Así habló Zaratustra. / Un libro para todos y para nadie.] El título, como se ha señalado con razón, «marca el estilo y el tono del conjunto y despliega una red de relaciones y paradojas de la que no podrán escapar ni el autor ni el lector» (→ Villwock 2001, 2). Ya el título principal, Así habló Zaratustra, contiene potencial de irritación, pues probablemente está inspirado en el Ittivuttaka, una colección de aforismos del Buda cuyos 112 suttas comienzan con la frase «Iti vuttam Bhagavata», que significa algo así como «Así lo ha dicho el Buda» (véase al respecto, con indicación de la fuente, NK 31, 16). El título indica que la obra contiene los discursos orales de un personaje llamado Zaratustra, con lo que la referencia al Zaratustra histórico o Zoroastro evoca otro ámbito cultural y remite al pasado. El acto de habla se caracteriza como pasado y concluido mediante el pretérito («habló»). Es notable que el título cite el texto (o viceversa), pues el sintagma «Así habló Zaratustra», que encabeza toda la obra, concluye como fórmula la mayoría de los capítulos (cfr. NK 31, 16). De este modo, texto y paratexto están entrelazados de tal manera que se invierte la estructura interna del texto: la fórmula de cierre de los discursos abre la obra como título.
La tensa relación entre el título principal y el subtítulo ofrece múltiples posibilidades de interpretación. Al denominar «libro» al medio, el subtítulo Un libro para todos y para nadie pone en primer plano el aspecto de la escritura, mientras que el título principal subraya la oralidad de los discursos de Zaratustra. Con ello se da a entender a los lectores que se les presentan expresiones orales en forma escrita (de libro) y que, por tanto, lo que leen debe concebirse en gran medida como algo hablado y que debe ser oído. Así se señala que aquí hay una forma de «doble autoría» (→ Villwock 2001, 2): Zaratustra es nombrado como autor del discurso y, al mismo tiempo, el subtítulo indica una segunda instancia autoral que ha puesto por escrito sus discursos. Un nivel adicional de mediación se expresa en la fórmula «Así habló Zaratustra», que pertenece a la instancia del narrador. En conjunto, el título marca tres niveles de mediación con tres instancias discursivas diferentes: el nivel del personaje Zaratustra, el del narrador y el del autor o editor (ficticio) (sobre las instancias narrativas y discursivas insinuadas por el título, véase → Zittel 2021, 335 s.).
El subtítulo remite, en analogía con el título Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres, al círculo de destinatarios al que está destinada la obra. Las indicaciones sobre el público objetivo en el título eran bastante habituales en el siglo XIX, como muestran las siguientes formulaciones de títulos: Gustavo Adolfo, rey de Suecia. Un libro para príncipes y pueblo (1845); Malwina. Un libro para madres cultas (1843); Sobre los gusanos vivos en el ser humano vivo. Un libro para médicos en ejercicio (1819). N. retoma este patrón, pero se aparta significativamente de él al evitar precisamente una concreción de la dirección. Si ya la orientación hacia los «espíritus libres» a los que se dirige Humano, demasiado humano I plantea la cuestión de su determinación más precisa, la atribución a «todos» y a «nadie» apunta a una incompatibilidad lógica que, en lugar de perfilar un público lector específico, caracteriza como problemática la relación entre la obra y el lector. De este modo, ya el título convoca el problema de la mediación, al que corresponde dentro del texto la difícil relación de Zaratustra con los destinatarios de su doctrina. No con la oposición de «todos» y «nadie», pero sí con la de «muchos» y «pocos», caracteriza más de diez años antes el esbozo de la introducción de Sobre el futuro de nuestros centros educativos una relación precaria con el público lector. Allí se establece como directriz: «disuadir y ahuyentar a los muchos lectores y atraer a los pocos. Así que escuchadlo, ¡vosotros, los muchos! Odi profanum vulgus et arceo. [Cf. Horacio, Carmina III, 1, 1; “odio al vulgo profano y lo mantengo alejado”] ¡Tirad el libro! No es para vosotros ni vosotros sois para este libro.» (NL 1870/72, KSA 7, 8[83], 254, 1 s.)
La paradójica determinación del destinatario «para todos y nadie» ya es documentable antes de N. En una reseña de la revista semanal El Observador del Óder, el autor anónimo critica: «El título, en cuanto al contenido, también podría haberse llamado “Para todos y nadie, o Quodlibet”, tan indeterminado es este.» (Anónimo 1804, 9) La formulación «para todos y nadie» se usa allí de manera peyorativa y apunta a la falta de perfil en el contenido. Ya Herder utiliza la expresión «todos y ninguno» en su ensayo sobre Shakespeare de 1773, donde afirma de Shakespeare que tuvo «la malicia de poner en boca de niños y necios, preferentemente, los loci communes vacíos, las moralidades y clasificaciones que, aplicables a cien casos, sirven para todos y para ninguno con propiedad» (Herder 1773, 110). A raíz de N., el subtítulo ha inspirado nuevas acuñaciones de títulos. Así, la revista Der Eigene, editada por Peter Hille, recibió inicialmente el subtítulo tomado de Za: Una hoja para todos y nadie. Y los hermanos Heinrich y Julius Hart publicaron en 1900 en la editorial Eugen Diederichs de Leipzig el escrito programático Del conocimiento supremo. De la vida en la luz. Una palabra provisional a los pocos y a todos.
El subtítulo ha ocupado a los intérpretes desde temprano y ha recibido diversas interpretaciones. Según Karl Löwith, da testimonio del conocimiento de N. sobre «la dificultad de la comunicación pública de cosas que no son para cualquiera» (→ Löwith 1990, 290). Para Löwith, tiene el significado «para todos los que saben leer, y para ninguno que no comparta las experiencias y presuposiciones del autor y que no sepa leer también entre líneas y, así, interpretar lo dicho» (ibíd.). Heidegger, en cambio, lee el «para todos y nadie» como una crítica a los lectores contemporáneos y como un indicio de la orientación de N. hacia un círculo selecto de receptores, al que delimita tajantemente de la masa: «“Para todos”, es decir, ciertamente no: para cualquiera como cualquier persona. “Para todos” significa: para cada ser humano en cuanto ser humano, para cada uno respectivamente y en la medida en que se hace digno de ser recordado en su esencia. “… y nadie” dice: para ninguno de los curiosos llegados de cualquier parte que solo se embriagan con piezas aisladas y dichos particulares de este libro y tambalean ciegamente en su lenguaje medio cantante, medio gritón, a veces pausado, a veces tempestuoso, a menudo elevado, a veces llano, en lugar de emprender el camino del pensar que aquí busca una palabra.» (HGA 7, 101) Lo que guía la comprensión de Heidegger es la valoración crítica de la recepción de Za, a la que en 1954, en ¿Quién es el Zaratustra de Nietzsche?, reprocha no haber comprendido la obra: «¡Cuán siniestramente se ha cumplido este subtítulo de la obra en los setenta años desde su aparición, pero en sentido exactamente inverso! Se convirtió en un libro para cualquiera, y hasta la hora no se muestra ningún pensador que estuviera a la altura del pensamiento fundamental de este libro y pudiera medir el alcance de su origen.» (Ibíd.)
Según Higgins, quien con razón reprocha a Heidegger que su interpretación va en contra de la formulación más rigurosa de N., según la cual su Za no está pensado precisamente para un grupo elitista, sino simplemente para «nadie», el subtítulo hace hincapié en la diferencia entre discursos orientados al destinatario y discursos autorreferenciales: la mayor parte de los discursos de Zaratustra están pensados para un público, pero otros tienen el estatuto de «meditaciones privadas» (→ Higgins 1987, 96) y, por tanto, están destinados a «nadie» excepto al propio Zaratustra. Además, la fórmula paradójica «para todos y nadie» ha provocado diferentes interpretaciones en la investigación sobre Za: se la ha relacionado con el problema de la comprensión con el que profetas y fundadores de religiones siempre se han enfrentado. El subtítulo señala, por un lado, la pretensión de N. de la importancia universal de su obra, pero también, por otro lado, que él espera no ser comprendido (así → Braun 1998, 26). En una línea similar → Groddeck 2016, 423, quien concibe el subtítulo como una alusión a «el no ser comprendido, incluso el no querer ser comprendido». Además, se ha leído «para todos y nadie» como una indicación de la inactualidad de Za como una obra que no puede ser comprendida porque llega demasiado pronto (y por tanto no puede ser fructífera «para nadie») o porque, debido a su artificiosa y compleja factura, se cierra a la comprensión (así → Alderman 1977, 96). En Za IV se encuentra una referencia directa al subtítulo que apoya esta interpretación. Al mirar atrás al comienzo de su actuación, Zaratustra constata allí que tuvo la «locura del ermitaño» de ponerse en el «mercado» y hablar públicamente a todos los hombres – con el efecto de que con su discurso no llegó a nadie: «Y cuando hablé a todos, hablé a nadie.» (356, 6)
El propio N. se mostraba extrañamente ignorante en una carta a Heinrich Köselitz del 3 de agosto de 1883 en lo que respecta a los destinatarios de su propia obra. Adopta allí la actitud distante de un receptor externo que no está seguro de su interpretación: «Si entiendo bien el primer Zaratustra: quiere dirigirse precisamente a aquellos que, viviendo en el apretujamiento y en medio de la chusma, o bien se convierten completa y totalmente en la v í c t i m a de ese afecto de la distancia (¡del asco, según las circunstancias!) o bien deben deshacerse de él.» (KSB 6/KGB III 1, nº 446, p. 418, lín. 31–35). Sobre la peculiar distanciación de N. de su propia autoría, véase también lo expuesto en EH Zaratustra 3, donde acerca el proceso de génesis de Za I a la inspiración divina y declara al poeta como «medio de potencias sobrecogedoras» (KSA 6, 339, 14).
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