3. Otras fuentes y pretextos


El Zaratustra de Nietzsche se nutre con especial intensidad del acervo de la tradición: está prácticamente saturado de referencias, citas y alusiones. Como señala Zittel, «apenas una línea en la que no se aluda a varios textos o topoi literarios o filosóficos a la vez». Pelloni y Schiffermüller lo caracterizan incluso como una especie de memoria de la cultura que condensa en una síntesis gigantesca y peculiar la tradición religiosa, filosófica, estética y literaria.

Sin embargo, el número de fuentes concretamente demostradas sigue siendo bastante manejable y no supera al de obras como La gaya ciencia o Más allá del bien y del mal. Lo que distingue al Zaratustra es que presenta muy pocas citas o referencias marcadas (es decir, señaladas por el nombre del autor, el título o comillas). Esto responde a su estructura peculiar: rechaza casi por completo los nombres propios. Además de «Zarathustra», solo aparece una vez «el hebreo Jesús»; en el resto de ocasiones, las alusiones a Jesús (y son numerosas) son siempre indirectas. Esta estrategia de expresión velada va acompañada de la evitación de todo lo concreto y de la omisión casi total de contextos históricos identificables, lo que crea la impresión de que la acción transcurre en un lugar intemporal y desconocido.
Precisamente por eso, las alusiones, referencias y citas suelen estar tan veladas que a menudo resulta difícil identificar con certeza su origen. Nietzsche no se limita a citar sus fuentes: las trabaja, las modifica, las adapta a sus propias intenciones y las integra en nuevos contextos. De este modo, actualiza lo incorporado y le otorga un significado distinto. Como muestra Zittel de forma magistral en el capítulo «De los poetas», no basta con el enfoque tradicional de fuentes e influencias: Nietzsche juega con los pretextos (allí, sobre todo con citas del Fausto de Goethe y referencias a Platón) y los sitúa en una relación irónica entre sí. Por tanto, para entender el texto es esencial observar cómo procesa sus lecturas, cómo las transforma y cómo cambia su sentido en el nuevo entramado.

Las referencias proceden de los más diversos ámbitos: escritos filosóficos, ciencias de la religión, historia cultural y, sobre todo, poesía. Se perciben ecos de mitos y cuentos (por ejemplo, de Las mil y una noches), así como de obras poéticas universales. Destacan especialmente Homero, Shakespeare, Goethe y Hölderlin, a veces mediante citas claramente identificables. Estas referencias se concentran en ciertos capítulos («formación de islas»), como en «De los poetas» (donde el Fausto actúa como elemento estructurante) o en «De los grandes acontecimientos».
Otro filón importante son los conocimientos de filología clásica que Nietzsche había adquirido desde muy joven. Además de la literatura antigua, dejan huella en el Zaratustra la filosofía antigua (Aristóteles, Epicuro, pero sobre todo Heráclito y Platón). Continúa también su diálogo implícito con los «sospechosos habituales»: alusiones a Schopenhauer, pullas a Kant y a los utilitaristas ingleses, y numerosos ecos de Ralph Waldo Emerson, cuya obra constituye, según Vivarelli, la «fuente principal de imágenes “afirmativas”» en el libro.

Muchas de estas citas e intertextos no se incorporan de modo afirmativo, sino paródico o polémico. El blanco principal es el cristianismo (con su orientación hacia el más allá y su ética de la compasión), pero también se critican las éticas antiguas, la ética del deber kantiana y los fundamentos de Schopenhauer basados en la compasión. Las ideas se evocan y se refutan a menudo de manera simplificada, sirviendo de contrapunto a las enseñanzas de Zaratustra.

Entre las ciencias naturales (biología, zoología, teoría de la evolución, cosmología) que Nietzsche leyó intensamente en esa época, destacan las huellas de Wilhelm Roux (La lucha de las partes en el organismo), cuya concepción de la naturaleza como entramado de poder y dominio resuena claramente en «De la superación de sí mismo», aunque las dependencias concretas suelen ser difíciles de demostrar. En general, las fuentes literarias son más visibles en la superficie textual que las científicas, que quedan más relegadas al trasfondo.

Existe, sin embargo, un texto de referencia que marca de forma evidente y contundente la superficie del Zaratustra: la Biblia. El Antiguo y, sobre todo, el Nuevo Testamento no solo suministran la mayor parte de sus imágenes y parábolas, sino que determinan también su tono profético. La Biblia de Lutero sirve de modelo en múltiples niveles: imágenes, motivos, expresiones concretas, vocabulario, formas gramaticales y estructuras sintácticas. Zaratustra habla en parábolas y refranes, como Jesús, pero casi siempre invirtiendo su sentido.

Esta estrategia de recodificación y apropiación de material culturalmente cargado resulta especialmente clara en el tratamiento bíblico. Nietzsche se apodera del aura sagrada del texto, pero al mismo tiempo lo convierte en objeto de rupturas irónicas y paródicas. Algunos ejemplos célebres:

«Bienaventurados los misericordiosos» se transforma en: «En verdad, no me gustan los misericordiosos, los que son bienaventurados en su compasión».

«Si no os convertís y os hacéis como los niños…» se vuelve: «Si no nos convertimos y nos hacemos como las vacas, no entraremos en el reino de los cielos».

«No solo de pan vive el hombre…» acaba convertido en: «Pero el hombre no vive solo de pan, sino también de la carne de buenos corderos».

La relación con la Biblia es, por tanto, tensa: busca su aura profética, pero la somete constantemente a reinterpretación lúdica, reescritura y transformación paródica. Las referencias bíblicas abarcan un amplio espectro: desde citas casi literales hasta alusiones apenas insinuadas. En muchos casos no se trata de paralelismos «verificables», sino de resonancias y similitudes. Precisamente esta anulación de la univocidad y este juego con las polivalencias constituyen la estrategia textual central del Zaratustra.

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