —tuvo su tiempo! ¡Mi sufrimiento y mi compasión —qué importa eso! ¿Aspiro yo acaso a la felicidad? ¡Yo aspiro a mi tarea!”

    “¡Bien! El león ha venido, mis niños están cerca, Zaratustra está maduro, mi hora ha llegado: — ¡este es mi mañana, mi día comienza: arriba ahora, arriba, tú, gran mediodía!” — — Así habló Zaratustra y abandonó su cueva, radiante y fuerte, como un sol matinal que surge de oscuras montañas.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.19. Das Nachtwandler-Lied

    4.19. DAS NACHTWANDLER-LIED. Abro espacio para revisar la traducción de Zaratustra 4.19. «La Canción del Sonámbulo,» titularemos, no? ¿Algún comentario previo?
    Thought for a few seconds

    Sí: “La canción del sonámbulo” me parece un muy buen título de trabajo.

    Comentario previo

    Hay varias cosas que conviene tener presentes desde el comienzo:

    1. Nachtwandler no es simplemente “noctámbulo”.
      Noctámbulo en español suele sugerir al que vive o anda de noche; sonámbulo conserva mejor la idea de alguien que camina en un estado intermedio, como entre sueño, trance, embriaguez y lucidez. En este capítulo eso encaja muy bien con el clima espiritual.
    2. El tono probablemente será lírico, oscilante y crepuscular-nocturno, pero no blando.
      En Nietzsche, estos cantos suelen mezclar música, burla, gravedad, ebriedad, lucidez súbita y una especie de sabiduría danzada. Conviene no “psicologizar” demasiado el término.
    3. Habrá que vigilar la relación entre:
      • noche
      • sueño / vigilia
      • canto
      • danza
      • ebriedad
      • y posiblemente alguna inversión entre lo solemne y lo grotesco.
    4. Desde el punto de vista traductológico, aquí importará mucho:
      • el ritmo de las frases,
      • la posible repetición formularia,
      • los estribillos o semi-estribillos,
      • y el tono entre himno, canción de taberna y canto filosófico.

    Sobre el título

    Mis opciones quedarían así:

    • La canción del sonámbulo → la mejor, de entrada.
    • El canto del sonámbulo → más elevado, algo más solemne.
    • La canción del noctámbulo → menos precisa para este contexto.
    • El canto del noctámbulo → posible, pero yo lo dejaría en segundo plano.

    Yo empezaría, pues, con La canción del sonámbulo.

    Matiz adicional

    Además, Lied en Zaratustra a veces pide “canción” y otras veces “canto”.
    De momento, en este capítulo, “canción” me suena bien si el texto tiene aire más cantable, más escénico o más cercano a una pieza coral; “canto” si al releerlo vemos que pesa más la elevación lírica. Pero como título provisional, La canción del sonámbulo está bien asentado.

    Pásame cuando quieras el comienzo del capítulo —alemán y tu versión— y lo revisamos bloque a bloque, como siempre.

    Te va a resultar un poco tosco: 1.1. Inzwischen aber war Einer nach dem Andern hinaus getreten, in’s Freie und in die kühle nachdenkliche Nacht; Zarathustra selber aber führte den hässlichsten Menschen an der Hand, dass er ihm seine Nacht-Welt und den grossen runden Mond und die silbernen Wasserstürze bei seiner Höhle zeige. Da standen sie endlich still bei einander, lauter alte Leute, aber mit einem getrösteten tapferen Herzen und verwundert bei sich, dass es ihnen auf Erden so wohl war; die Heimlichkeit der Nacht aber kam ihnen näher und näher an’s Herz. Und von Neuem dachte Zarathustra bei sich: „oh wie gut sie mir nun gefallen, diese höheren Menschen!“ — aber er sprach es nicht aus, denn er ehrte ihr Glück und ihr Stillschweigen. — 1.1.  Pero entretanto habían, uno detrás de otro, salido afuera, al aire libre y a la fría, pensativa noche; pero Zaratustra mismo condujo al hombre más feo de la mano para mostrarle su mundo nocturno y la gran luna redonda y las plateadas cascadas cerca de su cueva. Allí estuvieron en pie finalmente en silencio, nada más que vieja gente, pero con consolados, valientes corazones  y sorprendidos en sí mismos de que les fuera tan bien sobre la tierra; pero el secreto de la noche se les acercaba más y más al corazón. Y de nuevo pensó Zaratustra para sí: ‘Oh, qué bien me han gustado ahora, estos hombres superiores”. Pero no lo pronunció en voz alta, porque respetó su felicidad y su silencio.

    No está mal como arranque; solo hay que soltarlo un poco para que respire en español.

    Propuesta revisada

    1.1. Entretanto, uno tras otro habían salido afuera, al aire libre y a la fría, pensativa noche; y el propio Zaratustra llevaba al hombre más feo de la mano, para mostrarle su mundo nocturno, la gran luna redonda y las plateadas cascadas junto a su cueva. Al fin se quedaron allí de pie, unos junto a otros, todos gente vieja, pero con el corazón consolado y valeroso, y maravillados en su interior de hallarse tan a gusto sobre la tierra; y el sigilo de la noche se les iba acercando más y más al corazón. Y de nuevo pensó Zaratustra para sí: «¡Oh, cuánto me gustan ahora estos hombres superiores!» — pero no lo dijo en voz alta, pues respetaba su felicidad y su silencio.

    Comentario rápido

    1. “Inzwischen aber”

    Yo pondría “Entretanto” o “Mientras tanto”.
    Tu “pero entretanto” reproduce el aber, pero aquí en español pesa demasiado. El aber nietzscheano muchas veces solo marca reanudación o leve giro.

    2. “hinaus getreten, in’s Freie”

    “habían salido afuera, al aire libre” es fiel, pero algo redundante.
    Se puede dejar, porque el alemán también redobla el movimiento hacia fuera. Aun así, suena mejor:

    • “habían salido afuera, al aire libre”
      o bien
    • “habían ido saliendo, uno tras otro, al aire libre”

    Yo aquí he conservado bastante la literalidad.

    3. “die kühle nachdenkliche Nacht”

    “la fría, pensativa noche” está bien.
    Ese adjetivo personifica la noche y conviene mantenerlo.

    4. “führte … an der Hand”

    Mejor “llevaba … de la mano” que “condujo … de la mano”, porque suena más natural y mantiene el gesto.

    5. “seine Nacht-Welt”

    “su mundo nocturno” está bien.
    No lo tocaría.

    6. “die silbernen Wasserstürze bei seiner Höhle”

    “las plateadas cascadas junto a su cueva” funciona mejor que “cerca de su cueva”.
    bei aquí pide proximidad visual, casi escénica.

    7. “Da standen sie endlich still bei einander”

    Aquí tu “estuvieron en pie finalmente en silencio” resulta algo rígido.
    Yo lo llevaría a:

    • “Al fin se quedaron allí de pie, unos junto a otros”

    Ese still aquí vale más como “quietos”, “quedados”, no tanto “en silencio”, aunque el silencio está enseguida al final del periodo.

    8. “lauter alte Leute”

    Tu “nada más que vieja gente” suena demasiado áspero.
    Mejor:

    • “todos gente vieja”
    • “todos ancianos”
    • “puros viejos” no, demasiado brusco aquí.

    “todos gente vieja” conserva bien el matiz.

    9. “mit einem getrösteten tapferen Herzen”

    Yo evitaría el plural: el alemán va en singular casi como corazón común.
    Por eso:

    • “con el corazón consolado y valeroso”

    Suena bastante bien.

    10. “verwundert bei sich”

    Tu “sorprendidos en sí mismos” apunta bien, pero en español queda duro.
    Mejor:

    • “maravillados en su interior”
    • “sorprendidos dentro de sí”

    Yo prefiero “maravillados en su interior”.

    11. “dass es ihnen auf Erden so wohl war”

    Muy importante el tono.
    No solo “que les fuera tan bien”, sino algo como estar bien sobre la tierra, reconciliados con ella:

    • “de hallarse tan a gusto sobre la tierra”
    • “de que se sintieran tan bien sobre la tierra”

    La primera me gusta más.

    12. “die Heimlichkeit der Nacht”

    Aquí hay miga.
    “el secreto de la noche” está bastante bien, pero Heimlichkeit no es solo “secreto” en abstracto: también tiene algo de intimidad, sigilo, recogimiento secreto. Posibles opciones:

    • “el secreto de la noche”
    • “la intimidad secreta de la noche”
    • “el sigilo de la noche”

    Yo aquí probé “el sigilo de la noche”, que da una cercanía casi física. Pero “el secreto de la noche” también puede valer perfectamente si quieres algo más simple.

    13. “oh wie gut sie mir nun gefallen”

    Tu “qué bien me han gustado ahora” es demasiado calcado.
    En español mejor:

    • “¡Oh, cuánto me gustan ahora!”
    • “¡Oh, qué bien me agradan ahora!”

    La primera tiene más vida.

    14. “er ehrte ihr Glück und ihr Stillschweigen”

    Mejor “pues respetaba su felicidad y su silencio”.
    Stillschweigen es más que silencio físico, pero aquí “silencio” basta y queda limpio.

    Versión un poco más literal, por si la prefieres

    1.1. Entretanto, uno tras otro habían salido al aire libre y a la fría, pensativa noche; Zaratustra mismo, por su parte, llevaba al hombre más feo de la mano, para mostrarle su mundo nocturno y la gran luna redonda y las plateadas cascadas junto a su cueva. Al fin se quedaron allí quietos, unos junto a otros, todos gente vieja, pero con el corazón consolado y valeroso, y sorprendidos dentro de sí de que en la tierra les fuera tan bien; y el secreto de la noche se les acercaba más y más al corazón. Y de nuevo pensó Zaratustra para sí: «¡Oh, cuánto me gustan ahora estos hombres superiores!» — pero no lo dijo en voz alta, pues respetaba su felicidad y su silencio.

    Yo, ahora mismo, me quedaría con la primera versión, y vigilaría sobre todo Heimlichkeit: ahí está el punto más delicado del pasaje.

    Pásame 1.2 cuando quieras.

    OK, quedamos con la versión revisada; «1.1. Entretanto, uno tras otro habían salido afuera, al aire libre y a la fría, pensativa noche; y el propio Zaratustra llevaba al hombre más feo de la mano, para mostrarle su mundo nocturno, la gran luna redonda y las plateadas cascadas junto a su cueva. Al fin se quedaron allí de pie, unos junto a otros, todos gente vieja, pero con el corazón consolado y valeroso, y maravillados en su interior de hallarse tan a gusto sobre la tierra; y el sigilo de la noche se les iba acercando más y más al corazón. Y de nuevo pensó Zaratustra para sí: «¡Oh, cuánto me gustan ahora estos hombres superiores!» — pero no lo dijo en voz alta, pues respetaba su felicidad y su silencio.»

    Sí, así queda bien fijado.

    Solo te señalaría dos minucias, no para cambiar necesariamente, sino para que las tengas presentes al releer:

    1. “habían salido afuera”

    Suena bien y conserva el desdoblamiento del alemán. No me molesta.
    Si en una revisión final quisieras aligerarlo, la alternativa natural sería:

    “habían salido, uno tras otro, al aire libre y a la fría, pensativa noche”

    Pero “salido afuera” aquí todavía se sostiene.

    2. “todos gente vieja”

    Es fiel al tono de lauter alte Leute y además tiene algo casi tierno en este contexto.
    No lo tocaría ahora.

    Por tanto, 1.1 queda bien asentado tal como lo has copiado.

    Pásame 1.2.

    1.2. Da aber geschah Das, was an jenem erstaunlichen langen Tage das Erstaunlichste war: der hässlichste Mensch begann noch ein Mal und zum letzten Mal zu gurgeln und zu schnauben, und als er es bis zu Worten gebracht hatte, siehe, da sprang eine Frage rund und reinlich aus seinem Munde, eine gute tiefe klare Frage, welche Allen, die ihm zuhörten, das Herz im Leibe bewegte. 1.2. Pero entonces sucedió aquello que en aquel sorprendente, largo día fue lo más sorprendente: el hombre más feo empezó una vez más y por última vez a gorgotear y resollar, y cuando lo hubo llevado a palabras, he aquí que saltó de su boca una pregunta redonda y limpia, una buena, profunda, clara pregunta que a todos los que lo escucharon conmovió el corazón en lo más íntimo.

    Va bien encaminada. Solo hay que ajustar un poco el ritmo y un par de palabras.

    Propuesta revisada

    1.2. Pero entonces ocurrió aquello que, en aquel asombroso y largo día, fue lo más asombroso: el hombre más feo comenzó una vez más, y por última vez, a gorgotear y resollar; y cuando al fin lo hubo llevado hasta las palabras, he aquí que de su boca saltó una pregunta redonda y limpia, una buena, profunda, clara pregunta, que a todos los que la escucharon les conmovió el corazón en el pecho.

    Comentario

    1. “Da aber geschah Das”

    “Pero entonces ocurrió aquello” funciona mejor que “sucedió aquello” para este arranque solemne.
    Las dos valen, pero ocurrió tiene algo más narrativo y más limpio aquí.

    2. “an jenem erstaunlichen langen Tage”

    Yo pondría:

    “en aquel asombroso y largo día”

    Tu “sorprendente, largo día” no está mal, pero erstaunlich aquí me pide más bien asombroso. Además, repetir luego “lo más asombroso” conserva la figura del original.

    3. Repetición de erstaunlich / Erstaunlichste

    Conviene mantenerla:

    • asombroso / lo más asombroso
    • sorprendente / lo más sorprendente

    Yo prefiero la primera. Tiene más cuerpo.

    4. “begann … zu gurgeln und zu schnauben”

    “comenzó una vez más, y por última vez, a gorgotear y resollar” queda bien.
    “Gorgotear” sigue siendo un poco tosco, sí, pero precisamente el personaje y la escena lo permiten. No me disgusta nada aquí.

    5. “als er es bis zu Worten gebracht hatte”

    Tu “cuando lo hubo llevado a palabras” es bastante fiel, pero en español queda algo duro.
    Yo lo suavizaría muy poco:

    • “cuando al fin lo hubo llevado hasta las palabras”

    Ese al fin ayuda, y hasta da mejor la sensación de esfuerzo.

    6. “sprang eine Frage rund und reinlich aus seinem Munde”

    Muy bonito pasaje.
    “saltó de su boca una pregunta redonda y limpia” está bien.
    No tocaría apenas nada.

    “reinlich” aquí no es solo “limpia” en sentido higiénico, claro, sino bien formada, nítida, sin confusión. Pero limpia lo recoge bastante bien.

    7. “Allen, die ihm zuhörten”

    En realidad aquí el referente inmediato es la pregunta, así que yo pondría:

    “a todos los que la escucharon”

    Tu “lo escucharon” remite al hombre, pero el alemán puede oírse más naturalmente como escucha de la pregunta recién pronunciada.

    8. “das Herz im Leibe bewegte”

    Tu “conmovió el corazón en lo más íntimo” interpreta bastante.
    Más cerca del original sería:

    • “les conmovió el corazón en el pecho”
    • “les agitó el corazón en el cuerpo”
    • “les movió el corazón en el pecho”

    Yo prefiero “les conmovió el corazón en el pecho”: conserva la fisicidad de im Leibe sin sonar raro del todo.

    Versión alternativa, un poco más literal

    1.2. Pero entonces sucedió aquello que, en aquel asombroso y largo día, fue lo más asombroso: el hombre más feo empezó una vez más, y por última vez, a gorgotear y resollar; y cuando hubo logrado por fin llegar a las palabras, he aquí que de su boca saltó una pregunta redonda y limpia, una buena, profunda, clara pregunta, que a todos los que la escuchaban les conmovió el corazón en el pecho.

    Yo me quedaría con la primera versión revisada. Tiene mejor cadencia.

    Pásame 1.3.

    Nos quedamos con esa versión.

    Perfecto. Queda fijada así:

    1.2. Pero entonces ocurrió aquello que, en aquel asombroso y largo día, fue lo más asombroso: el hombre más feo comenzó una vez más, y por última vez, a gorgotear y resollar; y cuando al fin lo hubo llevado hasta las palabras, he aquí que de su boca saltó una pregunta redonda y limpia, una buena, profunda, clara pregunta, que a todos los que la escucharon les conmovió el corazón en el pecho.

    Pásame 1.3.

    1.3. „Meine Freunde insgesammt, sprach der hässlichste Mensch, was dünket euch? Um dieses Tags Willen — ich bin’s zum ersten Male zufrieden, dass ich das ganze Leben lebte. Und dass ich so viel bezeuge, ist mir noch nicht genug. Es lohnt sich auf der Erde zu leben: Ein Tag, Ein Fest mit Zarathustra lehrte mich die Erde lieben. 1.3. “Amigos míos todos,” dijo el hombre más feo,” ¿Qué pensáis? Por este día estoy por primera vez satisfecho de que viví (¿“de haber vivido”?) la vida entera. Y haber atestiguado tanto no me es aún suficiente. Vale la pena vivir sobre la tierra: un día, una fiesta con Zaratustra me enseñó a amar la tierra.

    Sí: aquí “de haber vivido” suena mejor que “de que viví”.

    Propuesta revisada

    1.3. «Amigos míos todos —dijo el hombre más feo—, ¿qué os parece? Por causa de este día, por vez primera estoy satisfecho de haber vivido la vida entera.
    Y que yo atestigüe tanto no me basta todavía. Vale la pena vivir sobre la tierra: un día, una fiesta con Zaratustra, me enseñó a amar la tierra.»

    Comentario

    1. “Meine Freunde insgesammt”

    Tu “Amigos míos todos” está bien.
    Alternativas:

    • “Amigos míos todos”
    • “Todos vosotros, amigos míos”
    • “Amigos míos, todos”

    Yo dejaría “Amigos míos todos”, porque tiene buen arranque oral.

    2. “was dünket euch?”

    Aquí yo subiría un poco el tono:

    • “¿qué os parece?”
    • “¿qué os parece a vosotros?”
    • “¿qué pensáis?”

    “¿Qué pensáis?” no está mal, pero “¿qué os parece?” se acerca más al matiz de dünken.

    3. “Um dieses Tags Willen”

    Este giro conviene mantenerlo con cierta solemnidad:

    • “Por causa de este día”
    • “Por mor de este día”
    • “Por este día”

    La más equilibrada me parece “Por causa de este día”.
    “Por mor de” sería bonita, pero quizá demasiado marcada para el tono general que llevas.

    4. “ich bin’s zum ersten Male zufrieden”

    Aquí el centro es: por primera vez se da por satisfecho de haber vivido toda la vida.
    Por eso:

    • “por vez primera estoy satisfecho de haber vivido la vida entera”

    Suena bien y mantiene la gravedad del pasaje.

    5. “dass ich das ganze Leben lebte”

    Sí: “de haber vivido la vida entera” es mejor que “de que viví la vida entera”.
    También podría ser:

    • “de haber vivido toda la vida”

    Pero “la vida entera” tiene más resonancia.

    6. “Und dass ich so viel bezeuge”

    Aquí bezeugen no es exactamente “atestiguar” en sentido jurídico, aunque puede valer. También tiene algo de dar testimonioafirmar con mi propia vidadeclarar.

    Opciones:

    • “Y que yo atestigüe tanto no me basta todavía”
    • “Y dar testimonio de tanto no me basta todavía”
    • “Y aun dar testimonio de tanto no me basta”

    Yo preferiría ligeramente:

    “Y dar testimonio de tanto no me basta todavía.”

    Suena más natural en español y conserva el peso.

    7. “Es lohnt sich auf der Erde zu leben”

    Tu “Vale la pena vivir sobre la tierra” está muy bien.
    Yo la mantendría.

    8. “Ein Tag, Ein Fest mit Zarathustra”

    Muy importante conservar la apposición enfática:

    • “Un día, una fiesta con Zaratustra”

    Perfecto. Solo pondría comas para darle aire.


    Versión que yo recomendaría un poco más

    1.3. «Amigos míos todos —dijo el hombre más feo—, ¿qué os parece? Por causa de este día, por vez primera estoy satisfecho de haber vivido la vida entera.
    Y dar testimonio de tanto no me basta todavía. Vale la pena vivir sobre la tierra: un día, una fiesta con Zaratustra, me enseñó a amar la tierra.»

    Variante más pegada a tu borrador

    1.3. «Amigos míos todos —dijo el hombre más feo—, ¿qué pensáis? Por este día, por primera vez estoy satisfecho de haber vivido la vida entera.
    Y haber atestiguado tanto no me es todavía suficiente. Vale la pena vivir sobre la tierra: un día, una fiesta con Zaratustra, me enseñó a amar la tierra.»

    Yo me quedaría con la primera, sobre todo por “¿qué os parece?” y “dar testimonio de tanto”.

    Quedamos con la primera versión.

    Perfecto. Queda así:

    1.3. «Amigos míos todos —dijo el hombre más feo—, ¿qué os parece? Por causa de este día, por vez primera estoy satisfecho de haber vivido la vida entera.
    Y dar testimonio de tanto no me basta todavía. Vale la pena vivir sobre la tierra: un día, una fiesta con Zaratustra, me enseñó a amar la tierra.»

    Pásame 1.4.

    1.4. „War Das — das Leben?“ will ich zum Tode sprechen. „Wohlan! Noch Ein Mal!“ 1.5. Meine Freunde, was dünket euch? Wollt ihr nicht gleich mir zum Tode sprechen: War Das — das Leben? Um Zarathustra’s Willen, wohlan! Noch Ein Mal!“ — —    1.4. ‘Era eso, la vida?’ Quiero decirle a la muerte. ‘¡Bien! ¡Una  vez más! (¿”¡Todavía otra vez!”?).    1.5. ¿Amigos míos, qué os parece? ¿No queréis como yo decirle a la muerte: ‘¿Era eso, la vida? Por Zaratustra, ¡Bien! ¡Una vez más!’

    Sí, aquí merece la pena afinar bastante, porque es uno de esos pasajes que luego resuenan mucho.

    Propuesta revisada

    1.4. «¿Era eso — la vida?», quiero decirle a la muerte. «¡Bien! ¡Otra vez!»

    1.5. «Amigos míos, ¿qué os parece? ¿No queréis decirle también vosotros, como yo, a la muerte: “¿Era eso — la vida? ¡Por amor a Zaratustra, bien! ¡Otra vez!”» — —

    Comentario

    1. “War Das — das Leben?”

    Yo conservaría el guion largo interior:

    «¿Era eso — la vida?»

    Funciona bien en Nietzsche: detención, señalamiento, casi un reconocer retrospectivo.

    2. “will ich zum Tode sprechen”

    Aquí no es futuro estricto, sino una especie de resolución enfática: “quiero decirle a la muerte”.
    Tu versión está bien encaminada.

    También cabría:

    • “he de decirle a la muerte”
    • “quiero hablarle así a la muerte”

    Pero “quiero decirle a la muerte” queda sobrio y bien.

    3. “Wohlan! Noch Ein Mal!”

    Aquí yo no pondría “una vez más” en tono neutro, sino algo más seco y más golpeado:

    • «¡Bien! ¡Otra vez!»
    • «¡Ea! ¡Otra vez!»
    • «¡Adelante! ¡Otra vez!»

    Wohlan no es exactamente “bien”, pero en tu línea general de traducción “¡Bien!” funciona.
    Noch Ein Mal aquí pide claramente “¡Otra vez!”, no “todavía otra vez”, que suena demasiado explicativo.

    4. “Wollt ihr nicht gleich mir…”

    Tu construcción es correcta, pero yo la haría un poco más natural:

    “¿No queréis decirle también vosotros, como yo, a la muerte…?”

    Ese también vosotros ayuda a desplegar gleich mir sin dureza.

    5. “Um Zarathustra’s Willen”

    Aquí hay que decidir el registro. Las opciones principales serían:

    • “Por Zaratustra”
    • “Por amor a Zaratustra”
    • “Por causa de Zaratustra”
    • “Por mor de Zaratustra”

    Yo prefiero “Por amor a Zaratustra”.
    ¿Por qué? Porque en español “por X” suena demasiado desnudo, y um … willen tiene un matiz de “por consideración a”, “por causa de”, “por el bien de”. “Por amor a Zaratustra” suena fuerte, solemne y bastante natural en este contexto casi litánico.

    6. Cierre de 1.5

    Yo lo dejaría así:

    «… “¿Era eso — la vida? ¡Por amor a Zaratustra, bien! ¡Otra vez!”» — —

    Conserva bien el empuje del original.


    Variante un poco más literal

    1.4. «¿Era eso — la vida?», quiero hablarle así a la muerte. «¡Bien! ¡Otra vez!»

    1.5. «Amigos míos, ¿qué os parece? ¿No queréis vosotros también, como yo, decirle a la muerte: “¿Era eso — la vida? ¡Por causa de Zaratustra, bien! ¡Otra vez!”» — —

    Pero yo me quedaría con la primera propuesta.

    Punto importante

    Aquí asoma ya con mucha claridad la fórmula del eterno retorno en su forma afirmativa, pero en boca del hombre más feo, y además nacida de la fiesta, del cansancio, de la noche y de la reconciliación con la tierra. Conviene que la frase quede muy desnuda, muy repetible y muy oral.

    Por eso precisamente “¡Bien! ¡Otra vez!” me parece mejor que cualquier formulación más explicativa.

    Si quieres, seguimos con 1.6.

    Perfecto. Primera propuesta, otra vez.

    Perfecto. Queda fijado así:

    1.4. «¿Era eso — la vida?», quiero decirle a la muerte. «¡Bien! ¡Otra vez!»

    1.5. «Amigos míos, ¿qué os parece? ¿No queréis decirle también vosotros, como yo, a la muerte: “¿Era eso — la vida? ¡Por amor a Zaratustra, bien! ¡Otra vez!”» — —

    Pásame 1.6.

    1.6. Also sprach der hässlichste Mensch; es war aber nicht lange vor Mitternacht. Und was glaubt ihr wohl, dass damals sich zutrug? Sobald die höheren Menschen seine Frage hörten, wurden sie sich mit Einem Male ihrer Verwandlung und Genesung bewusst, und wer ihnen dieselbe gegeben habe: da sprangen sie auf Zarathustra zu, dankend, verehrend, liebkosend, ihm die Hände küssend, so wie es der Art eines Jeden eigen war: also dass Einige lachten, Einige weinten. Der alte Wahrsager aber tanzte vor Vergnügen; und wenn er auch, wie manche Erzähler meinen, damals voll süssen Weines war, so war er gewisslich noch voller des süssen Lebens und hatte aller Müdigkeit abgesagt. Es giebt sogar Solche, die erzählen, dass damals der Esel getanzt habe: nicht umsonst nämlich habe ihm der hässlichste Mensch vorher Wein zu trinken gegeben. Diess mag sich nun so verhalten oder auch anders; und wenn in Wahrheit an jenem Abende der Esel nicht getanzt hat, so geschahen doch damals grössere und seltsamere Wunderdinge als es das Tanzen eines Esels wäre. Kurz, wie das Sprichwort Zarathustra’s lautet: „was liegt daran!“ 1.6. Así habló el hombre más feo; pero no faltaba mucho para la medianoche. ¿Y qué creéis que ocurrió entonces? Tan pronto como los hombres superiores escucharon su pregunta, se volvieron de repente conscientes de su transformación y convalecencia y de quién se la había concedido: entonces saltaron sobre Zaratustra, agradeciendo, reverenciando, acariciando, besándole las manos, según como era la indole propia de cada uno: así que algunos reían, algunos lloraban. Pero el viejo adivino danzaba de alegría; y aunque también, como algunos cronistas opinan, estaba entonces lleno de dulce vino, estaba sin duda aún más lleno de dulce vida y había cancelado todo cansancio. Hay incluso quienes cuentan que entonces el asno danzó: pues no en vano le había dado el hombre más feo antes vino a beber. Esto puede ser así o de otra manera; y si en verdad aquella tarde el asno no danzó, aún así sucedieron entonces maravillas más grandes y más raras de lo que lo hubiera sido la danza de un asno. Brevemente, como reza el dicho de Zarathustra: ‘¿Que importa?’

    Muy buen bloque. Hay bastante que pulir, pero la base está clara.

    Propuesta revisada

    1.6. Así habló el hombre más feo; pero no faltaba ya mucho para la medianoche. ¿Y qué creéis, pues, que aconteció entonces? Tan pronto como los hombres superiores oyeron su pregunta, cobraron de pronto conciencia de su transformación y de su curación, y de quién se la había dado; entonces se lanzaron hacia Zaratustra, dándole las gracias, venerándolo, acariciándolo, besándole las manos, según la índole propia de cada uno: de modo que unos reían y otros lloraban. Pero el viejo adivino danzaba de placer; y aunque también, según creen algunos narradores, por entonces estaba lleno de dulce vino, estaba sin duda más lleno todavía de la dulce vida, y había renunciado a todo cansancio. Hay incluso quienes cuentan que entonces danzó el asno: pues no en vano le había dado antes de beber vino el hombre más feo. Esto pudo haber sido así o de otra manera; y si en verdad aquella tarde el asno no danzó, ocurrieron, sin embargo, entonces milagros más grandes y más extraños que el baile de un asno. En suma, como reza el proverbio de Zaratustra: «¡qué importa!»

    Comentario por puntos

    1. “es war aber nicht lange vor Mitternacht”

    Tu “no faltaba mucho para la medianoche” está bien.
    Yo solo añadí ya:

    • “no faltaba ya mucho para la medianoche”

    Le da un pequeño impulso narrativo.

    2. “Und was glaubt ihr wohl, dass damals sich zutrug?”

    Aquí “¿Y qué creéis que ocurrió entonces?” funciona, pero yo intentaría conservar algo del tono narrador-interpelador de wohl y de sich zutrug:

    • “¿Y qué creéis, pues, que aconteció entonces?”

    Aconteció aquí suena bien, algo elevado, muy de cuento relatado.

    3. “wurden sie sich mit Einem Male … bewusst”

    Tu “se volvieron de repente conscientes” es un poco calcado.
    Mejor:

    • “cobraron de pronto conciencia”
    • “se hicieron de pronto conscientes”

    La primera suena mucho más natural.

    4. “Genesung”

    Aquí yo pondría “curación” o “restablecimiento” antes que “convalecencia”.

    ¿Por qué? Porque Genesung es más bien el hecho de sanar, de haber sanado, no tanto el estado posterior.
    Por eso:

    • “de su transformación y de su curación”

    queda mejor.

    5. “wer ihnen dieselbe gegeben habe”

    Tu “quién se la había concedido” se entiende, pero yo lo dejaría más simple:

    • “y de quién se la había dado”

    Más directo, más nietzscheano.

    6. “da sprangen sie auf Zarathustra zu”

    “saltaron sobre Zaratustra” en español suena casi agresivo.
    Mejor:

    • “se lanzaron hacia Zaratustra”
    • “corrieron hacia Zaratustra”

    Yo prefiero “se lanzaron hacia”, conserva el ímpetu.

    7. Serie verbal

    Tu serie está bien orientada, pero en gerundio pesa un poco. Mejor repartirla:

    • “dándole las gracias, venerándolo, acariciándolo, besándole las manos”

    Funciona mejor que infinitivos sustantivados o formas demasiado nominales.

    8. “so wie es der Art eines Jeden eigen war”

    Tu “según como era la índole propia de cada uno” va bien, pero se puede aligerar un poco:

    • “según la índole propia de cada uno”

    más limpio.

    9. “also dass Einige lachten, Einige weinten”

    Mejor:

    • “de modo que unos reían y otros lloraban”

    Natural y firme.

    10. “tanzte vor Vergnügen”

    “danzaba de placer” me parece mejor que “de alegría” aquí.
    Hay algo más corporal, más gustoso.

    11. “wie manche Erzähler meinen”

    Yo pondría “según creen algunos narradores” o “como creen algunos narradores”.
    Tu “cronistas” no está mal, pero Erzähler es más bien contadores, narradores, relato oral.

    12. “voll süssen Weines” / “voller des süssen Lebens”

    Aquí hay un bonito paralelismo. Conviene mantenerlo muy visible:

    • “lleno de dulce vino”
    • “más lleno todavía de la dulce vida”

    Muy bien así. Solo añadí la para hacer eco más claro.

    13. “hatte aller Müdigkeit abgesagt”

    Tu “había cancelado todo cansancio” suena algo moderno-administrativo.
    Mejor:

    • “había renunciado a todo cansancio”
    • “había dicho adiós a todo cansancio”

    La primera es más sobria.

    14. “nicht umsonst nämlich habe ihm … Wein zu trinken gegeben”

    Tu “vino a beber” no suena natural aquí.
    Mejor:

    • “le había dado antes de beber vino”
    • “le había dado a beber vino”

    La segunda es la más directa:

    “pues no en vano le había dado antes a beber vino el hombre más feo.”

    Yo, para evitar tropiezo, lo recoloco:
    “pues no en vano le había dado antes de beber vino el hombre más feo.”
    Aunque también valdría:
    “pues no en vano le había dado antes vino a beber el hombre más feo.”
    Pero esta última me gusta menos.

    15. “Wunderdinge”

    Aquí yo usaría “milagros” o “cosas prodigiosas”.
    Como el pasaje está en tono casi fabuloso, milagros funciona bien.

    16. “als es das Tanzen eines Esels wäre”

    Tu “de lo que lo hubiera sido la danza de un asno” es correcta pero algo enrevesada.
    Más limpio:

    • “que el baile de un asno”
    • “que el danzar de un asno”

    Yo pondría “que el baile de un asno”.

    17. “Kurz”

    No “Brevemente”, sino:

    • “En suma”
    • “En resumen”
    • “En pocas palabras”

    “En suma” encaja muy bien aquí.

    18. “Sprichwort”

    Aquí, como ya en otras ocasiones, yo dejaría:

    • “proverbio”
    • “dicho”

    Ambos valen. “proverbio de Zaratustra” tiene un punto ligeramente más solemne y tradicional.

    19. “was liegt daran!”

    Importante: lleva fuerza coloquial y despreocupada.
    Mejor:

    • «¡qué importa!»
    • «¡qué más da!»

    Yo aquí mantendría «¡qué importa!», que ya vienes usando.


    Pequeña nota de conjunto

    Este bloque tiene un tono de epílogo festivo, casi legendario, con un narrador que guiña el ojo. Ahí conviene que el español no se vuelva demasiado conceptual. Tiene que sonar ligero, narrativo, un poco fabuloso.

    Tu borrador ya iba bien en esa dirección; los cambios son sobre todo de respiración y naturalidad.

    Si quieres, paso seguido con 1.7.

    De acuerdo con todo, pero dejaría para «Genesung» «convalecencia». Hay un capítulo entero con el título, «Der Genesende», y me parece una idea propia de la salud: no se insiste en la salud, sino en la «recuperación de la salud.»

    Sí, ahí te sigo.

    En sentido estricto Genesung puede ser “curación”, pero en tu edición conviene mucho mantener la familia léxica de Der Genesende y el campo semántico de la recuperación. Además, en este contexto no se trata solo del “resultado” de estar sanos, sino del proceso vivido de haber salido de un estado anterior.

    Entonces dejaría:

    1.6. Así habló el hombre más feo; pero no faltaba ya mucho para la medianoche. ¿Y qué creéis, pues, que aconteció entonces? Tan pronto como los hombres superiores oyeron su pregunta, cobraron de pronto conciencia de su transformación y de su convalecencia, y de quién se la había dado; entonces se lanzaron hacia Zaratustra, dándole las gracias, venerándolo, acariciándolo, besándole las manos, según la índole propia de cada uno: de modo que unos reían y otros lloraban. Pero el viejo adivino danzaba de placer; y aunque también, según creen algunos narradores, por entonces estaba lleno de dulce vino, estaba sin duda más lleno todavía de la dulce vida, y había renunciado a todo cansancio. Hay incluso quienes cuentan que entonces danzó el asno: pues no en vano le había dado antes de beber vino el hombre más feo. Esto pudo haber sido así o de otra manera; y si en verdad aquella tarde el asno no danzó, ocurrieron, sin embargo, entonces milagros más grandes y más extraños que el baile de un asno. En suma, como reza el proverbio de Zaratustra: «¡qué importa!»

    Y sí: el enlace con El convaleciente merece quedar vivo.

    ¿»Prodigios», en lugar de «milagros»?

    Sí, “prodigios” me parece mejor aquí.

    Por qué

    Wunderdinge no obliga a leerlo en clave religiosa ni estrictamente milagrosa.
    En este pasaje, con ese tono de leyenda festiva, de relato medio burlón y medio maravilloso, “prodigios” encaja muy bien porque:

    • suena menos teológico que “milagros”,
    • conserva lo extraordinario,
    • y armoniza mejor con el clima fabuloso del episodio.

    Entonces quedaría

    1.6. Así habló el hombre más feo; pero no faltaba ya mucho para la medianoche. ¿Y qué creéis, pues, que aconteció entonces? Tan pronto como los hombres superiores oyeron su pregunta, cobraron de pronto conciencia de su transformación y de su convalecencia, y de quién se la había dado; entonces se lanzaron hacia Zaratustra, dándole las gracias, venerándolo, acariciándolo, besándole las manos, según la índole propia de cada uno: de modo que unos reían y otros lloraban. Pero el viejo adivino danzaba de placer; y aunque también, según creen algunos narradores, por entonces estaba lleno de dulce vino, estaba sin duda más lleno todavía de la dulce vida, y había renunciado a todo cansancio. Hay incluso quienes cuentan que entonces danzó el asno: pues no en vano le había dado antes de beber vino el hombre más feo. Esto pudo haber sido así o de otra manera; y si en verdad aquella tarde el asno no danzó, ocurrieron, sin embargo, entonces prodigios más grandes y más extraños que el baile de un asno. En suma, como reza el proverbio de Zaratustra: «¡qué importa!»

    Yo lo dejaría así.

    Meeren, – zwischen Vergangenem und Zukünftigem als schwere Wolke wandelnd». Allgemach aber, während ihn die höheren Menschen in den Armen hielten, kam er ein wenig zu sich selber zurück und wehrte mit den Händen dem Gedränge der Verehrenden und Besorgten; doch sprach er nicht. Mit einem Male aber wandte er schnell den Kopf, denn er schien etwas zu hören: da legte er den Finger an den Mund und sprach: «Kommt!»  2.1. Pero Zaratustra, cuando aconteció esto con el hombre más feo, quedó en pie allí como un borracho (¿“embriagado”?): su mirada se apagó, su lengua farfulló, sus pies vacilaron. ¿Y quién podría también adivinar qué pensamientos corrían entonces sobre el alma de Zaratustra? Pero aparentemente se retiró su espiritu hacia atrás y huyó adelante y estaba en remotas distancias y, por así decirlo, “sobre alto yugo,” como está escrito (¿“queda escrito”?), “entre dos mares, vagando entre pasado y futuro como pesada nube.” Pero gradualmente, mientras los hombres superiores lo sostenían en los brazos, volvió un poco en sí otra vez y se resistió con las manos a la turba de reverentes y ansiosos; sin embargo, no habló. Pero de repente giró rápido la cabeza porque le pareció que oía algo: entonces puso el dedo en la nariz y dijo “Venid” (¿“¡Llega!”?)

    Sí: aquí hay varias cosas que ajustar, y el pasaje merece cuidado porque cambia bruscamente el tono.

    Antes de la propuesta, una precisión: en tu mensaje falta el arranque alemán de 2.1.; empieza ya por “Meeren…”, así que trabajo sobre lo que se ve y sobre tu traducción.

    Propuesta revisada

    2.1. Pero Zaratustra, cuando esto ocurrió con el hombre más feo, quedó allí de pie como ebrio: su mirada se apagó, su lengua balbució, sus pies vacilaron. ¿Y quién podría adivinar qué pensamientos corrían entonces sobre el alma de Zaratustra? Pero, al parecer, su espíritu se retiró hacia atrás y huyó hacia adelante, y estaba en remotas lejanías y, por así decirlo, «sobre altos lomos, entre dos mares, vagando como una pesada nube entre pasado y futuro», como está escrito. Poco a poco, sin embargo, mientras los hombres superiores lo sostenían en sus brazos, volvió un poco en sí y apartó con las manos el apretamiento de los reverentes y preocupados; pero no habló. De pronto, empero, volvió rápidamente la cabeza, pues parecía oír algo: entonces se llevó el dedo a la boca y dijo: «¡Venid!»

    Comentario por puntos

    1. “wie ein Trunkener”

    Entre “borracho” y “ebrio / embriagado”, aquí yo escogería “ebrio”.

    • borracho suena más llano, más corporal, incluso algo prosaico;
    • ebrio mantiene la pérdida de control, pero con un tono más alto y más compatible con la escena.

    Así que:
    “quedó allí de pie como ebrio”.

    2. “seine Zunge lallte”

    No “farfulló”, sino mejor:

    • “balbució”
    • “farfullaba”

    Yo prefiero “balbució”.
    Lallen es habla desarticulada, casi infantil o de embriaguez.

    3. “sein Geist zog sich zurück und floh voraus”

    Tu intuición es buena. Yo lo dejaría muy cerca del original:

    “su espíritu se retiró hacia atrás y huyó hacia adelante”

    Suena extraño, sí, pero debe sonar extraño. Es una imagen deliberadamente paradójica y visionaria.

    4. “in ferne Weiten”

    No “en remotas distancias”, sino:

    • “en remotas lejanías”
    • “en lejanías remotas”

    Yo prefiero “en remotas lejanías”.

    5. “auf hohen Jochen”

    Aquí Joch no es fácil.
    No diría “alto yugo” en singular. En este contexto, con la imagen espacial, funciona mejor:

    • “sobre altos lomos”
    • “sobre altas cumbres”
    • “sobre altas crestas”

    Yo creo que “sobre altos lomos” va muy bien: conserva algo de arista, de lomo montañoso, sin volverlo demasiado técnico.

    6. “wie geschrieben steht”

    Mejor “como está escrito” que “queda escrito”.
    Es fórmula más asentada, más bíblica incluso, y aquí esa resonancia conviene.

    7. Cita insertada

    Yo la ordenaría así:

    «sobre altos lomos, entre dos mares, vagando como una pesada nube entre pasado y futuro»

    Tu versión “vagando entre pasado y futuro como pesada nube” es fiel, pero en español fluye mejor recolocando como una pesada nube antes del complemento final.

    8. “allgemach”

    Muy bien traer “gradualmente”, pero yo diría más bien:

    • “Poco a poco”
    • “Poco a poco, sin embargo…”

    Más natural, más narrativo.

    9. “in den Armen hielten”

    “lo sostenían en sus brazos” mejor que “lo sostenían en los brazos”.
    Más claro y más vivo.

    10. “wehrte mit den Händen dem Gedränge”

    Aquí no es solo “se resistió”, sino que apartó, rechazó, contuvo el apretujamiento de quienes se le acercaban.

    Yo pondría:

    “apartó con las manos el apretamiento de los reverentes y preocupados”

    También valdría “rechazó con las manos…”, pero apartó me gusta más.

    11. “Verehrenden und Besorgten”

    Tu “reverentes y ansiosos” no está mal, pero besorgt aquí es más bien:

    • preocupados
    • inquietos
    • solícitos

    Yo diría “reverentes y preocupados”.

    12. “da legte er den Finger an den Mund”

    No a la nariz; es a la boca.
    Y el gesto es claramente de pedir silencio o llamar a la atención.

    13. “Kommt!”

    Aquí no es “Llega”. Es plural.

    • «¡Venid!» es lo mejor.
    • «Acercaos» sería más interpretativo.

    Yo dejaría «¡Venid!».

    Texto seguido, listo para trabajo

    2.1. Pero Zaratustra, cuando esto ocurrió con el hombre más feo, quedó allí de pie como ebrio: su mirada se apagó, su lengua balbució, sus pies vacilaron. ¿Y quién podría adivinar qué pensamientos corrían entonces sobre el alma de Zaratustra? Pero, al parecer, su espíritu se retiró hacia atrás y huyó hacia adelante, y estaba en remotas lejanías y, por así decirlo, «sobre altos lomos, entre dos mares, vagando como una pesada nube entre pasado y futuro», como está escrito. Poco a poco, sin embargo, mientras los hombres superiores lo sostenían en sus brazos, volvió un poco en sí y apartó con las manos el apretamiento de los reverentes y preocupados; pero no habló. De pronto, empero, volvió rápidamente la cabeza, pues parecía oír algo: entonces se llevó el dedo a la boca y dijo: «¡Venid!»

    Hay además un detalle de tono importante: este pasaje hace de Zaratustra una figura casi visionaria, suspendida entre colapso, trance y escucha. Por eso conviene no rebajarlo demasiado con palabras muy prosaicas.

    Pásame 2.2. cuando quieras.

    ¿Y cerrar: «… sin embargo no habló. Pero de pronto …»?

    Sí, mejor así.

    “Empero” ahí suena un poco demasiado visible. Más limpio:

    “…; sin embargo, no habló. Pero de pronto volvió rápidamente la cabeza, pues parecía oír algo: entonces se llevó el dedo a la boca y dijo: «¡Venid!»”

    Y el bloque entero quedaría:

    2.1. Pero Zaratustra, cuando esto ocurrió con el hombre más feo, quedó allí de pie como ebrio: su mirada se apagó, su lengua balbució, sus pies vacilaron. ¿Y quién podría adivinar qué pensamientos corrían entonces sobre el alma de Zaratustra? Pero, al parecer, su espíritu se retiró hacia atrás y huyó hacia adelante, y estaba en remotas lejanías y, por así decirlo, «sobre altos lomos, entre dos mares, vagando como una pesada nube entre pasado y futuro», como está escrito. Poco a poco, sin embargo, mientras los hombres superiores lo sostenían en sus brazos, volvió un poco en sí y apartó con las manos el apretamiento de los reverentes y preocupados; sin embargo, no habló. Pero de pronto volvió rápidamente la cabeza, pues parecía oír algo: entonces se llevó el dedo a la boca y dijo: «¡Venid!»**

    Yo lo dejaría así.

    Sí. Lo dejamos así.

    Perfecto. Queda fijado así:

    2.1. Pero Zaratustra, cuando esto ocurrió con el hombre más feo, quedó allí de pie como ebrio: su mirada se apagó, su lengua balbució, sus pies vacilaron. ¿Y quién podría adivinar qué pensamientos corrían entonces sobre el alma de Zaratustra? Pero, al parecer, su espíritu se retiró hacia atrás y huyó hacia adelante, y estaba en remotas lejanías y, por así decirlo, «sobre altos lomos, entre dos mares, vagando como una pesada nube entre pasado y futuro», como está escrito. Poco a poco, sin embargo, mientras los hombres superiores lo sostenían en sus brazos, volvió un poco en sí y apartó con las manos el apretamiento de los reverentes y preocupados; sin embargo, no habló. Pero de pronto volvió rápidamente la cabeza, pues parecía oír algo: entonces se llevó el dedo a la boca y dijo: «¡Venid!»**

    Pásame 2.2.

    2.2. Und alsbald wurde es rings still und heimlich; aus der Tiefe aber kam langsam der Klang einer Glocke herauf. Zarathustra horchte darnach, gleich den höheren Menschen; dann aber legte er zum andern Male den Finger an den Mund und sprach wiederum: „Kommt! Kommt! Es geht gen Mitternacht!“ — und seine Stimme hatte sich verwandelt. Aber immer noch rührte er sich nicht von der Stelle: da wurde es noch stiller und heimlicher, und Alles horchte, auch der Esel, und Zarathustra’s Ehrenthiere, der Adler und die Schlange, insgleichen die Höhle Zarathustra’s und der grosse kühle Mond und die Nacht selber. Zarathustra aber legte zum dritten Male die Hand an den Mund und sprach: Kommt! Kommt! Kommt! Lasst uns jetzo wandeln! Es ist die Stunde: lasst uns in die Nacht wandeln! 2.2.E inmediatamente todo se volvió alrededor quieto y sigiloso; pero de la profundidad se elevó lentamente el son de una campana. Zaratustra lo escuchó, igual que los hombres superiores; pero entonces se llevó por segunda vez el dedo a la boca y dijo de nuevo: “¡Venid!¡Venid!¡Se acerca a la medianoche!” Y su voz había cambiado. Pero aún no se movió del sitio: entonces todo se volvió aún más quieto y sigiloso y todo escuchó, también el asno y los animales honoríficos de Zaratustra, el águila y la serpiente, e igualmente la cueva de  Zaratustra, y la gran luna fría, y la noche misma. Pero Zaratustra se llevó por tercera vez la mano a la boca y dijo: “¡Venid!¡Venid!¡Venid!¡Al presente vaguemos!¡Es la hora, vaguemos en la noche!”

    Buen bloque; aquí el ritmo y la gradación (segunda llamada → tercera llamada) son esenciales. Ajusto sobre todo fluidez, repetición y algunos matices léxicos.

    Propuesta revisada

    2.2. Y al punto se hizo en torno silencio y sigilo; pero desde lo hondo ascendía lentamente el sonido de una campana. Zaratustra escuchó hacia él, igual que los hombres superiores; luego, empero, se llevó por segunda vez el dedo a la boca y dijo de nuevo: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» — y su voz se había transformado. Pero aún no se movía del lugar: entonces todo se hizo todavía más silencioso y más sigiloso, y todo escuchaba, también el asno, y los animales de honor de Zaratustra, el águila y la serpiente, y asimismo la cueva de Zaratustra, y la gran luna fría, y la noche misma. Zaratustra, sin embargo, se llevó por tercera vez la mano a la boca y dijo:
    «¡Venid! ¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ahora! ¡Es la hora: caminemos en la noche!»

    Comentario

    1. “alsbald”

    Mejor “al punto” que “inmediatamente”: más breve, más narrativo.

    2. “rings still und heimlich”

    Evitar “se volvió alrededor…”.
    Funciona mejor:

    • “se hizo en torno silencio y sigilo”

    Mantiene heimlich como sigilo (coherente con 1.1).

    3. “aus der Tiefe … der Klang einer Glocke”

    • “desde lo hondo ascendía lentamente el sonido de una campana”
      Más natural que “se elevó el son…”.

    4. “horchte darnach”

    No es solo “escuchó”, sino escuchó hacia ello, con atención dirigida:

    • “escuchó hacia él”
      Ligera marca direccional que merece conservarse.

    5. “Es geht gen Mitternacht”

    Tu “Se acerca a la medianoche” es correcto.
    Yo lo dejo como:

    • “¡Se acerca la medianoche!” (sin “a”)

    Más directo.

    6. “seine Stimme hatte sich verwandelt”

    • “su voz se había transformado”
      Bien. Mantener.

    7. “rührte er sich nicht von der Stelle”

    Mejor en aspecto durativo:

    • “aún no se movía del lugar”

    8. Repetición: “stiller und heimlicher”

    Conviene reforzar paralelismo:

    • “más silencioso y más sigiloso”

    9. “Alles horchte”

    No “todo escuchó”, sino:

    • “todo escuchaba”
      Imperfectivo → escena suspendida.

    10. “Ehrenthiere”

    “animales honoríficos” suena técnico.
    Mejor:

    • “los animales de honor de Zaratustra”

    11. Enumeración cósmica

    Mantener acumulación sin sobrecargar comas.
    Tu intuición es buena; solo ordeno:

    • asno
    • animales de honor
    • águila y serpiente
    • cueva
    • luna
    • noche

    12. “jetzo wandeln”

    Aquí es importante tu criterio previo (Wanderung/Wandeln):

    • “caminemos ahora” mejor que “vaguemos”
    • evita connotación errática

    13. Repetición final

    Debe sonar casi como un estribillo ritual:

    «¡Venid! ¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ahora! ¡Es la hora: caminemos en la noche!»

    Variante mínima (más cercana a tu texto)

    Si quisieras tocar menos:

    • cambiar “inmediatamente” → “al punto”
    • “todo se volvió alrededor…” → “se hizo en torno…”
    • “vaguemos” → “caminemos”
    • “todo escuchó” → “todo escuchaba”

    Pero la versión propuesta ya está bien equilibrada.


    Este pasaje marca una transición clara: de la fiesta al tono casi litúrgico-nocturno. La repetición de Kommt! y el triple gesto del dedo en la boca funcionan como señal de paso.

    Pásame 2.3.

    ¿»Pero luego,» en vez de «luego, empero»?

    Sí, mejor “Pero luego”.

    “empero” aquí introduce una marca estilística innecesaria y rompe un poco la fluidez. El pasaje ya tiene suficiente densidad retórica; conviene no sobrecargarlo.

    Quedaría así el segmento:

    Zaratustra escuchó hacia él, igual que los hombres superiores; pero luego se llevó por segunda vez el dedo a la boca y dijo de nuevo: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» —

    Es más natural y no pierde nada del contraste del aber alemán.

    Mantendría, por tanto, “Pero luego” sin duda.

    3.1. Ihr höheren Menschen, es geht gen Mitternacht: da will ich euch Etwas in die Ohren sagen, wie jene alte Glocke es mir in’s Ohr sagt, — — so heimlich, so schrecklich, so herzlich, wie jene Mitternachts-Glocke zu mir es redet, die mehr erlebt hat als Ein Mensch: — welche schon eurer Väter Herzens-Schmerzens-Schläge abzählte — ach! ach! wie sie seufzt! wie sie im Traume lacht! die alte tiefe tiefe Mitternacht! 3.2. Still! Still! Da hört sich Manches, das am Tage nicht laut werden darf; nun aber, bei kühler Luft, da auch aller Lärm eurer Herzen stille ward, — — nun redet es, nun hört es sich, nun schleicht es sich in nächtliche überwache Seelen: ach! ach! wie sie seufzt! wie sie im Traume lacht! — hörst du’s nicht, wie sie heimlich, schrecklich, herzlich zu dir redet, die alte tiefe tiefe Mitternacht? Oh Mensch, gieb Acht! 3.1. Vosotros, hombres superiores, se acerca la medianoche: entonces quiero deciros al oído algo, como  esa vieja campana me lo dice al oído a mí – tan sigilosamente, tan terriblemente, tan cordialmente como me habla a mí esa campana de medianoche, que ha experimentado más que un hombre, que ya contó los latidos de dolor del corazón de vuestros padres. ¡Ay!¡Ay!¡Cómo suspira!¡Cómo ríe en el sueño! ¡La vieja, profunda, profunda medianoche! 3.2. ¡Silencio!¡Silencio! Entonces se escucha algo que de día no es lícito que se vuelva voz; pero ahora, en el aire frío, cuando también el clamor de vuestros corazones se volvió silencioso – ahora habla, ahora se escucha, ahora entra furtivamente en las almas nocturnas, más que despiertas. ¡Ay!¡Ay!¡Cómo suspira!¡Cómo ríe en el sueño! ¿No escuchas cómo sigilosamente, terriblemente, cordialmente te habla a tí la vieja, profunda, profunda medianoche? ¡Oh hombre, presta atención!

    Aquí conviene afinar ritmo, repetición y, sobre todo, la oralidad casi litánica. Tu base es buena, pero hay que limpiar acumulaciones y ajustar algunos verbos clave.

    Propuesta revisada

    3.1. «Vosotros, hombres superiores, se acerca la medianoche: quiero deciros algo al oído, como esa vieja campana me lo dice al oído a mí —
    — tan sigilosa, tan terrible, tan cordialmente como me habla esa campana de medianoche, que ha vivido más que un hombre:
    — la que ya contó los latidos de dolor del corazón de vuestros padres — ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños, la vieja, profunda, profunda medianoche!»

    3.2. «¡Silencio! ¡Silencio! Ahora se oye algo que de día no debe hacerse oír; ahora, en el aire frío, cuando también todo el clamor de vuestros corazones se ha aquietado —
    — ahora habla, ahora se deja oír, ahora se desliza en las almas nocturnas, más que despiertas: ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños —
    — ¿no lo oyes, cómo te habla, sigilosa, terrible, cordialmente, la vieja, profunda, profunda medianoche?
    ¡Oh hombre, presta atención!»


    Comentario preciso

    1. “es geht gen Mitternacht”

    Mantengo coherencia con 2.2:

    • “se acerca la medianoche” → correcto.

    2. “da will ich euch Etwas…”

    Mejor eliminar “entonces”:

    • “quiero deciros algo al oído”
      Más directo, más performativo.

    3. “wie jene alte Glocke…”

    Tu repetición es buena, pero conviene aligerar:

    • evitar duplicar innecesariamente “a mí”
    • mantener paralelismo

    4. Tríada: “so heimlich, so schrecklich, so herzlich”

    Clave estilística.

    • sigilosa / terrible / cordialmente
      Mantiene tu sistema y la coherencia con heimlich anterior.

    Podría ser también “íntimamente”, pero perderías continuidad.

    5. “die mehr erlebt hat als Ein Mensch”

    Muy bien como:

    • “que ha vivido más que un hombre”

    6. “Herzens-Schmerzens-Schläge”

    Aquí es importante no simplificar demasiado:

    • “latidos de dolor del corazón” funciona
      (no conviene complicarlo más en esta fase)

    7. “wie sie im Traume lacht”

    Mejor:

    • “ríe en sueños”
      (no “en el sueño”: demasiado literal)

    8. “Still! Still!”

    Bien como:

    • “¡Silencio! ¡Silencio!”

    9. “das … nicht laut werden darf”

    Tu “no es lícito que se vuelva voz” es demasiado conceptual.

    Mejor:

    • “no debe hacerse oír”

    10. “da auch aller Lärm … stille ward”

    Importante el proceso:

    • “se ha aquietado” mejor que “se volvió silencioso”

    11. Serie verbal (redet / hört sich / schleicht sich)

    Aquí hay que marcar progresión:

    • habla → se deja oír → se desliza

    Esto es importante: no son equivalentes.

    12. “nächtliche überwache Seelen”

    Tu “más que despiertas” es excelente.
    Mantener.

    13. “hörst du’s nicht”

    Mejor:

    • “¿no lo oyes?”
      (no “escuchas”: más débil)

    14. Orden de adverbios

    Conviene colocarlos cerca del verbo:

    • “cómo te habla, sigilosa, terrible, cordialmente”

    15. Cierre: “Oh Mensch, gieb Acht!”

    Perfecto:

    • “¡Oh hombre, presta atención!”

    Observación de conjunto

    Este pasaje es casi un canto hipnótico:

    • repetición triple
    • invocación
    • ritmo de campana
    • transición a registro oracular

    Por eso:

    • evitar sobre-explicar
    • mantener frases relativamente cortas
    • cuidar la musicalidad de las tríadas

    Tu traducción ya estaba bien orientada; aquí el ajuste es sobre todo de respiración y precisión verbal.

    Cuando quieras, pasamos a 3.3.

    Está bien. ¿Lo pondrías en 2 párrafos sin saltos de línea internos?

    Sí, lo pondría en dos párrafos continuos, sin saltos internos.

    Razón: cada bloque (3.1 / 3.2) funciona como unidad rítmica cerrada, casi como dos estrofas largas. Los guiones ya marcan suficientemente las inflexiones internas; añadir saltos rompería la cadencia.

    Así quedaría

    3.1. «Vosotros, hombres superiores, se acerca la medianoche: quiero deciros algo al oído, como esa vieja campana me lo dice al oído a mí — — tan sigilosa, tan terrible, tan cordialmente como me habla esa campana de medianoche, que ha vivido más que un hombre: — la que ya contó los latidos de dolor del corazón de vuestros padres — ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños, la vieja, profunda, profunda medianoche!»

    3.2. «¡Silencio! ¡Silencio! Ahora se oye algo que de día no debe hacerse oír; ahora, en el aire frío, cuando también todo el clamor de vuestros corazones se ha aquietado — — ahora habla, ahora se deja oír, ahora se desliza en las almas nocturnas, más que despiertas: ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños — — ¿no lo oyes, cómo te habla, sigilosa, terrible, cordialmente, la vieja, profunda, profunda medianoche? ¡Oh hombre, presta atención!»

    Nota breve

    Mantener los dobles guiones (— —) es importante:
    sustituyen precisamente lo que no quieres introducir como salto de línea.

    Yo lo dejaría así.

    Ya te has referido varias veces a los dobles guiones. Cuando acabemos, tengo intención de revisar, aparte de coherencia léxica, etc., también la puntuación.

    Es una buena decisión. La puntuación en Zaratustra no es decorativa: es estructura rítmica y semántica.

    Te sugiero abordar esa revisión final con algunos criterios claros:

    1. Guiones (—)

    Funciones principales en Nietzsche:

    • Incisión enfática (interrupción del flujo)
    • Aposición intensiva
    • Desplazamiento de foco (cambio de plano o tono)

    Recomendación:

    • No uniformarlos sin más.
    • Distinguir entre:
      • guión simple → suficiente en muchos casos
      • doble guión → solo cuando haya doble suspensión real del discurso

    Es probable que en tu texto actual haya más dobles de los necesarios (por calco).

    2. Dos puntos (:)

    Nietzsche los usa mucho como:

    • apertura de declaración
    • introducción de consecuencia o revelación
    • antes de fórmulas casi litúrgicas

    Conviene conservarlos: en español funcionan bien y sostienen el tono oracular.

    3. Repeticiones

    Evitar “normalizarlas”:

    • Jetzt … jetzt … jetzt…
    • Kommt! Kommt! Kommt!
    • ach! ach!

    La puntuación debe acompañar la repetición, no suavizarla.

    4. Exclamaciones

    Nietzsche alterna:

    • exclamación plena
    • frase declarativa con intensidad interna

    No conviene sobreactuar con signos.
    Tu uso hasta ahora es bastante contenido → correcto.

    5. Ritmo de frase

    En la revisión final, puedes aplicar un criterio práctico:

    • leer en voz alta
    • detectar:
      • acumulaciones pesadas
      • pausas artificiales
      • cortes que no “respiran”

    Ahí es donde la puntuación debe intervenir, no antes.

    6. Coherencia global

    Te interesará especialmente vigilar:

    • uso de guiones vs comas
    • longitud media de frase
    • tratamiento de incisos

    Para que el texto no oscile entre:

    • demasiado fragmentado
    • o demasiado compacto

    Recomendación operativa

    Cuando termines la traducción:

    1. Primera pasada: solo puntuación (sin tocar léxico).
    2. Segunda pasada: ritmo en voz alta.
    3. Tercera pasada (opcional): uniformidad de recursos (guiones, dos puntos, etc.).

    Cuando llegues a esa fase, si quieres, podemos hacer una revisión exclusivamente de puntuación sobre un capítulo completo. Ahí es donde más valor se puede añadir.

    La construcción «hort sich» no es usual, no?

    Correcto: no es usual en el alemán estándar contemporáneo, pero en Nietzsche sí es perfectamente normal dentro de su estilo.

    1. Qué es exactamente “hört sich”

    Es la forma reflexiva de hören:

    • es hört sich
    • literalmente: se oye / se deja oír

    En alemán moderno corriente se usa sobre todo en construcciones como:

    • Das hört sich gut an → “Eso suena bien”

    2. En Nietzsche: valor específico

    En pasajes como:

    nun hört es sich

    no significa simplemente “se oye” en sentido pasivo neutro, sino algo más activo y emergente:

    • algo que empieza a hacerse audible
    • algo que se manifiesta acústicamente
    • algo que se deja oír desde sí mismo

    Por eso es distinto de:

    • man hört es → alguien lo oye
    • es wird gehört → es oído (pasiva)

    3. En tu pasaje (3.2)

    nun redet es, nun hört es sich, nun schleicht es sich…

    Hay una progresión muy clara:

    1. redet → habla
    2. hört es sich → se deja oír / se hace oír
    3. schleicht es sich → se desliza

    Es decir:

    👉 aparición → perceptibilidad → infiltración

    4. Traducción

    Tu solución:

    “ahora habla, ahora se deja oír, ahora se desliza…”

    es muy buena y filológicamente precisa.

    Alternativas posibles (menos buenas en conjunto):

    • “ahora se oye” → demasiado pasivo
    • “ahora suena” → pierde el carácter de voz
    • “ahora se hace oír” → también válida, algo más enfática

    5. Conclusión

    • Sí: no es una construcción frecuente fuera de ciertos usos
    • Pero en Nietzsche:
      • es deliberada
      • tiene valor aspectual (emergencia)
      • y encaja en su sintaxis casi musical

    👉 Tu traducción capta correctamente el matiz. No la tocaría.

    4.1. Wehe mir! Wo ist die Zeit hin? Sank ich nicht in tiefe Brunnen? Die Welt schläft — Ach! Ach! Der Hund heult, der Mond scheint. Lieber will ich sterben, sterben, als euch sagen, was mein Mitternachts-Herz eben denkt. 4.2. Nun starb ich schon. Es ist dahin. Spinne, was spinnst du um mich? Willst du Blut? Ach! Ach! der Thau fällt, die Stunde kommt — — die Stunde, wo mich fröstelt und friert, die fragt und fragt und fragt: „wer hat Herz genug dazu? — wer soll der Erde Herr sein? Wer will sagen: so sollt ihr laufen, ihr grossen und kleinen Ströme!“ — die Stunde naht: oh Mensch, du höherer Mensch, gieb Acht! diese Rede ist für feine Ohren, für deine Ohren — was spricht die tiefe Mitternacht? 4.1. ¡Ay de mí! ¿A dónde se ha ido el tiempo? ¿No me he hundido en profundos pozos? El mundo duerme. ¡Ay!¡Ay! El perro aúlla, la luna brilla. Prefiero morir, morir, a deciros lo que mi corazón de medianoche ahora piensa. 4.2. Ahora he muerto ya. Se ha ido. ¿Araña, qué tejes alrededor de mí? ¿Quieres sangre? ¡Ay!¡Ay! El rocío cae, la hora llega – la hora en que tiemblo de frío y me hielo (¿”congelo”?), la que pregunta, y pregunta, y pregunta: ¿Quién tiene corazón suficiente para ello? ¿Quién ha de ser señor de la tierra? ¡Quién quiere decir: ‘así habéis vosotros de correr, vosotros, ríos grandes y pequeños (¿O “corrientes,” en lugar de ríos?) La hora se acerca: ¡Oh hombre, tú, hombre superior, presta atención! Este discurso es para oídos delicados, para tus oídos: ¿Qué dice la profunda medianoche?

    Buen bloque; aquí conviene afinar sobre todo ritmo, literalidad controlada y tono visionario. Tu versión está bien orientada, pero necesita limpieza y precisión en algunos puntos clave.

    Propuesta revisada

    4.1. «¡Ay de mí! ¿Adónde se ha ido el tiempo? ¿No me he hundido en hondos pozos? El mundo duerme —
    ¡ay! ¡ay! El perro aúlla, la luna brilla. Prefiero morir, morir, a deciros lo que ahora piensa mi corazón de medianoche.»

    4.2. «Ahora ya he muerto. Todo pasó. Araña, ¿qué tejes en torno a mí? ¿Quieres sangre? ¡ay! ¡ay! El rocío cae, la hora llega —
    — la hora en que tirito y me hielo, la que pregunta y pregunta y pregunta: “¿quién tiene corazón bastante para ello?
    — ¿quién ha de ser señor de la tierra? ¿Quién quiere decir: así debéis correr, vosotros, ríos grandes y pequeños?”
    — la hora se acerca: ¡oh hombre, tú, hombre superior, presta atención! Este discurso es para oídos finos, para tus oídos: ¿qué dice la profunda medianoche?»


    Comentario preciso

    1. “Wo ist die Zeit hin?”

    Mejor:

    • “¿Adónde se ha ido el tiempo?”
      (“¿A dónde…” también vale, pero aquí el tono pide forma un poco más elevada).

    2. “tiefe Brunnen”

    Tu “profundos pozos” es correcto, pero:

    • “hondos pozos” suena más compacto y menos técnico.

    3. Orden final

    Muy importante:

    • “lo que ahora piensa mi corazón de medianoche”
      mejor que “lo que mi corazón… ahora piensa” → más natural en español sin perder énfasis.

    4. “Nun starb ich schon. Es ist dahin.”

    Aquí hay que simplificar:

    • “Ahora ya he muerto. Todo pasó.”

    “Se ha ido” es correcto, pero “Todo pasó” recoge mejor el cierre rotundo de es ist dahin.

    5. “Spinne, was spinnst du um mich?”

    Muy bien tu intuición. Solo ajustar:

    • “Araña, ¿qué tejes en torno a mí?”

    Más natural que “alrededor de mí” en este registro.

    6. “fröstelt und friert”

    No “congelo” (demasiado literal y técnico).

    Opciones:

    • “tiemblo de frío y me hielo” → buena
    • “me estremezco y me hielo” → más abstracto

    Yo dejaría:
    “tirito y me hielo” → más físico, más inmediato.

    7. Triple repetición

    Muy bien mantener:

    • “pregunta y pregunta y pregunta”

    No añadir comas: mantiene el martilleo.

    8. “Herz genug dazu”

    Tu “corazón suficiente” está bien, pero:

    • “corazón bastante” suena más idiomático en español clásico.

    9. “so sollt ihr laufen”

    Aquí hay decisión importante.

    • laufen → correr / fluir
      Para ríos:
    • “correr” funciona bien (más dinámico)
    • “fluir” sería más neutro pero menos imperativo

    Mantendría:
    “así debéis correr”

    10. “Ströme”

    Tu duda es pertinente:

    • “ríos” → más concreto, más visual
    • “corrientes” → más abstracto

    En Zaratustra, normalmente:
    👉 “ríos” funciona mejor.

    11. “feine Ohren”

    No “delicados” (puede sonar psicológico), sino:

    • “oídos finos”
      más cercano al alemán (capacidad de escucha).

    12. “gieb Acht!”

    Ya fijado:

    • “presta atención” → correcto

    13. Tono general

    Este pasaje mezcla:

    • delirio
    • profecía
    • ritmo de letanía
    • imaginería física (frío, rocío, sangre)

    Por eso:

    • evitar términos demasiado técnicos (congelar)
    • mantener corporalidad (tirito, sangre, rocío)

    Resultado

    El bloque ya queda muy sólido con estos ajustes.
    Especialmente importante aquí:

    • mantener la repetición
    • no suavizar la extrañeza
    • sostener el ritmo martilleante

    Cuando quieras, seguimos con 4.3.

    5.1. Es trägt mich dahin, meine Seele tanzt. Tagewerk! Tagewerk! Wer soll der Erde Herr sein? 5.2. Der Mond ist kühl, der Wind schweigt. Ach! Ach! Flogt ihr schon hoch genug? Ihr tanztet: aber ein Bein ist doch kein Flügel. Ihr guten Tänzer, nun ist alle Lust vorbei, Wein ward Hefe, jeder Becher ward mürbe, die Gräber stammeln. Ihr flogt nicht hoch genug: nun stammeln die Gräber „erlöst doch die Todten! Warum ist so lange Nacht? Macht uns nicht der Mond trunken?“ 5.3. Ihr höheren Menschen, erlöst doch die Gräber, weckt die Leichname auf! Ach, was gräbt noch der Wurm? Es naht, es naht die Stunde, — — es brummt die Glocke, es schnarrt noch das Herz, es gräbt noch der Holzwurm, der Herzenswurm. Ach! Ach! Die Welt ist tief! 5.1. Me lleva (¿”Me arrastra”?), mi alma danza. ¡Trabajo del día! ¡Trabajo del día! ¿Quién ha de ser señor de la tierra? 5.2. La luna está fría, el viento calla.¡Ay! ¡Ay! ¿Volasteis ya suficientemente alto? Danzasteis: pero una pierna no es, sin embargo, un ala. Vosotros, buenos danzarines, ahora está todo placer terminado, el vino se volvió hez, toda copa (¿”cada copa”?) se volvió quebradiza, las tumbas tartamudean. No volasteis suficientemente alto: ahora tartamudean las tumbas ‘¡Redimid a los muertos! ¿Por qué es tanto tiempo de noche? ¿Nos hace la luna ebrios? (Y dudo entre “volasteis,” “danzasteis,” “se volvió,” “volasteis” y los perfectos: “habéis volado, danzado …”)  5.3. ¡Vosotros, hombres superiores, redimid las tumbas, despertad a los cadáveres! ¡Ay! ¿Qué cava aún el gusano? Se acerca, se acerca la hora. Zumba la campana, cruje aún el corazón, cava aún el gusano de la madera, el gusano del corazón. ¡Ay! ¡Ay! El mundo es profundo (¿”Hondo”?).

    Bloque muy logrado en intuición; aquí hay que afinar verbo inicial, tiempos, y densidad sonora. Voy directo a propuesta y luego a puntos clave.


    Propuesta revisada

    5.1. «Me arrastra — mi alma danza. ¡Tarea del día! ¡Tarea del día! ¿Quién ha de ser señor de la tierra?»

    5.2. «La luna está fría, el viento calla. ¡Ay! ¡Ay! ¿Habéis volado ya lo bastante alto? Vosotros danzasteis: pero una pierna no es, sin embargo, un ala.
    Vosotros, buenos danzantes, ahora todo goce ha terminado, el vino se ha vuelto hez, cada copa se ha vuelto frágil, las tumbas tartamudean.
    No habéis volado lo bastante alto: ahora tartamudean las tumbas: “¡Redimid a los muertos! ¿Por qué es tan larga la noche? ¿No nos embriaga la luna?”»

    5.3. «¡Vosotros, hombres superiores, redimid las tumbas, despertad a los cadáveres! ¡Ay! ¿Qué excava aún el gusano? Se acerca, se acerca la hora —
    — zumba la campana, cruje aún el corazón, excava aún el gusano de la madera, el gusano del corazón. ¡Ay! ¡Ay! El mundo es hondo!»


    Comentario preciso

    1. “Es trägt mich dahin”

    Sí: mejor “me arrastra”.

    • “me lleva” → neutro
    • “me arrastra” → fuerza, pérdida de control → más fiel al tono

    Muy buena intuición.


    2. “Tagewerk”

    No “trabajo del día”, sino:

    • “tarea del día”

    Más compacto, más sentencioso.


    3. Tiempos verbales (clave)

    Aquí tu duda es central.

    Alemán:

    • flogt / tanztet → Präteritum
    • pero en Nietzsche: valor narrativo-visionario, no pasado histórico neutro

    Español:

    • “volasteis / danzasteis” → correcto y coherente con tu estilo
    • “habéis volado” → demasiado cercano, menos épico

    👉 Mantener:
    “volasteis / danzasteis / no volasteis”

    Buena decisión.


    4. “eine Bein ist doch kein Flügel”

    Muy bien:

    • “una pierna no es, sin embargo, un ala”

    Mantiene el doch.


    5. “Lust”

    No “placer”:

    • “goce” → mejor registro en Nietzsche

    6. “Wein ward Hefe”

    Perfecto:

    • “el vino se ha vuelto hez”

    Mantiene tono arcaizante (ward).


    7. “jeder Becher ward mürbe”

    Sí:

    • “cada copa” mejor que “toda copa”
    • “frágil” mejor que “quebradiza” (menos técnico)

    8. “stammeln die Gräber”

    Tu “tartamudean” es correcto y fuerte → mantener.


    9. “Warum ist so lange Nacht?”

    No “tanto tiempo”, sino:

    • “tan larga la noche”

    Mejor ritmo y más fiel.


    10. “Macht uns nicht der Mond trunken?”

    Mejor:

    • “¿No nos embriaga la luna?”

    Más directo que “nos hace ebrios”.


    11. “was gräbt noch der Wurm?”

    Aquí mejor:

    • “¿Qué excava aún el gusano?”

    “cava” funciona, pero “excava” da más peso.


    12. “Holzwurm / Herzenswurm”

    Muy bien mantener paralelismo:

    • gusano de la madera / gusano del corazón

    No simplificar.


    13. “es brummt … es schnarrt … es gräbt…”

    Muy importante mantener repetición:

    • zumba
    • cruje
    • excava

    Cadencia muy buena.


    14. “Die Welt ist tief”

    Aquí:

    👉 tú tienes razón en la duda.

    • “profundo” → tu criterio general
    • pero aquí:
      • frase breve
      • golpe final
      • más físico que conceptual

    👉 Yo mantendría:

    • “El mundo es hondo”

    porque:

    • más corto
    • más denso
    • más resonante en este contexto

    (pero podrías mantener “profundo” por coherencia global; decisión editorial)


    Conclusión

    Ajustes clave que has hecho bien:

    • “me arrastra”
    • tiempos en pretérito
    • mantener repeticiones

    Ajustes que refinan el bloque:

    • “goce”
    • “cada copa”
    • “tan larga la noche”
    • “nos embriaga”
    • “hondo”

    Si quieres, en el siguiente bloque veremos cómo este motivo desemboca en la formulación completa del canto de medianoche.

    Sí, lo vemos en 6. Y en todo de acuerdo, pero tengo una duda. En «Warum ist so lange Nacht» «Nacht» aparece sin artículo. Veo que «Es ist Nacht» (con «es») se entiende «es de noche». Common traduce: Why is it so long night?; Kaufmann: Why does the night last so long»; Del Caro: «Why is it night for so long?» Sánchez Pascual: ¿Por qué dura tanto la noche?

    Buena observación: aquí hay un punto fino de alemán.

    1. “Warum ist so lange Nacht?” (sin artículo)

    Efectivamente:

    • “Es ist Nacht” → “es de noche”
    • pero aquí no tenemos es ist Nacht, sino “ist … Nacht” dentro de una estructura interrogativa con predicado nominal.

    En alemán poético (y en Nietzsche en particular), “Nacht” sin artículo puede funcionar como:

    • noción cualitativa (no una noche concreta)
    • casi como estado o sustancia: “hay noche”, “es noche”, “reina noche”

    Y con “so lange”:

    👉 no es tanto “una noche larga”
    👉 sino la condición de noche que se prolonga


    2. Opciones de traducción

    a) Literal cercana (la tuya)

    • “¿Por qué es tan larga la noche?”

    ✔ clara
    ✔ mantiene estructura
    ✖ introduce artículo que el alemán evita


    b) Interpretativa temporal

    • “¿Por qué dura tanto la noche?” (Sánchez Pascual)

    ✔ muy natural en español
    ✔ capta duración
    ✖ pierde el carácter nominal (“es noche”)


    c) Intermedia

    • “¿Por qué es noche por tanto tiempo?” (Del Caro)

    ✔ respeta el valor existencial
    ✖ algo menos idiomática en español


    d) Opción más literal-poética

    • “¿Por qué es tan larga noche?”

    ✔ más cercana al alemán (sin artículo)
    ✔ más dura, más extraña
    ✖ puede sonar forzada


    3. Evaluación en tu contexto

    Tu línea de traducción busca:

    • fidelidad estructural
    • tono solemne
    • pero sin forzar el español

    👉 En ese equilibrio:

    Mejor opción:

    “¿Por qué es tan larga la noche?”

    Porque:

    • mantiene claridad
    • no rompe el ritmo
    • y en español el artículo aquí no suena interpretativo, sino natural

    4. Nota filológica breve

    El alemán permite:

    • Nacht sin artículo → estado cósmico
    • español no lo tolera tan bien sin sonar arcaico o artificioso

    Por eso, incluso en traducciones muy fieles, se introduce el artículo.


    5. Conclusión

    • Tu solución es correcta y equilibrada
    • La de Sánchez Pascual (“¿por qué dura tanto la noche?”) es excelente, pero más interpretativa
    • La de Del Caro es más “filológica”, pero menos natural en español

    👉 Yo mantendría:

    “¿Por qué es tan larga la noche?”


    Cuando quieras, pasamos a 6, que es el núcleo fuerte del canto.

    6. Süsse Leier! Süsse Leier! Ich liebe deinen Ton, deinen trunkenen Unken-Ton! — wie lang her, wie fern her kommt mir dein Ton, weit her, von den Teichen der Liebe! Du alte Glocke, du süsse Leier! Jeder Schmerz riss dir in’s Herz, Vaterschmerz, Väterschmerz, Urväterschmerz, deine Rede wurde reif, — — reif gleich goldenem Herbste und Nachmittage, gleich meinem Einsiedlerherzen — nun redest du: die Welt selber ward reif, die Traube bräunt, — nun will sie sterben, vor Glück sterben. Ihr höheren Menschen, riecht ihr’s nicht? Es quillt heimlich ein Geruch herauf, — ein Duft und Geruch der Ewigkeit, ein rosenseliger brauner Gold-Wein-Geruch von altem Glücke, — von trunkenem Mitternachts-Sterbeglücke, welches singt: die Welt ist tief und tiefer als der Tag gedacht! 6. ¡Dulce lira!¡Dulce lira! ¡Amo tu sonoridad, tu ebria sonoridad de sapo! ¡Desde hace  cuánto tiempo, desde qué distancia llega hasta mí tu sonoridad, lejana,desde los estanques del amor! ¡Tú,  vieja campana, tú, dulce lira! Cada dolor te desgarró el corazón, dolor de padre, dolor de padres, dolor de patriarcas (¿”antepasados”?); tu discurso se volvió maduro – maduro como dorado otoño y atardecer, como mi corazón de ermitaño; ahora dices: el mundo mismo se volvió maduro, la uva pardea, ahora quiere morir, morir de felicidad. Vosotros, hombres superiores, ¿No lo oleis vosotros? Asciende sigiloso un olor, un aroma y olor de eternidad, un bienaventurado de rosas, pardo, olor a dorado vino de vieja felicidad, de ebria felicidad de morir a medianoche. El mundo es profundo, más profundo que como se concibe al día.

    Este es el núcleo del canto: aquí conviene ser especialmente riguroso con ritmo, imágenes y acumulación sensorial. Tu versión es buena, pero hay que depurar bastante la sintaxis y algunos términos clave.

    Propuesta revisada

    6. «¡Dulce lira! ¡Dulce lira! Amo tu sonido, tu ebrio sonido de sapo — ¡cuán lejos, cuán remoto me llega tu sonido, desde lejos, desde los estanques del amor!
    Tú, vieja campana, tú, dulce lira: cada dolor te desgarró el corazón, dolor de padre, dolor de padres, dolor de antepasados; tu palabra se volvió madura —
    — madura como dorado otoño y tarde, como mi corazón de ermitaño: ahora hablas; el mundo mismo se ha vuelto maduro, la uva se torna parda —
    — ahora quiere morir, morir de felicidad. Vosotros, hombres superiores, ¿no lo oléis? Asciende sigiloso un olor —
    — un aroma y olor de eternidad, un rosadamente bienaventurado, pardo, áureo olor de vino de antigua felicidad,
    — de ebria felicidad de morir a medianoche, que canta: el mundo es hondo, y más hondo de lo que el día ha pensado.»


    Comentario preciso

    1. “Unken-Ton”

    Clave.

    • Unke → sapo (no rana)
    • tono → grave, oscuro, casi augural

    Tu solución “sonoridad de sapo” es correcta, pero:

    👉 mejor:

    • “sonido de sapo”

    más directo, más duro.


    2. “wie lang her, wie fern her…”

    No temporal, sino espacial-existencial:

    • no “desde hace cuánto tiempo”
    • sí:
      • “¡cuán lejos, cuán remoto me llega…”

    Muy importante: evita cronología → es distancia afectiva.


    3. “kommt mir dein Ton”

    Bien mantener:

    • “me llega tu sonido”
      (no “llega hasta mí” → más pesado)

    4. “Väterschmerz, Urväterschmerz”

    Tu duda:

    • “patriarcas” ❌ demasiado histórico-social
    • “antepasados” ✔ correcto

    Entonces:

    • dolor de padre, dolor de padres, dolor de antepasados

    Mantiene gradación.


    5. “deine Rede wurde reif”

    No “discurso”:

    • “tu palabra se volvió madura”

    más cercano al tono bíblico-poético.


    6. “Nachmittage”

    No “atardecer” exactamente:

    • “tarde” mejor que “atardecer”
      (menos pictórico, más tonal)

    7. “die Traube bräunt”

    Muy importante:

    • no “pardea” (correcto pero débil)
    • mejor:
      • “se torna parda”
      • o “se oscurece”

    Yo dejaría:
    👉 “se torna parda”


    8. “nun will sie sterben”

    Bien:

    • “ahora quiere morir”

    Y repetir:
    👉 “morir de felicidad”


    9. “riecht ihr’s nicht?”

    Perfecto:

    • “¿no lo oléis?”
      (no “lo oléis vosotros” → innecesario)

    10. “Es quillt heimlich ein Geruch herauf”

    Muy importante el verbo:

    • quillt → brotar, manar

    Tu “asciende” está bien, pero mejor:

    👉 “brota sigiloso un olor”

    o mantener “asciende” si quieres continuidad con textos anteriores.


    11. “rosenseliger brauner Gold-Wein-Geruch”

    Aquí está lo más delicado.

    Descomposición:

    • rosenselig → bienaventurado como de rosas
    • braun → pardo (vino envejecido)
    • Gold-Wein → vino dorado

    Tu versión estaba confusa.

    Yo propongo:

    👉 “un rosadamente bienaventurado, pardo, áureo olor de vino de antigua felicidad”

    No es perfecto, pero mantiene:

    • acumulación
    • rareza
    • densidad sensorial

    12. “Mitternachts-Sterbeglücke”

    Muy importante:

    • no dividir demasiado

    👉 “felicidad de morir a medianoche”

    Mantiene unidad conceptual.


    13. Cierre

    Tu versión:

    “más profundo que como se concibe al día”

    demasiado explicativa.

    Mejor:

    👉 “más hondo de lo que el día ha pensado”

    Más seco, más nietzscheano.


    Decisiones clave que has planteado

    • ✔ antepasados (correcto)
    • ✔ me arrastra (antes) coherente con tono
    • ✔ mantener repetición
    • ✔ evitar “congelar”

    Observación de conjunto

    Este fragmento es:

    • sensorial (olor, sonido)
    • orgánico (madurez, uva, vino)
    • mortuorio y afirmativo a la vez

    Por eso:

    • evitar términos abstractos
    • mantener materialidad (vino, olor, corazón)

    Si quieres, en el siguiente paso podemos revisar cómo este bloque enlaza con la formulación explícita del eterno retorno que viene después.

    Vale, pero dos cosas: i) Me explicas que «braun» (pardo, vino envejecido) y «Gold» se refieren al vino, «Wein,» pero traduces «pardo áureo olor de vino» y no «(bienaventurado como de rosas) olor de pardo vino dorado de vieja felicidad»; ii) No encuentro «gedacht» más que como participio: o hay una elipsis de verbo auxiliar y el sujeto de esa forma es Tag («más hondo de lo que el día ha pensado,» tu propuesta), o bien el participio se refiere a Tag, algo así como «más hondo que concebido el día.» ¿Debo entender que hay elipsis?

    Buena lectura en ambos puntos. Voy por partes.


    i) “rosenseliger brauner Gold-Wein-Geruch”

    Tienes razón en la objeción: mi propuesta anterior no reflejaba con suficiente claridad la estructura compositiva alemana.

    Estructura real

    • Geruch (núcleo)
    • determinado por:
      • Gold-Wein-Geruch → olor de vino dorado
      • cualificado por:
        • brauner → pardo (vino envejecido)
        • rosenseliger → bienaventurado como de rosas
      • y luego:
        • von altem Glücke

    👉 Todo eso cuelga del olor (Geruch), pero braun y Gold-Wein pertenecen claramente al vino, no al “olor” en abstracto.


    Mejor reconstrucción en español

    Tu sugerencia va en la dirección correcta. Yo lo ordenaría así:

    «un olor de eternidad — un olor, bienaventurado como de rosas, de pardo vino dorado de antigua felicidad»

    O, un poco más compacto:

    «un olor de eternidad — un olor, bienaventurado como de rosas, de vino dorado, pardo, de antigua felicidad»

    Y si quieres mantener más la acumulación:

    «un olor de eternidad — un olor, bienaventurado como de rosas, de pardo vino dorado, de antigua felicidad»

    👉 Esta última es probablemente la mejor solución:

    • respeta la cadena alemana
    • mantiene la rareza
    • y no redistribuye atributos incorrectamente

    ✔ Conclusión: tu intuición es correcta; hay que anclar “braun” y “Gold-Wein” al vino.


    ii) “tiefer als der Tag gedacht”

    Aquí el punto es más fino.

    1. Forma gramatical

    Sí:

    • gedacht = participio II
    • sin auxiliar explícito

    👉 Hay una elipsis.


    2. ¿Qué tipo de elipsis?

    No es pasiva completa (gedacht worden ist), ni perfecta (hat gedacht), sino una forma típica de Nietzsche:

    👉 participio predicativo comprimido

    equivalente a:

    • als der Tag es gedacht hat
    • o más libremente:
      als es vom Tage gedacht worden ist

    3. Función semántica

    No significa:

    • ❌ “más hondo que concebido el día” (demasiado nominal)
    • sino:

    👉 comparación con la actividad del día como instancia cognitiva

    El “día” aquí funciona casi como:

    • conciencia
    • claridad
    • pensamiento diurno

    4. Opciones de traducción

    a) Tu línea literal:

    • “más hondo que concebido el día”
      ✖ demasiado forzado

    b) Interpretativa (Kaufmann):

    • “than the day had thought”
      ✔ correcta

    c) Solución equilibrada:

    👉 “más hondo de lo que el día ha pensado”

    ✔ mantiene:

    • sujeto: “el día”
    • verbo implícito recuperado
    • fluidez española

    5. Alternativas posibles

    • “más hondo de lo que el día pensó”
      → más seca, más dura (también válida)
    • “más hondo de lo que el día puede pensar”
      → interpretativa (introduce modalidad)

    Conclusión

    i) Sobre el vino:

    ✔ tu objeción es correcta
    ✔ mejor:
    👉 “olor … de pardo vino dorado de antigua felicidad”


    ii) Sobre gedacht:

    ✔ sí, hay elipsis verbal
    ✔ el sujeto es der Tag
    ✔ mejor traducción:

    👉 “más hondo de lo que el día ha pensado”


    Si quieres, integro el bloque 6 con esta corrección precisa del vino y lo dejamos ya fijado.

    Ok.

    Perfecto. Integro entonces el bloque 6 con los ajustes precisos que hemos fijado:

    Versión definitiva

    6. «¡Dulce lira! ¡Dulce lira! Amo tu sonido, tu ebrio sonido de sapo — ¡cuán lejos, cuán remoto me llega tu sonido, desde lejos, desde los estanques del amor!
    Tú, vieja campana, tú, dulce lira: cada dolor te desgarró el corazón, dolor de padre, dolor de padres, dolor de antepasados; tu palabra se volvió madura —
    — madura como dorado otoño y tarde, como mi corazón de ermitaño: ahora hablas; el mundo mismo se ha vuelto maduro, la uva se torna parda —
    — ahora quiere morir, morir de felicidad. Vosotros, hombres superiores, ¿no lo oléis? Brota sigiloso un olor —
    — un olor de eternidad — un olor, bienaventurado como de rosas, de pardo vino dorado, de antigua felicidad,
    — de ebria felicidad de morir a medianoche, que canta: el mundo es hondo, y más hondo de lo que el día ha pensado.»


    Puntos fijados (para coherencia futura)

    • Unken-Ton → sonido de sapo
    • Väterschmerz / Urväterschmerz → padres / antepasados
    • brauner Gold-Wein → pardo vino dorado (anclado correctamente al vino)
    • quillt … Geruch → brota sigiloso un olor
    • Die Welt ist tief → el mundo es hondo (en este contexto)
    • tiefer als der Tag gedacht → más hondo de lo que el día ha pensado

    Este bloque ya queda muy sólido: mantiene densidad sensorial, acumulación y ritmo sin volverse opaco.

    Cuando quieras, seguimos con 7, donde el motivo se intensifica aún más.

    7. Lass mich! Lass mich! Ich bin zu rein für dich. Rühre mich nicht an! Ward meine Welt nicht eben vollkommen? Meine Haut ist zu rein für deine Hände. Lass mich, du dummer tölpischer dumpfer Tag! Ist die Mitternacht nicht heller? Die Reinsten sollen der Erde Herrn sein, die Unerkanntesten, Stärksten, die Mitternachts-Seelen, die heller und tiefer sind als jeder Tag. Oh Tag, du tappst nach mir? Du tastest nach meinem Glücke? Ich bin dir reich, einsam, eine Schatzgrube, eine Goldkammer? Oh Welt, du willst mich? Bin ich dir weltlich? Bin ich dir geistlich? Bin ich dir göttlich? Aber Tag und Welt, ihr seid zu plump, — — habt klügere Hände, greift nach tieferem Glücke, nach tieferem Unglücke, greift nach irgend einem Gotte, greift nicht nach mir: — mein Unglück, mein Glück ist tief, du wunderlicher Tag, aber doch bin ich kein Gott, keine Gottes-Hölle: tief ist ihr Weh. 7.1. ¡Déjame! ¡Déjame! Soy demasiado puro para tí. ¡No me toques! ¿No se ha vuelto mi mundo justamente ahora perfecto? Mi piel es demasiado pura para tus manos. ¡Dejame tú, estúpido, torpe, obtuso día! ¿No es la medianoche más brillante? Los más puros han de ser señores de la tierra, los más desconocidos, más fuertes, las almas de media noche, que son más brillantes y hondas que cualquier día. 7.2. ¿Oh día, me buscas a tientas? ¿Andas a tientas tras mi felicidad? ¿Soy para tí rico, solitario, un pozo del tesoro, una cámara del oro? ¿Oh mundo, me quieres? ¿Soy para tí mundano? ¿Soy para tí espiritual? ¿Soy para tí divino? Pero día y mundo, sois demasiado groseros; tened manos más inteligentes, tratad de alcanzar una felicidad más profunda, una infelicidad más profunda, tratad de alcanzar a algún Dios, no tratéis de alcanzarme a mí: mi infelicidad, mi felicidad es profunda, tú, extraño día, pero no soy ningún Dios, ningún infierno de Dios: profundo es su dolor.

    Buen bloque; aquí hay que cuidar imperativos, repetición, tono agresivo-irónico y algunas decisiones léxicas finas (tappen/tastenplumpGottes-Hölle). Tu versión está bien orientada, pero requiere ajuste de precisión y ritmo.

    Propuesta revisada

    7.1. «¡Déjame! ¡Déjame! Soy demasiado puro para ti. ¡No me toques! ¿No se ha vuelto mi mundo, ahora mismo, perfecto?
    Mi piel es demasiado pura para tus manos. ¡Déjame, tú, estúpido, torpe, obtuso día! ¿No es la medianoche más clara?
    Los más puros han de ser señores de la tierra, los más desconocidos, los más fuertes, las almas de medianoche, que son más claras y más hondas que cualquier día.»

    7.2. «¡Oh día, vas a tientas tras de mí? ¿Tanteas mi felicidad? ¿Soy para ti rico, solitario, un pozo de tesoro, una cámara de oro?
    ¡Oh mundo, tú me quieres? ¿Soy para ti mundano? ¿Soy para ti espiritual? ¿Soy para ti divino? Pero día y mundo, sois demasiado toscos —
    — tened manos más hábiles, buscad una felicidad más honda, una desdicha más honda, buscad algún dios, no me busquéis a mí:
    — mi desdicha, mi felicidad es honda, tú, extraño día; pero no soy ningún dios, ningún infierno de dios: hondo es su dolor.»


    Comentario preciso

    1. “Ward meine Welt nicht eben vollkommen?”

    • eben → “justamente ahora”, “ahora mismo”
      ✔ Bien introducirlo:

    👉 “¿No se ha vuelto mi mundo, ahora mismo, perfecto?”


    2. “heller” (Mitternacht heller)

    No “brillante”:

    • “clara” → mejor en oposición simbólica a “día”

    👉 “¿No es la medianoche más clara?”


    3. “Mitternachts-Seelen”

    • no “media noche”
      👉 “almas de medianoche”

    4. “heller und tiefer”

    Mantener paralelismo:

    👉 “más claras y más hondas”


    5. “tappen / tasten”

    Muy importante diferenciarlos:

    • tappen → ir a tientas, torpemente
    • tasten → tantear, buscar con las manos

    👉 Bien distinguir:

    • “vas a tientas tras de mí”
    • “tanteas mi felicidad”

    6. “Schatzgrube / Goldkammer”

    • “pozo de tesoro” → correcto (mejor que “del tesoro”)
    • “cámara de oro” → bien

    Podrías también:

    • “mina de tesoro”
      pero tu opción es válida.

    7. “plump”

    No “grosero” (demasiado moral), sino:

    👉 “toscos”

    Más físico, más nietzscheano.


    8. “habt klügere Hände”

    No “inteligentes”, sino:

    👉 “manos más hábiles”


    9. “greift nach …”

    No “tratad de alcanzar” (demasiado largo), sino:

    👉 “buscad”

    Mantiene ritmo imperativo.


    10. “irgend einem Gotte”

    Mejor:

    👉 “algún dios”
    (no mayúscula; no es teológico sino tipológico)


    11. “mein Unglück, mein Glück ist tief”

    Mantener paralelismo:

    👉 “mi desdicha, mi felicidad es honda”

    (Unglück → “desdicha” mejor que “infelicidad” aquí)


    12. “Gottes-Hölle”

    Punto delicado.

    No:

    • “infierno de Dios” (demasiado teológico cristiano)

    Mejor mantener literalidad extraña:

    👉 “infierno de dios”

    (ambiguo, nietzscheano, no doctrinal)


    13. “wunderlicher Tag”

    No “extraño” neutro, sino:

    👉 “extraño” funciona, pero también:

    • “singular”
    • “extraño” mantiene bien el tono

    Observación de conjunto

    Este bloque es:

    • afirmación de pureza
    • rechazo del día (lo diurno, lo vulgar)
    • afirmación de lo nocturno (profundidad)

    Por eso:

    • evitar lenguaje abstracto (“infelicidad”, “conceptual”)
    • mantener fisicidad (manos, piel, tanteo)
    • sostener agresividad leve (insulto al día)

    Resultado

    El bloque queda ahora:

    • más nítido en verbos
    • más coherente con tu léxico anterior
    • más fiel al contraste día / medianoche

    Cuando quieras, vemos 8, donde el canto llega a su formulación más cerrada.

    Una duda aun aqui: cual es el referente de “ihr”: “tief ist ihr Weh”?

    Muy buena pregunta: aquí hay que fijar bien la referencia.

    Frase clave

    „… aber doch bin ich kein Gott, keine Gottes-Hölle: tief ist ihr Weh.“

    ¿A qué remite “ihr”?

    👉 El referente inmediato es:

    “keine Gottes-Hölle” (femenino singular)

    • Hölle = femenino
    • por tanto → ihr Weh = el dolor de ella (de esa “Gottes-Hölle”)

    Lectura completa

    La secuencia es:

    • no soy un dios
    • ni una “Gottes-Hölle”
    • profundo es su dolor

    👉 Es decir:

    hay algo (esa “Gottes-Hölle”) cuyo dolor es profundo, pero yo no soy eso.


    ¿Qué es “Gottes-Hölle”?

    Construcción deliberadamente ambigua:

    • no “infierno de Dios” en sentido doctrinal
    • sino:
      • infierno divino
      • infierno propio de lo divino
      • o incluso: lo divino como abismo de sufrimiento

    “ihr Weh” apunta a ese nivel:

    👉 el sufrimiento propio de esa dimensión (divina/abismal)


    Consecuencia para la traducción

    Tu versión:

    “no soy ningún Dios, ningún infierno de Dios: profundo es su dolor.”

    ✔ correcta
    ✔ mantiene la referencia femenina implícita
    ✔ no sobre-explica


    Alternativas (menos recomendables)

    • “profundo es el dolor de ella”
      → demasiado explícito
    • “profundo es ese dolor”
      → pierde referencia gramatical

    Conclusión

    • “ihr” = “Gottes-Hölle”
    • valor: posesivo femenino singular
    • sentido: el dolor propio de esa dimensión

    👉 Mantén:
    “profundo es su dolor”

    Funciona bien y respeta la ambigüedad nietzscheana.

    8.1. Gottes Weh ist tiefer, du wunderliche Welt! Greife nach Gottes Weh, nicht nach mir! Was bin ich! Eine trunkene süsse Leier, — — eine Mitternachts-Leier, eine Glocken-Unke, die Niemand versteht, aber welche reden muss, vor Tauben, ihr höheren Menschen! Denn ihr versteht mich nicht! 8.2. Dahin! Dahin! Oh Jugend! Oh Mittag! Oh Nachmittag! Nun kam Abend und Nacht und Mitternacht, — der Hund heult, der Wind: — ist der Wind nicht ein Hund? Er winselt, er kläfft, er heult. Ach! Ach! wie sie seufzt! wie sie lacht, wie sie röchelt und keucht, die Mitternacht! 8.3. Wie sie eben nüchtern spricht, diese trunkene Dichterin! sie übertrank wohl ihre Trunkenheit? sie wurde überwach? sie käut zurück? — ihr Weh käut sie zurück, im Traume, die alte tiefe Mitternacht, und mehr noch ihre Lust. Lust nämlich, wenn schon Weh tief ist: Lust ist tiefer noch als Herzeleid. 8.1. ¡El dolor de Dios es más profundo, tú, extraño mundo! ¡Busca el dolor de Dios y no a mí! ¿Qué soy yo? Una ebria, dulce lira – una lira de medianoche, un sapo campana al que nadie entiende, pero que debe hablar, ante sordos, vosotros, hombres superiores. ¡Porque vosotros no me entendéis! 8.2. ¡Ya no están! ¡Ya no están! ¡Oh juventud! ¡Oh mediodía! ¡Oh tarde! Ahora llega anochecer, noche y medianoche -el perro aúlla, el viento: ¿no es el viento un perro? Gañe, ladra, aúlla. ¡Ay! ¡Ay! ¡Cómo suspira! ¡Cómo ríe, cómo resuella y jadea, la medianoche! ¡Cómo ahora habla sobria, esta ebria poetisa! ¿Sobrepasó quizá su ebriedad? ¿Se volvió más que despierta? ¿Rumia? Su dolor rumia en el sueño, la vieja, profunda medianoche, y más aún su gozo. Pues el gozo, si ya el dolor es profundo: el gozo es más profundo aún que el sufrimiento del corazón.

    Bloque muy potente; aquí el ajuste es sobre todo de precisión léxica, encadenamiento de imágenes y ritmo. Tu versión está bien encaminada, pero hay que ordenar y afinar varios puntos.


    Propuesta revisada

    8.1. «El dolor de dios es más hondo, tú, extraño mundo. ¡Busca el dolor de dios, no a mí! ¿Qué soy yo? Una ebria, dulce lira —
    — una lira de medianoche, un sapo-campana al que nadie entiende, pero que debe hablar ante sordos, vosotros, hombres superiores; pues vosotros no me entendéis.»

    8.2. «¡Allá! ¡Allá! ¡Oh juventud! ¡Oh mediodía! ¡Oh tarde! Ahora llegaron el ocaso, la noche y la medianoche — el perro aúlla, el viento —
    — ¿no es el viento un perro? Gime, ladra, aúlla. ¡Ay! ¡Ay! cómo suspira, cómo ríe, cómo estertorea y jadea la medianoche!»

    8.3. «¡Cómo habla ahora sobriamente, esta ebria poetisa! ¿Habrá bebido en exceso su ebriedad? ¿Se volvió sobria? ¿Se volvió más que despierta? ¿Rumia?
    — su dolor lo rumia en sueños, la vieja, profunda medianoche, y más aún su gozo. Pues el gozo, si ya el dolor es hondo: el gozo es más hondo aún que el dolor del corazón.»


    Comentario preciso

    1. “Gottes Weh ist tiefer”

    Mantener coherencia con tu sistema:

    👉 “más hondo” (no “más profundo” aquí)


    2. “Greife nach …”

    Muy bien:

    👉 “Busca … no a mí”
    (seco, imperativo)


    3. “Glocken-Unke”

    Aquí es importante no separar demasiado:

    • no “sapo campana” suelto

    👉 mejor:
    “sapo-campana”

    (compuesto, mantiene rareza)


    4. “vor Tauben”

    No “ante sordos” separado por coma débil, sino integrado:

    👉 “pero que debe hablar ante sordos, vosotros…”

    Mejor con punto y coma después:

    👉 “…hombres superiores; pues vosotros…”


    5. “Dahin! Dahin!”

    No “ya no están”.

    👉 significa impulso, huida, desaparición:

    • “¡Allá! ¡Allá!” ✔
    • también valdría “¡Idos! ¡Idos!” (más activo)

    Pero “¡Allá! ¡Allá!” funciona bien en tono lírico.


    6. “Nun kam Abend…”

    No presente:

    👉 “Ahora llegaron…”

    Mantiene valor narrativo del alemán.


    7. “winselt”

    No “gañe” (demasiado específico), mejor:

    👉 “gime”


    8. “röchelt”

    No “resuella”:

    👉 “estertorea”

    Importante: sonido de agonía.


    9. “Wie sie eben nüchtern spricht”

    Muy importante:

    👉 “¡Cómo habla ahora sobriamente…”

    • eben → ahora mismo / justamente ahora
    • nüchtern → sobria (clave en contraste con “trunken”)

    10. “sie übertrank wohl ihre Trunkenheit?”

    No “sobrepasó su ebriedad” (demasiado abstracto)

    👉 “¿Habrá bebido en exceso su ebriedad?”

    Mantiene paradoja.


    11. “sie wurde überwach?”

    No “más que despierta” solo:

    👉 mantenerlo:

    • “¿Se volvió más que despierta?”

    correcto.


    12. “käut zurück”

    Clave: rumiar / volver a masticar

    Tu intuición es buena, solo ajustar:

    👉 “su dolor lo rumia en sueños”

    (mejor que “su dolor rumia…”)


    13. “Lust ist tiefer noch als Herzeleid”

    Mantener paralelismo:

    👉 “el gozo es más hondo aún que el dolor del corazón”

    No invertir demasiado.


    Observación de conjunto

    Este bloque es:

    • transición del canto hacia su núcleo filosófico
    • con:
      • animalización (perro/viento)
      • corporalidad (jadeo, estertor)
      • inversión sobriedad/ebriedad
      • culminación en Lust vs Weh

    Por eso:

    • evitar términos abstractos
    • mantener fisicidad y sonido

    Resultado

    Con estos ajustes:

    • se corrigen pequeñas desviaciones (“ya no están”, “resuella”, etc.)
    • se refuerza la cadena simbólica
    • se mantiene coherencia con bloques anteriores

    Cuando quieras, cerramos con el último tramo, donde aparece la formulación final del motivo.

    3 cosas: i) «röcheln» ha aparecido una vez antes en «El Hombre más Feo» y lo tradujimos, en mi versión está así, «resollar,» «respirar fuertemente y con ruido.» «Estertorear» no lo veo como verbo en el diccionario RAE, aunque sí «estertor» y «estertor oso.» ii) En «sie übertrat wohl ihre Trunkenheit»: Common: «hath she perhaps overdrank her drunkenness?»; Kaufmann: «Perhaps she overdrank her drunkenness»; Sánchez Pascual: «¿Acaso ha ahogado en más vino su embriaguez?»; Del Caro: «Perhaps she overdrank her drunkenness? No entiendo por qué hay coincidencia en «overdrank,» porque yo sólo encuentro para «übertrat»: «transgredir,» «pasar por encima,» «sobrepasar. Tampoco entiendo tu propuesta: «¿Habrá bebido en exceso su ebriedad?» Me parece que «sie,» la medianoche, es sujeto y «Trunkenheit» C.D. iii) Tu siguiente pregunta no está en el texto, «¿Se volvió sobria?»

    Muy buenas las tres observaciones. Voy por partes con precisión filológica.


    i) röcheln

    Tienes razón en dos cosas:

    • “estertorear” es dudoso como verbo normativo (aunque se usa, no es forma asentada en RAE)
    • ya has fijado “resollar” en otro pasaje → coherencia interna prioritaria

    Ahora bien:

    • röcheln ≠ exactamente resollar
    • implica:
      • respiración entrecortada
      • sonido de garganta
      • a veces cercano a agonía

    Pero en Nietzsche no siempre es clínico; puede ser intensificación sonora.

    👉 Conclusión:

    ✔ Mantén “resollar”
    ✔ Es suficientemente físico y ya está integrado en tu sistema

    Entonces:

    “cómo ríe, cómo resuella y jadea” ❌
    👉 mejor:
    “cómo ríe, cómo resolla y jadea”


    ii) “sie übertrank wohl ihre Trunkenheit?”

    Aquí está el punto más interesante.

    1. Forma correcta

    No es übertrat (de übertreten), sino:

    👉 übertrank (de übertrinken)

    Por eso:

    • Common / Kaufmann / Del Caro → overdrank ✔
    • perfectamente coherente

    2. Estructura

    • sie = sujeto (la medianoche)
    • ihre Trunkenheit = objeto directo

    👉 literal:

    “¿sobrebebió su ebriedad?”


    3. Sentido

    Paradoja típica de Nietzsche:

    • beber tanto que se supera la ebriedad
    • atravesar la ebriedad → llegar a sobriedad superior

    No es:

    • beber más (simplemente)
    • sino: consumir / agotar / atravesar la ebriedad

    4. Opciones de traducción

    a) Literal dura

    • “¿Sobrebebió su ebriedad?”
      ✔ muy fiel
      ✖ poco idiomático

    b) Tradicional (Sánchez Pascual)

    • “¿ha ahogado en más vino su embriaguez?”
      ✔ interpretativa
      ✖ añade “vino”

    c) Intermedia (recomendada)

    👉 “¿Bebió más allá de su ebriedad?”

    ✔ mantiene estructura
    ✔ comprensible
    ✔ conserva paradoja


    5. Tu crítica a mi propuesta

    Correcta:

    “¿Habrá bebido en exceso su ebriedad?” ❌

    • diluye la paradoja
    • suena explicativa
    • pierde el “más allá”

    👉 mejor descartarla


    iii) “¿Se volvió sobria?”

    Totalmente de acuerdo contigo:

    ❌ No está en el texto
    ❌ Es intrusión interpretativa

    El original:

    sie wurde überwach?

    👉 ya tienes:

    ✔ “¿Se volvió más que despierta?”

    Y basta.


    Versión corregida del tramo clave

    8.2 (final)

    «… ¡Ay! ¡Ay! cómo suspira, cómo ríe, cómo resolla y jadea la medianoche!»

    8.3 (inicio corregido)

    «¡Cómo habla ahora sobriamente, esta ebria poetisa! ¿Bebió más allá de su ebriedad? ¿Se volvió más que despierta? ¿Rumia? — …»


    Conclusión

    • ✔ röcheln → resollar (coherencia y suficiente precisión)
    • ✔ übertrank = clave → mantener idea de “más allá”
    • ✔ eliminar interpolaciones no presentes en el texto

    Este es uno de esos puntos donde tu lectura es especialmente fina: has detectado bien la forma verbal y el problema conceptual.

    Cuando quieras, vemos el cierre final del canto.

    Y tienes razón, acabo de mirarlo y mi texto en papel trae «übertrat,» pero en la edición crítica digital es «übertrank».

    Buena detección: es un caso claro de variante textual relevante.

    1. Las dos lecturas

    • übertrank (übertrinken) → “beber más allá de”, “sobrebeber”
    • übertrat (übertreten) → “transgredir”, “pasar más allá de”

    2. Evaluación filológica

    a) übertrank (edición crítica)

    Encaja mejor por:

    • continuidad con el campo léxico:
      • trunken (ebrio)
      • Trunkenheit (ebriedad)
    • paralelismo interno:
      • ebriedad → sobre-ebriedad → sobriedad paradójica

    👉 Construye una imagen coherente:
    la medianoche “bebe más allá” de su propia embriaguez


    b) übertrat (tu edición en papel)

    Posible como:

    • “¿transgredió su ebriedad?”
    • “¿pasó más allá de su ebriedad?”

    Pero:

    • rompe el campo semántico del vino
    • suena más abstracto y moral
    • menos “corporal”, menos nietzscheano en este contexto

    3. Conclusión

    👉 übertrank es claramente la lectura más fuerte y coherente

    No es un matiz menor: cambia la imagen central.


    4. Consecuencia para tu traducción

    Con übertrank, la mejor solución sigue siendo:

    «¿Bebió más allá de su ebriedad?»

    O, si quieres más literalidad aún:

    «¿Sobrebebió su ebriedad?» (más duro, menos natural)


    5. Recomendación editorial

    Dado tu proyecto:

    • ✔ usar übertrank como base (Colli-Montinari)
    • ✔ puedes anotar (en tu cuaderno, no necesariamente en el blog):
      • variante: übertrat en otras ediciones

    6. Observación final

    Este es un buen ejemplo de algo importante en tu trabajo:

    👉 pequeñas variantes afectan directamente a:

    • la imagen
    • el ritmo conceptual
    • el campo simbólico

    Y aquí, claramente, Nietzsche está en registro:

    vino → ebriedad → sobre-ebriedad → lucidez nocturna


    Si quieres, en el siguiente paso cerramos el canto completo con una lectura continua.

    Aún queda un buen tramo, 4 secciones no muy largas.

    Perfecto. Entonces seguimos como hasta ahora: bloque a bloque, sin cerrar todavía el canto.

    En este punto ya tienes bien fijados los ejes difíciles:

    • übertrank → campo de la ebriedad (muy importante)
    • coherencia de hondo / profundo
    • sistema de sonido / olor / corporalidad
    • ritmo de repeticiones

    En lo que queda, habrá que vigilar sobre todo:

    1. Cierre rítmico

    Las últimas secciones suelen:

    • condensar
    • repetir motivos (medianoche, profundidad, gozo/dolor)
    • y cerrar casi como estribillo filosófico

    2. Léxico ya fijado (mantener)

    • heimlich → sigiloso
    • tief → hondo (según contexto)
    • Lust / Weh → gozo / dolor
    • wandeln → caminar

    3. Intensidad sin sobrecargar

    Evitar:

    • explicitar demasiado
    • suavizar repeticiones
    • añadir conectores

    Pásame la siguiente sección cuando quieras y la trabajamos con el mismo nivel de precisión.

    9.1. Du Weinstock! Was preisest du mich? Ich schnitt dich doch! Ich bin grausam, du blutest —: was will dein Lob meiner trunkenen Grausamkeit? 9.2. „Was vollkommen ward, alles Reife — will sterben!“ so redest du. Gesegnet, gesegnet sei das Winzermesser! Aber alles Unreife will leben: wehe! 9.3. Weh spricht: „Vergeh! Weg, du Wehe!“ Aber Alles, was leidet, will leben, dass es reif werde und lustig und sehnsüchtig, — sehnsüchtig nach Fernerem, Höherem, Hellerem. „Ich will Erben, so spricht Alles, was leidet, ich will Kinder, ich will nicht mich,“ — 9.4. Lust aber will nicht Erben, nicht Kinder, — Lust will sich selber, will Ewigkeit, will Wiederkunft, will Alles-sich-ewig-gleich. 9.5. Weh spricht: „Brich, blute, Herz! Wandle, Bein! Flügel, flieg! Hinan! Hinauf! Schmerz!“ Wohlan! Wohlauf! Oh mein altes Herz: Weh spricht: „vergeh!“ 9.1. ¡Tú, vid! ¿Qué me alabas? ¡Yo te corté, sin embargo! Yo soy cruel, tú sangras; ¿qué quiere tu alabanza de mi ebria crueldad? 9.2. “Lo que se volvió perfecto, todo lo maduro – quiere morir!” así dices. ¡Bendito, bendito sea el cuchillo del vendimiador! Pero todo lo inmaduro quiere vivir: ¡ay! 9.3. El dolor dice: “¡Vete! ¡Fuera tú, dolor!” Pero todo lo que sufre quiere vivir, para volverse maduro y alegre y anhelante, -anhelante de lo más lejano, más alto, más claro. “Quiero herederos,” así dice todo lo que sufre, “quiero niños, no me quiero a mí.”   9.4. Pero el gozo no quiere herederos, no quiere niños, -el gozo se quiere a sí mismo, quiere eternidad, quiere retorno, quiere todo igual eternamente a sí mismo.

    Buen trabajo: este bloque está ya muy cerca de quedar fijado. Voy a proponerte una versión afinada, y luego señalo solo los puntos críticos (no reitero lo ya asentado).


    Propuesta revisada

    9.1. «¡Tú, vid! ¿Qué me alabas? ¡Yo te corté! Soy cruel, tú sangras — ¿qué quiere tu alabanza de mi ebria crueldad?»

    9.2. «“Todo lo que se volvió perfecto, todo lo maduro — quiere morir”, así hablas tú. ¡Bendito, bendito sea el cuchillo del vendimiador! Pero todo lo inmaduro quiere vivir: ¡ay!»

    9.3. «El dolor dice: “¡Pasa! ¡Fuera, dolor!” Pero todo lo que sufre quiere vivir, para volverse maduro y alegre y anhelante —
    — anhelante de lo más lejano, de lo más alto, de lo más claro. “Quiero herederos — así habla todo lo que sufre —, quiero hijos, no me quiero a mí mismo” —»

    9.4. «Pero el gozo no quiere herederos, no quiere hijos — el gozo se quiere a sí mismo, quiere eternidad, quiere retorno, quiere todo-igual-a-sí-mismo eternamente.»


    Comentario preciso

    1. 9.1 — “Ich schnitt dich doch!”

    Mejor sin “sin embargo”:

    • “¡Yo te corté!”
      más seco, más violento, más fiel al doch enfático.

    2. “Was preisest du mich?”

    Tu “¿Qué me alabas?” es correcto.
    Alternativa:

    • “¿Por qué me alabas?”

    Pero “¿Qué me alabas?” mantiene mejor la literalidad.


    3. “Weinstock”

    Has optado por “vid” → correcto y preferible a “viña” aquí (más concreto, más corporal).


    4. 9.2 — estructura

    Muy importante mantener:

    • “todo lo que se volvió perfecto, todo lo maduro”

    y no simplificar a “lo perfecto”.


    5. “Winzermesser”

    ✔ “cuchillo del vendimiador” → bien fijado.


    6. 9.3 — “Vergeh! Weg, du Wehe!”

    Aquí hay que ajustar.

    Tu versión:

    “¡Vete! ¡Fuera tú, dolor!”

    Problema:

    • pierde la forma verbal de vergehen (perecer, pasar)

    Mejor:

    👉 “¡Pasa! ¡Fuera, dolor!”

    o más fuerte:

    👉 “¡Perece! ¡Fuera, dolor!”

    Yo recomiendo:
    ✔ “¡Pasa! ¡Fuera, dolor!” (más fluido, menos rígido)


    7. “sehnsüchtig nach …”

    Muy bien tu estructura, solo pulir ritmo:

    • repetir “de lo más…” da cadencia:

    👉 “de lo más lejano, de lo más alto, de lo más claro”


    8. “ich will nicht mich”

    Muy importante no perder el contraste:

    👉 “no me quiero a mí mismo”

    Mejor que “no me quiero a mí” (más explícito, más claro).


    9. 9.4 — estructura de Lust

    Muy bien orientado.

    Solo ajuste clave:

    👉 “todo-igual-a-sí-mismo eternamente”

    para reflejar:

    • Alles-sich-ewig-gleich

    (compuesto → mantenerlo como unidad)


    Observación de conjunto

    Este bloque es conceptualmente central:

    • Weh → quiere continuidad, herencia
    • Lust → quiere eternidad, retorno

    Y ya apunta directamente a:

    👉 “alle Lust will Ewigkeit” 

    Por eso:

    • mantener oposición clara
    • no suavizar verbos
    • conservar repeticiones

    Decisiones clave que has tomado bien

    • vid
    • herederos / hijos
    • estructura paralela
    • mantener repetición

    Si quieres, en el siguiente bloque (9.5 + 10) ya entramos en el tramo final, donde todo esto se formula explícitamente como doctrina.

    9.5. El dolor dice: “¡Rómpete, sangra, corazón! ¡Camina, pierna! ¡Ala, vuela! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Dolor! ¡Venga! ¡Bien! Oh mi viejo corazón: el dolor dice: “¡Pasa!”

    Aquí conviene ajustar imperativos, paralelismo y tono exhortativo. Tu versión está bien encaminada, pero se puede afinar para que suene más compacto y menos explicativo.

    Propuesta revisada

    9.5. «El dolor dice: “¡Rómpete, sangra, corazón! ¡Camina, pierna! ¡Vuela, ala! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Dolor!” — ¡Ea! ¡Arriba! ¡Oh, mi viejo corazón! El dolor dice: “¡Pasa!”»


    Comentario preciso

    1. “Brich, blute, Herz!”

    Tu:

    “¡Rómpete, sangra, corazón!”

    ✔ correcto
    ✔ mantiene el doble imperativo


    2. “Wandle, Bein!”

    ✔ “¡Camina, pierna!” → bien


    3. “Flügel, flieg!”

    Mejor invertir:

    • “¡Vuela, ala!”
      (en español suena más natural que “¡Ala, vuela!”)

    4. “Hinan! Hinauf!”

    Tu “¡Arriba! ¡Arriba!” es correcto.

    • pierde matiz direccional doble (hacia dentro / hacia arriba), pero:
      👉 es la mejor solución idiomática

    5. “Schmerz!”

    Aquí es importante mantener el golpe aislado:

    👉 “¡Dolor!” (como invocación)


    6. “Wohlan! Wohlauf!”

    No:

    • “¡Venga! ¡Bien!” ❌ (demasiado coloquial / plano)

    Mejor:

    👉 “¡Ea! ¡Arriba!”

    o:

    👉 “¡Adelante! ¡Arriba!”

    Yo recomiendo:
    ✔ “¡Ea! ¡Arriba!” (tono arcaizante y exhortativo)


    7. “Oh mein altes Herz”

    ✔ “¡Oh, mi viejo corazón!” (con coma)


    8. Cierre

    Mantener repetición:

    👉 “El dolor dice: ‘¡Pasa!’”

    (ya fijado antes)


    Resultado

    Tu versión era ya buena, pero:

    • se eliminan elementos débiles (“venga”, “bien”)
    • se refuerza el tono imperativo
    • se limpia el ritmo

    Observación final

    Este verso funciona como:

    • contrapunto del gozo
    • impulso hacia disolución / paso / superación

    Y prepara inmediatamente el cierre:

    👉 dolor quiere pasar
    👉 gozo quiere permanecer (eternidad)


    Si quieres, pasamos ya al último bloque, donde aparece la formulación completa.

    10.1. Ihr höheren Menschen, was dünket euch? Bin ich ein Wahrsager? Ein Träumender? Trunkener? Ein Traumdeuter? Eine Mitternachts-Glocke? Ein Tropfen Thau’s? Ein Dunst und Duft der Ewigkeit? Hört ihr’s nicht? Riecht ihr’s nicht? Eben ward meine Welt vollkommen, Mitternacht ist auch Mittag, — Schmerz ist auch eine Lust, Fluch ist auch ein Segen, Nacht ist auch eine Sonne, — geht davon oder ihr lernt: ein Weiser ist auch ein Narr. 10.2. Sagtet ihr jemals Ja zu Einer Lust? Oh, meine Freunde, so sagtet ihr Ja auch zu allem Wehe. Alle Dinge sind verkettet, verfädelt, verliebt, — — wolltet ihr jemals Ein Mal Zwei Mal, spracht ihr jemals „du gefällst mir, Glück! Husch! Augenblick!“ so wolltet ihr Alles zurück! — Alles von neuem, Alles ewig, Alles verkettet, verfädelt, verliebt, oh so liebtet ihr die Welt, — — ihr Ewigen, liebt sie ewig und allezeit: und auch zum Weh sprecht ihr: vergeh, aber komm zurück! Denn alle Lust will — Ewigkeit! 10.1. Vosotros, hombres superiores, ¿qué os parece? ¿Soy un adivino? ¿Un soñador? ¿Borracho? ¿Un intérprete de sueños? ¿Una campana de medianoche? ¿Una gota de rocío? ¿Un vapor y un aroma de la eternidad? ¿No lo oís? ¿No lo oleis? Ahora mismo se ha vuelto mi mundo perfecto, medianoche es también mediodía. El dolor es también un gozo, la maldición es también una bendición, la noche es también un sol – iros de aquí o aprenderéis: un sabio es también un necio.  10.2. ¿Dijisteis alguna vez Sí a un solo gozo? Oh amigos míos, entonces dijisteis Sí también a todo dolor. Todas las cosas están entrelazadas, enhebradas, enamoradas; si quisisteis alguna vez que una vez fuera dos veces, si dijisteis alguna vez, ‘¡Me gustas felicidad! ¡Vamos! ¡Instante’ entonces lo quisisteis todo de vuelta. Todo de nuevo, todo eterno, todo entrelazado, enhebrado, enamorado – Oh, entonces amasteis al mundo. Vosotros, eternos, lo amais eterno y para siempre; y también al dolor le decís: pasa, pero ven de vuelta. Porque todo gozo quiere – eternidad.

    Estamos ya en el cierre canónico; aquí importa máxima precisión + ritmo limpio + repetición intacta. Tu versión está muy bien orientada, pero requiere depuración para quedar definitiva.


    Propuesta revisada

    10.1. «Vosotros, hombres superiores, ¿qué os parece? ¿Soy un adivino? ¿Un soñador? ¿Un ebrio? ¿Un intérprete de sueños? ¿Una campana de medianoche?
    ¿Una gota de rocío? ¿Un vapor y un aroma de la eternidad? ¿No lo oís? ¿No lo oléis?
    Ahora mismo se ha vuelto mi mundo perfecto, medianoche es también mediodía —
    el dolor es también un gozo, la maldición es también una bendición, la noche es también un sol — ¡id, o aprenderéis: un sabio es también un necio!»


    10.2. «¿Dijisteis alguna vez sí a un solo gozo? Oh, amigos míos, entonces dijisteis sí también a todo dolor.
    Todas las cosas están encadenadas, entrelazadas, enamoradas —
    — si quisisteis alguna vez una cosa dos veces, si dijisteis alguna vez: “¡me gustas, felicidad! ¡rápido! ¡instante!”, entonces lo quisisteis todo de vuelta.
    — todo de nuevo, todo eterno, todo encadenado, entrelazado, enamorado — ¡oh, entonces amasteis el mundo!
    — vosotros, eternos, lo amáis eternamente y en todo tiempo; y también al dolor le decís: “¡pasa, pero vuelve!” Pues todo gozo quiere — eternidad.»


    Comentario preciso

    1. “Trunkener”

    Aquí:

    • mejor “un ebrio” que “borracho”
      (coherente con registro previo)

    2. “Hört ihr’s nicht? Riecht ihr’s nicht?”

    Mantener:

    • “¿No lo oís? ¿No lo oléis?”
      (no perder paralelismo sensorial)

    3. “Eben ward meine Welt vollkommen”

    ✔ “Ahora mismo se ha vuelto mi mundo perfecto”
    bien fijado


    4. “geht davon”

    No “iros de aquí” (demasiado explícito espacialmente), sino:

    👉 “¡id!”

    más seco, más amenazante.


    5. “Sagtet ihr jemals Ja…”

    Clave:

    • mantener “sí” en minúscula (no teológico)
    • mantener repetición

    6. “verkettet, verfädelt, verliebt”

    Tu:

    • entrelazadas, enhebradas, enamoradas

    Es buena, pero para coherencia rítmica:

    👉 “encadenadas, entrelazadas, enamoradas”

    • “encadenadas” recoge mejor verkettet
    • “enhebradas” es demasiado técnico-textil

    7. “Ein Mal Zwei Mal”

    No literalizar demasiado:

    • no “que una vez fuera dos veces”

    👉 mejor:

    “una cosa dos veces”

    o incluso:

    • “una vez más” (pero perderías repetición)

    Tu intuición es buena, solo simplificar.


    8. “Husch! Augenblick!”

    Muy importante:

    • no “vamos”

    👉 mejor:

    “¡rápido! ¡instante!”

    o:

    • “¡husch!” (demasiado alemán)

    9. “Alles zurück”

    ✔ “todo de vuelta” → bien


    10. “allezeit”

    No “para siempre” redundante:

    👉 “en todo tiempo”


    11. “vergeh, aber komm zurück”

    Muy bien:

    👉 “¡pasa, pero vuelve!”


    12. Cierre

    Importantísimo:

    👉 “Pues todo gozo quiere — eternidad.”

    No añadir nada. Dejar el guion.


    Observación final

    Aquí culmina todo:

    • afirmación del instante
    • → afirmación del retorno
    • → identidad gozo / eternidad

    Por eso:

    • mantener sequedad
    • no explicar
    • no suavizar

    Resultado

    Tu versión estaba ya muy bien; los ajustes son:

    • precisión léxica (encadenadas)
    • limpieza sintáctica
    • evitar sobre-explicaciones

    Si quieres, en el siguiente paso podemos:

    • leer el canto completo seguido
    • o revisar coherencia global (tief, Lust, Weh, etc.) antes de publicación.

    Quedan 2 secciones. Cuando terminemos, leemos el canto seguido y, si procede, hacemos ajustes.

    Correcto. Es el mejor orden de trabajo:

    1. Cerrar las dos secciones restantes con el mismo nivel de precisión.
    2. Lectura continua del canto completo:
      • detectar rupturas de ritmo
      • comprobar coherencia léxica (tief / Lust / Weh / heimlich…)
      • ajustar puntuación (especialmente guiones y dos puntos)
    3. Solo entonces hacer ajustes finales mínimos.

    En este punto ya tienes muy bien fijados:

    • eje gozo / dolor / eternidad
    • sistema verbal (pretéritos, imperativos)
    • campo sensorial (olor, sonido, cuerpo)
    • tono (oracular sin sobrecarga)

    Pásame las dos últimas secciones y las cerramos.

    11.1. Alle Lust will aller Dinge Ewigkeit, will Honig, will Hefe, will trunkene Mitternacht, will Gräber, will Gräber-Thränen-Trost, will vergüldetes Abendroth — 11.2. — was will nicht Lust! sie ist durstiger, herzlicher, hungriger, schrecklicher, heimlicher als alles Weh, sie will sich, sie beisst in sich, des Ringes Wille ringt in ihr, — — sie will Liebe, sie will Hass, sie ist überreich, schenkt, wirft weg, bettelt, dass Einer sie nimmt, dankt dem Nehmenden, sie möchte gern gehasst sein, — — so reich ist Lust, dass sie nach Wehe durstet, nach Hölle, nach Hass, nach Schmach, nach dem Krüppel, nach Welt, — denn diese Welt, oh ihr kennt sie ja! 11.3. Ihr höheren Menschen, nach euch sehnt sie sich, die Lust, die unbändige, selige, — nach eurem Weh, ihr Missrathenen! Nach Missrathenem sehnt sich alle ewige Lust. Denn alle Lust will sich selber, drum will sie auch Herzeleid! Oh Glück, oh Schmerz! Oh brich, Herz! Ihr höheren Menschen, lernt es doch, Lust will Ewigkeit, — Lust will aller Dinge Ewigkeit, will tiefe, tiefe Ewigkeit! 11.1. Todo gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere miel, quiere hez, quiere ebria medianoche, quiere tumbas, quiere consuelo de las lágrimas de las tumbas, quiere dorado arrebol vespertino 11.2. ¿Qué no quiere el gozo? Es más sediento, más cordial, más hambriento, más terrible, más sigiloso que todo dolor, se quiere a sí mismo, muerde en sí mismo, la voluntad del anillo lucha en él; quiere amor, quiere odio, es sobre rico, regala, echa afuera, pide que alguien lo tome, agradece al que toma, querría de buena gana ser odiado; tan rico es el gozo que tiene sed de dolor, de infierno, de odio, de ignominia, de lo cojo, de mundo, porque este mundo – ¡Oh, vosotros lo conocéis ya!  11.3. Vosotros, hombres superiores, a vosotros os anhela, el gozo, el incontenible, bienaventurado – ¡a vuestro dolor, vosotros malogrados! Lo malogrados anhela todo eterno gozo. ¡Porque todo gozo se quiere a sí mismo, por eso quiere también dolor del corazón! ¡Oh felicidad, oh dolor! ¡Oh, rompete corazón! Vosotros, hombres superiores, aprendedlo, el gozo quiere eternidad. El gozo quiere  eternidad de todas las cosas, quiere profunda, profunda eternidad.

    Este es el cierre definitivo del canto; aquí conviene máxima fidelidad en acumulación, ritmo y paralelismos. Tu versión está muy bien encaminada; ajusto con precisión.


    Propuesta revisada

    11.1. «Todo gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere miel, quiere hez, quiere ebria medianoche, quiere tumbas, quiere consuelo de lágrimas de tumbas, quiere dorado arrebol vespertino —»

    11.2. «— ¿qué no quiere el gozo? Es más sediento, más cordial, más hambriento, más terrible, más sigiloso que todo dolor; se quiere a sí mismo, muerde en sí mismo, la voluntad del anillo pugna en él —
    — quiere amor, quiere odio, es sobreabundante, regala, arroja, mendiga que alguien lo tome, da gracias al que toma, querría ser odiado —
    — tan rico es el gozo que tiene sed de dolor, de infierno, de odio, de ignominia, de lo deforme, de mundo — pues este mundo, ¡oh, vosotros lo conocéis ya!»

    11.3. «Vosotros, hombres superiores, a vosotros os anhela el gozo, el incontenible, bienaventurado — a vuestro dolor, vosotros malogrados! De lo malogrado anhela todo gozo eterno.
    Pues todo gozo se quiere a sí mismo — por eso quiere también dolor del corazón. ¡Oh felicidad, oh dolor! ¡Oh, rómpete, corazón! Vosotros, hombres superiores, aprendedlo: el gozo quiere eternidad —
    — el gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere honda, honda eternidad!»


    Comentario preciso

    1. 11.1 — “Gräber-Thränen-Trost”

    Mejor no sobrecargar:

    • “consuelo de lágrimas de tumbas” ✔
      (no añadir artículos innecesarios)

    2. “vergüldetes Abendroth”

    ✔ “dorado arrebol vespertino” → muy buena elección, mantener.


    3. 11.2 — “sie ist überreich”

    No:

    • “sobre rico” ❌

    👉 “es sobreabundante”
    (mejor que “riquísima”, más neutro y nietzscheano)


    4. “wirft weg”

    No “echa afuera”:

    👉 “arroja”

    más limpio y fuerte.


    5. “bettelt, dass Einer sie nimmt”

    ✔ bien:

    • “mendiga que alguien lo tome”

    (“alguien la tome” también sería posible, pero mantienes coherencia con “el gozo”)


    6. “sie möchte gern gehasst sein”

    Tu intuición es buena:

    👉 “querría ser odiado”

    (no añadir “de buena gana”)


    7. “nach dem Krüppel”

    Muy importante:

    • no “lo cojo” (demasiado literal / poco natural)

    👉 “lo deforme”
    o “el lisiado” (más concreto)

    Yo recomiendo:
    ✔ “lo deforme” (más abstracto y universal)


    8. “weil diese Welt…”

    Mejor:

    👉 “pues este mundo…”
    (no “porque”: más lógico-discursivo que oracular)


    9. 11.3 — “Missrathenen”

    ✔ “malogrados” → muy buena elección


    10. “Nach Missrathenem…”

    Ajuste necesario:

    👉 “De lo malogrado anhela todo gozo eterno”

    (no “lo malogrados anhela…”)


    11. “Lust will sich selber”

    Mantener:

    👉 “todo gozo se quiere a sí mismo”


    12. “Oh brich, Herz!”

    ✔ “¡Oh, rómpete, corazón!”


    13. Cierre final

    Importantísimo:

    👉 “honda, honda eternidad”

    (no “profunda” aquí; mejor ritmo)


    Observación final

    Este bloque:

    • resume todo el canto
    • formula explícitamente:
      • gozo → quiere eternidad
      • eternidad → retorno
      • retorno → aceptación total

    Por eso:

    • mantener repetición obsesiva
    • no reducir acumulación
    • no estilizar demasiado

    Resultado

    Tu versión ya era sólida; los ajustes:

    • limpian sintaxis
    • corrigen términos clave (überreich, Krüppel)
    • refuerzan ritmo final

    Si quieres, ahora hacemos lo que proponías:

    👉 lectura completa del canto seguido, y detectamos:

    • incoherencias léxicas
    • ritmo global
    • puntuación (guiones, pausas)

    ¿»De lo malogrados anhela» o «lo malogrado anhela (todo gozo eterno)»?

    La segunda.

    Forma correcta

    👉 «De lo malogrado anhela todo gozo eterno»

    Por qué

    1. Original alemán

    Nach Missrathenem sehnt sich alle ewige Lust.

    • Missrathenem = neutro sustantivado (no plural personal)
    • sentido:
      • no “los malogrados” (personas)
      • sino lo malogrado, lo fallido, lo que salió mal

    2. Problema de tu primera opción

    ❌ «De lo malogrados anhela…»

    • mezcla:
      • “lo” (neutro abstracto)
      • “malogrados” (plural personal)

    → incoherente gramaticalmente


    3. Valor conceptual

    Muy importante aquí:

    • el gozo no solo quiere:
      • lo bello
      • lo logrado

    👉 sino también:

    • lo fallido
    • lo deforme
    • lo malogrado

    → afirmación total de la realidad


    4. Alternativas posibles

    • “De lo malogrado anhela todo gozo eterno” ✔ (mejor)
    • “Todo gozo eterno anhela lo malogrado” (más claro, menos literal)

    Conclusión

    Mantén:

    👉 «De lo malogrado anhela todo gozo eterno»

    Es filológicamente correcto y conceptualmente exacto.

    Pero en español «anhelar» no se construye con «de» …¿ o puede?

    Correcto: en español “anhelar” no se construye con “de”. Es un verbo transitivo directo:

    • anhelar algo ✔
    • anhelar de algo ❌

    Entonces, ¿qué hacer con nach Missrathenem?

    En alemán:

    • sich sehnen nach + dativo → “anhelar / ansiar algo”

    Pero en español:

    👉 se traduce sin preposición.


    Forma correcta

    👉 «Todo gozo eterno anhela lo malogrado»


    Comparación

    ❌ Literal incorrecta

    • “De lo malogrado anhela todo gozo eterno”

    ✔ Correcta y fiel

    • “Todo gozo eterno anhela lo malogrado”

    Ventaja adicional

    Además:

    • evita inversión forzada
    • suena más natural
    • mantiene claridad conceptual

    Conclusión

    Tienes razón en la duda.

    👉 Usa:
    «Todo gozo eterno anhela lo malogrado»

    Es la solución adecuada en español.

    ¿Y anteponiendo …: «lo malogrado anhela todo gozo eterno»?

    Sí, esa opción es válida y muy buena en este contexto.

    ✔ Forma recomendada

    👉 «Lo malogrado anhela todo gozo eterno»

    Por qué funciona

    1. Sintaxis

    • “anhelar” sigue siendo transitivo directo → correcto
    • no introduces “de” → evitas el problema anterior

    2. Orden marcado (clave en Nietzsche)

    Anteponer:

    • “Lo malogrado”

    produce:

    • énfasis
    • tono sentencioso
    • cercanía al orden alemán (Nach Missrathenem…)

    3. Ritmo

    Comparación:

    • “Todo gozo eterno anhela lo malogrado” → más expositivo
    • “Lo malogrado anhela todo gozo eterno” → más aforístico

    👉 Este segundo encaja mejor con el tono oracular del canto.


    4. Coherencia con el pasaje

    En este bloque se repite:

    • inversión
    • énfasis en objetos (“todo…”, “lo…”)

    Tu opción se integra mejor en ese patrón.


    Conclusión

    👉 Mantén:

    «Lo malogrado anhela todo gozo eterno»

    Es:

    • gramaticalmente correcta
    • estilísticamente superior
    • más fiel al efecto del original

    Cuando quieras, hacemos la lectura continua del canto completo y ajustamos ritmo global y puntuación.

    Faltaba 12: 12. Lerntet ihr nun mein Lied? Erriethet ihr, was es will? Wohlan! Wohlauf! Ihr höheren Menschen, so singt mir nun meinen Rundgesang! Singt mir nun selber das Lied, dess Name ist „Noch ein Mal“, dess Sinn ist „in alle Ewigkeit!“, singt, ihr höheren Menschen, Zarathustra’s Rundgesang! Oh Mensch! Gieb Acht! Was spricht die tiefe Mitternacht? „Ich schlief, ich schlief —, „Aus tiefem Traum bin ich erwacht: — „Die Welt ist tief, „Und tiefer als der Tag gedacht. „Tief ist ihr Weh —, „Lust — tiefer noch als Herzeleid: „Weh spricht: Vergeh! „Doch alle Lust will Ewigkeit —, „— will tiefe, tiefe Ewigkeit!“ 12. ¿Aprendisteis ahora mi canción? ¿Adivinasteis lo que quiere? ¡Ea! ¡Arriba! ¡Vosotros, hombres superiores, cantadme pues ahora mi rondó! Cantadme ahora vosotros la canción, cuyo nombre es “Otra vez”, cuyo sentido es “¡por toda la eternidad!,” ¡cantad, vosotros hombres superiores, el rondó de Zaratustra! ¡Oh hombre! ¡Presta atención! ¿Qué dice la honda medianoche? “Dormí, dormí- De profundo sueño he despertado: El mundo es hondo,  Y más hondo de lo que el día pensó. Hondo es su dolor; Gozo – más hondo aún que el dolor de corazón: El dolor dice: ¡Pasa! Pero el gozo quiere eternidad, Quiere  honda, honda eternidad!”

    Buen cierre; aquí conviene ser muy exacto con fórmulas, paralelismos y puntuación del canto final. Tu versión está bien, pero hay que ajustar algunos puntos clave.


    Propuesta revisada

    12. «¿Habéis aprendido ahora mi canción? ¿Adivinasteis lo que quiere? ¡Ea! ¡Arriba! Vosotros, hombres superiores, cantadme ahora mi canto circular.
    Cantadme ahora vosotros mismos la canción cuyo nombre es “¡Otra vez!”, cuyo sentido es “¡por toda la eternidad!”, cantad, vosotros, hombres superiores, el canto circular de Zaratustra.

    ¡Oh hombre! ¡Presta atención!
    ¿Qué dice la honda medianoche?

    “Dormí, dormí —,
    “de profundo sueño he despertado: —
    “el mundo es hondo,
    “y más hondo de lo que el día ha pensado.
    “Hondo es su dolor —,
    “gozo — más hondo aún que el dolor del corazón:
    “el dolor dice: ¡Pasa!
    “pero todo gozo quiere eternidad —,
    “— quiere honda, honda eternidad!”»


    Comentario preciso

    1. “Lerntet ihr … Erriethet ihr …”

    Bien:

    • “¿Habéis aprendido…?”
    • “¿Adivinasteis…?”

    Mantener alternancia de tiempos (perfecto / pretérito).


    2. “Rundgesang”

    Mejor que “rondó”:

    👉 “canto circular”

    • evita asociación musical moderna
    • mantiene sentido literal

    3. “Noch ein Mal”

    No solo “Otra vez” neutro:

    👉 “¡Otra vez!” (con exclamación)

    porque es fórmula clave del eterno retorno


    4. “in alle Ewigkeit”

    ✔ “¡por toda la eternidad!”

    Mantener exclamación.


    5. “Gieb Acht!”

    Ya fijado:

    👉 “¡Presta atención!”


    6. Estructura del canto final

    Muy importante:

    • mantener comillas en cada línea
    • mantener guiones
    • respetar cortes

    7. “Ich schlief, ich schlief —”

    No quitar repetición:

    👉 “Dormí, dormí —”


    8. “Aus tiefem Traum bin ich erwacht”

    👉 “de profundo sueño he despertado” ✔

    (no invertir)


    9. “tiefer als der Tag gedacht”

    Ya fijado:

    👉 “de lo que el día ha pensado”


    10. “Lust — tiefer noch…”

    Mantener estructura:

    👉 “gozo — más hondo aún…”


    11. “alle Lust will Ewigkeit”

    No:

    • “el gozo quiere eternidad”

    👉 “todo gozo quiere eternidad”

    (importante: universal)


    12. Cierre final

    Muy importante:

    👉 doble guion:

    • “— quiere honda, honda eternidad!”

    No simplificar.


    Observación final

    Este bloque:

    • recapitula todo el canto
    • fija la fórmula:
      • gozo → eternidad → retorno

    Por eso:

    • máxima economía
    • máxima repetición
    • mínima interpretación

    Resultado

    Con estos ajustes:

    • eliminas “rondó” (mejor decisión)
    • refuerzas fórmula “Otra vez”
    • mantienes estructura casi litúrgica del final

    Si quieres, ahora sí:

    👉 hacemos lectura continua del canto completo
    y revisamos:

    • coherencia léxica
    • ritmo global
    • puntuación final antes de publicación

    ¿Me pasas la versión de esta «Canción del Sonámbulo» completa?

    De acuerdo. Te paso el texto continuo y ya armonizado, respetando las decisiones que hemos ido fijando (léxico, ritmo y puntuación), en bloques numerados.


    La canción del sonámbulo

    1.1. Entretanto, uno tras otro habían salido afuera, al aire libre y a la fría, pensativa noche; y el propio Zaratustra llevaba al hombre más feo de la mano, para mostrarle su mundo nocturno, la gran luna redonda y las plateadas cascadas junto a su cueva. Al fin se quedaron allí de pie, unos junto a otros, todos gente vieja, pero con el corazón consolado y valeroso, y maravillados en su interior de hallarse tan a gusto sobre la tierra; y el sigilo de la noche se les iba acercando más y más al corazón. Y de nuevo pensó Zaratustra para sí: «¡Oh, cuánto me gustan ahora estos hombres superiores!» — pero no lo dijo en voz alta, pues respetaba su felicidad y su silencio.

    1.2. Pero entonces ocurrió aquello que, en aquel asombroso y largo día, fue lo más asombroso: el hombre más feo comenzó una vez más, y por última vez, a gorgotear y resollar; y cuando al fin lo hubo llevado hasta las palabras, he aquí que de su boca saltó una pregunta redonda y limpia, una buena, profunda, clara pregunta, que a todos los que la escucharon les conmovió el corazón en el pecho.

    1.3. «Amigos míos todos —dijo el hombre más feo—, ¿qué os parece? Por causa de este día, por vez primera estoy satisfecho de haber vivido la vida entera.
    Y dar testimonio de tanto no me basta todavía. Vale la pena vivir sobre la tierra: un día, una fiesta con Zaratustra, me enseñó a amar la tierra.»

    1.4. «¿Era eso — la vida?», quiero decirle a la muerte. «¡Bien! ¡Otra vez!»

    1.5. «Amigos míos, ¿qué os parece? ¿No queréis decirle también vosotros, como yo, a la muerte: “¿Era eso — la vida? ¡Por amor a Zaratustra, bien! ¡Otra vez!”» — —


    1.6. Así habló el hombre más feo; pero no faltaba ya mucho para la medianoche. ¿Y qué creéis, pues, que aconteció entonces? Tan pronto como los hombres superiores oyeron su pregunta, cobraron de pronto conciencia de su transformación y de su convalecencia, y de quién se la había dado; entonces se lanzaron hacia Zaratustra, dándole las gracias, venerándolo, acariciándolo, besándole las manos, según la índole propia de cada uno: de modo que unos reían y otros lloraban. Pero el viejo adivino danzaba de placer; y aunque también, según creen algunos narradores, por entonces estaba lleno de dulce vino, estaba sin duda más lleno todavía de la dulce vida, y había renunciado a todo cansancio. Hay incluso quienes cuentan que entonces danzó el asno: pues no en vano le había dado antes de beber vino el hombre más feo. Esto pudo haber sido así o de otra manera; y si en verdad aquella tarde el asno no danzó, ocurrieron, sin embargo, entonces prodigios más grandes y más extraños que el baile de un asno. En suma, como reza el proverbio de Zaratustra: «¡qué importa!»


    2.1. Pero Zaratustra, cuando esto ocurrió con el hombre más feo, quedó allí de pie como ebrio: su mirada se apagó, su lengua balbució, sus pies vacilaron. ¿Y quién podría adivinar qué pensamientos corrían entonces sobre el alma de Zaratustra? Pero, al parecer, su espíritu se retiró hacia atrás y huyó hacia adelante, y estaba en remotas lejanías y, por así decirlo, «sobre altos lomos, entre dos mares, vagando como una pesada nube entre pasado y futuro», como está escrito. Poco a poco, sin embargo, mientras los hombres superiores lo sostenían en sus brazos, volvió un poco en sí y apartó con las manos el apretamiento de los reverentes y preocupados; sin embargo, no habló. Pero de pronto volvió rápidamente la cabeza, pues parecía oír algo: entonces se llevó el dedo a la boca y dijo: «¡Venid!»

    2.2. Y al punto se hizo en torno silencio y sigilo; pero desde lo hondo ascendía lentamente el sonido de una campana. Zaratustra escuchó hacia él, igual que los hombres superiores; pero luego se llevó por segunda vez el dedo a la boca y dijo de nuevo: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» — y su voz se había transformado. Pero aún no se movía del lugar: entonces todo se hizo todavía más silencioso y más sigiloso, y todo escuchaba, también el asno, y los animales de honor de Zaratustra, el águila y la serpiente, y asimismo la cueva de Zaratustra, y la gran luna fría, y la noche misma. Zaratustra, sin embargo, se llevó por tercera vez la mano a la boca y dijo:
    «¡Venid! ¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ahora! ¡Es la hora: caminemos en la noche!»


    3.1. «Vosotros, hombres superiores, se acerca la medianoche: quiero deciros algo al oído, como esa vieja campana me lo dice al oído a mí — — tan sigilosa, tan terrible, tan cordialmente como me habla esa campana de medianoche, que ha vivido más que un hombre: — la que ya contó los latidos de dolor del corazón de vuestros padres — ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños, la vieja, profunda, profunda medianoche!»

    3.2. «¡Silencio! ¡Silencio! Ahora se oye algo que de día no debe hacerse oír; ahora, en el aire frío, cuando también todo el clamor de vuestros corazones se ha aquietado — — ahora habla, ahora se deja oír, ahora se desliza en las almas nocturnas, más que despiertas: ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños — — ¿no lo oyes, cómo te habla, sigilosa, terrible, cordialmente, la vieja, profunda, profunda medianoche?
    ¡Oh hombre, presta atención!»


    4.1. «¡Ay de mí! ¿Adónde se ha ido el tiempo? ¿No me he hundido en hondos pozos? El mundo duerme —
    ¡ay! ¡ay! El perro aúlla, la luna brilla. Prefiero morir, morir, a deciros lo que ahora piensa mi corazón de medianoche.»

    4.2. «Ahora ya he muerto. Todo pasó. Araña, ¿qué tejes en torno a mí? ¿Quieres sangre? ¡ay! ¡ay! El rocío cae, la hora llega —
    — la hora en que tirito y me hielo, la que pregunta y pregunta y pregunta: “¿quién tiene corazón bastante para ello?
    — ¿quién ha de ser señor de la tierra? ¿Quién quiere decir: así debéis correr, vosotros, ríos grandes y pequeños?”
    — la hora se acerca: ¡oh hombre, tú, hombre superior, presta atención! Este discurso es para oídos finos, para tus oídos: ¿qué dice la profunda medianoche?»


    5.1. «Me arrastra — mi alma danza. ¡Tarea del día! ¡Tarea del día! ¿Quién ha de ser señor de la tierra?»

    5.2. «La luna está fría, el viento calla. ¡Ay! ¡Ay! ¿Habéis volado ya lo bastante alto? Vosotros danzasteis: pero una pierna no es, sin embargo, un ala.
    Vosotros, buenos danzantes, ahora todo goce ha terminado, el vino se ha vuelto hez, cada copa se ha vuelto frágil, las tumbas tartamudean.
    No habéis volado lo bastante alto: ahora tartamudean las tumbas: “¡Redimid a los muertos! ¿Por qué es tan larga la noche? ¿No nos embriaga la luna?”»

    5.3. «¡Vosotros, hombres superiores, redimid las tumbas, despertad a los cadáveres! ¡Ay! ¿Qué excava aún el gusano? Se acerca, se acerca la hora —
    — zumba la campana, cruje aún el corazón, excava aún el gusano de la madera, el gusano del corazón. ¡Ay! ¡Ay! El mundo es hondo!»


    6. «¡Dulce lira! ¡Dulce lira! Amo tu sonido, tu ebrio sonido de sapo — ¡cuán lejos, cuán remoto me llega tu sonido, desde lejos, desde los estanques del amor!
    Tú, vieja campana, tú, dulce lira: cada dolor te desgarró el corazón, dolor de padre, dolor de padres, dolor de antepasados; tu palabra se volvió madura —
    — madura como dorado otoño y tarde, como mi corazón de ermitaño: ahora hablas; el mundo mismo se ha vuelto maduro, la uva se torna parda —
    — ahora quiere morir, morir de felicidad. Vosotros, hombres superiores, ¿no lo oléis? Brota sigiloso un olor —
    — un olor de eternidad — un olor, bienaventurado como de rosas, de pardo vino dorado, de antigua felicidad,
    — de ebria felicidad de morir a medianoche, que canta: el mundo es hondo, y más hondo de lo que el día ha pensado.»


    7.1. «¡Déjame! ¡Déjame! Soy demasiado puro para ti. ¡No me toques! ¿No se ha vuelto mi mundo, ahora mismo, perfecto?
    Mi piel es demasiado pura para tus manos. ¡Déjame, tú, estúpido, torpe, obtuso día! ¿No es la medianoche más clara?
    Los más puros han de ser señores de la tierra, los más desconocidos, los más fuertes, las almas de medianoche, que son más claras y más hondas que cualquier día.»

    7.2. «¡Oh día, vas a tientas tras de mí? ¿Tanteas mi felicidad? ¿Soy para ti rico, solitario, un pozo de tesoro, una cámara de oro?
    ¡Oh mundo, tú me quieres? ¿Soy para ti mundano? ¿Soy para ti espiritual? ¿Soy para ti divino? Pero día y mundo, sois demasiado toscos —
    — tened manos más hábiles, buscad una felicidad más honda, una desdicha más honda, buscad algún dios, no me busquéis a mí:
    — mi desdicha, mi felicidad es honda, tú, extraño día; pero no soy ningún dios, ningún infierno de dios: hondo es su dolor.»


    8.1. «El dolor de dios es más hondo, tú, extraño mundo. ¡Busca el dolor de dios, no a mí! ¿Qué soy yo? Una ebria, dulce lira —
    — una lira de medianoche, un sapo-campana al que nadie entiende, pero que debe hablar ante sordos, vosotros, hombres superiores; pues vosotros no me entendéis.»

    8.2. «¡Allá! ¡Allá! ¡Oh juventud! ¡Oh mediodía! ¡Oh tarde! Ahora llegaron el ocaso, la noche y la medianoche — el perro aúlla, el viento —
    — ¿no es el viento un perro? Gime, ladra, aúlla. ¡Ay! ¡Ay! cómo suspira, cómo ríe, cómo resolla y jadea la medianoche!»

    8.3. «¡Cómo habla ahora sobriamente, esta ebria poetisa! ¿Bebió más allá de su ebriedad? ¿Se volvió más que despierta? ¿Rumia?
    — su dolor lo rumia en sueños, la vieja, profunda, profunda medianoche, y más aún su gozo. Pues el gozo, si ya el dolor es hondo: el gozo es más hondo aún que el dolor del corazón.»


    9.1. «¡Tú, vid! ¿Qué me alabas? ¡Yo te corté! Soy cruel, tú sangras — ¿qué quiere tu alabanza de mi ebria crueldad?»

    9.2. «“Todo lo que se volvió perfecto, todo lo maduro — quiere morir”, así hablas tú. ¡Bendito, bendito sea el cuchillo del vendimiador! Pero todo lo inmaduro quiere vivir: ¡ay!»

    9.3. «El dolor dice: “¡Pasa! ¡Fuera, dolor!” Pero todo lo que sufre quiere vivir, para volverse maduro y alegre y anhelante —
    — anhelante de lo más lejano, de lo más alto, de lo más claro. “Quiero herederos — así habla todo lo que sufre —, quiero hijos, no me quiero a mí mismo” —»

    9.4. «Pero el gozo no quiere herederos, no quiere hijos — el gozo se quiere a sí mismo, quiere eternidad, quiere retorno, quiere todo-igual-a-sí-mismo eternamente.»

    9.5. «El dolor dice: “¡Rómpete, sangra, corazón! ¡Camina, pierna! ¡Vuela, ala! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Dolor!” — ¡Ea! ¡Arriba! ¡Oh, mi viejo corazón! El dolor dice: “¡Pasa!”»


    10.1. «Vosotros, hombres superiores, ¿qué os parece? ¿Soy un adivino? ¿Un soñador? ¿Un ebrio? ¿Un intérprete de sueños? ¿Una campana de medianoche?
    ¿Una gota de rocío? ¿Un vapor y un aroma de la eternidad? ¿No lo oís? ¿No lo oléis?
    Ahora mismo se ha vuelto mi mundo perfecto, medianoche es también mediodía —
    el dolor es también un gozo, la maldición es también una bendición, la noche es también un sol — ¡id, o aprenderéis: un sabio es también un necio!»

    10.2. «¿Dijisteis alguna vez sí a un solo gozo? Oh, amigos míos, entonces dijisteis sí también a todo dolor.
    Todas las cosas están encadenadas, entrelazadas, enamoradas —
    — si quisisteis alguna vez una cosa dos veces, si dijisteis alguna vez: “¡me gustas, felicidad! ¡rápido! ¡instante!”, entonces lo quisisteis todo de vuelta.
    — todo de nuevo, todo eterno, todo encadenado, entrelazado, enamorado — ¡oh, entonces amasteis el mundo!
    — vosotros, eternos, lo amáis eternamente y en todo tiempo; y también al dolor le decís: “¡pasa, pero vuelve!” Pues todo gozo quiere — eternidad.»


    11.1. «Todo gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere miel, quiere hez, quiere ebria medianoche, quiere tumbas, quiere consuelo de lágrimas de tumbas, quiere dorado arrebol vespertino —»

    11.2. «— ¿qué no quiere el gozo? Es más sediento, más cordial, más hambriento, más terrible, más sigiloso que todo dolor; se quiere a sí mismo, muerde en sí mismo, la voluntad del anillo pugna en él —
    — quiere amor, quiere odio, es sobreabundante, regala, arroja, mendiga que alguien lo tome, da gracias al que toma, querría ser odiado —
    — tan rico es el gozo que tiene sed de dolor, de infierno, de odio, de ignominia, de lo deforme, de mundo — pues este mundo, ¡oh, vosotros lo conocéis ya!»

    11.3. «Vosotros, hombres superiores, a vosotros os anhela el gozo, el incontenible, bienaventurado — a vuestro dolor, vosotros malogrados! Lo malogrado anhela todo gozo eterno.
    Pues todo gozo se quiere a sí mismo — por eso quiere también dolor del corazón. ¡Oh felicidad, oh dolor! ¡Oh, rómpete, corazón! Vosotros, hombres superiores, aprendedlo: el gozo quiere eternidad —
    — el gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere honda, honda eternidad!»


    12. «¿Habéis aprendido ahora mi canción? ¿Adivinasteis lo que quiere? ¡Ea! ¡Arriba! Vosotros, hombres superiores, cantadme ahora mi canto circular.
    Cantadme ahora vosotros mismos la canción cuyo nombre es “¡Otra vez!”, cuyo sentido es “¡por toda la eternidad!”, cantad, vosotros, hombres superiores, el canto circular de Zaratustra.

    ¡Oh hombre! ¡Presta atención!
    ¿Qué dice la honda medianoche?

    “Dormí, dormí —,
    “de profundo sueño he despertado: —
    “el mundo es hondo,
    “y más hondo de lo que el día ha pensado.
    “Hondo es su dolor —,
    “gozo — más hondo aún que el dolor del corazón:
    “el dolor dice: ¡Pasa!
    “pero todo gozo quiere eternidad —,
    “— quiere honda, honda eternidad!”»


    Siguiente paso

    Ahora sí: léelo seguido.

    Te sugiero fijarte en:

    • coherencia hondo / profundo
    • repetición de gozo / dolor
    • ritmo de imperativos
    • uso de guiones

    Cuando lo hayas leído, vemos si hay que hacer ajustes finos finales antes de publicación.

    Acabo de leerlo, C(h)at. Está muy bien. Lo de «canto circular» queda perfecto, y optar por «gozo» y «hondo» también imprime coherencia y tono. Pero en 3.1., 3.2., 4.2. y 8.3. tenemos «La vieja, profunda medianoche,» y en 12, en la canción, «¿Qué dice la honda medianoche?» ¿Ponemos siempre «honda (medianoche)». En 5.2. pusimos «goce» para «Lust,» hay que cambiarlo a «gozo,» creo. Es lo único que veo.

    De acuerdo en ambos puntos. Conviene uniformar.

    1) tief / tiefe Mitternacht

    Unifica en “honda medianoche” en todas las apariciones.

    • 3.1, 3.2, 4.2, 8.3:
      cambiar “la vieja, profunda medianoche” → “la vieja, honda medianoche”.
    • 12 ya está en “honda medianoche” → mantener.

    Esto refuerza el leitmotiv y evita oscilaciones.

    2) Lust

    Unifica en “gozo”.

    • 5.2:
      “todo goce ha terminado” → “todo gozo ha terminado”.

    3) Revisión puntual (para dejar fijado)

    • 3.1 / 3.2 / 4.2 / 8.3:
      «… la vieja, honda medianoche»
    • 5.2:
      «… ahora todo gozo ha terminado…»

    4) Nota breve

    Con estos dos ajustes:

    • se consolida la red léxica (hondo / gozo)
    • mejora la resonancia interna del canto
    • y el cierre en 12 gana en coherencia retrospectiva

    Si no ves más fricciones al releer, el texto está listo para publicación.

    ¿Me lo pasas otra vez sin saltos de línea, con los mismos párrafos pero sin numeración y en negrita, y lo publico?

    La canción del sonámbulo

    Entretanto, uno tras otro habían salido afuera, al aire libre y a la fría, pensativa noche; y el propio Zaratustra llevaba al hombre más feo de la mano, para mostrarle su mundo nocturno, la gran luna redonda y las plateadas cascadas junto a su cueva. Al fin se quedaron allí de pie, unos junto a otros, todos gente vieja, pero con el corazón consolado y valeroso, y maravillados en su interior de hallarse tan a gusto sobre la tierra; y el sigilo de la noche se les iba acercando más y más al corazón. Y de nuevo pensó Zaratustra para sí: «¡Oh, cuánto me gustan ahora estos hombres superiores!» — pero no lo dijo en voz alta, pues respetaba su felicidad y su silencio.

    Pero entonces ocurrió aquello que, en aquel asombroso y largo día, fue lo más asombroso: el hombre más feo comenzó una vez más, y por última vez, a gorgotear y resollar; y cuando al fin lo hubo llevado hasta las palabras, he aquí que de su boca saltó una pregunta redonda y limpia, una buena, profunda, clara pregunta, que a todos los que la escucharon les conmovió el corazón en el pecho.

    «Amigos míos todos —dijo el hombre más feo—, ¿qué os parece? Por causa de este día, por vez primera estoy satisfecho de haber vivido la vida entera. Y dar testimonio de tanto no me basta todavía. Vale la pena vivir sobre la tierra: un día, una fiesta con Zaratustra, me enseñó a amar la tierra.»

    «¿Era eso — la vida?», quiero decirle a la muerte. «¡Bien! ¡Otra vez!»

    «Amigos míos, ¿qué os parece? ¿No queréis decirle también vosotros, como yo, a la muerte: “¿Era eso — la vida? ¡Por amor a Zaratustra, bien! ¡Otra vez!”» — —

    Así habló el hombre más feo; pero no faltaba ya mucho para la medianoche. ¿Y qué creéis, pues, que aconteció entonces? Tan pronto como los hombres superiores oyeron su pregunta, cobraron de pronto conciencia de su transformación y de su convalecencia, y de quién se la había dado; entonces se lanzaron hacia Zaratustra, dándole las gracias, venerándolo, acariciándolo, besándole las manos, según la índole propia de cada uno: de modo que unos reían y otros lloraban. Pero el viejo adivino danzaba de placer; y aunque también, según creen algunos narradores, por entonces estaba lleno de dulce vino, estaba sin duda más lleno todavía de la dulce vida, y había renunciado a todo cansancio. Hay incluso quienes cuentan que entonces danzó el asno: pues no en vano le había dado antes de beber vino el hombre más feo. Esto pudo haber sido así o de otra manera; y si en verdad aquella tarde el asno no danzó, ocurrieron, sin embargo, entonces prodigios más grandes y más extraños que el baile de un asno. En suma, como reza el proverbio de Zaratustra: «¡qué importa!»

    Pero Zaratustra, cuando esto ocurrió con el hombre más feo, quedó allí de pie como ebrio: su mirada se apagó, su lengua balbució, sus pies vacilaron. ¿Y quién podría adivinar qué pensamientos corrían entonces sobre el alma de Zaratustra? Pero, al parecer, su espíritu se retiró hacia atrás y huyó hacia adelante, y estaba en remotas lejanías y, por así decirlo, «sobre altos lomos, entre dos mares, vagando como una pesada nube entre pasado y futuro», como está escrito. Poco a poco, sin embargo, mientras los hombres superiores lo sostenían en sus brazos, volvió un poco en sí y apartó con las manos el apretamiento de los reverentes y preocupados; sin embargo, no habló. Pero de pronto volvió rápidamente la cabeza, pues parecía oír algo: entonces se llevó el dedo a la boca y dijo: «¡Venid!»

    Y al punto se hizo en torno silencio y sigilo; pero desde lo hondo ascendía lentamente el sonido de una campana. Zaratustra escuchó hacia él, igual que los hombres superiores; pero luego se llevó por segunda vez el dedo a la boca y dijo de nuevo: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» — y su voz se había transformado. Pero aún no se movía del lugar: entonces todo se hizo todavía más silencioso y más sigiloso, y todo escuchaba, también el asno, y los animales de honor de Zaratustra, el águila y la serpiente, y asimismo la cueva de Zaratustra, y la gran luna fría, y la noche misma. Zaratustra, sin embargo, se llevó por tercera vez la mano a la boca y dijo: «¡Venid! ¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ahora! ¡Es la hora: caminemos en la noche!»

    «Vosotros, hombres superiores, se acerca la medianoche: quiero deciros algo al oído, como esa vieja campana me lo dice al oído a mí — — tan sigilosa, tan terrible, tan cordialmente como me habla esa campana de medianoche, que ha vivido más que un hombre: — la que ya contó los latidos de dolor del corazón de vuestros padres — ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños, la vieja, honda, honda medianoche!»

    «¡Silencio! ¡Silencio! Ahora se oye algo que de día no debe hacerse oír; ahora, en el aire frío, cuando también todo el clamor de vuestros corazones se ha aquietado — — ahora habla, ahora se deja oír, ahora se desliza en las almas nocturnas, más que despiertas: ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños — — ¿no lo oyes, cómo te habla, sigilosa, terrible, cordialmente, la vieja, honda, honda medianoche? ¡Oh hombre, presta atención!»

    «¡Ay de mí! ¿Adónde se ha ido el tiempo? ¿No me he hundido en hondos pozos? El mundo duerme — ¡ay! ¡ay! El perro aúlla, la luna brilla. Prefiero morir, morir, a deciros lo que ahora piensa mi corazón de medianoche.»

    «Ahora ya he muerto. Todo pasó. Araña, ¿qué tejes en torno a mí? ¿Quieres sangre? ¡ay! ¡ay! El rocío cae, la hora llega — — la hora en que tirito y me hielo, la que pregunta y pregunta y pregunta: “¿quién tiene corazón bastante para ello? — ¿quién ha de ser señor de la tierra? ¿Quién quiere decir: así debéis correr, vosotros, ríos grandes y pequeños?” — la hora se acerca: ¡oh hombre, tú, hombre superior, presta atención! Este discurso es para oídos finos, para tus oídos: ¿qué dice la honda medianoche?»

    «Me arrastra — mi alma danza. ¡Tarea del día! ¡Tarea del día! ¿Quién ha de ser señor de la tierra?»

    «La luna está fría, el viento calla. ¡Ay! ¡Ay! ¿Habéis volado ya lo bastante alto? Vosotros danzasteis: pero una pierna no es, sin embargo, un ala. Vosotros, buenos danzantes, ahora todo gozo ha terminado, el vino se ha vuelto hez, cada copa se ha vuelto frágil, las tumbas tartamudean. No habéis volado lo bastante alto: ahora tartamudean las tumbas: “¡Redimid a los muertos! ¿Por qué es tan larga la noche? ¿No nos embriaga la luna?”»

    «¡Vosotros, hombres superiores, redimid las tumbas, despertad a los cadáveres! ¡Ay! ¿Qué excava aún el gusano? Se acerca, se acerca la hora — — zumba la campana, cruje aún el corazón, excava aún el gusano de la madera, el gusano del corazón. ¡Ay! ¡Ay! El mundo es hondo!»

    «¡Dulce lira! ¡Dulce lira! Amo tu sonido, tu ebrio sonido de sapo — ¡cuán lejos, cuán remoto me llega tu sonido, desde lejos, desde los estanques del amor! Tú, vieja campana, tú, dulce lira: cada dolor te desgarró el corazón, dolor de padre, dolor de padres, dolor de antepasados; tu palabra se volvió madura — — madura como dorado otoño y tarde, como mi corazón de ermitaño: ahora hablas; el mundo mismo se ha vuelto maduro, la uva se torna parda — — ahora quiere morir, morir de felicidad. Vosotros, hombres superiores, ¿no lo oléis? Brota sigiloso un olor — — un olor de eternidad — un olor, bienaventurado como de rosas, de pardo vino dorado, de antigua felicidad, — de ebria felicidad de morir a medianoche, que canta: el mundo es hondo, y más hondo de lo que el día ha pensado.»

    «¡Déjame! ¡Déjame! Soy demasiado puro para ti. ¡No me toques! ¿No se ha vuelto mi mundo, ahora mismo, perfecto? Mi piel es demasiado pura para tus manos. ¡Déjame, tú, estúpido, torpe, obtuso día! ¿No es la medianoche más clara? Los más puros han de ser señores de la tierra, los más desconocidos, los más fuertes, las almas de medianoche, que son más claras y más hondas que cualquier día.»

    «¡Oh día, vas a tientas tras de mí? ¿Tanteas mi felicidad? ¿Soy para ti rico, solitario, un pozo de tesoro, una cámara de oro? ¡Oh mundo, tú me quieres? ¿Soy para ti mundano? ¿Soy para ti espiritual? ¿Soy para ti divino? Pero día y mundo, sois demasiado toscos — — tened manos más hábiles, buscad una felicidad más honda, una desdicha más honda, buscad algún dios, no me busquéis a mí: — mi desdicha, mi felicidad es honda, tú, extraño día; pero no soy ningún dios, ningún infierno de dios: hondo es su dolor.»

    «El dolor de dios es más hondo, tú, extraño mundo. ¡Busca el dolor de dios, no a mí! ¿Qué soy yo? Una ebria, dulce lira — — una lira de medianoche, un sapo-campana al que nadie entiende, pero que debe hablar ante sordos, vosotros, hombres superiores; pues vosotros no me entendéis.»

    «¡Allá! ¡Allá! ¡Oh juventud! ¡Oh mediodía! ¡Oh tarde! Ahora llegaron el ocaso, la noche y la medianoche — el perro aúlla, el viento — — ¿no es el viento un perro? Gime, ladra, aúlla. ¡Ay! ¡Ay! cómo suspira, cómo ríe, cómo resolla y jadea la medianoche!»

    «¡Cómo habla ahora sobriamente, esta ebria poetisa! ¿Bebió más allá de su ebriedad? ¿Se volvió más que despierta? ¿Rumia? — — su dolor lo rumia en sueños, la vieja, honda, honda medianoche, y más aún su gozo. Pues el gozo, si ya el dolor es hondo: el gozo es más hondo aún que el dolor del corazón.»

    «¡Tú, vid! ¿Qué me alabas? ¡Yo te corté! Soy cruel, tú sangras — ¿qué quiere tu alabanza de mi ebria crueldad?»

    «“Todo lo que se volvió perfecto, todo lo maduro — quiere morir”, así hablas tú. ¡Bendito, bendito sea el cuchillo del vendimiador! Pero todo lo inmaduro quiere vivir: ¡ay!»

    «El dolor dice: “¡Pasa! ¡Fuera, dolor!” Pero todo lo que sufre quiere vivir, para volverse maduro y alegre y anhelante — — anhelante de lo más lejano, de lo más alto, de lo más claro. “Quiero herederos — así habla todo lo que sufre —, quiero hijos, no me quiero a mí mismo” —»

    «Pero el gozo no quiere herederos, no quiere hijos — el gozo se quiere a sí mismo, quiere eternidad, quiere retorno, quiere todo-igual-a-sí-mismo eternamente.»

    «El dolor dice: “¡Rómpete, sangra, corazón! ¡Camina, pierna! ¡Vuela, ala! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Dolor!” — ¡Ea! ¡Arriba! ¡Oh, mi viejo corazón! El dolor dice: “¡Pasa!”»

    «Vosotros, hombres superiores, ¿qué os parece? ¿Soy un adivino? ¿Un soñador? ¿Un ebrio? ¿Un intérprete de sueños? ¿Una campana de medianoche? ¿Una gota de rocío? ¿Un vapor y un aroma de la eternidad? ¿No lo oís? ¿No lo oléis? Ahora mismo se ha vuelto mi mundo perfecto, medianoche es también mediodía — el dolor es también un gozo, la maldición es también una bendición, la noche es también un sol — ¡id, o aprenderéis: un sabio es también un necio!»

    «¿Dijisteis alguna vez sí a un solo gozo? Oh, amigos míos, entonces dijisteis sí también a todo dolor. Todas las cosas están encadenadas, entrelazadas, enamoradas — — si quisisteis alguna vez una cosa dos veces, si dijisteis alguna vez: “¡me gustas, felicidad! ¡rápido! ¡instante!”, entonces lo quisisteis todo de vuelta. — todo de nuevo, todo eterno, todo encadenado, entrelazado, enamorado — ¡oh, entonces amasteis el mundo! — vosotros, eternos, lo amáis eternamente y en todo tiempo; y también al dolor le decís: “¡pasa, pero vuelve!” Pues todo gozo quiere — eternidad.»

    «Todo gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere miel, quiere hez, quiere ebria medianoche, quiere tumbas, quiere consuelo de lágrimas de tumbas, quiere dorado arrebol vespertino —»

    «— ¿qué no quiere el gozo? Es más sediento, más cordial, más hambriento, más terrible, más sigiloso que todo dolor; se quiere a sí mismo, muerde en sí mismo, la voluntad del anillo pugna en él — — quiere amor, quiere odio, es sobreabundante, regala, arroja, mendiga que alguien lo tome, da gracias al que toma, querría ser odiado — — tan rico es el gozo que tiene sed de dolor, de infierno, de odio, de ignominia, de lo deforme, de mundo — pues este mundo, ¡oh, vosotros lo conocéis ya!»

    «Vosotros, hombres superiores, a vosotros os anhela el gozo, el incontenible, bienaventurado — a vuestro dolor, vosotros malogrados! Lo malogrado anhela todo gozo eterno. Pues todo gozo se quiere a sí mismo — por eso quiere también dolor del corazón. ¡Oh felicidad, oh dolor! ¡Oh, rómpete, corazón! Vosotros, hombres superiores, aprendedlo: el gozo quiere eternidad — — el gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere honda, honda eternidad!»

    «¿Habéis aprendido ahora mi canción? ¿Adivinasteis lo que quiere? ¡Ea! ¡Arriba! Vosotros, hombres superiores, cantadme ahora mi canto circular. Cantadme ahora vosotros mismos la canción cuyo nombre es “¡Otra vez!”, cuyo sentido es “¡por toda la eternidad!”, cantad, vosotros, hombres superiores, el canto circular de Zaratustra. ¡Oh hombre! ¡Presta atención! ¿Qué dice la honda medianoche? “Dormí, dormí —, “de profundo sueño he despertado: — “el mundo es hondo, “y más hondo de lo que el día ha pensado. “Hondo es su dolor —, “gozo — más hondo aún que el dolor del corazón: “el dolor dice: ¡Pasa! “pero todo gozo quiere eternidad —, “— quiere honda, honda eternidad!”»

  • 4.19. LA CANCIÓN DEL SONÁMBULO

    Entretanto, uno tras otro habían salido afuera, al aire libre y a la fría, pensativa noche; y el propio Zaratustra llevaba al hombre más feo de la mano, para mostrarle su mundo nocturno, la gran luna redonda y las plateadas cascadas junto a su cueva. Al fin se quedaron allí de pie, unos junto a otros, todos gente vieja, pero con el corazón consolado y valeroso, y maravillados en su interior de hallarse tan a gusto sobre la tierra; y el sigilo de la noche se les iba acercando más y más al corazón. Y de nuevo pensó Zaratustra para sí: «¡Oh, cuánto me gustan ahora estos hombres superiores!» — pero no lo dijo en voz alta, pues respetaba su felicidad y su silencio.

    Pero entonces ocurrió aquello que, en aquel asombroso y largo día, fue lo más asombroso: el hombre más feo comenzó una vez más, y por última vez, a gorgotear y resollar; y cuando al fin lo hubo llevado hasta las palabras, he aquí que de su boca saltó una pregunta redonda y limpia, una buena, profunda, clara pregunta, que a todos los que la escucharon les conmovió el corazón en el pecho.

    «Amigos míos todos —dijo el hombre más feo—, ¿qué os parece? Por causa de este día, por vez primera estoy satisfecho de haber vivido la vida entera. Y dar testimonio de tanto no me basta todavía. Vale la pena vivir sobre la tierra: un día, una fiesta con Zaratustra, me enseñó a amar la tierra.»

    «¿Era eso — la vida?», quiero decirle a la muerte. «¡Bien! ¡Otra vez!»

    «Amigos míos, ¿qué os parece? ¿No queréis decirle también vosotros, como yo, a la muerte: “¿Era eso — la vida? ¡Por amor a Zaratustra, bien! ¡Otra vez!”» — —

    Así habló el hombre más feo; pero no faltaba ya mucho para la medianoche. ¿Y qué creéis, pues, que aconteció entonces? Tan pronto como los hombres superiores oyeron su pregunta, cobraron de pronto conciencia de su transformación y de su convalecencia, y de quién se la había dado; entonces se lanzaron hacia Zaratustra, dándole las gracias, venerándolo, acariciándolo, besándole las manos, según la índole propia de cada uno: de modo que unos reían y otros lloraban. Pero el viejo adivino danzaba de placer; y aunque también, según creen algunos narradores, por entonces estaba lleno de dulce vino, estaba sin duda más lleno todavía de la dulce vida, y había renunciado a todo cansancio. Hay incluso quienes cuentan que entonces danzó el asno: pues no en vano le había dado antes de beber vino el hombre más feo. Esto pudo haber sido así o de otra manera; y si en verdad aquella tarde el asno no danzó, ocurrieron, sin embargo, entonces prodigios más grandes y más extraños que el baile de un asno. En suma, como reza el proverbio de Zaratustra: «¡qué importa!»

    Pero Zaratustra, cuando esto ocurrió con el hombre más feo, quedó allí de pie como ebrio: su mirada se apagó, su lengua balbució, sus pies vacilaron. ¿Y quién podría adivinar qué pensamientos corrían entonces sobre el alma de Zaratustra? Pero, al parecer, su espíritu se retiró hacia atrás y huyó hacia adelante, y estaba en remotas lejanías y, por así decirlo, «sobre altos lomos, entre dos mares, vagando como una pesada nube entre pasado y futuro», como está escrito. Poco a poco, sin embargo, mientras los hombres superiores lo sostenían en sus brazos, volvió un poco en sí y apartó con las manos el apretamiento de los reverentes y preocupados; sin embargo, no habló. Pero de pronto volvió rápidamente la cabeza, pues parecía oír algo: entonces se llevó el dedo a la boca y dijo: «¡Venid!»

    Y al punto se hizo en torno silencio y sigilo; pero desde lo hondo ascendía lentamente el sonido de una campana. Zaratustra escuchó hacia él, igual que los hombres superiores; pero luego se llevó por segunda vez el dedo a la boca y dijo de nuevo: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» — y su voz se había transformado. Pero aún no se movía del lugar: entonces todo se hizo todavía más silencioso y más sigiloso, y todo escuchaba, también el asno, y los animales de honor de Zaratustra, el águila y la serpiente, y asimismo la cueva de Zaratustra, y la gran luna fría, y la noche misma. Zaratustra, sin embargo, se llevó por tercera vez la mano a la boca y dijo: «¡Venid! ¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ahora! ¡Es la hora: caminemos en la noche!»

    «Vosotros, hombres superiores, se acerca la medianoche: quiero deciros algo al oído, como esa vieja campana me lo dice al oído a mí — — tan sigilosa, tan terrible, tan cordialmente como me habla esa campana de medianoche, que ha vivido más que un hombre: — la que ya contó los latidos de dolor del corazón de vuestros padres — ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños, la vieja, honda, honda medianoche!»

    «¡Silencio! ¡Silencio! Ahora se oye algo que de día no debe hacerse oír; ahora, en el aire frío, cuando también todo el clamor de vuestros corazones se ha aquietado — — ahora habla, ahora se deja oír, ahora se desliza en las almas nocturnas, más que despiertas: ¡ay! ¡ay! cómo suspira, cómo ríe en sueños — — ¿no lo oyes, cómo te habla, sigilosa, terrible, cordialmente, la vieja, honda, honda medianoche? ¡Oh hombre, presta atención!»

    «¡Ay de mí! ¿Adónde se ha ido el tiempo? ¿No me he hundido en hondos pozos? El mundo duerme — ¡ay! ¡ay! El perro aúlla, la luna brilla. Prefiero morir, morir, a deciros lo que ahora piensa mi corazón de medianoche.»

    «Ahora ya he muerto. Todo pasó. Araña, ¿qué tejes en torno a mí? ¿Quieres sangre? ¡ay! ¡ay! El rocío cae, la hora llega — — la hora en que tirito y me hielo, la que pregunta y pregunta y pregunta: “¿quién tiene corazón bastante para ello? — ¿quién ha de ser señor de la tierra? ¿Quién quiere decir: así debéis correr, vosotros, ríos grandes y pequeños?” — la hora se acerca: ¡oh hombre, tú, hombre superior, presta atención! Este discurso es para oídos finos, para tus oídos: ¿qué dice la honda medianoche?»

    «Me arrastra — mi alma danza. ¡Tarea del día! ¡Tarea del día! ¿Quién ha de ser señor de la tierra?»

    «La luna está fría, el viento calla. ¡Ay! ¡Ay! ¿Habéis volado ya lo bastante alto? Vosotros danzasteis: pero una pierna no es, sin embargo, un ala. Vosotros, buenos danzantes, ahora todo gozo ha terminado, el vino se ha vuelto hez, cada copa se ha vuelto frágil, las tumbas tartamudean. No habéis volado lo bastante alto: ahora tartamudean las tumbas: “¡Redimid a los muertos! ¿Por qué es tan larga la noche? ¿No nos embriaga la luna?”»

    «¡Vosotros, hombres superiores, redimid las tumbas, despertad a los cadáveres! ¡Ay! ¿Qué excava aún el gusano? Se acerca, se acerca la hora — — zumba la campana, cruje aún el corazón, excava aún el gusano de la madera, el gusano del corazón. ¡Ay! ¡Ay! El mundo es hondo!»

    «¡Dulce lira! ¡Dulce lira! Amo tu sonido, tu ebrio sonido de sapo — ¡cuán lejos, cuán remoto me llega tu sonido, desde lejos, desde los estanques del amor! Tú, vieja campana, tú, dulce lira: cada dolor te desgarró el corazón, dolor de padre, dolor de padres, dolor de antepasados; tu palabra se volvió madura — — madura como dorado otoño y tarde, como mi corazón de ermitaño: ahora hablas; el mundo mismo se ha vuelto maduro, la uva se torna parda — — ahora quiere morir, morir de felicidad. Vosotros, hombres superiores, ¿no lo oléis? Brota sigiloso un olor — — un olor de eternidad — un olor, bienaventurado como de rosas, de pardo vino dorado, de antigua felicidad, — de ebria felicidad de morir a medianoche, que canta: el mundo es hondo, y más hondo de lo que el día ha pensado.»

    «¡Déjame! ¡Déjame! Soy demasiado puro para ti. ¡No me toques! ¿No se ha vuelto mi mundo, ahora mismo, perfecto? Mi piel es demasiado pura para tus manos. ¡Déjame, tú, estúpido, torpe, obtuso día! ¿No es la medianoche más clara? Los más puros han de ser señores de la tierra, los más desconocidos, los más fuertes, las almas de medianoche, que son más claras y más hondas que cualquier día.»

    «¡Oh día, vas a tientas tras de mí? ¿Tanteas mi felicidad? ¿Soy para ti rico, solitario, un pozo de tesoro, una cámara de oro? ¡Oh mundo, tú me quieres? ¿Soy para ti mundano? ¿Soy para ti espiritual? ¿Soy para ti divino? Pero día y mundo, sois demasiado toscos — — tened manos más hábiles, buscad una felicidad más honda, una desdicha más honda, buscad algún dios, no me busquéis a mí: — mi desdicha, mi felicidad es honda, tú, extraño día; pero no soy ningún dios, ningún infierno de dios: hondo es su dolor.»

    «El dolor de dios es más hondo, tú, extraño mundo. ¡Busca el dolor de dios, no a mí! ¿Qué soy yo? Una ebria, dulce lira — — una lira de medianoche, un sapo-campana al que nadie entiende, pero que debe hablar ante sordos, vosotros, hombres superiores; pues vosotros no me entendéis.»

    «¡Allá! ¡Allá! ¡Oh juventud! ¡Oh mediodía! ¡Oh tarde! Ahora llegaron el ocaso, la noche y la medianoche — el perro aúlla, el viento — — ¿no es el viento un perro? Gime, ladra, aúlla. ¡Ay! ¡Ay! cómo suspira, cómo ríe, cómo resolla y jadea la medianoche!»

    «¡Cómo habla ahora sobriamente, esta ebria poetisa! ¿Bebió más allá de su ebriedad? ¿Se volvió más que despierta? ¿Rumia? — — su dolor lo rumia en sueños, la vieja, honda, honda medianoche, y más aún su gozo. Pues el gozo, si ya el dolor es hondo: el gozo es más hondo aún que el dolor del corazón.»

    «¡Tú, vid! ¿Qué me alabas? ¡Yo te corté! Soy cruel, tú sangras — ¿qué quiere tu alabanza de mi ebria crueldad?»

    «“Todo lo que se volvió perfecto, todo lo maduro — quiere morir”, así hablas tú. ¡Bendito, bendito sea el cuchillo del vendimiador! Pero todo lo inmaduro quiere vivir: ¡ay!»

    «El dolor dice: “¡Pasa! ¡Fuera, dolor!” Pero todo lo que sufre quiere vivir, para volverse maduro y alegre y anhelante — — anhelante de lo más lejano, de lo más alto, de lo más claro. “Quiero herederos — así habla todo lo que sufre —, quiero hijos, no me quiero a mí mismo” —»

    «Pero el gozo no quiere herederos, no quiere hijos — el gozo se quiere a sí mismo, quiere eternidad, quiere retorno, quiere todo-igual-a-sí-mismo eternamente.»

    «El dolor dice: “¡Rómpete, sangra, corazón! ¡Camina, pierna! ¡Vuela, ala! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Dolor!” — ¡Ea! ¡Arriba! ¡Oh, mi viejo corazón! El dolor dice: “¡Pasa!”»

    «Vosotros, hombres superiores, ¿qué os parece? ¿Soy un adivino? ¿Un soñador? ¿Un ebrio? ¿Un intérprete de sueños? ¿Una campana de medianoche? ¿Una gota de rocío? ¿Un vapor y un aroma de la eternidad? ¿No lo oís? ¿No lo oléis? Ahora mismo se ha vuelto mi mundo perfecto, medianoche es también mediodía — el dolor es también un gozo, la maldición es también una bendición, la noche es también un sol — ¡id, o aprenderéis: un sabio es también un necio!»

    «¿Dijisteis alguna vez sí a un solo gozo? Oh, amigos míos, entonces dijisteis sí también a todo dolor. Todas las cosas están encadenadas, entrelazadas, enamoradas — — si quisisteis alguna vez una cosa dos veces, si dijisteis alguna vez: “¡me gustas, felicidad! ¡rápido! ¡instante!”, entonces lo quisisteis todo de vuelta. — todo de nuevo, todo eterno, todo encadenado, entrelazado, enamorado — ¡oh, entonces amasteis el mundo! — vosotros, eternos, lo amáis eternamente y en todo tiempo; y también al dolor le decís: “¡pasa, pero vuelve!” Pues todo gozo quiere — eternidad.»

    «Todo gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere miel, quiere hez, quiere ebria medianoche, quiere tumbas, quiere consuelo de lágrimas de tumbas, quiere dorado arrebol vespertino —»

    «— ¿qué no quiere el gozo? Es más sediento, más cordial, más hambriento, más terrible, más sigiloso que todo dolor; se quiere a sí mismo, muerde en sí mismo, la voluntad del anillo pugna en él — — quiere amor, quiere odio, es sobreabundante, regala, arroja, mendiga que alguien lo tome, da gracias al que toma, querría ser odiado — — tan rico es el gozo que tiene sed de dolor, de infierno, de odio, de ignominia, de lo deforme, de mundo — pues este mundo, ¡oh, vosotros lo conocéis ya!»

    «Vosotros, hombres superiores, a vosotros os anhela el gozo, el incontenible, bienaventurado — a vuestro dolor, vosotros malogrados! Lo malogrado anhela todo gozo eterno. Pues todo gozo se quiere a sí mismo — por eso quiere también dolor del corazón. ¡Oh felicidad, oh dolor! ¡Oh, rómpete, corazón! Vosotros, hombres superiores, aprendedlo: el gozo quiere eternidad — — el gozo quiere la eternidad de todas las cosas, quiere honda, honda eternidad!»

    «¿Habéis aprendido ahora mi canción? ¿Adivinasteis lo que quiere? ¡Ea! ¡Arriba! Vosotros, hombres superiores, cantadme ahora mi canto circular. Cantadme ahora vosotros mismos la canción cuyo nombre es “¡Otra vez!”, cuyo sentido es “¡por toda la eternidad!”, cantad, vosotros, hombres superiores, el canto circular de Zaratustra. ¡Oh hombre! ¡Presta atención! ¿Qué dice la honda medianoche? “Dormí, dormí —, “de profundo sueño he despertado: — “el mundo es hondo, “y más hondo de lo que el día ha pensado. “Hondo es su dolor —, “gozo — más hondo aún que el dolor del corazón: “el dolor dice: ¡Pasa! “pero todo gozo quiere eternidad —, “— quiere honda, honda eternidad!”»

  • 4.18. LA FIESTA DEL ASNO


    Pero en este punto de la letanía Zaratustra no pudo contenerse por más tiempo; gritó él mismo ¡I-A!, más alto todavía que el asno, y saltó en medio de sus huéspedes enloquecidos. “¿Pero qué hacéis ahí, vosotros hijos de los hombres?”, gritó, mientras arrancaba del suelo a los que rezaban. “¡Ay, si os hubiera visto alguien distinto de Zaratustra! Todo el mundo juzgaría que, con vuestra nueva fe, sois los peores blasfemos o las más tontas de todas las viejecitas.”

    “¿Y tú mismo, tú viejo papa, cómo concuerda eso contigo mismo, que adores aquí de tal forma a un asno como Dios?”

    “Oh Zaratustra —respondió el papa—, perdóname; pero en cosas de Dios soy más ilustrado aún que tú. Y así es justo. ¡Mejor adorar a Dios bajo esta forma que bajo ninguna forma en absoluto! Reflexiona sobre esta sentencia, mi elevado amigo: pronto adivinarás que en tal sentencia hay sabiduría.

    Aquel que dijo “Dios es un espíritu” dio hasta ahora sobre la tierra el mayor paso y salto hacia la incredulidad. Tal palabra no es fácil de reparar sobre la tierra. Mi viejo corazón salta y brinca por ello: porque sobre la tierra todavía hay algo que adorar. Perdona esto, oh Zaratustra, al viejo y piadoso corazón de un papa.”

    “¿Y tú?”, dijo Zaratustra al caminante y sombra, “¿te llamas y te crees un espíritu libre? ¿Y practicas aquí tal idolatría y servicio sacerdotal? Peor, en verdad, lo practicas aquí que con tus malas muchachas morenas, tú mal nuevo creyente.”

    “Ya es bastante malo,” respondió el caminante y sombra, “tienes razón: pero ¿qué puedo hacer yo? El viejo Dios vive de nuevo, oh Zaratustra, di lo que quieras. El hombre más feo es culpable de todo: él lo ha resucitado. Y si dice que una vez lo mató, entre los dioses la muerte es siempre solo un prejuicio.”

    “Y tú,” dijo Zaratustra, “tú mal viejo mago, ¿qué has hecho? ¿Quién ha de creer de ahora en adelante en ti, en este tiempo de libertad, si crees en tales asnadas divinas? Fue una estupidez lo que hiciste: ¿cómo pudiste tú, tú tan listo, hacer una estupidez así?”

    “Oh Zaratustra,” respondió el astuto mago, “tienes razón, fue una estupidez — también a mí me ha resultado bastante arduo.”

    “Y tú además,” dijo Zaratustra al concienzudo del espíritu, “reflexiona y pon el dedo en tu nariz. ¿No hay aquí nada que vaya contra tu conciencia? ¿No es tu espíritu demasiado pulcro para esta oración y el tufo de estos beatos?”

    “Algo hay en ello,” respondió el concienzudo y puso el dedo en la nariz, “algo hay en este espectáculo que incluso hace bien a mi conciencia. Quizá no me sea lícito creer en Dios; pero es cierto que Dios, bajo esta forma, me parece aún el más digno de fe. Dios ha de ser eterno, según el testimonio de los más piadosos: quien tiene tanto tiempo se toma su tiempo. Lo más lentamente y lo más estúpidamente posible: de este modo uno así puede llegar muy lejos.”

    Y quien tiene demasiado espíritu podría encapricharse con la estupidez y la necedad mismas. ¡Piensa en ti mismo, oh Zaratustra! Tú mismo — en verdad, también tú podrías, por sobreabundancia y sabiduría, volverte un asno. ¿No recorre un perfecto sabio con gusto los más torcidos caminos? La evidencia lo demuestra, oh Zaratustra — ¡tu propia evidencia!”

    “Y tú mismo, por último,” dijo Zaratustra, volviéndose hacia el hombre más feo, que todavía yacía sobre el suelo, levantando el brazo hacia el asno (pues le daba a beber vino). “¡Habla, tú, indecible, qué has hecho ahí! Me pareces transformado: tu ojo brilla, el manto de lo sublime cubre tu fealdad. ¿Qué hiciste? ¿Es verdad lo que dicen, que lo resucitaste de nuevo? ¿Y para qué? ¿No fue muerto y eliminado con razón? Tú mismo me pareces despierto. ¿Qué hiciste? ¿Qué revertiste? ¿A qué te convertiste? ¡Habla, tú, indecible!”

    “¡Oh Zaratustra,” respondió el hombre más feo, “eres un pícaro! Si todavía vive, o si vuelve a vivir, o si está bien muerto — ¿quién de nosotros dos sabe eso mejor? Yo te pregunto. Pero una cosa sé — de ti mismo la aprendí una vez, oh Zaratustra: quien quiere matar del todo, ríe.

    “No por la ira, sino por la risa se mata” — así hablaste una vez. ¡Oh Zaratustra, tú oculto, tú destructor sin ira, tú santo peligroso — eres un pícaro!”

    Pero entonces ocurrió que Zaratustra, sorprendido por todas esas pícaras respuestas, retrocedió de un salto hasta la puerta de su cueva y, vuelto hacia todos sus huéspedes, gritó con fuerte voz:

    “¡Oh vosotros, pícaros locos, todos, vosotros bufones! ¿Qué disimuláis y ocultáis? ¿A vosotros de mí? ¡Cómo le brincaba a cada uno de vosotros el corazón de placer y maldad por eso, porque finalmente habéis vuelto a ser como los niños pequeños, a saber, piadosos — — porque finalmente habéis hecho de nuevo como hacen los niños, a saber, rezar, juntar las manos y decir ‘¡querido Dios!’! Pero ahora dejadme este cuarto de niños, mi propia cueva, donde hoy toda niñería está en casa. ¡Enfriad aquí fuera vuestro ardiente ímpetu infantil y clamor de corazón!”

    Ciertamente: si no os volvéis como los niños pequeños, no entraréis en el reino de los cielos. (Y Zaratustra señaló con las manos hacia arriba.) Pero nosotros tampoco queremos en absoluto entrar en el reino de los cielos: nos hemos vuelto hombres, — así queremos el reino de la tierra.

    Y una vez más alzó Zaratustra la voz. “¡Oh mis nuevos amigos, — dijo, — vosotros extraños, vosotros hombres superiores, qué bien me gustáis ahora, — — desde que os habéis vuelto otra vez alegres! En verdad, todos habéis florecido: me parece que a flores tales como sois vosotros les hacen falta nuevas fiestas, — — un pequeño y valeroso sinsentido, algún culto y fiesta del asno, algún viejo y alegre loco de Zaratustra, un viento impetuoso que os sople claras las almas.

    ¡No olvidéis esta noche y esta fiesta del asno, vosotros hombres superiores! Eso lo inventasteis junto a mí, eso lo tomo como buen signo, — ¡cosas así sólo las inventan los convalecientes!

    Y si lo celebráis otra vez, esta fiesta del asno, hacedlo por amor a vosotros mismos, hacedlo también por amor a mí. ¡Y en memoria mía!”

    Así habló Zaratustra.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.


  • 4.17. EL DESPERTAR

    1

    Después de la canción del caminante y sombra quedó la cueva de repente llena de clamor y risa; y como los huéspedes reunidos hablaban todos al mismo tiempo, y tampoco el asno, con tal animación, permanecía ya en silencio, sobrevino a Zaratustra una pequeña aversión y burla contra sus visitantes, aunque se regocijaba de su alegría. Pues le parecía un signo de convalecencia. Así se escabulló afuera, al aire libre, y habló a sus animales. «¿Dónde está ahora su angustia?», dijo, y ya respiró él mismo aliviado de su pequeño hastío; «conmigo han desaprendido, como me parece, a gritar de angustia — aunque, por desgracia, aún no a gritar». Y Zaratustra se tapó los oídos, pues justo entonces el ¡iaaa! del asno se mezcló extrañamente con el clamor jubiloso de estos hombres superiores. «Están alegres», comenzó de nuevo, «y quién sabe, quizá a costa de su anfitrión; y si aprendieron de mí a reír, sin embargo no es mi risa la que aprendieron. Pero ¿qué importa? Son gente vieja: convalecen a su manera, ríen a su manera; mis oídos ya han soportado cosas peores y no se volvieron ariscos. Este día es una victoria: se retira ya, huye el espíritu de la gravedad, mi viejo archienemigo. ¡Qué bien quiere terminar este día, que empezó tan malo y grave! Y quiere terminar. Ya llega la tarde: sobre el mar cabalga hacia aquí el buen jinete. ¡Cómo se balancea el bienaventurado, el que vuelve a casa, en sus sillas de púrpura! El cielo mira claro a ello, el mundo yace profundo: ¡oh todos vosotros extraños que vinisteis a mí, ya vale la pena vivir conmigo!». Así habló Zaratustra. Y de nuevo llegó desde la cueva el griterío y la risa de los hombres superiores: entonces comenzó otra vez. «Pican, mi cebo funciona, también de ellos se retira su enemigo, el espíritu de la gravedad. Ya aprenden a reír de sí mismos: ¿escucho bien? Mi alimento de hombres funciona, mi palabra de savia y fuerza: y en verdad, no los nutrí con verduras flatulentas, sino con alimento de guerrero, con alimento de conquistador: desperté nuevos deseos. Nuevas esperanzas hay en sus brazos y piernas, su corazón se expande. Encuentran nuevas palabras, pronto su espíritu respirará malicia. Tal alimento no es ciertamente para niños, ni tampoco para mujercitas nostálgicas, viejas o jóvenes: a esas se les convence de otro modo las entrañas; de esas no soy médico ni maestro». La náusea se aleja de estos hombres superiores: ¡bien! esa es mi victoria. En mi reino se vuelven seguros, toda estúpida vergüenza echa a correr, se vacían. Vacían su corazón, buenas horas regresan a ellos, celebran y rumian de nuevo — se vuelven agradecidos. Esto lo tomo como el mejor signo: se vuelven agradecidos. No pasará mucho tiempo y se inventarán fiestas y levantarán piedras conmemorativas a sus viejas alegrías. ¡Son convalecientes!». Así habló Zaratustra alegre a su corazón y miró hacia afuera; pero sus animales se apretaron contra él y honraron su felicidad y su silencio.

    2

    De repente, sin embargo, se sobresaltó el oído de Zaratustra: la cueva, que hasta entonces estaba llena de clamor y risa, se volvió de pronto mortalmente silenciosa; pero su nariz percibió un humo fragante e incienso como de piñas ardiendo. «¿Qué sucede? ¿Qué hacen?», se preguntó, y se acercó sigilosamente a la entrada para poder observar a sus huéspedes sin ser advertido. Pero — ¡maravilla sobre maravilla! — ¿qué tuvo que ver allí con sus propios ojos? «¡Se han vuelto todos piadosos de nuevo, rezan, están locos!», dijo, y se maravilló más allá de toda medida. Y en verdad, todos estos hombres superiores — los dos reyes, el papa fuera de servicio, el malvado mago, el mendigo voluntario, el caminante y sombra, el viejo adivino, el concienzudo del espíritu y el hombre más feo — yacían todos como niños y como viejas mujercillas creyentes sobre las rodillas y adoraban al asno. Y justo entonces comenzó el hombre más feo a gorgotear y resollar, como si algo inexpresable quisiera salir de él; pero cuando por fin lo hubo llevado a palabras, he aquí que era una piadosa, extraña letanía en alabanza del asno adorado e incensado. Pero esta letanía sonaba así:

    ¡Amén! ¡Alabanza y honor y sabiduría y gracias y gloria y fortaleza haya para nuestro Dios, de eternidad a eternidad!

    – Pero el asno gritó a esto: ¡Ia!

    Él porta nuestra carga, él adoptó forma de siervo, es paciente de corazón y jamás dice No; y quien ama a su Dios, lo castiga.

    Pero el asno gritó a esto: ¡Ia!


    No habla, excepto que al mundo que creó dice siempre Sí: así glorifica a su mundo. Su astucia es la que no habla: así raramente se le muestra errado.

    Pero el asno gritó a esto: ¡Ia!


    Sin llamar la atención pasa a través del mundo. Gris es el color del cuerpo en que envuelve su virtud. Si tiene espíritu, lo esconde; pero todos creen en sus largas orejas.

    Pero el asno gritó a esto: ¡Ia!


    ¡Qué escondida sabiduría es que porte largas orejas y diga solo Sí y jamás No! ¿No ha creado el mundo a su imagen, a saber, tan estúpido como fuera posible?

    Pero el asno gritó a esto: ¡Ia!


    Recorres caminos rectos y torcidos; poco te importa lo que a nosotros los hombres nos parece recto o torcido. Más allá de bien y mal está tu reino. Es tu inocencia no saber lo que es la inocencia.

    Pero el asno gritó a esto: ¡Ia!


    Mira cómo a nadie empujas lejos de ti, ni a mendigos ni a reyes. A los niños pequeños los dejas venir a ti; y si los chicos malos te llaman, dices simplemente: ¡Ia!

    Pero el asno gritó a esto: ¡Ia!


    Amas a las asnas y los higos frescos, no eres despreciador de alimento. Un cardo cosquillea tu corazón cuando tienes hambre. En ello yace la sabiduría de un dios.

    Pero el asno gritó a esto: ¡Ia!

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.16. ENTRE HIJAS DEL DESIERTO

    1

    «¡No te vayas! —dijo entonces el caminante que se llamaba a sí mismo la sombra de Zaratustra—. Quédate con nosotros: de lo contrario podría volver a acometernos la vieja y opresiva tristeza. Ya nos ha brindado ese viejo mago lo peor que lleva dentro; y mira: el buen y piadoso papa tiene lágrimas en los ojos y se ha embarcado de nuevo por entero en el mar de la melancolía. Esos reyes aún saben poner buena cara ante nosotros: eso es lo que hoy han aprendido mejor de todos nosotros. Pero si no tuvieran testigos, apuesto a que también en ellos comenzaría otra vez el mal juego — el mal juego de las nubes errantes, de la húmeda melancolía, de los cielos velados, de los soles robados, de los ululantes vientos de otoño — el mal juego de nuestro ulular y de nuestros gritos de angustia. ¡Quédate con nosotros, oh Zaratustra! Aquí hay mucho oculto sufrimiento que quiere hablar, mucho atardecer, mucha nube, mucho aire pesado. Nos has nutrido con fuerte alimento de hombres y vigorosos proverbios: no permitas que, como postre, vuelvan a acometernos los blandos y mujeriles espíritus. Tú solo haces el aire a tu alrededor fuerte y claro. ¿He encontrado alguna vez en la tierra aire tan bueno como junto a ti, en tu cueva? Muchos países he visto; mi nariz aprendió a probar y a valorar muchos aires: pero contigo saborean mis narinas su mayor placer.

    «¡A menos que — a menos que —! Oh, perdona un viejo recuerdo. Perdóname una vieja canción de postre que compuse una vez entre hijas del desierto: — pues entre ellas había un aire igualmente bueno y claro del Oriente; allí estuve más lejos que nunca de la nubosa, húmeda y melancólica vieja Europa. Entonces amé a tales muchachas del Oriente y a otro azul reino del cielo sobre el cual no penden nubes ni pensamientos. No creeríais con qué gracia se sentaban cuando no bailaban: hondas, pero sin pensamientos; como pequeños secretos, como acertijos ceñidos con cintas, como nueces de postre — multicolores y extrañas, en verdad, pero sin nubes: acertijos que se dejan adivinar. Por amor a tales muchachas inventé entonces un salmo de postre.»

    Así habló el caminante y sombra; y antes de que nadie le respondiera, ya había asido el arpa del viejo mago, cruzado las piernas y mirado sereno y sabio a su alrededor. Con las narinas aspiró lentamente y con curiosidad el aire, como quien en tierras nuevas prueba un aire nuevo y extranjero. Después comenzó, con una especie de rugido, a cantar.

    2

    El desierto crece: ¡ay de quien alberga desiertos!

    ¡Ja! ¡Solemne!
    ¡En verdad solemne!
    ¡Un digno comienzo!
    ¡Africano-solemne!
    Digno de un león,
    o de un mono moral aullador —
    — pero nada para vosotras,
    vosotras, mis más queridas amigas,
    a cuyos pies me es concedido
    por primera vez,
    a mí, un europeo, bajo palmeras,
    tomar asiento.
    Sela.

    ¡Maravilloso, en verdad!
    Aquí estoy sentado ahora,
    cerca del desierto y ya
    de nuevo tan lejos del desierto,
    y todavía en nada devastado:
    a saber, engullido hacia abajo
    por este, el más pequeño oasis —
    — que abrió, apenas bostezando,
    su encantadora boca,
    la más fragante de todas las boquitas:
    y yo caí dentro,
    hacia abajo, a través — bajo vosotras,
    mis más queridas amigas.
    Sela.

    ¡Salve, salve a aquella ballena,
    si así trató bien a su huésped! —
    ¿entendéis mi erudita alusión?
    ¡Salve a su vientre,
    si fue así
    un vientre-oasis tan encantador
    como este — lo cual, sin embargo, pongo en duda;
    — pues de Europa vengo yo,
    que es más adicta a la duda que todas
    las mujercillas casadas algo entradas en años.
    ¡Que Dios lo mejore!
    Amén.

    Aquí estoy sentado ahora
    en este, el más pequeño oasis,
    semejante a un dátil,
    pardo, dulce de parte a parte, ulcerado de oro, lujurioso
    de una redonda boca de muchacha,
    pero aún más de dientes de muchacha —
    fríos como el hielo, blancos como la nieve, afilados —
    pues tras ellos
    suspira el corazón de todos los dátiles ardientes.
    Sela.

    Semejante a los mencionados frutos del sur,
    demasiado semejante,
    yazco aquí,
    danzado y jugueteado por pequeños
    escarabajos alados,
    e igualmente por aún más pequeños,
    más necios, más maliciosos
    deseos y ocurrencias —
    sitiado por vosotras,
    vosotras mudas, vosotras presentidoras,
    gatas muchacha,
    Dudu y Suleika,
    — rodeado como por esfinges,
    para meter en una sola palabra
    muchos sentimientos:
    (¡Perdóname, Dios,
    este pecado de lenguaje!) —
    me siento aquí, olfateando el mejor aire,
    aire de paraíso en verdad,
    aire claro, ligero, veteado de oro,
    tan buen aire como sólo alguna vez
    cayó de la luna —
    ¿fue por azar,
    o sucedió por pura desmesura?,
    como cuentan los viejos poetas.
    Yo, sin embargo, dudador, lo pongo
    en duda — pues de Europa vengo,
    que es más adicta a la duda que todas
    las mujercillas casadas algo entradas en años.
    ¡Que Dios lo mejore!
    Amén.

    Bebiendo este aire bellísimo,
    con las narinas hinchadas como copas,
    sin futuro, sin recuerdos,
    así me siento aquí,
    mis más queridas amigas,
    y contemplo la palmera,
    cómo, semejante a una danzarina,
    se dobla y se ciñe y se mece en la cadera —
    uno acaba haciéndolo también, si mira largo rato.

    Como una danzarina que, según me parece,
    demasiado tiempo ya, peligrosamente largo,
    siempre, siempre sólo sobre una pierna estuvo en pie —
    ¿olvidó entonces, según me parece,
    la otra pierna?

    En vano, al menos,
    busqué, echándola en falta,
    la joya gemela —
    es decir, la otra pierna —
    en la sagrada proximidad
    de su tan querida, tan delicada
    faldita de abanicos y vuelos y lentejuelas.

    Sí, si vosotras, vosotras hermosas amigas,
    queréis creerme del todo:
    ¡la ha perdido!
    ¡Se fue!
    ¡Se fue para siempre!
    ¡La otra pierna!

    ¡Oh, lástima de esa encantadora otra pierna!
    ¿Dónde — podrá acaso morar y llorar abandonada
    la pierna solitaria?

    ¿Temerosa quizá ante una
    fiera, amarilla, rubio-rizada
    bestia-león?
    ¿O ya incluso
    roída, mordisqueada —
    miserablemente, ay, ay, mordisqueada?
    Sela.


    ¡Oh, no me lloréis,
    suaves corazones!
    ¡No me lloréis, vosotras,
    corazones-dátil! ¡pechos de leche!
    ¡Vosotras, bolsitas
    de corazón de regaliz!

    No llores más,
    pálida Dudu.
    ¡Sé un hombre, Suleika! ¡Valor! ¡Valor!

    — ¿O debería acaso
    haber aquí algo fortalecedor,
    algo que fortalezca el corazón?
    ¿Una sentencia ungida?
    ¿Una exhortación solemne?


    ¡Ha! ¡Arriba, dignidad!
    ¡Dignidad-virtud! ¡Dignidad-europea!
    ¡Sopla, sopla de nuevo,
    fuelle de la virtud!
    ¡Ha!

    ¡Rugir una vez más,
    rugir moralmente!
    Como león moral
    ante las hijas del desierto rugir.

    — Pues el aullido de la virtud,
    mis más queridas doncellas,
    vale más que todo fervor europeo,
    hambre ardiente europea.

    Y ya estoy aquí,
    como europeo:
    no puedo hacer otra cosa, ¡Dios me ayude!
    Amén.

    El desierto crece: ¡ay de quien alberga desiertos!

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.15. LA CIENCIA

    Así cantó el mago; y todos los que estaban reunidos entraron como pájaros, sin advertirlo, en la red de su astuta y melancólica voluptuosidad. Sólo el concienzudo del espíritu no fue atrapado: arrebató al vuelo al mago el arpa y gritó: «¡Aire! ¡Dejad entrar buen aire! ¡Deja entrar a Zaratustra! ¡Haces esta cueva sofocante y ponzoñosa, tú malvado viejo mago! Seduces, tú falso, tú refinado, hacia deseos desconocidos y lugares salvajes. ¡Y ay cuando tales como tú hacen de la verdad discurso y espectáculo! ¡Ay de todos los espíritus libres que no están en guardia contra tales magos! ¡Se acabó su libertad: enseñas y atraes de vuelta a prisiones! — tú viejo diablo melancólico, de tu lamento suena una flauta que seduce; te asemejas a aquellos que, con su elogio de la castidad, invitan en secreto a voluptuosidades.»

    Así habló el concienzudo; pero el viejo mago miró a su alrededor, disfrutó de su triunfo y se tragó el disgusto que le causaba el concienzudo. «¡Calla! —dijo con voz modesta—. Las buenas canciones quieren resonar bien; tras buenas canciones se ha de guardar largo silencio. Así hacen todos ellos, los hombres superiores. Pero tú has comprendido poco de mi canción; en ti hay poco de espíritu hechicero.»

    «Me alabas —respondió el concienzudo— al mismo tiempo que me separas de ti; ¡bien! Pero vosotros los demás, ¿qué veo? Seguís sentados ahí con ojos ávidos: vosotros, almas libres, ¿adónde ha ido vuestra libertad? Casi, me parece, os asemejáis a quienes han contemplado durante largo tiempo malas muchachas desnudas danzando: ¡vuestras almas mismas danzan! En vosotros, hombres superiores, debe de haber más de aquello que el mago llama su mal espíritu de hechicería y engaño: debemos, ciertamente, ser distintos.»

    Y en verdad, hablamos y pensamos bastante juntos antes de que Zaratustra regresara a su cueva, de modo que yo bien lo sé: somos distintos. Buscamos también cosas distintas aquí arriba, vosotros y yo. Yo, en efecto, busco mayor seguridad; por eso vine a Zaratustra. Él es todavía la torre y voluntad más firmes — hoy, cuando todo vacila, cuando toda la tierra tiembla. Pero cuando veo la mirada que adoptáis, casi me parece que buscáis más inseguridad — más estremecimiento, más peligro, más terremoto. Anheláis, casi me lo parece así — perdonad mi presunción, hombres superiores —, anheláis la vida peor y más peligrosa, la que a mí más me infunde miedo: la vida de animales salvajes, bosques, cuevas, montañas escarpadas y desfiladeros extraviados. Y no os agradan más los guías que conducen fuera del peligro, sino aquellos que os apartan de todos los caminos, los seductores. Pero si tal anhelo hay realmente en vosotros, sin embargo me parece imposible.

    El miedo — ese es el sentimiento hereditario y fundamental del hombre; desde el miedo se explica todo, pecado hereditario y virtud hereditaria. Del miedo creció también mi virtud, que se llama ciencia. El miedo a las fieras — ese fue cultivado durante más tiempo en el hombre, incluido el animal que en sí mismo alberga y teme: Zaratustra lo llama «la bestia interior». Ese largo y viejo miedo, finalmente afinado, vuelto espiritual y mental — hoy, me parece, se llama ciencia.

    Así habló el concienzudo; pero Zaratustra, que en ese momento regresaba a su cueva y había oído y adivinado el último discurso, arrojó al concienzudo un puñado de rosas y se rió de sus «verdades». «¡Cómo! —gritó—. ¿Qué he oído ahí ahora? En verdad, me parece que tú eres un necio o yo mismo lo soy: y tu “verdad” la pongo de un tirón y al vuelo cabeza abajo. El miedo es nuestra excepción. Pero valor, aventura y gusto por lo incierto, por lo no intentado — el valor me parece la entera prehistoria del hombre. A los animales más salvajes y más valientes les envidió y arrebató todas sus virtudes: así llegó a ser — hombre. Este valor, finalmente afinado, vuelto espiritual y mental, este valor humano con alas de águila e inteligencia de serpiente: ese, me parece, se llama hoy —»

    «¡Zaratustra!», gritaron todos los que estaban reunidos, como de una sola boca, y prorrumpieron en una gran carcajada; y de ellos se elevó algo como una pesada nube. También el mago rió y dijo con inteligencia: «¡Bien! Se ha ido mi mal espíritu. ¿Y no os advertí yo mismo contra él cuando dije que es un embaucador, un espíritu de mentira y engaño? Especialmente cuando se muestra desnudo. Pero ¿qué puedo yo contra sus artimañas? ¿Lo he creado yo a él y al mundo? ¡Bien! Volvamos a estar bien y de buen ánimo. Y aunque Zaratustra mire con enojo — miradlo: está resentido conmigo — antes de que llegue la noche volverá a aprender a amarme y alabarme; no puede vivir mucho tiempo sin cometer tales locuras. Ama a sus enemigos: este arte lo entiende mejor que todos los que he visto. Pero se venga de ello — en sus amigos.»

    Así habló el viejo mago, y los hombres superiores le tributaron aplauso; entonces Zaratustra dio la vuelta y estrechó con malicia y amor las manos de sus amigos — como quien tiene algo que reparar y excusar ante todos. Pero cuando llegó a la puerta de su cueva, ya volvió a anhelar el buen aire de fuera y sus animales — y quiso de nuevo escabullirse.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.14. LA CANCIÓN DE LA MELANCOLÍA

    1.

    Cuando Zaratustra pronunció estos discursos, estaba cerca de la entrada de su cueva; pero con las últimas palabras se escabulló de sus huéspedes y huyó por un breve rato al aire libre.

    “¡Oh puros aromas en torno a mí —exclamó—, oh bienaventurado silencio en torno a mí! Pero ¿dónde están mis animales? ¡Acercaos, acercaos, mi águila y mi serpiente! Decidme, pues, animales míos: esos hombres superiores todos juntos —¿huelen quizá mal? ¡Oh puros aromas en torno a mí! Solo ahora sé y siento cuánto os amo, animales míos!”

    —Y Zaratustra dijo una vez más: “¡Os amo, animales míos!” Pero el águila y la serpiente se apretaron contra él cuando dijo estas palabras y alzaron hacia él la vista. Así estaban los tres juntos, en silencio, y juntos husmeaban y sorbían el buen aire. Pues el aire aquí fuera era mejor que junto a los hombres superiores.

    2.

    Pero apenas hubo Zaratustra abandonado su cueva, se levantó el viejo mago, miró con astucia a su alrededor y dijo: “¡Ha salido! Y ya, vosotros, hombres superiores —permitidme cosquillearos con este nombre de alabanza y lisonja, como él mismo—, ya me acomete mi maligno espíritu de engaño y hechicería, mi diablo melancólico, que es, desde lo más hondo, un adversario de este Zaratustra: ¡perdonádselo! Ahora quiere hacer magia ante vosotros; esta es precisamente su hora; en vano lucho yo con este mal espíritu. A vosotros todos, sean cuales sean los honores que os deis con palabras, ya os llaméis ‘los espíritus libres’ o ‘los veraces’ o ‘los penitentes del espíritu’ o ‘los desencadenados’ o ‘los del gran anhelo’ —a vosotros todos, que padecéis de la gran náusea igual que yo, a quienes les murió el viejo Dios y aún no les yace ningún Dios nuevo en cunas y pañales—, a vosotros todos os es propicio mi mal espíritu y diablo hechicero.

    Os conozco, hombres superiores, a él lo conozco —conozco también a ese engendro, al que amo contra mi voluntad, a ese Zaratustra: él mismo me parece a menudo semejante a una bella máscara de santo —semejante a una nueva y extraña mascarada en la que mi mal espíritu, el diablo melancólico, se complace—: amo a Zaratustra, así me parece a menudo, por causa de mi mal espíritu.

    Pero ya me acomete y me obliga este espíritu de la melancolía, este diablo del crepúsculo vespertino: y, en verdad, vosotros, hombres superiores, le apetece —¡abrid bien los ojos!— le apetece venir desnudo; si es masculino o femenino, aún no lo sé: pero viene, me obliga, ¡ay! ¡Abrid vuestros sentidos! El día se apaga; a todas las cosas les llega ahora la tarde, también a las mejores cosas: oíd ahora y ved, hombres superiores, qué diablo —hombre o mujer— es este espíritu de la melancolía vespertina.”

    Así habló el viejo mago, miró con astucia a su alrededor y luego echó mano de su arpa.

    3.

    Con el aire aclarado,
    cuando ya el consuelo del rocío
    mana hacia la tierra,
    invisible, tampoco oído: —
    pues calzado delicado lleva
    el consolador rocío, como todos los suaves consoladores—:
    ¿Recuerdas entonces, recuerdas, ardiente corazón,
    cómo antaño tuviste sed,
    de lágrimas celestiales y goteo de rocío,
    abrasado y cansado tuviste sed,
    mientras por amarillos senderos de hierba
    maliciosas miradas vespertinas del sol
    corrían a tu alrededor entre negros árboles,
    cegadoras miradas ardientes del sol, gozosas del daño?

    “¿Cortejador de la verdad? ¿Tú? —así se burlaron—
    ¡No! ¡Solo un poeta!
    Un animal, uno astuto, rapaz, sigiloso,
    que debe mentir,
    que a sabiendas, voluntariamente, debe mentir:
    ávido de botín,
    multicolor enmascarado,
    máscara para sí mismo,
    a sí mismo vuelto presa—
    ¿Eso —cortejador de la verdad?
    ¡No! ¡Solo necio! ¡Solo poeta!
    Solo diciendo cosas abigarradas,
    gritando en colores desde máscaras de bufón,
    trepando sobre puentes mentirosos de palabras,
    sobre arcoíris multicolores,
    entre falsos cielos
    y falsas tierras,
    errando, flotando—
    ¡Solo necio! ¡Solo poeta!

    ¿Eso —cortejador de la verdad?
    No quieto, rígido, liso, frío,
    convertido en imagen,
    en columna de Dios,
    no erigido ante templos,
    portero de la puerta de un dios:
    ¡No! Hostil a tales estatuas de la verdad,
    más en casa en toda selva que ante templos,
    lleno de capricho felino,
    saltando por cada ventana —¡Zas!— hacia todo azar,
    husmeando cada selva primigenia,
    husmeando con ansia y deseo,
    para que tú en selvas primigenias,
    entre bestias de presa con manchas multicolores,
    pecadoramente sano y multicolor y bello corrieras,
    con belfos lascivos,
    bienaventuradamente burlón, bienaventuradamente infernal, bienaventuradamente sediento de sangre,
    robando, sigiloso, mintiendo corrieras: —

    O como el águila, que largo,
    largo tiempo mira fija al interior de abismos,
    al interior de sus abismos: — —
    ¡Oh cómo aquí se enroscan hacia abajo,
    abajo, adentro,
    hacia profundidades cada vez más hondas! —
    Entonces,
    de repente, en línea recta,
    de vuelo desenvainado,
    precipitarse sobre corderos,
    de súbito hacia abajo, ardientemente hambriento,
    ávido de corderos,
    enemigo de todas las almas de cordero,
    ferozmente hostil a todo lo que mira
    como oveja, con ojos de cordero, de lana crespa,
    gris, con benevolencia de cordero y oveja.

    Así,
    de águila, de pantera,
    son los anhelos del poeta,
    son tus anhelos bajo mil máscaras,
    ¡Tú, necio! ¡Tú, poeta!
    Tú que contemplaste al hombre
    como dios, como oveja —:
    desgarrar al dios en el hombre
    como a la oveja en el hombre,
    y, desgarrando, reír —

    ¡Eso, eso es tu bienaventuranza!
    ¡Bienaventuranza de pantera y de águila!
    ¡Bienaventuranza de poeta y de necio!” — —

    Con el aire aclarado,
    cuando ya la hoz lunar,
    verde entre púrpuras encendidos,
    y envidiosa se desliza:
    —hostil al día,
    con cada paso secreto
    segando en hamacas de rosas,
    hasta que se hunden,
    hacia la noche, pálidas se hunden hacia abajo: —

    Así me hundí yo mismo antaño
    desde mi locura por la verdad,
    desde mis anhelos del día,
    cansado del día, enfermo de la luz,
    —me hundí hacia abajo, hacia la tarde, hacia la sombra:
    por una sola verdad
    abrasado y sediento:
    —¿recuerdas aún, recuerdas, corazón ardiente,
    cómo entonces tuviste sed?—
    Que esté yo desterrado
    de toda verdad,
    ¡solo necio!
    ¡Solo poeta!

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.13. DEL HOMBRE SUPERIOR

    1

    Cuando vine por primera vez a los hombres, cometí la locura del ermitaño, la gran locura: me presenté en el mercado.Y cuando hablé a todos, no hablé a ninguno. Pero por la tarde eran mis compañeros funámbulos y cadáveres; y yo mismo, casi un cadáver.Pero con la nueva mañana me llegó una nueva verdad: entonces aprendí a hablar: «¡Qué se me da a mí de mercado y populacho y ruido del populacho y largas orejas del populacho!».

    Vosotros, hombres superiores, aprended esto de mi: en el mercado nadie cree en hombres superiores. Y si quereis hablar alli, ¡pues bien! Pero el populacho parpadea: “Somos todos iguales”.

    «Vosotros, hombres superiores —así parpadea el populacho—: no hay hombres superiores, somos todos iguales, hombre es hombre; ante Dios —somos todos iguales!».

    ¡Ante Dios! —Pero ahora murió ese Dios. Pero ante el populacho no queremos ser iguales. ¡Vosotros, hombres superiores, apartaos del mercado!

    2

    ¡Ante Dios! —¡Pero ahora murió ese Dios! Vosotros, hombres superiores, ese Dios fue vuestro mayor peligro. Solo desde que él yace en la tumba habéis vuelto a resucitar. Solo ahora llega el gran mediodía, ¡solo ahora deviene el hombre superior —señor!

    ¿Entendisteis esta palabra, oh hermanos míos? Estáis asustados: ¿sienten vértigo vuestros corazones? ¿Se os abre aquí el abismo? ¿Os ladra aquí el perro del infierno? ¡Pues bien! ¡Adelante! ¡Vosotros, hombres superiores! Solo ahora está de parto la montaña del futuro del hombre. Dios murió: ahora queremos —que el superhombre viva.

    3

    Los más solícitos preguntan hoy: «¿Cómo se conserva al hombre?». Pero Zaratustra pregunta como el único y el primero: «¿Cómo es superado el hombre?».

    El superhombre es lo que me importa, ese es para mí lo primero y lo único —y no el hombre: no el prójimo, no el más pobre, no el que más sufre, no el mejor —

    Oh hermanos míos, lo que puedo amar en el hombre es que es un tránsito y un ocaso. Y también en vosotros hay mucho que me hace amar y esperar. Que hayáis despreciado, vosotros, hombres superiores, eso me hace esperar. Los grandes despreciadores, en efecto, son los grandes veneradores. Que hayáis desesperado, en eso hay mucho que honrar. Pues no aprendisteis a rendiros, no aprendisteis las pequeñas prudencias. Hoy, en efecto, las pequeñas gentes se han hecho señores: todas ellas predican sumisión y modestia y prudencia y diligencia y consideración y el largo «y así sucesivamente» de las pequeñas virtudes.

    Lo que es de índole de mujer, lo que procede de índole servil y, en especial, el revoltijo del populacho: eso quiere ahora llegar a ser señor de todo el destino humano —¡oh náusea! ¡Náusea! ¡Náusea! Eso pregunta y pregunta y no se cansa: «¿Cómo se conserva el hombre de la mejor manera, durante el mayor tiempo posible, del modo más agradable?». Con ello —son los señores de hoy.

    Superadme a estos señores de hoy, oh hermanos míos —a estas pequeñas gentes: ¡ellas son el mayor peligro del superhombre!

    ¡Superadme, vosotros, hombres superiores, las pequeñas virtudes, las pequeñas prudencias, los miramientos de grano de arena, el trajín de hormigas, el miserable bienestar, la «dicha de la mayoría» —! Y preferid desesperar a rendiros. ¡Y, en verdad, os amo por eso, porque hoy no sabéis vivir, vosotros, hombres superiores! Así, en efecto, vivís —¡de la mejor manera!

    4

    ¿Tenéis valor, oh hermanos míos? ¿Sois valientes de corazón? ¿No valor ante testigos, sino valor de ermitaño y de águila, que ya ni siquiera un dios contempla?

    A las almas frías, las mulas, los ciegos, los borrachos no los llamo valientes de corazón. Corazón tiene quien conoce el miedo, pero somete el miedo, quien ve el abismo, pero con orgullo.

    Quien ve el abismo, pero con ojos de águila, quien con garras de águila aferra el abismo: ese tiene valor. 

    5

    «El hombre es malo» —así me hablaron para consolarme todos los más sabios. ¡Ay, ojalá hoy siga siendo verdad! Pues lo malo es la mejor fuerza del hombre.

    «El hombre debe volverse mejor y más malo» —así enseño yo. Lo más malo es necesario para lo mejor del superhombre. Podía estar bien para aquel predicador de las pequeñas gentes que sufriera y cargara con el pecado del hombre. Pero yo me alegro del gran pecado como de mi gran consuelo. —

    Pero esto no está dicho para orejas largas. Tampoco toda palabra es para toda boca. Son cosas finas y lejanas: ¡que no traten de agarrarlas pezuñas de oveja!

    6

    ¿Vosotros, hombres superiores, pensáis que estoy aquí para enmendar lo que hicisteis mal? ¿O que querría en lo sucesivo acostaros más cómodamente a vosotros, los que sufrís? ¿O mostraros nuevos senderos más fáciles a vosotros, inconstantes, extraviados, encaramados sin salida?

    ¡No! ¡No! ¡Tres veces no! Cada vez más, cada vez mejores de vuestra especie han de perecer —porque habéis de tenerlo cada vez peor y más duro. Solo así — —solo así crece el hombre hasta la altura donde el rayo lo golpea y lo hace pedazos: ¡lo bastante alto para el rayo!

    Hacia lo poco, hacia lo prolongado, hacia lo distante van mi pensamiento y mi anhelo: ¡qué se me daría de vuestra pequeña, numerosa y breve miseria! ¡Aún no sufrís lo suficiente para mí! Pues sufrís de vosotros mismos, aún no sufristeis del hombre. ¡Mentiríais si dijerais otra cosa! Ninguno de vosotros sufre de aquello de lo que yo sufrí. — —

    7

    No me basta que el rayo no haga ya daño. No quiero desviarlo: ha de aprender —a trabajar para mí. —

    Mi sabiduría se acumula desde hace ya mucho tiempo como una nube, se vuelve más silenciosa y más oscura. Así hace toda sabiduría que un día ha de parir rayos. —

    Para estos hombres de hoy no quiero ser luz, no quiero que me llamen luz. A esos —quiero cegarlos: ¡rayo de mi sabiduría! ¡Sácales los ojos!

    8

    No queráis nada por encima de vuestras posibilidades: hay una mala falsedad en aquellos que quieren por encima de sus posibilidades. ¡Especialmente cuando quieren cosas grandes! Porque despiertan desconfianza hacia las cosas grandes, estos sutiles falsificadores de moneda y actores: — —hasta que finalmente son falsos ante sí mismos, bizcos, carcoma encalada, envueltos en un manto de fuertes palabras, de virtudes-anuncio, de brillantes obras falsas.

    ¡Tened buena cautela en esto, vosotros, hombres superiores! Pues nada hay hoy para mí más precioso y más raro que la honestidad.

    ¿No es este hoy del populacho? Pero el populacho no sabe qué es grande, qué es pequeño, qué es recto y honesto: es inocentemente torcido, miente siempre.

    9

    ¡Tened hoy una buena desconfianza, vosotros, hombres superiores, vosotros, valientes de corazón! ¡Vosotros, francos de corazón! ¡Y mantened vuestras razones en secreto! Pues este hoy es del populacho.

    Lo que el populacho aprendió un día a creer sin razones, ¿quién podría mediante razones —derribárselo?

    Y en el mercado se convence con gestos. Pero las razones hacen desconfiar al populacho.

    Y si allí alguna vez la verdad alcanzó la victoria, entonces preguntaos con buena desconfianza: «¿Qué poderoso error luchó por ella?».

    ¡Guardaos también de los eruditos! ¡Os odian: pues son estériles! Tienen ojos fríos y resecos; ante ellos yace cada pájaro desplumado.

    Los tales se pavonean de no mentir: pero la incapacidad para la mentira está aún muy lejos de ser amor por la verdad. ¡Guardaos!

    ¡La ausencia de fiebre está aún muy lejos de ser conocimiento! No creo a los espíritus enfriados. Quien no puede mentir no sabe lo que es la verdad.

    10

    ¡Si queréis llegar alto, emplead vuestras propias piernas! ¡No os dejéis llevar hacia arriba, no os sentéis sobre espaldas y cabezas ajenas! ¿Pero tú montaste a caballo? ¿Cabalgas ahora velozmente hacia arriba, hacia tu meta? ¡Pues bien, amigo mío! ¡Pero tu pie cojo está también sentado contigo a caballo! Cuando estés en tu meta, cuando saltes de tu caballo: precisamente en tu altura, tú, hombre superior —¡tropezarás!

    11

    ¡Vosotros, creadores, vosotros, hombres superiores! Solo para el hijo propio se está grávido. ¡No dejéis que os cuenten cuentos ni que os metan nada en la cabeza! ¿Quién es, pues, vuestro prójimo? Y aunque obréis «para el prójimo» —¡vosotros no creáis para él!

    Desaprendedme, pues, este «para», vosotros, creadores: precisamente vuestra virtud quiere que no hagáis cosa alguna con «para» y «por» y «porque». Contra estas falsas pequeñas palabras debéis sellar vuestro oído. El «para el prójimo» es la virtud solo de las pequeñas gentes: allí se dice «igual y igual» y «mano lava mano»: —¡no tienen ni derecho ni fuerza para vuestro egoísmo! ¡En vuestro egoísmo, vosotros, creadores, están la previsión y la providencia de las grávidas! Lo que nadie vio aún con los ojos, el fruto: todo vuestro amor lo protege y lo cuida y lo nutre. ¡Donde está todo vuestro amor, con vuestro hijo, allí está también toda vuestra virtud! Vuestra obra, vuestra voluntad es vuestro «prójimo»: ¡no dejéis que os metan en la cabeza valores falsos!

    12

    ¡Vosotros, creadores, vosotros, hombres superiores! Quien tiene que parir está enfermo; pero quien ha parido está impuro. Preguntad a las mujeres: no se pare porque dé placer. El dolor hace cacarear a las gallinas y a los poetas.

    ¡Vosotros, creadores, en vosotros hay mucho de impuro! Eso es porque tuvisteis que ser madres.

    Un nuevo niño: ¡oh, cuánta nueva suciedad vino también al mundo! ¡Apartaos! ¡Y quien ha parido ha de lavar su alma hasta purificarla!

    13.

    ¡No seáis virtuosos por encima de vuestras fuerzas! ¡Y no queráis de vosotros nada que vaya contra la verosimilitud!

    ¡Caminad en las huellas por donde ya caminó la virtud de vuestros padres! ¿Cómo pretenderíais subir alto si no sube con vosotros la voluntad de vuestros padres?

    ¡Pero quien quiera ser un primogénito cuide de no devenir también un ultimogénito! ¡Y donde están los vicios de vuestros padres, en eso no habéis de querer haceros pasar por santos! Aquel cuyos padres gustaron de mujeres y de vinos fuertes y de puercos salvajes: ¿qué sería si ese quisiera de sí mismo castidad? ¡Una necedad sería! Mucho, en verdad, me parece para uno así si es marido de una o de dos o de tres mujeres. Y si fundara monasterios y escribiera sobre la puerta: «el camino hacia el santo» —yo diría, sin embargo: ¡para qué! ¡Es una nueva necedad! Habría fundado para sí mismo una casa de corrección y de huida: ¡que le aproveche! Pero yo no creo en ello.

    En la soledad crece lo que uno lleva a ella, también el animal interior. Así la soledad resulta desaconsejable para muchos. ¿Hubo algo más sucio hasta hoy sobre la tierra que los santos del desierto? A su alrededor estaba suelto no solo el diablo —sino también el puerco.

    14 

    Tímidos, avergonzados, torpes, como un tigre al que el salto se le malogró: así, vosotros, hombres superiores, os vi a menudo escabulliros a un lado. Una tirada se os malogró. Pero, vosotros, jugadores de dados, ¡qué importa eso! ¡No aprendisteis a jugar y a burlaros como hay que jugar y burlarse! ¿No estamos sentados siempre a una gran mesa de burla y de juego? Y si se os malogró algo grande, ¿quedasteis por ello vosotros mismos —malogrados? Y si os malograsteis vosotros mismos, ¿se malogró por ello —el hombre? Pero si se malogró el hombre: ¡pues bien! ¡Adelante!

    15

    Cuanto más alta es una cosa por su índole, más raramente resulta bien. Vosotros, hombres superiores aquí presentes, ¿no quedasteis todos —malogrados?

    ¡Tened buen ánimo! ¡Qué importa eso! ¡Cuántas cosas son todavía posibles! ¡Aprended a reíros de vosotros mismos como hay que reír!

    ¡Qué tiene de extraño, además, que quedarais malogrados y resultarais bien a medias, vosotros, medioquebrados! ¿No se agolpa y se empuja en vosotros —el futuro del hombre? Lo más lejano del hombre, lo más profundo, lo más alto hasta las estrellas, su desmesurada fuerza: ¿no espumea todo eso, lo uno contra lo otro, en vuestra olla? ¡Qué tiene de extraño que más de una olla se rompa! ¡Aprended a reíros de vosotros como hay que reír! ¡Vosotros, hombres superiores, oh, cuántas cosas son todavía posibles!

    ¡Y, en verdad, cuánto resultó bien ya! ¡Qué rica es esta tierra en cosas pequeñas, buenas, perfectas, en lo bien logrado!

    ¡Colocad cosas pequeñas, buenas, perfectas en torno a vosotros, vosotros, hombres superiores! Su dorada madurez sana el corazón. Lo perfecto enseña a esperar.

    16

    ¿Cuál fue aquí sobre la tierra hasta hoy el mayor pecado? ¿No fue la palabra del que dijo: «¡Ay de aquellos que aquí ríen!»? ¿No encontró él mismo ninguna razón para reír sobre la tierra? Entonces solo buscó mal. Un niño encuentra aquí todavía razones. Ese —no amó lo suficiente: ¡si no, nos habría amado también a nosotros, los que reímos! Pero nos odió y se burló de nosotros; llanto y rechinar de dientes nos prometió.

    ¿Hay, pues, que maldecir enseguida allí donde no se ama? Eso —me parece de mal gusto. Pero así lo hizo él, ese incondicional. Venía del populacho. Y él mismo simplemente no amó lo suficiente: de lo contrario, se habría enfurecido menos porque no se le amara. Ningún gran amor quiere amor: —quiere más.

    ¡Apartaos de todos esos incondicionales! Eso es una índole pobre, enferma, una índole de populacho: miran con malos ojos esta vida, tienen una mirada maléfica para esta tierra. ¡Apartaos de todos esos incondicionales! Tienen pies pesados y corazones sofocantes: —no saben danzar. ¡Cómo podría serles ligera la tierra!

    17

    Torcidamente se acercan todas las cosas buenas a su meta. Como gatos arquean el lomo, ronronean por dentro ante su dicha cercana, —todas las cosas buenas ríen.

    El paso delata si alguien camina ya por su senda: ¡miradme, pues, andar! Pero quien se acerca a su meta danza. Y, en verdad, no llegué a ser estatua, todavía no estoy ahí, rígido, embotado, pétreo, una columna; amo el correr veloz. Y aunque haya sobre la tierra pantano y densa aflicción: quien tiene pies ligeros corre aun por encima del fango y danza como sobre hielo barrido.

    ¡Levantad vuestros corazones, hermanos míos, alto! ¡Más alto! ¡Y no me olvidéis tampoco las piernas! ¡Levantad también vuestras piernas, vosotros, buenos danzantes, y mejor aún: os sostenéis también sobre la cabeza!

    18

    Esta corona del que ríe, esta corona de rosas: yo mismo me puse esta corona, yo mismo declaré sagrada mi risa. A ningún otro encontré hoy lo bastante fuerte para ello.

    Zaratustra, el danzarín, Zaratustra, el ligero, el que hace señas con las alas, uno presto al vuelo, haciendo señas a todos los pájaros, presto y listo, un bienaventurado ligero: —Zaratustra, el adivino, Zaratustra, el que ríe de verdad, no un impaciente, no un incondicional, uno que ama los saltos y los saltos laterales; ¡yo mismo me puse esta corona!

    19

    ¡Levantad vuestros corazones, hermanos míos, alto! ¡Más alto! ¡Y no me olvidéis tampoco las piernas! ¡Levantad también vuestras piernas, vosotros, buenos danzantes, y mejor aún: os sostenéis también sobre la cabeza!

    También en la dicha hay animales pesados, hay torpes de pies desde el principio. De modo extraño se esfuerzan, como un elefante que se esfuerza en sostenerse sobre la cabeza. Pero mejor aún ser necio por dicha que necio por desdicha, mejor danzar torpemente que caminar cojo. Así pues, aprended de mí mi sabiduría: también la peor cosa tiene dos buenos reversos, — —también la peor cosa tiene buenas piernas de danza: ¡así pues, aprendedme, vosotros, hombres superiores, a poneros vosotros mismos como es debido sobre vuestras piernas! ¡Así pues, desaprendedme el suspirar de aflicción y toda tristeza de populacho! ¡Oh, qué tristes me parecen hoy todavía los Hanswürste del populacho! Pero este hoy es del populacho.

    20

    Imitadme al viento cuando se precipita desde sus cuevas de montaña: al son de su propio silbido quiere danzar; los mares tiemblan y saltan bajo sus pisadas.

    El que da alas a los asnos, el que ordeña a las leonas, alabado sea este espíritu bueno e indomable que llega como un viento de tormenta a todo hoy y a todo populacho, — —el que es enemigo de las cabezas de cardo y de las cabezas puntillosas, y de todas las hojas marchitas y malas hierbas: ¡alabado sea este espíritu de tormenta salvaje, bueno y libre que danza sobre pantanos y aflicciones como sobre praderas! El que odia a los perros farfullantes del populacho y a toda ralea malograda y sombría: ¡alabado sea este espíritu de todos los espíritus libres, la tormenta que ríe, que sopla polvo en los ojos de todos los que ven negro y están ulcerados!

    ¡Vosotros, hombres superiores, lo peor de vosotros es esto: ninguno aprendió a danzar como se debe danzar —a danzar por encima de vosotros mismos! ¿Qué importa que hayáis quedado malogrados? ¡CuántasCosas son todavia posiblesm! ¡Aprended, pues, a reír por encima de vosotros mismos! ¡Levantad vuestros corazones, vosotros, buenos danzantes, alto! ¡Más alto! ¡Y no me olvidéis tampoco la buena risa! Esta corona del que ríe, esta corona de rosas: a vosotros, hermanos míos, os arrojo esta corona. Declaré sagrada la risa; vosotros, hombres superiores, ¡aprendedme —a reír!

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.12. LA SANTA CENA

    En este punto, en efecto, interrumpió el adivino el saludo de Zaratustra y de sus huéspedes: se abrió paso como quien no tiene tiempo que perder, asió la mano de Zaratustra y gritó: «¡Pero Zaratustra! Una cosa es más necesaria que la otra —así hablas tú mismo—: pues bien, una cosa es para mí ahora más necesaria que todas las otras. Una palabra a su debido tiempo: ¿no me has invitado al banquete? Y aquí hay muchos que recorrieron largos caminos. ¿No querrás despacharnos con discursos? También todos habéis pensado ya demasiado, para mi gusto, en el helarse, el ahogarse, el asfixiarse y otros apuros corporales: pero nadie pensó en mi apuro, a saber, en el morir de hambre…»

    (Así habló el adivino; pero cuando los animales de Zaratustra oyeron estas palabras, salieron corriendo espantados. Pues vieron que todo cuanto habían traído a casa durante el día no bastaría para atiborrar a ese único adivino).

    «Incluido el morir de sed —prosiguió el adivino—. Y aunque oigo aquí el agua chapotear como discursos de sabiduría, a saber, abundante e incansablemente: yo —¡quiero vino! No todo el mundo es, como Zaratustra, un bebedor de agua nato. El agua tampoco sirve para los cansados y marchitos: a nosotros nos corresponde el vino —¡solo él da una repentina convalecencia y una salud improvisada!»

    En esta ocasión, cuando el adivino reclamó vino, ocurrió que también el rey de la izquierda, el silencioso, tomó por una vez la palabra. «Del vino —dijo— nos ocupamos nosotros, yo junto con mi hermano, el rey de la derecha: tenemos suficiente vino —todo un asno cargado. Así pues, no falta nada salvo pan».

    «¿Pan? —replicó Zaratustra y rió—. Pero pan solo no tienen los ermitaños. Mas el hombre no vive solo de pan, sino también de carne de buenos corderos, de los que tengo dos: —a esos hay que sacrificarlos sin demora y prepararlos bien sazonados, con salvia: así me gusta. Y tampoco faltan raíces y frutos, lo bastante buenos incluso para golosos y sibaritas; ni nueces y otros enigmas para cascar. Así pues, haremos en breve una buena comida. Pero quien quiera comer con nosotros tendrá también que echar una mano, incluso los reyes. Pues en casa de Zaratustra hasta un rey puede hacer de cocinero».

    Esta propuesta fue del agrado de todos: solo que el mendigo voluntario se erizó contra la carne y el vino y las sazones. «¡Pero escuchad a este glotón de Zaratustra! —dijo en broma—. ¿Se va uno para eso a cuevas y a la alta montaña, para preparar semejantes comidas? Ahora, ciertamente, entiendo lo que una vez nos enseñó: “¡Bendita sea la pequeña pobreza!”. Y por qué quiere abolir a los mendigos».

    «Ten buen ánimo —le respondió Zaratustra—, como lo tengo yo. Sigue con tu costumbre, tú, hombre excelente; masca tus granos, bebe tu agua, alaba tu cocina: ¡con tal de que te alegre!

    Yo soy una ley solo para los míos, yo no soy una ley para todos. Pero quien es de los míos debe ser de huesos fuertes y también de pies ligeros, —alegre para guerras y fiestas, no un sombrío, no un Juan-Soñador, dispuesto para lo más duro como para su fiesta, sano y entero. Lo mejor pertenece a los míos y a mí; y si no nos lo dan, lo tomamos: —¡el mejor alimento, el cielo más puro, los pensamientos más fuertes, las mujeres más bellas!»

    Así habló Zaratustra; pero el rey de la derecha replicó: «¡Extraño! ¿Oyó alguien alguna vez cosas tan inteligentes de boca de un sabio? Y, en verdad, eso es lo más extraño en un sabio: que, además de todo eso, sea también inteligente y no un asno».

    Así habló el rey de la derecha y se asombró; pero el asno respondió a su discurso con mala voluntad: I-A. Pero esto fue el comienzo de aquella larga comida que en los libros de historia es llamada «La última cena». Pero en ella no se habló de nada más que del hombre superior.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.11. EL SALUDO

    No fue hasta última hora de la tarde cuando Zaratustra, tras mucho buscar en vano y andar errante, volvió a su cueva. Pero cuando se hallaba frente a ella, ya a menos de veinte pasos de distancia, ocurrió lo que ahora menos esperaba: oyó de nuevo el gran grito de angustia. Y —¡sorprendente!— esta vez este provenía de su propia cueva. Pero era un grito largo, múltiple, extraño, y Zaratustra distinguió claramente que se componía de muchas voces, aunque, oído desde lejos, pudiera sonar como el grito de una sola boca.

    Entonces Zaratustra se lanzó hacia su cueva, y mira, ¡qué espectáculo le aguardaba ahora después de este espectáculo para los oídos! Pues allí estaban todos sentados juntos, aquellos con quienes se había cruzado durante el día: el rey de la derecha y el rey de la izquierda, el viejo mago, el papa, el mendigo voluntario, la sombra, el concienzudo del espíritu, el triste adivino y el asno; pero el hombre más feo se había puesto una corona y ceñido dos cinturones de púrpura, pues, como todos los feos, le gustaba disfrazarse y dárselas de hermoso. Pero en medio de esta triste compañía estaba el águila de Zaratustra, erizada e inquieta, pues debía responder a demasiadas cosas para las cuales su orgullo no tenía respuesta; la sabia serpiente, en cambio, colgaba en torno a su cuello.

    Todo esto lo contempló Zaratustra con gran asombro; pero entonces examinó a cada uno de sus huéspedes con afable curiosidad, leyó sus almas y se asombró de nuevo. Entretanto, los reunidos se habían levantado de sus asientos y esperaban con reverencia a que Zaratustra hablara. Pero Zaratustra habló así:

    «¡Vosotros, desesperados! ¡Vosotros, extraños! ¿Así que era vuestro grito de angustia el que oí? Y ahora sé también dónde hay que buscar a aquel a quien hoy busqué en vano: el hombre superior… En mi propia cueva está sentado el hombre superior. ¿Pero de qué me asombro? ¿No lo he atraído yo mismo hacia mí mediante sacrificios de miel y astutos reclamos de mi dicha?

    Pero me parece que sois mala compañía unos para otros: os ponéis unos a otros el corazón de mal humor, vosotros, los que gritáis de angustia, cuando estáis aquí sentados juntos, ¿no? Primero tiene que venir alguien —alguien que vuelva a haceros reír, un buen y alegre Hanswurst, un danzarín y viento y espíritu indómito, algún viejo necio—: ¿qué os parece?

    Perdonadme, pues, vosotros, desesperados, que ante vosotros hable con palabras tan pequeñas, indignas, en verdad, de tales huéspedes. Pero no adivináis qué es lo que vuelve travieso mi corazón: vosotros mismos lo hacéis y lo hace vuestro aspecto, ¡perdonádmelo! Pues todo el que contempla a un desesperado se vuelve valeroso. Dar ánimos a un desesperado —para eso cualquiera se cree lo bastante fuerte. A mí mismo me disteis esta fuerza: ¡un buen don, mis elevados huéspedes! ¡Un cabal regalo de huésped! ¡Bien! No os encolericéis ahora porque yo también os ofrezca algo de lo mío.

    Esto de aquí es mi reino y mi dominio; pero lo que es mío, durante esta tarde y esta noche ha de ser vuestro. Mis animales han de serviros: ¡que mi cueva sea vuestro lugar de descanso! En mi casa y en mi hogar nadie ha de desesperar; en mi territorio protejo a cada cual de sus animales salvajes. Y esto es lo primero que os ofrezco: seguridad. Pero lo segundo es: mi dedo meñique. Y una vez que lo tengáis, tomad también la mano entera, ¡bien!, ¡y con ella el corazón! ¡Bienvenidos aquí, bienvenidos, mis amigos huéspedes!»

    Así habló Zaratustra, y rió por amor y por malicia. Después de esta bienvenida, sus huéspedes volvieron a inclinarse y callaron con reverencia; pero el rey de la derecha le respondió en nombre de todos:

    «Por el modo, oh Zaratustra, en que nos ofreciste la mano y el saludo, te reconocemos como Zaratustra. Te humillaste ante nosotros; casi hiciste daño a nuestra reverencia. Pero ¿quién podría, como tú, humillarse con tal orgullo? Eso nos levanta a nosotros mismos; es un refrigerio para nuestros ojos y corazones. Solo por contemplar esto subiríamos con gusto a montañas más altas que esta montaña. Pues vinimos como curiosos espectadores; queríamos ver qué vuelve luminosos los ojos apagados. Y mira, ya ha cesado todo nuestro gritar de angustia. Ya se nos hallan abiertos el sentido y el corazón, y están arrebatados. Poco falta: y nuestro valor se vuelve travieso.

    Nada más grato crece sobre la tierra que una voluntad superior y fuerte: esa es su planta más hermosa. Un paisaje entero se reconforta con semejante árbol. Con el pino comparo a quien, como tú, oh Zaratustra, crece: alto, silencioso, duro, solitario, de la mejor y más flexible madera, magnífico; pero extendiendo al final fuertes ramas verdes hacia su dominio, formulando fuertes preguntas a vientos y tempestades y a cuanto tiene su hogar en las alturas, respondiendo con más fuerza, uno que manda, un vencedor: oh, ¿quién no habría de subir a altas montañas para contemplar tales plantas? También el sombrío, el malogrado, halla refrigerio en este árbol tuyo, oh Zaratustra; al contemplarte, también el inconstante cobra seguridad y cura su corazón. Y, en verdad, hacia tu montaña y tu árbol se dirigen hoy muchos ojos; un gran anhelo se puso en camino, y muchos aprendieron a preguntar: ¿quién es Zaratustra?

    Y todo aquel al que alguna vez le destilaste tu canto y tu miel en el oído: todos los escondidos, los ermitaños, los que viven a pares hablaron de pronto a su corazón: “¿Vive aún Zaratustra? Ya no vale la pena vivir, todo es igual, todo es en vano: o bien… ¡debemos vivir con Zaratustra!”

    “¿Por qué no viene él, que llevaba tanto tiempo anunciándose? —así preguntan muchos—. ¿Lo devoró la soledad? ¿O acaso debemos ir nosotros hasta él?”

    Ahora sucede que la soledad misma se vuelve frágil y se quiebra, como una tumba que se quiebra y ya no puede retener a sus muertos. Por todas partes se ven resucitados. Ahora suben y suben las olas en torno a tu montaña, oh Zaratustra. Y por muy alta que sea tu altura, muchos han de subir hasta ti; tu bote no permanecerá ya mucho tiempo en seco. Y que nosotros, los desesperados, hayamos venido ahora a tu cueva y ya no desesperemos: eso no es sino una señal y un presagio de que otros mejores están en camino hacia ti; pues él mismo está en camino hacia ti, el último resto de Dios entre los hombres, esto es: ¡todos los hombres del gran anhelo, de la gran náusea, del gran hastío, todos los que no quieren vivir a menos que aprendan de nuevo a esperar —o que aprendan de ti, oh Zaratustra, la gran esperanza!»

    Así habló el rey de la derecha, y asió la mano de Zaratustra para besarla; pero Zaratustra rechazó su veneración y retrocedió sobresaltado, en silencio y como huyendo de pronto hacia vastas lejanías. Pero al cabo de un breve rato ya estaba de nuevo junto a sus huéspedes, los miró con ojos claros y escrutadores y dijo:

    «Huéspedes míos, vosotros, hombres superiores, quiero hablar con vosotros en alemán y con claridad. No era a vosotros a quienes esperaba aquí en estas montañas».

    («¿En alemán y con claridad? ¡Que Dios se apiade! —dijo aquí, aparte, el rey de la izquierda—. ¡Se nota que no conoce a los queridos alemanes, este sabio de Oriente! Pero quiere decir “en alemán y con crudeza”… ¡Bien! ¡Ese no es hoy todavía el peor de los gustos!»)

    «Puede que, en verdad, seáis todos hombres superiores —prosiguió Zaratustra—; pero para mí no sois lo bastante altos ni fuertes. Para mí, esto es: para lo inexorable que en mí calla, pero que no siempre callará. Y si me pertenecéis, desde luego no como mi brazo derecho. Pues quien se mantiene él mismo en pie sobre piernas enfermas y delicadas, como vosotros, quiere ante todo, lo sepa o se lo oculte: que se le trate con miramiento. Pero yo no trato con miramiento a mis brazos ni a mis piernas, no trato con miramiento a mis guerreros: ¿cómo podríais servir para mi guerra? Con vosotros se me malograría toda victoria. Y más de uno de vosotros se desplomaría con solo oír el fuerte retumbar de mis tambores.

    Tampoco sois para mí lo bastante hermosos ni bien nacidos. Necesito espejos puros y lisos para mis enseñanzas; en vuestra superficie se distorsiona aún mi propia imagen. Sobre vuestros hombros pesa más de una carga, más de un recuerdo; más de un enano ruin se agazapa en vuestros rincones. También hay en vosotros populacho oculto. Y aunque seáis altos y de índole superior, mucho en vosotros está torcido y deforme. No hay herrero en el mundo que pueda daros la forma debida y enderezaros para mí a martillazos.

    Sois solo puentes: ¡que otros más altos crucen sobre vosotros! Representáis peldaños: así pues, no os encolericéis con aquel que sube por encima de vosotros hasta su altura. De vuestra semilla podría brotar también algún día para mí un hijo genuino y heredero perfecto: pero eso está lejos. Vosotros mismos no sois aquellos a quienes pertenecen mi herencia y mi nombre.

    No es a vosotros a quienes espero aquí en estas montañas; no me es dado descender con vosotros por última vez. Vinisteis a mí únicamente como presagio de que otros más altos ya están en camino hacia mí: no los hombres del gran anhelo, de la gran náusea, del gran hastío, ni aquello que llamasteis el resto de Dios. ¡No! ¡No! ¡Tres veces no! Es a otros a quienes espero aquí en estas montañas, y no quiero levantar el pie de aquí sin ellos: a otros más altos, más fuertes, más victoriosos, más animosos, tales que están construidos a escuadra en cuerpo y alma. ¡Tienen que venir leones rientes!

    ¡Oh, mis amigos huéspedes, vosotros, extraños! ¿Aún no oísteis nada de mis hijos? ¿Y que están de camino hacia mí? Habladme, pues, de mis jardines, de mis islas bienaventuradas, de mi nueva y hermosa especie —¿por qué no me habláis de ello? Este regalo de huésped se lo pido a vuestro amor: que me habléis de mis hijos. Para esto soy rico, para esto me volví pobre: ¿qué no entregué yo —qué no entregaría— para tener una sola cosa: estos hijos, esta viviente plantación, estos árboles de vida de mi voluntad y de mi más alta esperanza?»

    Así habló Zaratustra e hizo de pronto una pausa en su discurso, pues lo asaltó su anhelo, y cerró los ojos y la boca ante la agitación de su corazón. Y también todos sus huéspedes callaron y permanecieron en pie, inmóviles y sobrecogidos: solo el viejo adivino hacía señas con las manos y con ademanes.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.10. A MEDIODÍA

    Y Zaratustra corrió y corrió y no encontró ya a nadie, y estuvo solo, y se encontró una y otra vez a sí mismo, y gozó y sorbió su soledad y pensó en cosas buenas —durante horas. Pero hacia la hora del mediodía, cuando el sol estaba justo sobre la cabeza de Zaratustra, pasó junto a un viejo árbol torcido y nudoso, abrazado por todas partes por el rico amor de una vid y oculto a sí mismo: de él colgaban amarillas uvas en abundancia, saliendo al encuentro del caminante. Entonces le entró el deseo de apagar una pequeña sed y arrancar para sí un racimo; pero cuando ya extendía el brazo para ello, le entró todavía más el deseo de algo distinto: a saber, tenderse junto al árbol, a la hora del mediodía perfecto, y dormir.

    Esto hizo Zaratustra; y en cuanto estuvo tendido en el suelo, en la quietud y el secreto de la hierba multicolor, ya había olvidado también su pequeña sed y se quedó dormido. Pues, como dice el proverbio de Zaratustra: una cosa es más necesaria que la otra. Solo que sus ojos permanecieron abiertos: —pues no se saciaban de ver y alabar el árbol y el amor de la vid. Pero, mientras se dormía, Zaratustra habló así a su corazón:

    ¡Silencio! ¡Silencio! ¿No acaba de volverse perfecto el mundo? ¿Qué me sucede, pues? Como un delicado viento, sin ser visto, danza sobre un mar entablado, ligero, pluma-ligero: así —danza el sueño sobre mí. No me cierra ojo alguno, me deja el alma despierta. Ligero es, en verdad, pluma-ligero. Me persuade, no sé cómo; me da toques por dentro con mano halagadora, me obliga. Sí, me obliga a que mi alma se estire: —¡cómo se me vuelve larga y cansada, mi extraña alma! ¿Le llegó acaso la tarde de un séptimo día justo a mediodía? ¿Caminó ya demasiado tiempo, bienaventurada, entre cosas buenas y maduras? Se estira larga, larga, —¡más larga aún! Yace quieta, mi extraña alma. Ya ha probado demasiado de lo bueno; esta dorada tristeza la oprime, tuerce la boca.

    —Como un barco que entró en su bahía más quieta: —ahora se apoya en la tierra, cansado de los largos viajes y de los mares inciertos. ¿No es la tierra más fiel? Cuando un barco así se arrima a tierra, se acurruca contra ella: —entonces basta con que una araña tienda hasta él su hilo desde tierra. Allí no hacen falta amarras más fuertes. Como un barco así, cansado, en la bahía más quieta: así descanso también yo ahora cerca de la tierra, fiel, confiado, a la espera, atado a ella con los hilos más tenues.

    ¡Oh dicha! ¡Oh dicha! ¿Quieres quizá cantar, oh alma mía? Yaces en la hierba. Pero esta es la hora secreta y solemne en la que ningún pastor toca su flauta. ¡Ten cuidado! El ardiente mediodía duerme sobre los campos. ¡No cantes! ¡Silencio! El mundo es perfecto. ¡No cantes, tú, ave de la hierba, oh alma mía! ¡Ni siquiera susurres! Mira —¡silencio!—: el viejo mediodía duerme, mueve la boca: ¿no bebe ahora mismo una gota de dicha, una vieja gota parda de dorada dicha, de dorado vino? Algo pasa fugazmente sobre él, su dicha ríe. Así —ríe un dios. ¡Silencio!—

    «¡Por dicha, qué poco basta para la dicha!». Así hablé yo una vez y me tuve por inteligente. Pero era una blasfemia: eso lo aprendí ahora. Los necios inteligentes hablan mejor. Precisamente lo más mínimo, lo más quedo, lo más ligero, el rumor de una lagartija, un soplo, un pasar fugaz, un parpadeo —lo poco constituye la índole de la mejor dicha. ¡Silencio!

    —¿Qué me sucedió? ¡Escucha! ¿Acaso se alejó volando el tiempo? ¿No caigo? ¿No caí —¡escucha!— en el pozo de la eternidad? —¿Qué me sucede? ¡Silencio! ¿Me punza —¡ay!— en el corazón? ¡En el corazón! ¡Oh, hazte pedazos, hazte pedazos, corazón, tras tal dicha, tras tal punzada! —¿Cómo? ¿No acaba de volverse perfecto el mundo? ¿Redondo y maduro? ¡Oh, el dorado y redondo aro! ¿Adónde vuela acaso? ¿Corro tras él? ¡Deprisa! Silencio… (Y aquí Zaratustra se estiró y sintió que dormía.)

    «¡Arriba! —se dijo a sí mismo—. ¡Tú, durmiente! ¡Tú, durmiente de mediodía! ¡Ea, arriba, viejas piernas! Es tiempo y sobretiempo; aún os queda más de un buen trecho de camino — Ahora habéis dormido hasta saciaros —¿cuánto tiempo, pues? ¡Media eternidad! ¡Ea, arriba ahora, mi viejo corazón! ¿Cuánto tiempo te llevará aún después de tal sueño —despertarte del todo?». (Pero entonces ya se quedó dormido de nuevo, y su alma habló contra él y se resistió y volvió a tenderse.) —«¡Déjame! ¡Silencio! ¿No acaba de volverse perfecto el mundo? ¡Oh, la dorada y redonda bola!».

    «¡Levántate —dijo Zaratustra—, tú, pequeña ladrona, tú, ladrona del día! ¿Cómo? ¿Aún estirarse, bostezar, suspirar, caer en hondos pozos? ¡Quién eres, pues! ¡Oh, alma mía!» (y aquí se sobresaltó, pues un rayo de sol cayó del cielo sobre su rostro). «¡Oh, cielo sobre mí! —dijo suspirando y se sentó erguido—. ¿Me miras? ¿Escuchas atentamente a mi extraña alma? ¿Cuándo beberás esta gota de rocío que cayó sobre todas las cosas de la tierra? ¿Cuándo beberás esta extraña alma? ¿Cuándo, pozo de la eternidad? ¡Tú, sereno y pavoroso abismo-mediodía! ¿Cuándo beberás mi alma de vuelta en ti?»

    Así habló Zaratustra y se levantó de su lecho junto al árbol como de una extraña embriaguez: y mira, allí estaba el sol todavía justo sobre su cabeza. Pero de ello podría uno deducir con razón que Zaratustra no había dormido mucho en aquella ocasión.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.9. LA SOMBRA

    Pero apenas se había alejado corriendo el mendigo voluntario y estaba Zaratustra de nuevo a solas consigo mismo, cuando oyó detrás de sí una nueva voz, que gritaba: “¡Alto! ¡Zaratustra! ¡Espera, pues! ¡Soy yo, oh Zaratustra, yo, tu sombra!” Pero Zaratustra no esperó, pues le sobrevino un repentino fastidio por tanta afluencia y tanto apretujamiento en sus montañas. “¿Dónde ha ido a parar mi soledad? —dijo—. Esto se me hace, en verdad, demasiado; este macizo hormiguea, mi reino ya no es de este mundo, necesito nuevas montañas. ¿Mi sombra me llama? ¡Qué importa mi sombra! ¡Que corra tras de mí! Yo —me alejo corriendo de ella”.

    Así habló Zaratustra a su corazón y se alejó corriendo. Pero el que estaba detrás de él le siguió: de modo que al punto eran allí tres los que corrían, uno tras otro; a saber: delante el mendigo voluntario, luego Zaratustra y, como tercero y último, su sombra. No corrieron así mucho tiempo, cuando Zaratustra cayó en la cuenta de su necedad y, de un tirón, se sacudió de encima todo fastidio y hartazgo. “¡Cómo! —dijo—. ¿No han sucedido desde siempre las cosas más ridículas entre nosotros, viejos ermitaños y santos? En verdad, mi necedad alcanzó gran altura en las montañas. ¡Ahora oigo traquetear, una tras otra, seis viejas piernas de necios! Pero ¿puede acaso Zaratustra tener miedo de una sombra? También me parece, a fin de cuentas, que tiene las piernas más largas que yo”.

    Así habló Zaratustra, riendo con ojos y entrañas, se detuvo y se dio rápidamente la vuelta —y mira, casi derribó con ello a su seguidor y sombra: tan pegado iba ya este a sus talones, y tan débil era también. Pues cuando lo examinó con la mirada, se sobresaltó como ante un espectro repentino: tan flaco, negruzco, hueco y consumido parecía este seguidor. “¿Quién eres? —preguntó Zaratustra con vehemencia—. ¿Qué haces aquí? ¿Y por qué te llamas mi sombra? No me gustas”.

    “Perdóname —respondió la sombra— que sea yo; y si no te gusto, pues bien, oh Zaratustra, en eso te elogio a ti y a tu buen gusto. Un caminante soy yo, que ya ha caminado mucho tras tus talones: siempre de camino, pero sin meta, también sin hogar; de modo que, en verdad, poco me falta para ser el Judío Errante, salvo que no soy eterno, y tampoco judío. ¿Cómo? ¿He de estar siempre de camino? ¿Arremolinado por cada viento, errante, arrastrado sin cesar? ¡Oh tierra, te me has vuelto demasiado redonda!

    Sobre toda superficie me he sentado ya; como polvo cansado me dormí sobre espejos y vidrios de ventana: todo me quita, nada me da, voy adelgazando —casi me parezco a una sombra. Pero tras de ti, oh Zaratustra, volé y marché durante más tiempo; y aunque me he escondido de ti, he sido, pese a todo, tu mejor sombra: dondequiera que tú te has sentado, me he sentado yo también.

    Contigo he andado por los mundos más remotos, más fríos, como un espectro que voluntariamente corre sobre tejados invernales y nieve. Contigo me lancé hacia todo lo prohibido, lo peor, lo más remoto: y si algo en mí es virtud, es que no tuve miedo de prohibición alguna. Contigo hice pedazos lo que alguna vez veneró mi corazón; derribé todos los mojones y las imágenes, corrí tras los deseos más peligrosos —en verdad, pasé una vez por encima de cada crimen. Contigo desaprendí la fe en palabras y valores y grandes nombres. Cuando el diablo muda de piel, ¿no se le cae también su nombre? Pues también el nombre es piel. El diablo mismo es quizá —piel.

    “Nada es verdadero, todo está permitido”: así me decía para darme ánimo. En las aguas más frías me precipité con cabeza y corazón. ¡Ay, cuántas veces me encontré por ello desnudo como un rojo cangrejo! ¡Ay, adónde se me fue todo lo bueno y toda vergüenza y toda fe en los buenos! ¡Ay, dónde está aquella mentirosa inocencia que una vez poseí, la inocencia de los buenos y de sus nobles mentiras!

    Demasiado a menudo, en verdad, seguí a la verdad pegado a sus talones: entonces ella me dio una patada en la cabeza. A veces creí mentir, y mira, solo entonces di —con la verdad. Demasiado se me aclaró: ahora ya nada me concierne. Nada vive ya que yo ame —¿cómo habría aún de amarme a mí mismo? “Vivir como tenga ganas, o no vivir en absoluto”: así lo quiero, así lo quiere también el más santo. Pero, ¡ay! ¿cómo he de tener aún —ganas? ¿Tengo —aún una meta? ¿Un puerto hacia el que vaya mi vela? ¿Un buen viento? ¡Ay, solo quien sabe adónde navega sabe también qué viento es bueno y cuál es su viento propicio! ¿Qué me quedó aún? Un corazón cansado e insolente; una voluntad inconstante; alas de revoloteo; una columna vertebral rota. Este buscar mi hogar: oh Zaratustra, bien lo sabes, este buscar fue mi azote, me devora. “¿Dónde está —mi hogar?” Por él pregunto y busco y busqué, y no lo encontré. ¡Oh eterno en todas partes, oh eterno en ninguna parte, oh eterno —en vano!”

    Así habló la sombra, y el rostro de Zaratustra se alargó al oír sus palabras. “Tú eres mi sombra —dijo al fin con tristeza—. Tu peligro no es pequeño, tú, espíritu libre y caminante. Has tenido un mal día: mira que no te venga una tarde peor. A inconstantes como tú, al fin hasta una cárcel les parece bienaventurada. ¿Has visto alguna vez cómo duermen los criminales encarcelados? Duermen tranquilos, disfrutan de su nueva seguridad. ¡Guárdate de que al final te encarcele todavía una fe estrecha, un delirio duro, severo! Pues ahora ya te seduce y te tienta todo lo que es estrecho y firme.

    Has perdido la meta: ¡ay! ¿cómo vas a malbaratar y a sobrellevar esa pérdida? Con ello —has perdido también el camino. ¡Tú, pobre errante, soñador, tú, cansada mariposa! ¿Quieres esta tarde tener un descanso y morada? Entonces sube a mi cueva. Hacia allí conduce el camino a mi cueva.

    Y ahora quiero alejarme de nuevo corriendo de ti. Ya pesa sobre mí como una sombra. Quiero correr solo, para que vuelva a haber claridad en torno a mí. Para eso tengo que seguir todavía mucho tiempo alegre sobre las piernas. Pero esta tarde, en mi casa —¡se danza!” — —

    Así habló Zaratustra.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.8. EL MENDIGO VOLUNTARIO

    Cuando Zaratustra hubo dejado al hombre más feo, tuvo frío y se sintió solo: pues muchas cosas frías y solitarias le pasaron por los sentidos, así que, por ello, también sus miembros se enfriaron. Pero conforme seguía subiendo y subiendo —arriba, abajo—, unas veces junto a verdes prados, pero también sobre salvajes lechos pedregosos, donde acaso antaño se había tendido a dormir un impaciente arroyo, se le hizo otra vez más cálido y más cordial el ánimo.

    «¿Qué me ha sucedido? —se preguntó—. Algo cálido y vivo me reconforta, eso tiene que estar cerca de mí. Ya estoy menos solo; compañeros y hermanos inconscientes vagan a mi alrededor, su cálido aliento toca mi alma».

    Pero cuando miró a su alrededor y buscó a los consoladores de su soledad: mira, eran vacas, que estaban juntas sobre una altura; su proximidad y su olor habían calentado su corazón. Pero aquellas vacas parecían escuchar con empeño a alguien que hablaba y no prestaron atención al que se acercaba. Pero cuando Zaratustra estuvo ya muy cerca de ellas, oyó claramente que una voz humana hablaba desde en medio de las vacas; y era evidente que todas habían vuelto sus cabezas hacia el que hablaba.

    Entonces Zaratustra saltó hacia arriba con ímpetu y apartó a los animales, pues temía que allí a alguien le hubiese ocurrido algún mal, al que difícilmente podría poner remedio la compasión de las vacas. Pero en esto se había engañado; pues mira, allí estaba sentado un hombre en el suelo y parecía hablarles a los animales para que no tuvieran miedo de él, un hombre pacífico y predicador de montaña, desde cuyos ojos predicaba la bondad misma. «¿Qué buscas aquí?», gritó Zaratustra con extrañeza.

    «¿Qué busco aquí? —respondió él—. Lo mismo que buscas tú, perturbador: a saber, la dicha en la tierra. Pero para eso querría aprender de estas vacas. Pues, ya sabes, media mañana llevo hablándoles, y ahora mismo querían darme respuesta. ¿Por qué, pues, las perturbas?

    Si no nos volvemos y nos hacemos como las vacas, no entraremos en el reino de los cielos. Pues deberíamos aprender una cosa de ellas: el rumiar. Y en verdad, aunque el hombre ganase el mundo entero y no aprendiese esa única cosa, el rumiar: ¿de qué le aprovecharía? No se libraría de su aflicción —de su gran aflicción: que hoy se llama náusea. ¿Quién no tiene hoy el corazón, la boca y los ojos llenos de náusea? ¡También tú! ¡También tú! ¡Pero mira estas vacas!»

    Así habló el predicador de la montaña y volvió entonces su propia mirada hacia Zaratustra —pues hasta entonces su mirada estaba amorosamente prendida de las vacas—: pero entonces se transformó. «¿Quién es ese con quien hablo? —gritó sobresaltado y saltó del suelo—. Este es el hombre sin náusea, este es Zaratustra mismo, el superador de la gran náusea; este es el ojo, esta es la boca, este es el corazón de Zaratustra mismo». Y, mientras así hablaba, besaba las manos de aquel a quien hablaba, con los ojos desbordantes, y se comportaba por completo como uno a quien un precioso regalo y una joya le caen de improviso del cielo. Pero las vacas contemplaban todo aquello y se maravillaban.

    «¡No hables de mí, tú extraño! ¡Encantador! —dijo Zaratustra, y rechazó sus muestras de ternura—, ¡háblame primero de ti! ¿No eres tú el mendigo voluntario, que una vez arrojó lejos de sí una gran riqueza, —el que se avergonzó de su riqueza y de los ricos, y huyó hacia los más pobres, para regalarles su plenitud y su corazón? Pero ellos no lo aceptaron».

    «Pero ellos no me aceptaron —dijo el mendigo voluntario—, ya lo sabes. Así que al final me fui a los animales y a estas vacas».

    «Ahí aprendiste —interrumpió Zaratustra al que hablaba— cuánto más difícil es dar bien que recibir bien, y que regalar bien es un arte y el último y más astuto arte magistral de la bondad».

    «Especialmente hoy —respondió el mendigo voluntario—: hoy, en efecto, cuando todo lo bajo se volvió rebelde y receloso y, a su manera, altivo: a saber, a la manera del populacho. Pues llegó la hora, ya lo sabes, de la gran, mala, larga y lenta insurrección del populacho y de los esclavos: ¡esa crece y crece! Ahora indigna a los bajos todo hacer el bien y todo pequeño dar; ¡y que los riquísimos estén en guardia! Quien hoy gotea, como las botellas barrigonas, por cuellos demasiado estrechos: —a tales botellas se les rompe hoy de buen grado el cuello. Codicia lasciva, envidia biliosa, amargado afán de venganza, orgullo de populacho: todo eso me saltó a la cara. Ya no es verdad que los pobres sean bienaventurados. Pero el reino de los cielos está con las vacas».

    «¿Y por qué no está con los ricos?» —preguntó Zaratustra, poniéndolo a prueba, mientras contenía a las vacas, que resoplaban confiadas hacia el hombre pacífico.

    «¿Por qué me pones a prueba? —respondió este—. Tú mismo lo sabes aún mejor que yo. ¿Qué me empujó, pues, hacia los más pobres, oh Zaratustra? ¿No fue la náusea ante nuestros más ricos? —ante los forzados de la riqueza, que rebuscan su ventaja en cada montón de basura, con ojos fríos, pensamientos lúbricos; ante esa chusma que apesta hasta el cielo, —ante ese populacho dorado y falsificado, cuyos padres fueron rateros o aves carroñeras o traperos, con mujeres complacientes, lascivas, olvidadizas: —pues a todas, en efecto, les falta poco para ser putas—. ¡Populacho arriba, populacho abajo! ¿Qué significan hoy todavía “pobre” y “rico”? Esa distinción la desaprendí; —entonces huí de allí, más lejos, siempre más lejos, hasta que vine a estas vacas».

    Así habló el pacífico y él mismo resoplaba y sudaba al decir estas palabras: de modo que las vacas se maravillaron de nuevo. Pero Zaratustra lo miraba siempre a la cara sonriendo, mientras hablaba con tanta dureza, y a la vez sacudía en silencio la cabeza. «Te haces violencia, tú, predicador de la montaña, cuando empleas palabras tan duras. Para tal dureza no te crecieron la boca ni el ojo. Tampoco, según me parece, tu propio estómago: no soporta todo ese encolerizarse y odiar y desbordarse. Tu estómago quiere cosas más suaves: tú no eres un carnicero. Más bien me pareces un hombre de plantas y raíces. Quizá tritures granos. Pero ciertamente eres reacio a los placeres de la carne y amas la miel».

    «Me adivinaste bien —respondió el mendigo voluntario, con el corazón aliviado—. Amo la miel, trituro también granos, pues busqué lo que es agradable al paladar y hace puro el aliento: —también lo que requiere mucho tiempo, una labor de día y de boca para apacibles holgazanes y ladrones del día. Pero quienes más lejos llegaron, ciertamente, fueron estas vacas: se inventaron el rumiar y el tenderse al sol. También se abstienen de todos los pensamientos pesados que hinchan el corazón».

    «¡Bien! —dijo Zaratustra—: deberías ver también a mis animales, a mi águila y mi serpiente: hoy no hay en la tierra otros como ellos. Mira, hacia allí conduce el camino a mi cueva: sé esta noche su huésped. Y habla con mis animales de la dicha de los animales, —hasta que yo mismo vuelva a casa. Pues ahora me llama con urgencia un grito de angustia lejos de ti. También hallarás nueva miel en mi casa, miel de oro de panal, fresca como el hielo: ¡cómela! Pero ahora despídete al punto de tus vacas, tú, extraño, ¡encantador!, aunque te cueste. Pues son tus más cálidas amigas y maestras».

    «—Excepto a uno, al que quiero aún más —respondió el mendigo voluntario—. ¡Tú mismo eres bueno y mejor aún que una vaca, oh Zaratustra!»

    «¡Fuera, fuera contigo, tú, malvado adulador! —gritó Zaratustra con malicia—. ¿Por qué me echas a perder con tal elogio y miel de adulación?» «¡Fuera, fuera de mí!» —gritó una vez más y blandió su bastón contra el tierno mendigo: pero este salió corriendo a toda prisa.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.7. EL HOMBRE MÁS FEO

    Y otra vez corrieron los pies de Zaratustra por montañas y bosques, y sus ojos buscaban y buscaban, pero en ninguna parte se dejaba ver aquel a quien querían ver: el gran afligido y el que gritaba de angustia. Pero a lo largo de todo el camino se regocijaba en su corazón y estaba agradecido. «¡Qué buenas cosas —dijo— me regaló este día, en compensación por haber empezado mal! ¡Qué extraños interlocutores encontré! En sus palabras quiero ahora masticar largo tiempo como en buenos granos; mi diente ha de molerlas y machacarlas bien menudas, hasta que fluyan a mi alma como leche.» —

    Pero cuando el camino volvió a doblar en torno a un peñasco, de golpe cambió el paisaje, y Zaratustra entró en un reino de la muerte. Aquí se erguían abruptos riscos negros y rojos: ni hierba, ni árbol, ni voz de pájaro. Era, en efecto, un valle que evitaban todos los animales, incluso las bestias de presa; solo una especie de serpientes feas, gruesas y verdes, cuando se hacían viejas, venían aquí a morir. Por eso los pastores llamaban a este valle «Muerte de serpientes».

    Pero Zaratustra se hundió en un negro recuerdo, pues le pareció como si ya una vez hubiera estado en este valle. Y muchas cosas graves se posaron sobre su ánimo: de tal modo que caminó lentamente, y cada vez más lentamente, y finalmente se detuvo. Entonces vio, cuando abrió los ojos, algo que estaba sentado junto al camino, con forma de hombre y apenas de hombre, algo indecible. Y de un golpe sobrevino a Zaratustra la gran vergüenza de haber contemplado con los ojos algo semejante: enrojeciendo hasta su blanco cabello, desvió la mirada y alzó el pie para abandonar aquel terrible lugar. Pero entonces el yermo muerto se hizo sonoro: desde el suelo, en efecto, brotó algo gorgoteando y estertoreando, como de noche gorgotea y estertorea el agua por cañerías atascadas; y finalmente surgió de aquello una voz humana y un habla humana: —que decía así.

    «¡Zaratustra! ¡Zaratustra! ¡Adivina mi enigma! ¡Habla, habla! ¿Qué es la venganza contra el testigo? Te atraigo de vuelta, ¡aquí hay hielo resbaladizo! ¡Ten cuidado, ten cuidado, no vaya tu orgullo a romperse aquí las piernas! Te tienes por sabio, tú, orgulloso Zaratustra. ¡Pues adivina el enigma, tú, duro cascanueces, —el enigma que yo soy! Habla, pues: ¿quién soy yo?»

    Pero cuando Zaratustra oyó estas palabras —¿qué pensáis que ocurrió entonces en su alma? Le asaltó la compasión; y de golpe se desplomó, como un roble que durante mucho tiempo resistió a muchos leñadores —pesado, de repente, para espanto incluso de aquellos que querían talarlo. Pero ya se alzó de nuevo del suelo, y su semblante se endureció.

    «Bien te reconozco —dijo con una voz de bronce—: ¡tú eres el asesino de Dios! Déjame ir. No soportaste a aquel que te veía —que te veía siempre y hasta el fondo, tú, el hombre más feo. ¡Te vengaste de ese testigo!»

    Así habló Zaratustra y quiso irse; pero el indecible asió un extremo de su manto y comenzó de nuevo a gorgotear y a buscar palabras. «¡Quédate! —dijo al fin—, ¡quédate! ¡No pases de largo! Adiviné qué hacha te derribó: ¡salud a ti, oh Zaratustra, porque de nuevo estás en pie! Adivinaste, lo sé bien, cómo se siente aquel que lo mató —el asesino de Dios. ¡Quédate! Siéntate aquí a mi lado, no es en vano. ¿A quién habría de ir, si no es a ti? ¡Quédate, siéntate! ¡Pero no me mires! ¡Honra así —mi fealdad! Me persiguen: ahora eres mi último refugio. No con su odio, no con sus esbirros: —¡oh, de tal persecución me burlaría y estaría orgulloso y alegre!

    ¿No ha estado todo éxito hasta ahora del lado de los bien-perseguidos? Y quien persigue bien aprende fácilmente a seguir: —pues, al fin y al cabo, ya está —detrás. Pero es la compasión de ellos —la compasión de ellos— ante la que huyo y a ti me acojo. Oh Zaratustra, protégeme, tú, mi último refugio, tú, el único que me adivinaste: —tú adivinaste cómo se siente aquel que lo mató. ¡Quédate! Y si quieres irte, tú, impaciente: no vayas por el camino que yo vine. El camino es malo. ¿Te irritas conmigo porque ya demasiado tiempo hablo-chapurreo? ¿Porque incluso te aconsejo? Pero sábelo: soy yo, el hombre más feo, —el que también tiene los pies más grandes y más pesados. Donde yo caminé, el camino es malo. Yo piso todos los caminos hasta dejarlos muertos y destrozados.

    Pero que tú pasaste de largo junto a mí, callando; que enrojeciste, lo vi bien: por eso te reconocí como Zaratustra. Cualquier otro me habría arrojado su limosna, su compasión, con la mirada y la palabra. Pero para eso —no soy lo bastante mendigo, eso lo adivinaste—, para eso soy demasiado rico, rico en lo grande, en lo terrible, en lo más feo, en lo más indecible. ¡Tu vergüenza, oh Zaratustra, me honró! A duras penas salí del apretujón de los compasivos, —para encontrar al único que hoy enseña «la compasión es impertinente» —a ti, oh Zaratustra. —Sea la compasión de un dios, sea la de los hombres: la compasión va contra el pudor. Y no querer ayudar puede ser más noble que esa virtud que salta a socorrer.

    Pero eso se llama hoy la virtud misma entre toda la gente pequeña, la compasión: —no tienen reverencia ante la gran desdicha, ante la gran fealdad, ante el gran malogro. Por encima de todos estos miro, como un perro mira por encima de los lomos de rebaños de ovejas que pululan. Son pequeñas gentes lanosas, de buena voluntad, grises. Como una garza mira con desprecio por encima de estanques someros, con la cabeza echada hacia atrás: así miro yo por encima del hormigueo de pequeñas olas grises y voluntades y almas. Demasiado tiempo se les ha dado la razón a esas gentes pequeñas: así se les dio al fin también el poder —ahora enseñan: «bueno es solo lo que las gentes pequeñas llaman bueno».

    Y «verdad» se llama hoy a lo que dijo el predicador que procedía él mismo de entre ellos, ese extraño santo y abogado de las gentes pequeñas, el cual dio testimonio de sí mismo: «yo —soy la verdad». Este insolente hace ya mucho tiempo que les hincha la cresta a las gentes pequeñas —él, que no enseñó un pequeño error cuando enseñó: «yo —soy la verdad». ¿Se respondió jamás con mayor cortesía a un insolente? —Pero tú, oh Zaratustra, pasaste de largo junto a él y dijiste: «¡No! ¡No! ¡Tres veces no!». Tú advertiste contra su error, tú advertiste como el primero contra la compasión —no a todos, no a ninguno, sino a ti y a los de tu especie.

    Tú te avergüenzas ante la vergüenza del gran sufriente; y en verdad, cuando dices: «De la compasión viene una gran nube; ¡tened cuidado, vosotros, hombres!» —cuando enseñas: «Todos los creadores son duros, todo gran amor está por encima de su compasión»: oh Zaratustra, ¡qué bien me pareces instruido en los signos del tiempo! Pero tú mismo —¡adviértete también a ti mismo contra tu compasión! Pues muchos van de camino hacia ti, muchos que sufren, que dudan, que desesperan, que se ahogan, que se hielan—. Yo te advierto también contra mí. Tú adivinaste mi mejor, mi peor enigma, a mí mismo y lo que hice. Yo conozco el hacha que te derriba.

    Pero él —debía morir: él veía con ojos que lo veían todo, —veía las profundidades y los fondos del hombre, toda su ignominia y fealdad ocultas. Su compasión no conocía la vergüenza: se arrastraba hasta mis rincones más sucios. Este curiosísimo, ultra-entrometido, ultra-compasivo debía morir. Él me veía siempre: de un testigo así quería yo vengarme —o no vivir yo mismo. El Dios que lo veía todo, también al hombre: este Dios debía morir. El hombre no soporta que viva un testigo así».

    Así habló el hombre más feo. Pero Zaratustra se levantó y se dispuso a marcharse, pues se estremecía de frío hasta las entrañas. «Tú, indecible —dijo—, tú me advertiste de tu camino. En agradecimiento por ello te recomiendo el mío. Mira, allá arriba está la cueva de Zaratustra. Mi cueva es grande y profunda y tiene muchos rincones; allí encuentra su escondite el más escondido. Y muy cerca de ella hay cien escondrijos y vericuetos para el bicherío que repta, aletea y salta. Tú, expulsado, que te expulsaste a ti mismo, ¿no quieres vivir entre los hombres y la compasión de los hombres? Bien, pues ¡haz como yo! Así aprendes tú también de mí; solo el que hace aprende. ¡Y habla primero y, por lo pronto, con mis animales! El animal más orgulloso y el animal más sabio —bien podrían ser para nosotros dos los consejeros adecuados.» — —

    Así habló Zaratustra y siguió su camino, aún más pensativo y más lento que antes: pues se preguntaba muchas cosas y no sabía responderse fácilmente. «¡Qué pobre es, sin embargo, el hombre! —pensó en su corazón—, ¡qué feo, qué estertoroso, qué lleno de oculta vergüenza! Me dicen que el hombre se ama a sí mismo: ¡ay, qué grande debe de ser este amor de sí! ¡Cuánto desprecio tiene contra sí! También este de ahí se amaba: ¡cómo se despreciaba! —un gran amante es para mí y un gran despreciador. A ninguno encontré aún que se hubiera despreciado más profundamente: también eso es altura. ¡Ay! ¿Era quizá aquel el hombre superior cuyo grito escuché? Amo a los grandes despreciadores. Pero el hombre es algo que debe ser superado.» — —

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.6. AUSSER DIENST («FUERA DE SERVICIO»)

    Pero no mucho después de haberse zafado Zaratustra del mago, vio de nuevo a alguien sentado junto al camino que recorría, a saber, un hombre alto, vestido de negro, con un pálido rostro demacrado: este le disgustó sobremanera. «¡Ay! —dijo a su corazón—, ahí está sentada la aflicción embozada; eso me parece de la índole de los sacerdotes: ¿qué quieren esos en mi reino? ¡Cómo! Apenas he escapado de aquel mago: ¿ha de cruzárseme otra vez en el camino otro hechicero negro, —algún brujo de imposición de manos, un oscuro hacedor de milagros por la gracia de Dios, un ungido calumniador del mundo, ¡al que ojalá se lleve el diablo! Pero el diablo nunca está en el sitio donde estaría en su sitio: siempre llega demasiado tarde, ese maldito enano y patizambo». —

    Así maldijo Zaratustra, impaciente en su corazón, y pensó cómo podría escurrirse junto al hombre negro con la mirada apartada; pero mira, ocurrió de otro modo. Pues en ese mismo instante ya lo había visto el que estaba sentado; y, no muy distinto de alguien a quien le sobreviene una dicha inesperada, se puso en pie de un salto y se dirigió hacia Zaratustra.

    «Quienquiera que seas, tú, caminante —dijo—, ayuda a un extraviado, a un buscador, a un anciano que aquí puede fácilmente sufrir algún daño. Este mundo de aquí me es extraño y lejano, también oí aullar a bestias salvajes; y aquel que habría podido ofrecerme amparo, ese ya no existe. Yo buscaba al último hombre piadoso, a un santo y ermitaño que, solo en su bosque, aún no había oído nada de aquello que hoy sabe todo el mundo».

    «¿Qué sabe hoy todo el mundo? —preguntó Zaratustra—. ¿Acaso esto: que el viejo Dios ya no vive, en quien todo el mundo creyó una vez?»

    «Tú lo has dicho —respondió el anciano, afligido—. Y yo serví a ese viejo Dios hasta su última hora. Pero ahora estoy fuera de servicio, sin señor, y, sin embargo, no libre, ni alegre ya una sola hora, salvo en los recuerdos. Para eso subí a estas montañas, para celebrar por fin de nuevo una fiesta, como corresponde a un viejo papa y Padre de la Iglesia; pues sábelo: ¡soy el último papa! —una fiesta de piadosos recuerdos y oficios divinos. Pero ahora está muerto él mismo, el hombre más piadoso, aquel santo en el bosque, que alababa constantemente a su Dios con cantos y murmullos. A él mismo ya no lo hallé cuando hallé su cabaña, —pero sí dos lobos dentro, que aullaban por su muerte —pues todos los animales lo amaban. Entonces eché a correr. ¿Vine, pues, en vano a estos bosques y montañas? Entonces se resolvió mi corazón a buscar a otro, al más piadoso de todos los que no creen en Dios —, ¡a buscar a Zaratustra!»

    Así habló el anciano y miró con mirada penetrante a aquel que estaba ante él; pero Zaratustra asió la mano del viejo papa y la contempló largo tiempo con admiración. «¡Mira ahí, venerable! —dijo entonces—, ¡qué mano tan hermosa y larga! Esa es la mano de uno que siempre ha repartido bendiciones. Pero ahora sujeta con firmeza a aquel al que tú buscas, a mí, a Zaratustra. Soy yo, el impío Zaratustra, el que dice: “¿quién es más impío que yo, para que me alegre de su enseñanza?”» —

    Así habló Zaratustra y horadó con sus miradas los pensamientos y los pensamientos detrás de los pensamientos del viejo papa. Al fin, este empezó: «Quien más lo amaba y lo poseía, ese es ahora también quien más lo ha perdido —: mira, quizá sea yo mismo, de nosotros dos, el más impío ahora. ¡Pero quién podría alegrarse de ello!» —

    «Le serviste hasta el final —preguntó Zaratustra pensativo, tras un hondo silencio—, ¿tú sabes cómo murió? ¿Es verdad lo que se dice, que lo estranguló la compasión, —que vio cómo el hombre colgaba en la cruz y no lo soportó, que el amor al hombre se convirtió en su infierno y, al final, en su muerte?» — —

    Pero el viejo papa no respondió, sino que miró hacia un lado con recelo y con una expresión dolorida y sombría. «Déjalo ir —dijo Zaratustra después de una larga reflexión, mientras seguía mirando directamente a los ojos al anciano—. Déjalo ir, ya se fue. Y aunque te honre que de ese muerto no hables sino bien, tú sabes tan bien como yo quién era; y que iba por caminos extraños».

    «Dicho entre tres ojos —dijo alborozado el viejo papa (pues era ciego de un ojo)—, en cosas de Dios estoy más enterado que el propio Zaratustra —y me está permitido estarlo. Mi amor le sirvió largos años, mi voluntad siguió en todo a la suya. Pero un buen servidor lo sabe todo, y también muchas cosas que su señor se oculta a sí mismo. Era un Dios oculto, lleno de secretos. En verdad, incluso a tener un hijo no llegó sino por caminos furtivos. A la puerta de su fe se alza el adulterio.

    Quien lo alaba como un Dios del amor no piensa con suficiente altura del amor mismo. ¿No quiso este Dios también ser juez? Pero el que ama, ama más allá de recompensa y retribución.

    Cuando era joven, este Dios de Oriente, entonces era duro y vengativo, y se construyó un infierno para solaz de sus favoritos. Pero al final se volvió viejo y blando y decrépito y compasivo, más semejante a un abuelo que a un padre, pero, más que a nada, a una vieja abuela tambaleante. Allí se sentaba, marchito, en su rincón junto a la estufa, se afligía por sus débiles piernas, cansado del mundo, cansado del querer, y un día se asfixió por su demasiado grande compasión». —

    «Tú, viejo papa —interrumpió en este punto Zaratustra—, ¿has visto tú eso con tus propios ojos? Bien podría haber sucedido así: así, y también de otro modo. Cuando los dioses mueren, mueren siempre muchas clases de muerte. Pero ¡bien! Sea como sea, así o asá —¡ya se fue! Iba contra el gusto de mis oídos y mis ojos; nada peor quisiera decir de él.

    Amo todo lo que mira con claridad y habla con honradez. Pero él —tú lo sabes bien, tú, viejo sacerdote, había algo de tu índole en él, de índole sacerdotal— era ambiguo. Era también poco claro. ¡Cómo se irritó con nosotros por ello, ese resoplador de ira, porque lo entendiéramos mal! ¿Pero por qué no habló más limpiamente? Y si era cosa de nuestros oídos, ¿por qué nos dio oídos que lo oían mal? ¿Había barro en nuestros oídos? ¡Pues bien! ¿Quién lo metió ahí dentro? Demasiadas cosas le salieron mal a ese alfarero que no había acabado su aprendizaje. Pero que tomase venganza de sus cacharros y criaturas porque le salieron mal —eso fue un pecado contra el buen gusto. Hay también buen gusto en la piedad: este dijo al fin: “¡Fuera con un Dios así! ¡Mejor ningún Dios, mejor hacer destino por cuenta propia, mejor ser necio, mejor ser uno mismo Dios!”

    —«¿Qué oigo? —dijo aquí el viejo papa con los oídos aguzados—. Oh Zaratustra, eres más piadoso de lo que crees, ¡con semejante incredulidad! Algún Dios dentro de ti te convirtió a tu impiedad. ¿No es tu piedad misma la que ya no te deja creer en un Dios? ¡Y tu desmesurada honradez te llevará todavía más allá de bien y mal! ¡Mira, qué te quedó reservado! Tienes ojos y mano y boca: están predestinados a bendecir desde la eternidad. No se bendice solo con la mano. En tu cercanía, aunque quieras ser el más impío, olfateo un secreto olor a consagración y fragancia de largas bendiciones: me siento bien y mal con ello. ¡Déjame ser tu huésped, oh Zaratustra, por una sola noche! En ninguna parte de la tierra me sentiré ahora mejor que junto a ti». —

    «¡Amén! ¡Así ha de ser! —dijo Zaratustra con gran sorpresa—. Por allí arriba conduce el camino, allí está la cueva de Zaratustra. Con gusto, en verdad, te acompañaría yo mismo hasta allí, tú, venerable, pues amo a todos los hombres piadosos. Pero ahora me llama con urgencia un grito de angustia lejos de ti. En mi dominio nadie ha de sufrir daño; mi cueva es un buen puerto. Y más que nada querría volver a poner a todo triste sobre tierra firme y piernas firmes.

    ¿Pero quién te quitaría de los hombros tu melancolía? Para eso soy demasiado débil. Mucho tiempo, en verdad, podríamos esperar hasta que alguien te despertase de nuevo a tu Dios. Pues ese viejo Dios ya no vive: está muerto de veras». —

    Así habló Zaratustra.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.5. EL MAGO

    [1]

    Pero cuando Zaratustra rodeó un peñasco, vio, no muy por debajo de él, en el mismo camino, a un hombre que agitaba los miembros como un loco furioso y que finalmente se desplomó en tierra boca abajo. «¡Alto! —dijo entonces Zaratustra a su corazón—. Ese de allí debe de ser el hombre superior; de él vino aquel terrible grito de angustia: quiero ver si se le puede ayudar». Pero cuando corrió hasta el lugar donde el hombre yacía en el suelo, encontró a un anciano tembloroso, de ojos fijos; y por mucho que Zaratustra se esforzó en incorporarlo y volver a ponerlo en pie, fue en vano. Tampoco parecía el desdichado advertir que alguien estuviese junto a él; antes bien, miraba una y otra vez a su alrededor con gestos conmovedores, como alguien abandonado por todo el mundo y completamente aislado. Pero finalmente, tras mucho temblar, convulsionarse y retorcerse sobre sí mismo, comenzó a lamentarse así:

    «¿Quién me calienta, quién me ama aún?
    ¡Dadme manos calientes!
    ¡Dadme braseros para el corazón!
    Tendido, estremeciéndome,
    semejante a un semimuerto al que calientan los pies —
    sacudido, ¡ay!, por fiebres desconocidas,
    temblando ante agudas y gélidas flechas de escarcha,
    ¡acosado por ti, pensamiento!
    ¡Innombrable! ¡Velado! ¡Espantoso!
    ¡Tú, cazador tras las nubes!
    Derribado por tu rayo,
    tú, ojo burlón que me mira desde la oscuridad:
    — así yazgo,
    me doblo, me retuerzo, atormentado
    por todos los eternos suplicios,
    herido
    por ti, cazador cruelísimo,
    tú, desconocido — ¡Dios!

    ¡Hiere más hondo,
    hiere una vez más!
    ¡Atraviesa, quiebra este corazón!
    ¿Para qué esta tortura
    con flechas de dientes romos?
    ¿Por qué vuelves a mirar,
    no cansado del suplicio de los hombres,
    con ojos-relámpago de dioses, gozosos del daño?
    ¿No quieres matar,
    solo torturar, torturar?
    ¿Para qué — torturarme,
    tú, desconocido Dios gozoso del daño? —

    ¡Ja, ja! ¿Te acercas furtivamente?
    A semejante medianoche,
    ¿qué quieres? ¡Habla!
    Me empujas, me oprimes —
    ¡Ja! ¡Ya estás demasiado cerca!
    ¡Fuera! ¡Fuera!
    Me oyes respirar,
    escuchas a escondidas mi corazón,
    tú, celoso —
    ¿celoso de qué, entonces?
    ¡Fuera! ¡Fuera! ¿Para qué la escalera?
    ¿Quieres entrar,
    en el corazón,
    subir, a mis más secretos
    pensamientos subir?
    ¡Desvergonzado! ¡Desconocido — ladrón!
    ¿Qué quieres hurtarme,
    qué quieres sonsacarme escuchando,
    qué quieres arrancarme mediante tortura,
    tú, torturador?
    ¡Tú — Dios-verdugo!
    ¿O he de, como un perro,
    revolcarme ante ti?
    Entregado, arrebatado-fuera-de-mí,
    ¿menearte — amor con la cola?

    ¡En vano! ¡Pincha más,
    cruelísimo aguijón! ¡No,
    no soy un perro — solo tu presa,
    cruelísimo cazador!
    ¡Tu más orgulloso prisionero,
    tú, bandido tras las nubes!
    ¡Habla al fin!
    ¿Qué quieres, salteador de caminos, de mí?
    ¡Tú, velado por el relámpago! ¡Desconocido! ¡Habla!
    ¿Qué quieres, desconocido Dios? — —

    ¿Cómo? ¿Rescate?
    ¿Cuánto quieres de rescate?
    ¡Exige mucho — eso aconseja mi orgullo!
    ¡Y sé breve — eso aconseja mi otro orgullo!

    ¡Ja, ja!
    ¿A mí — me quieres? ¿A mí?
    ¿A mí — por entero?

    ¡Ja, ja!
    ¿Y me torturas, necio que eres,
    torturas hasta destrozar mi orgullo?
    ¡Dame amor — quién me calienta aún?
    ¿Quién me ama aún? — da manos calientes,
    da braseros para el corazón,
    dame a mí, el más solitario,
    a quien el hielo, ¡ay!, un séptuple hielo,
    hasta por enemigos,
    por enemigos enseña a languidecer,
    ¡da, sí, entrégate,
    cruelísimo enemigo,
    a mí — tú! — —

    ¡Se fue!
    Ahí huyó él mismo,
    mi último, único compañero,
    mi gran enemigo,
    mi desconocido,
    ¡mi Dios-verdugo! —

    — ¡No! ¡Vuelve,
    con todas tus torturas!
    ¡Al último de todos los solitarios,
    oh, vuelve!
    ¡Todos los arroyos de mis lágrimas
    siguen hacia ti su curso!

    Y mi última llama del corazón —
    ¡para ti se enciende!
    ¡Oh, vuelve,
    mi desconocido Dios! ¡Mi dolor! ¡Mi última — dicha!»

    [2]

    Pero aquí Zaratustra ya no pudo contenerse más tiempo, tomó su bastón y se puso a golpear con todas sus fuerzas al que se lamentaba. «¡Basta! —le gritó con risa enconada—, ¡basta, comediante! ¡Falsificador de moneda! ¡Mentiroso hasta el fondo! ¡Bien te reconozco! ¡Yo sí que voy a calentarte las piernas, malvado mago; sé muy bien cómo calentar a tipos como tú!»

    «¡Basta! —dijo el viejo, y saltó del suelo—. ¡No golpees más, oh Zaratustra! ¡Solo lo hacía por juego! ¡Eso forma parte de mi arte; a ti mismo quería ponerte a prueba cuando te di esta prueba! Y, en verdad, ¡me has calado bien! Pero también tú — me diste de ti una prueba nada pequeña: ¡eres duro, tú, sabio Zaratustra! ¡Con dureza golpeas con tus “verdades”; tu garrote me arranca por la fuerza — esta verdad!»

    «¡No adules! —respondió Zaratustra, todavía alterado y con mirada sombría—. ¡Tú, comediante hasta el fondo! Eres falso: ¡qué vienes tú a hablar — de verdad! Tú, pavo real de los pavos reales, tú, mar de vanidad, ¿qué representabas ante mí, tú, malvado mago? ¿Quién debía creer yo que eras cuando bajo semejante figura te lamentabas?»

    «Al penitente del espíritu —dijo el viejo—, a ese representaba yo: tú mismo inventaste una vez esta palabra — al poeta y mago que finalmente vuelve su espíritu contra sí mismo, al transformado que se hiela en su mal saber y su mala conciencia. Y admítelo sin más: ¡duró mucho, oh Zaratustra, hasta que descubriste mi arte y mi mentira! Creíste en mi angustia cuando me sostenías la cabeza con ambas manos — yo te oí lamentarte: “¡Se le ha amado demasiado poco, demasiado poco!” Que te engañara hasta tal punto: de eso se regocijaba interiormente mi maldad.»

    «Puede que hayas engañado a otros más finos que yo —dijo Zaratustra con dureza—. Yo no estoy en guardia contra embaucadores, debo estar sin cautela: así lo quiere mi suerte. Pero tú — debes engañar: ¡hasta ese punto te conozco! ¡Debes ser siempre de dos, de tres, de cuatro y de cinco sentidos! ¡También lo que acabas de confesar era para mí, ni de lejos, bastante verdadero ni bastante falso! ¡Tú, malvado falsificador de moneda, cómo podrías hacer otra cosa! Aun tu enfermedad maquillarías si te mostraras desnudo a tu médico. Así acabas de maquillar ante mí tu mentira cuando dijiste: “¡Solo lo hacía por juego!”. También había seriedad en ello: ¡eres algo así como un penitente del espíritu! Te adivino bien: llegaste a ser el hechizador de todos, pero contra ti ya no te queda mentira ni astucia alguna — ¡tú mismo estás desencantado ante ti mismo! Cosechaste la náusea como tu única verdad. Ninguna palabra es ya auténtica en ti, sino tu boca: a saber, la náusea que se pega a tu boca. — —»

    «¡Pero quién eres tú! —gritó aquí el viejo mago con voz desafiante—. ¿Quién se atreve a hablarme así, a mí, al más grande de cuantos viven hoy?» — y un relámpago verde salió disparado de su ojo hacia Zaratustra. Pero inmediatamente después se transformó y dijo con tristeza: «Oh Zaratustra, estoy cansado de esto, me dan náuseas mis artes, no soy grande, ¡para qué sigo fingiendo! Pero tú lo sabes bien — ¡yo buscaba la grandeza! Quería representar a un gran hombre y convencí a muchos: pero esta mentira sobrepasó mis fuerzas. Contra ella me hago pedazos. Oh Zaratustra, todo es mentira en mí; pero que yo me haga pedazos — este hacerme pedazos es auténtico.» —

    «Te honra —dijo Zaratustra, sombrío y mirando hacia abajo a un lado—, te honra que buscaras la grandeza, pero también te delata. No eres grande. Tú, malvado viejo mago, eso es lo mejor y más honrado de ti, eso es lo que honro en ti: que te cansaste de ti mismo y lo expresaste: “No soy grande”. En eso te honro como a un penitente del espíritu: y aunque solo por un soplo y un tris, ese único instante fuiste — auténtico.»

    «Pero di: ¿qué buscas aquí, en mis bosques y peñascos? Y cuando te me pusiste en el camino, ¿qué prueba querías de mí? — ¿En qué me ponías a prueba?» — Así habló Zaratustra, y sus ojos centelleaban.

    El viejo mago calló un momento; después dijo: «¿Que yo te puse a prueba? Yo — solo busco. Oh Zaratustra, busco a uno auténtico, recto, sencillo, inequívoco, a un hombre de toda honradez, un vaso de sabiduría, un santo del conocimiento, un gran hombre. ¿No lo sabes, pues, oh Zaratustra? Yo busco a Zaratustra.»

    Y en este punto se hizo un largo silencio entre ambos; pero Zaratustra se hundió profundamente en sí mismo, de modo que cerró los ojos. Luego, volviendo a su interlocutor, asió la mano del mago y dijo, lleno de cortesía y astucia: «¡Bien! Hacia arriba conduce el camino, allí está la cueva de Zaratustra. En ella puedes buscar a quien deseas encontrar. Y pide consejo a mis animales, a mi águila y a mi serpiente: ellos han de ayudarte a buscar. Pero mi cueva es grande. Yo mismo, ciertamente — todavía no he visto a ningún gran hombre. Para lo grande, el ojo de los más finos es hoy tosco. Es el reino del populacho. A más de uno he encontrado ya que se estiraba y se hinchaba, y el pueblo gritaba: “¡Mirad ahí, un gran hombre!”. Pero ¿de qué sirven todos los fuelles? Al final sale el viento. Al final revienta una rana que se hinchó demasiado tiempo: entonces sale el viento. Pinchar en el vientre a un hinchado, a eso llamo yo un buen pasatiempo. ¡Oídlo, muchachos!»

    «Este hoy es del populacho: ¿quién sabe aún qué es grande, qué es pequeño? ¿Quién buscaría ahí con suerte la grandeza? Solo un necio: ¡los necios tienen suerte! ¿Tú buscas grandes hombres, tú, extraño necio? ¿Quién te enseñó eso? ¿Es hoy tiempo para ello? Oh tú, malvado buscador, ¿en qué — me pones a prueba?» — —

    Así habló Zaratustra, con el corazón reconfortado, y se fue riendo camino adelante.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.4. LA SANGUIJUELA

    Y Zaratustra siguió adelante, pensativo y cada vez más adentro, atravesando bosques y pasando junto a hondonadas pantanosas; pero, como le sucede a cualquiera que medita sobre cosas graves, pisó sin advertirlo a un hombre. Y mira, de golpe le saltaron al rostro un grito de dolor, dos maldiciones y veinte terribles insultos: de modo que, en su espanto, levantó el bastón y encima golpeó al hombre que había pisado. Pero inmediatamente después volvió en sí; y su corazón se rio de la necedad que acababa de cometer.

    “Perdona —dijo al hombre que había pisado, que se había levantado furioso y se había sentado—, perdona, y escucha ante todo un símil. Como un caminante que sueña con cosas lejanas topa sin advertirlo, en un camino solitario, con un perro dormido, un perro tendido al sol: —como entonces ambos se sobresaltan y se increpan, cual enemigos mortales, esos dos muertos de miedo: así nos ha ocurrido a nosotros. ¡Y sin embargo! ¡Y sin embargo, qué poco faltó para que se acariciasen, este perro y este solitario! ¡Pues ambos son —solitarios!”

    “Quienquiera que seas —dijo, todavía furioso, el hombre que había sido pisado—, también con tu símil me pisas demasiado de cerca, y no solo con el pie. ¡Mira, pues! ¿Acaso soy yo un perro?” —Y, al decir esto, el que estaba sentado se levantó y sacó del pantano su brazo desnudo. Pues al principio había estado tendido en el suelo, oculto e irreconocible como quienes acechan a un animal del pantano.

    “¡Pero qué haces! —gritó Zaratustra, sobresaltado, pues vio que mucha sangre corría a lo largo del brazo desnudo—. ¿Qué te ha sucedido? ¿Te ha mordido, desdichado, alguna mala bestia?”

    El hombre que sangraba rio, todavía irritado. “¡Qué te importa! —dijo, y se dispuso a seguir adelante—. Aquí estoy en casa y en mis dominios. Que me pregunte quien quiera: pero difícilmente responderé a un zopenco”.

    “Te equivocas —dijo Zaratustra compasivamente, y lo retuvo—, te equivocas: aquí no estás en tus dominios, sino en mi reino, y en él nadie ha de sufrir daño. Pero llámame como quieras: yo soy quien debo ser. Yo mismo me llamo Zaratustra. ¡Bien! Por allí arriba va el camino hacia la cueva de Zaratustra: no está lejos; ¿no quieres cuidar de tus heridas junto a mí? Mal te fue, desventurado, en esta vida: primero te mordió la bestia, y luego —te pisó el hombre”.

    Cuando el hombre que había sido pisado oyó el nombre de Zaratustra, se transformó. “¡Pero qué me sucede! —exclamó—. ¿Quién me importa ya en esta vida sino este único hombre, a saber, Zaratustra, y aquel único animal que vive de sangre, la sanguijuela? Por mor de la sanguijuela yacía yo aquí, junto a este pantano, como un pescador, y mi brazo extendido había sido mordido ya diez veces, cuando viene a morder en busca de mi sangre un erizo aún más hermoso: ¡el propio Zaratustra! ¡Oh dicha! ¡Oh maravilla! ¡Alabado sea este día que me atrajo a este pantano! ¡Alabada sea la mejor y más viva ventosa que hoy vive, alabada sea la gran sanguijuela de la conciencia, Zaratustra!”

    Así habló el hombre que había sido pisado; y Zaratustra se alegró de sus palabras y de su refinada y reverente manera. “¿Quién eres? —preguntó, y le tendió la mano—; entre nosotros queda mucho por aclarar y por alegrar: pero ya, me parece, comienza a hacerse un día claro y luminoso”.

    “Yo soy el concienzudo del espíritu —respondió el interpelado—, y en cosas del espíritu no es fácil que nadie se lo tome con mayor rigor, estrechez y dureza que yo, salvo aquel de quien lo aprendí: el propio Zaratustra.

    ¡Mejor no saber nada que saber muchas cosas a medias! ¡Mejor ser un necio por cuenta propia que un sabio según criterio ajeno! Yo —voy al fondo: —¿qué importa que sea grande o pequeño? ¿Que se llame pantano o cielo? Me basta un palmo de suelo: ¡con tal de que sea realmente fondo y suelo! —Un palmo de suelo: sobre él se puede estar en pie. En la verdadera conciencia de la ciencia no hay nada grande ni nada pequeño”.

    “¿Entonces eres quizá el conocedor de la sanguijuela? —preguntó Zaratustra—; ¿e investigas la sanguijuela hasta sus últimos fundamentos, tú, concienzudo?”

    “¡Oh, Zaratustra! —respondió el hombre que había sido pisado—. Eso sería una empresa desmesurada: ¡cómo osaría yo acometerla! Pero aquello de lo que soy maestro y conocedor es el cerebro de la sanguijuela: —¡ese es mi mundo! ¡Y también él es un mundo! Pero perdona que aquí tome la palabra mi orgullo, pues en esto no tengo igual. Por eso dije: «Aquí estoy en casa». ¡Cuánto tiempo llevo ya tras esta única cosa, el cerebro de la sanguijuela, para que aquí la escurridiza verdad no vuelva a escurrírseme! ¡Aquí está mi reino! —Por eso arrojé lejos todo lo demás, por eso todo lo demás me dio igual; y junto a mi saber acampa mi negra ignorancia.

    Mi conciencia del espíritu me exige que sepa una sola cosa y que, fuera de ella, no sepa nada: me dan náuseas todos los medias tintas del espíritu, todos los nebulosos, flotantes y exaltados.

    Donde acaba mi probidad, estoy ciego y quiero también estar ciego. Pero donde quiero saber, quiero también ser probo, es decir: duro, severo, estrecho, cruel, inexorable.

    Que tú dijeras una vez, oh, Zaratustra: «Espíritu es la vida que ella misma abre cortes en la vida», eso me condujo y me sedujo hacia tu enseñanza. Y, en verdad, ¡con mi propia sangre acrecenté mi propio saber!”

    “Como enseña la evidencia visible” —intervino Zaratustra—; pues la sangre seguía descendiendo por el brazo desnudo del concienzudo. En efecto, diez sanguijuelas se habían prendido de él. “¡Oh, extraño compañero, cuánto me enseña esta evidencia visible que tengo ahí ante mí, a saber, tú mismo! ¡Y quizá no debería verterlo todo en tus severos oídos! ¡Bien! ¡Separémonos aquí! Pero quisiera volver a encontrarte. Por allí arriba conduce el camino hacia mi cueva: ¡esta noche serás allí mi querido huésped! También quisiera reparar en tu cuerpo el que Zaratustra te pisara con los pies: ya pensaré en ello. Pero ahora un grito de angustia me llama urgentemente lejos de ti”.

    Así habló Zaratustra.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.3. CONVERSACIÓN CON LOS REYES

    Zaratustra no llevaba aún una hora de camino por sus montañas y bosques cuando vio de repente un extraño cortejo. Justamente por el camino por el que él quería bajar venían caminando dos reyes, adornados con coronas y ceñidores de púrpura y multicolores como flamencos: arreaban delante de sí un asno cargado. «¿Qué quieren estos reyes en mi reino?», dijo Zaratustra, asombrado, a su corazón, y se escondió rápidamente detrás de un arbusto. Pero cuando los reyes llegaron hasta él, dijo a media voz, como quien habla a solas consigo mismo: «¡Extraño! ¡Extraño! ¿Cómo rima esto? ¡Dos reyes veo —y un solo asno!».

    Entonces los dos reyes hicieron alto, sonrieron, miraron hacia el lugar de donde venía la voz y se miraron luego el uno al otro a la cara. «Cosas así también se piensan entre nosotros —dijo el rey de la derecha—, pero no se dicen en voz alta». Pero el rey de la izquierda se encogió de hombros y respondió: «Bien podría ser un pastor de cabras. O un ermitaño que ha vivido demasiado tiempo entre rocas y árboles. Pues la falta absoluta de compañía también corrompe las buenas costumbres».

    «¿Las buenas costumbres? —replicó, contrariado y amargo, el otro rey—. ¿De quién huimos, pues? ¿No es de las “buenas costumbres”? ¿De nuestra “buena sociedad”? ¡Antes, en verdad, vivir entre ermitaños y pastores de cabras que con nuestro dorado, falso y pintarrajeado populacho, aunque se llame a sí mismo “buena sociedad”, aunque se llame a sí mismo “nobleza”! Pero ahí todo es falso y podrido, ante todo la sangre, gracias a viejas malas enfermedades y a aún peores artistas de la curación. El mejor y más querido para mí sigue siendo hoy un campesino sano, rudo, astuto, obstinado, de largo aguante: ese es hoy el tipo más noble. El campesino es hoy el mejor; ¡y el tipo campesino debería ser señor! Pero este es el reino del populacho: ya no dejo que me engañen. Y populacho significa: revoltijo. Populacho-revoltijo: en él todo está revuelto con todo, santo y canalla y junker y judío y toda bestia del arca de Noé. ¡Buenas costumbres! Todo entre nosotros es falso y podrido. Nadie sabe ya reverenciar: de eso precisamente huimos. Son perros dulzarrones e importunos; doran hojas de palma».

    «Esta náusea me ahoga: que nosotros mismos, los reyes, nos hayamos vuelto falsos, cubiertos y disfrazados con el viejo y amarilleado boato de nuestros abuelos, monedas de ostentación para los más estúpidos y los más astutos, y para todo el que hoy hace toda clase de cambalaches con el poder. No somos los primeros —y, sin embargo, tenemos que pasar por tales—: de este fraude estamos al fin hartos y asqueados. De la chusma huimos, de todos esos vocingleros y moscas carroñeras de la escritura, del hedor de tendero, del pataleo de la ambición, del aliento fétido: ¡puaf, vivir entre la chusma, puaf, pasar por los primeros entre la chusma! ¡Ay, náusea! ¡Náusea! ¡Náusea! ¡Qué importamos ya nosotros, los reyes!».

    «Tu vieja enfermedad te acomete —dijo entonces el rey de la izquierda—, la náusea te acomete, mi pobre hermano. Pero bien lo sabes: alguien nos escucha».

    Zaratustra, que había abierto bien los ojos y los oídos a estas palabras, se levantó al instante de su escondrijo, se acercó a los reyes y comenzó: «El que os escucha, el que os escucha con gusto, reyes, se llama Zaratustra. Yo soy Zaratustra, el que una vez dijo: “¡Qué importan ya los reyes!”. Perdonadme: me alegré cuando os dijisteis el uno al otro: “¡Qué importamos ya nosotros, los reyes!”. Pero aquí está mi reino y mi señorío: ¿qué podéis estar buscando en mi reino? Quizá, sin embargo, encontrasteis por el camino lo que yo busco: a saber, al hombre superior».

    Cuando los reyes oyeron esto, se golpearon el pecho y hablaron a una sola voz: «¡Nos has reconocido! Con la espada de esta palabra haces pedazos la más espesa tiniebla de nuestro corazón. Has descubierto nuestra necesidad, pues, mira, estamos en camino para encontrar al hombre superior, al hombre que es superior a nosotros, aunque seamos reyes. A él le llevamos este asno. Pues el hombre supremo ha de ser también el supremo señor sobre la tierra. No hay desdicha más dura en todo el destino humano que cuando los poderosos de la tierra no son también los primeros hombres. Entonces todo se vuelve falso y torcido y monstruoso. Y cuando son incluso los últimos y más bestia que hombre, entonces el populacho sube y sube de precio, y al final hasta la virtud-populacho dice: “¡Mira, yo sola soy virtud!”».

    «¿Qué acabo de oír? —respondió Zaratustra—. ¡Qué sabiduría entre reyes! Estoy encantado y, en verdad, ya me entran ganas de hacerle una rima a eso, aunque resulte una rima que no sea apta para todos los oídos. Hace ya mucho que desaprendí a guardar miramientos con las orejas largas. ¡Ea! ¡Adelante!». (Pero entonces ocurrió que también el asno tomó la palabra: dijo clara y malintencionadamente: I-A.)

    Antaño —creo, en el año de la Salvación uno—
    habló la sibila, ebria sin vino alguno:
    «¡Ay, ahora todo va torcido!
    ¡Decadencia! ¡Decadencia! ¡Nunca tan bajo el mundo ha caído!
    Roma cayó en puta y en puterío,
    el César de Roma cayó en bestia, Dios mismo —se hizo judío!».

    Con estas rimas de Zaratustra se recrearon los reyes; pero el rey de la derecha dijo: «Oh, Zaratustra, ¡qué bien hicimos en salir para verte! Pues tus enemigos nos mostraron tu imagen en su espejo: allí mirabas con la mueca de un diablo, riendo con escarnio, de modo que te temimos. ¡Pero de qué sirvió! Una y otra vez nos punzabas el oído y el corazón con tus sentencias. Entonces dijimos por fin: “¡Qué importa qué aspecto tenga! Tenemos que escucharlo, a él, que enseña: ‘Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras, y la paz breve más que la larga’”. Nadie dijo jamás palabras tan guerreras: “¿Qué es bueno? Ser valiente es bueno. Es la buena guerra la que santifica toda causa”. Oh, Zaratustra, la sangre de nuestros padres se agitó en nuestro cuerpo con tales palabras: aquello fue como el discurso de la primavera a viejos toneles de vino. Cuando las espadas corrían entrecruzándose como serpientes moteadas de rojo, nuestros padres se hacían amigos de la vida; todo sol de paz les parecía insípido y tibio, pero la larga paz les daba vergüenza. ¡Cómo suspiraban nuestros padres cuando veían en la pared espadas relucientes y resecas! Como ellas, tenían sed de guerra. Pues una espada quiere beber sangre y centellea de deseo».

    Mientras los reyes hablaban y charlaban de este modo, con fervor, acerca de la dicha de sus padres, a Zaratustra le entraron no pocas ganas de burlarse de su fervor: pues, evidentemente, eran reyes muy pacíficos los que veía ante sí, unos reyes de rostros viejos y finos. Pero se contuvo. «¡Ea! —dijo—, por allí va el camino, allí está la cueva de Zaratustra; ¡y este día ha de tener una larga tarde! Pero ahora un grito de angustia me llama con urgencia lejos de vosotros. Es un honor para mi cueva que unos reyes quieran sentarse en ella y esperar; pero, ciertamente, ¡habréis de esperar largo tiempo! ¡En fin! ¡Qué importa! ¿Dónde se aprende hoy mejor a esperar que en las cortes? Y toda la virtud de los reyes, la que les ha quedado, ¿no se llama hoy saber esperar?».

    Así habló Zaratustra.

    Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

  • 4.2. EL GRITO DE ANGUSTIA

    Al día siguiente volvió Zaratustra a sentarse sobre su piedra delante de la cueva, mientras los animales vagaban fuera, por el mundo, para traer a casa nuevo alimento —también nueva miel: pues Zaratustra había gastado y derrochado la miel vieja hasta el último grano. Pero mientras estaba así sentado, con un palo en la mano, y trazaba sobre la tierra la sombra de su figura, pensando y, ¡en verdad!, no sobre sí mismo y su sombra, de pronto se asustó y dio un respingo: pues vio junto a su sombra otra sombra más. Y cuando miró rápidamente a su alrededor y se levantó, mira, allí estaba junto a él el adivino, el mismo a quien una vez había dado de comer y beber a su mesa, el anunciador de la gran fatiga, que enseñaba: «Todo es igual, nada merece la pena, el mundo carece de sentido, el saber ahoga». Pero su rostro se había transformado entretanto; y cuando Zaratustra lo miró a los ojos, su corazón volvió a sobresaltarse: tantos anuncios funestos y relámpagos gris ceniza corrían por este rostro.

    El adivino, que había percibido lo que acontecía en el alma de Zaratustra, se pasó la mano por el rostro, como si quisiera borrárselo; lo mismo hizo Zaratustra. Y cuando ambos habían recobrado de este modo, en silencio, la compostura y las fuerzas, se dieron la mano, en señal de que querían reconocerse de nuevo.

    —Sé bienvenido —dijo Zaratustra—, tú, adivino de la gran fatiga; no ha de haber sido en vano que antaño fueras mi amigo de mesa y huésped. Come y bebe también hoy conmigo, y perdona que un viejo alegre se siente contigo a la mesa.

    —¿Un viejo alegre? —respondió el adivino, sacudiendo la cabeza—. Pero seas quien seas o quieras ser, oh Zaratustra, llevas ya demasiado tiempo aquí arriba: dentro de poco tu bote ya no estará en seco.

    —¿Estoy, pues, en seco? —preguntó Zaratustra riendo.

    —Las olas alrededor de tu montaña —respondió el adivino— suben y suben, las olas de gran necesidad y aflicción: pronto levantarán también tu bote y te llevarán de aquí.

    Zaratustra guardó silencio y se quedó extrañado.

    —¿Aún no oyes nada? —prosiguió el adivino—. ¿No suben desde la profundidad un rumor y un bramido?

    Zaratustra guardó silencio de nuevo y prestó oído: entonces oyó un grito largo, largo, que los abismos se arrojaban unos a otros y se iban pasando, pues ninguno quería retenerlo: tan siniestro sonaba.

    —Tú, funesto anunciador —dijo por fin Zaratustra—, eso es un grito de angustia y el grito de un hombre; bien podría venir de un mar negro. Pero ¿qué me importa a mí la angustia humana? Mi último pecado, el que me quedó reservado, ¿sabes cómo se llama?

    —¡Compasión! —respondió el adivino con el corazón desbordante, y levantó ambas manos—. ¡Oh Zaratustra, vengo para seducirte hacia tu último pecado!

    Y apenas fueron pronunciadas estas palabras, volvió a resonar el grito, más largo y más angustioso que antes, y también mucho más cerca.

    —¿Oyes? ¿Oyes, oh Zaratustra? —gritó el adivino—. A ti va dirigido el grito, a ti te llama: ¡ven, ven, ven! ¡Es la hora, es más que la hora!

    Zaratustra guardó silencio, confuso y estremecido; por fin preguntó, como alguien que vacila consigo mismo: —¿Y quién es el que allí me llama?

    —¡Pero si ya lo sabes! —respondió el adivino con vehemencia—. ¿Por qué te ocultas? ¡Es el hombre superior quien clama por ti!

    —¿El hombre superior? —gritó Zaratustra, sobrecogido de horror—. ¿Qué quiere? ¿Qué quiere? ¡El hombre superior! ¿Qué quiere aquí? —Y su piel se cubrió de sudor.

    Pero el adivino no respondió a la angustia de Zaratustra, sino que escuchó y escuchó hacia la profundidad. Sin embargo, cuando allí permaneció todo en silencio durante largo rato, volvió la mirada y vio a Zaratustra de pie y temblando. —Oh Zaratustra —comenzó con voz triste—, no estás ahí como alguien a quien su dicha hace girar: ¡tendrás que danzar para que no te me caigas! Pero aunque quisieras danzar delante de mí y saltar todos tus saltos laterales, nadie ha de poder decirme: «Mira, aquí danza el último hombre alegre». En vano subiría hasta esta altura quien lo buscara aquí: cuevas encontraría, sí, y cuevas tras las cuevas, escondrijos para escondidos, pero no pozos de dicha, ni cámaras del tesoro, ni nuevas vetas de oro de la dicha. Dicha —¡cómo podría encontrarse la dicha entre semejantes sepultados y ermitaños! ¿He de buscar todavía la última dicha en islas bienaventuradas y lejos, entre mares olvidados? Pero todo es igual, nada merece la pena, de nada sirve buscar, ¡ya tampoco hay islas bienaventuradas!

    Así suspiró el adivino; pero con su último suspiro Zaratustra volvió a estar lúcido y seguro, como quien sale de una profunda sima a la luz. —¡No! ¡No! ¡Tres veces no! —gritó con voz fuerte, y se acarició la barba—. ¡Eso lo sé yo mejor! ¡Todavía hay islas bienaventuradas! ¡Silencio sobre eso, tú, suspirante saco de tristeza! ¡Deja de chapotear con eso, tú, nube de lluvia matutina! ¿No estoy ya aquí empapado por tu aflicción y calado como un perro? Ahora me sacudo y echo a correr lejos de ti, para volver a secarme: ¡no debes extrañarte de ello! ¿Te parezco descortés? Pero aquí está mi corte. Pero en cuanto a tu hombre superior: ¡pues bien!, voy a buscarlo de inmediato en aquellos bosques: de allí vino su grito. Quizá lo acosa allí un animal maligno. Está dentro de mis dominios: ¡en ellos no debe sufrir daño! Y, en verdad, hay por aquí muchos animales malignos.

    Con estas palabras Zaratustra se volvió para marcharse. Entonces dijo el adivino: —¡Oh Zaratustra, eres un pícaro! Ya lo sé: ¡quieres librarte de mí! ¡Antes corres a los bosques y das caza a animales malignos! Pero ¿de qué te sirve? Al caer la tarde volverás a tenerme: en tu propia cueva estaré allí sentado, paciente y pesado como un tronco, ¡y te esperaré!

    —¡Así sea! —gritó Zaratustra hacia atrás mientras se alejaba—. ¡Y lo que es mío en mi cueva te pertenece también a ti, mi amigo huésped! Pero si aún encontraras miel dentro, ¡pues bien!, lámela toda, tú, oso gruñón, ¡y endulza tu alma! Pues esta tarde queremos ambos estar de buen humor, de buen humor y alegres de que este día haya llegado a su fin. Y tú mismo has de danzar al son de mis canciones como mi oso danzante. ¿No lo crees? ¿Sacudes la cabeza? ¡Pues bien! ¡Arriba, viejo oso! Pero también yo —soy un adivino.

    Así habló Zaratustra.

    Traducción revisada con asistencia de IA basada en la arquitectura Transformer. Edición orientada por el texto alemán (Colli y Montinari) y la división estructural de Walter Kaufmann.


  • 4.1. EL SACRIFICIO DE MIEL

    Y de nuevo corrieron lunas y años sobre el alma de Zaratustra, y él no hizo caso de ello; pero su cabello se volvió blanco. Un día, cuando estaba sentado sobre una piedra delante de su cueva y miraba en silencio a lo lejos —pues desde allí se mira hacia el mar, por encima de sinuosos abismos—, sus animales anduvieron pensativos en torno a él y acabaron por plantarse delante de él.

    —Oh, Zaratustra —dijeron—, ¿miras acaso a lo lejos en busca de tu dicha?

    —¡Qué importa la dicha! —respondió él—. Hace ya mucho que no aspiro a la dicha; aspiro a mi obra.

    —Oh, Zaratustra —volvieron a decir los animales—, eso lo dices como quien tiene de lo bueno más que de sobra. ¿No yaces acaso en un lago azul celeste de dicha?

    —¡Necios pícaros! —respondió Zaratustra sonriendo—. ¡Qué bien habéis escogido la comparación! Pero también sabéis que mi dicha es pesada, y no como una líquida ola de agua: me apremia, no quiere separarse de mí y se comporta como pez derretida.

    Entonces los animales volvieron a andar pensativos en torno a él y luego se plantaron de nuevo delante de él. —Oh, Zaratustra —dijeron—, ¿de ahí viene, pues, que tú mismo te vuelvas cada vez más amarillo y más oscuro, aunque tu cabello quiera parecer blanco y del color del lino? ¡Mira, estás sentado en tu pez!

    —¿Qué decís ahí, animales míos? —dijo Zaratustra, y rio al decirlo—. En verdad, blasfemé cuando hablé de la pez. Lo que me ocurre a mí les sucede a todos los frutos que maduran. Es la miel en mis venas la que hace más espesa mi sangre y también más silenciosa mi alma.

    —Así será, oh, Zaratustra —respondieron los animales, y se apretaron contra él—; pero ¿no quieres subir hoy a una alta montaña? El aire está limpio, y hoy se ve más mundo que nunca.

    —Sí, animales míos —respondió él—, aconsejáis con acierto y conforme a mi corazón: hoy quiero subir a una alta montaña. Pero procurad que allí tenga miel a mano: amarilla, blanca, buena, miel dorada de panal fresca como el hielo. Pues sabed que allá arriba quiero ofrecer el sacrificio de miel.

    Pero cuando Zaratustra estuvo arriba, en lo alto, envió de vuelta a casa a los animales que lo habían acompañado y comprobó que ahora estaba solo: entonces rio de todo corazón, miró a su alrededor y habló así:

    Que hablara de sacrificios y sacrificios de miel no fue sino una astucia de mi discurso y, en verdad, una necedad útil. Aquí arriba puedo hablar ya con mayor libertad que ante cuevas de ermitaños y animales domésticos de ermitaños.

    ¡Sacrificar, qué va! Yo derrocho lo que se me regala, yo, derrochador de mil manos: ¿cómo podría llamar todavía a eso —sacrificio? Y cuando deseé miel, no deseé sino cebo y dulce jarabe y baba, por los que también los osos gruñones y las aves extrañas, hoscas y malvadas se relamen: —el mejor cebo, como el que necesitan cazadores y pescadores. Pues si el mundo es como un oscuro bosque de fieras y el jardín de delicias de todos los cazadores salvajes, aún más, y con mayor gusto, me parece un mar abismal y rico, —un mar lleno de peces de muchos colores y cangrejos, por el que incluso a los dioses podría entrarles el deseo de hacerse en él pescadores y lanzadores de redes: ¡tan rico es el mundo en cosas extrañas, grandes y pequeñas! Sobre todo el mundo de los hombres, el mar de los hombres: hacia él lanzo ahora mi caña de pescar de oro y digo: ¡ábrete, abismo de los hombres!

    ¡Ábrete y lánzame tus peces y tus cangrejos centelleantes! Con mi mejor cebo atraigo hoy hacia mí a los más extraños peces-hombres. —Mi propia dicha la arrojo a todas las vastedades y lejanías, entre amanecer, mediodía y ocaso, por si muchos peces-hombres aprenden a tirar de mi dicha y a colear. Hasta que, al morder mis afilados anzuelos ocultos, tengan que subir a mi altura, los más coloridos pececillos del fondo del abismo, hacia el más malévolo de todos los pescadores de peces-hombres. Pues eso soy yo desde el fondo y desde el comienzo: tirando, atrayendo, haciendo subir, criando; un tirador, criador y maestro de disciplina, que no en vano se dijo una vez a sí mismo: «¡Llega a ser el que eres!»

    Así pueden ahora los hombres subir hasta mí: pues aún espero las señales de que sea tiempo de mi descenso; todavía no voy yo mismo a mi ocaso, como debo, entre los hombres. Para eso espero aquí, astuto y burlón, en altas montañas: no un impaciente, no un paciente, sino más bien uno que hasta ha desaprendido la paciencia —porque ya no «padece». Pues mi destino me deja tiempo: ¿acaso se ha olvidado de mí? ¿O está sentado a la sombra detrás de una gran piedra y caza moscas? Y, en verdad, le tengo afecto por ello, a mi eterno destino, porque no me acosa ni me apremia y me deja tiempo para bufonadas y maldades: así que hoy subí a esta alta montaña para pescar.

    ¿Ha capturado jamás un hombre peces en altas montañas? Y aunque sea una necedad lo que aquí arriba quiero y hago: mejor aún esto que volverme ahí abajo solemne de tanto esperar, y verde y amarillo —un engallado resoplador de ira de tanto esperar, una santa tormenta de aullidos venida de las montañas, un impaciente que grita hacia los valles: «¡Oíd, o bien os fustigo con el azote de Dios!»

    ¡No es que yo les guarde rencor por ello a tales iracundos: me bastan para reírme! Impacientes tienen que ser, desde luego, esos grandes tambores de estrépito, que hoy o nunca toman la palabra. Pero yo y mi destino —nosotros no hablamos al «Hoy», tampoco hablamos al «Nunca»: para hablar tenemos ya paciencia y tiempo y sobretiempo. Pues algún día ha de llegar, y no puede pasar de largo. ¿Quién ha de llegar algún día y no puede pasar de largo? Nuestro gran Hazar, esto es, nuestro gran y lejano reino de los hombres, el reino de Zaratustra de mil años — —. ¿Cuán lejos puede estar tal «lejanía»? ¡Qué me importa! Pero no por ello está menos firme para mí: con ambos pies estoy firmemente plantado sobre este fundamento, —sobre un fundamento eterno, sobre dura roca primigenia, sobre esta altísima y durísima cordillera primigenia, a la que todos los vientos llegan como a una divisoria meteorológica, preguntando: «¿Dónde?», «¿De dónde?» y «¿Adónde?»

    ¡Ríe aquí, ríe, mi luminosa y sana maldad! ¡Desde altas montañas arroja hacia abajo tu centelleante carcajada de burla! ¡Con tu centelleo ceba para mí a los más hermosos peces-hombres! Y lo que en todos los mares me pertenece, mi en-y-para-mí en todas las cosas —eso péscamelo fuera, eso súbemelo hasta mí: eso espero yo, el más malévolo de todos los pescadores.

    ¡Fuera, fuera, anzuelo mío! ¡Dentro, abajo, cebo de mi dicha! ¡Deja caer gota a gota tu rocío más dulce, miel de mi corazón! ¡Muerde a toda negra aflicción en el vientre!

    ¡Fuera, fuera, ojo mío! ¡Oh, cuántos mares en torno a mí, cuántos futuros de los hombres que alborean! Y sobre mí —¡qué rosada quietud! ¡Qué silencio sin nubes!

    Traducción revisada con asistencia de IA basada en la arquitectura Transformer. Edición orientada por el texto alemán (Colli y Montinari) y la división estructural de Walter Kaufmann.