[1]Si soy un adivino, y lleno de ese espíritu profético que camina sobre un alto yugo entre dos mares, entre lo pasado y lo futuro camina como una nube pesada, hostil a las bochornosas bajuras y a todo lo que está cansado y no puede ni morir ni vivir; preparado para el relámpago en el oscuro pecho y para el rayo de luz redentor, grávido de relámpagos que dicen ¡Sí!, que ríen ¡Sí!, para haces de relámpagos proféticos: — bienaventurado es el así grávido. Y en verdad, largo tiempo debe pender como un pesado temporal sobre la montaña quien un día haya de encender la luz del porvenir. ¿Oh, cómo no habría de estar yo en celo por la eternidad y por el anillo nupcial de los anillos, — el anillo del retorno?
Nunca aún encontré a la mujer de la que quisiera tener hijos, exceptuando esta mujer a quien amo: porque te amo, oh eternidad.
Porque te amo, oh eternidad.
[2] Si mi cólera alguna vez quebró sepulcros, movió mojones y rodó viejas tablas rotas a escarpadas profundidades; si mi escarnio alguna vez deshizo con su soplo palabras podridas, y llegué como una escoba a las arañas cruceras y como viento barredor a las antiguas criptas enmudecidas; si alguna vez me senté exultante donde los viejos dioses yacen enterrados, bendiciendo al mundo, amando al mundo, junto a los monumentos de los viejos calumniadores del mundo: — pues incluso iglesias y tumbas de dioses amo yo, cuando el cielo, de mirada pura, mira a través de sus techos derruidos; con gusto me siento, como la hierba y las rojas amapolas, sobre iglesias derruidas. ¿Oh, cómo no habría de estar yo en celo por la eternidad y por el anillo nupcial de los anillos, — el anillo del retorno?
Nunca aún encontré a la mujer de la que quisiera tener hijos, exceptuando esta mujer a quien amo: porque te amo, oh eternidad.
Porque te amo, oh eternidad.
[3] Si alguna vez un aliento vino a mí del aliento creador y de esa celestial necesidad que fuerza aún al azar a danzar corros de estrellas; si alguna vez reí con la risa del relámpago creador, al que, retumbando pero obediente, sigue el largo trueno del acto; si alguna vez jugué a los dados con los dioses en la mesa de dioses de la tierra, de modo que la tierra tembló y se abrió y vomitó hacia lo alto ríos de fuego: — pues una mesa de dioses es la tierra, y tiembla por las nuevas palabras creadoras y por los lanzamientos de dados divinos: ¿Oh, cómo no habría de estar yo en celo por la eternidad y por el anillo nupcial de los anillos, — el anillo del retorno?
Nunca aún encontré a la mujer de la que quisiera tener hijos, exceptuando esta mujer a quien amo: porque te amo, oh eternidad.
Porque te amo, oh eternidad.
[4] Si alguna vez bebí un copioso trago de ese cántaro espumeante de sazonar y mezclar, en el que todas las cosas están bien mezcladas; si mi mano alguna vez vertió lo más lejano en lo más próximo, y fuego al espíritu, y placer al sufrimiento, y lo peor a lo más bondadoso; si yo mismo soy un grano de esa sal redentora que hace que todas las cosas se mezclen bien en el cántaro de mezclar: — pues hay una sal que liga lo bueno con lo malo; y también lo peor es digno de sazonar y de ese último rebosar: ¿Oh, cómo no habría de estar yo en celo por la eternidad y por el anillo nupcial de los anillos, — el anillo del retorno?
Nunca aún encontré a la mujer de la que quisiera tener hijos, exceptuando esta mujer a quien amo: porque te amo, oh eternidad.
Porque te amo, oh eternidad.
[5] Si soy afín al mar y a todo lo que es índole del mar, y más afín aún cuando me contradice airado; si en mí hay ese deseo buscador que impulsa las velas hacia lo inexplorado, si hay en mi deseo un deseo de navegante; si alguna vez mi regocijo exclamó: “la costa se desvaneció, ahora cayó de mí la última cadena; lo ilimitado ruge a mi alrededor, muy hacia lo lejos brillan para mí el espacio y el tiempo, ¡Ea! ¡Arriba, viejo corazón!”: ¿Oh, cómo no habría de estar yo en celo por la eternidad y por el anillo nupcial de los anillos, — el anillo del retorno?
Nunca aún encontré a la mujer de la que quisiera tener hijos, exceptuando esta mujer a quien amo: porque te amo, oh eternidad.
Porque te amo, oh eternidad.
[6] Si mi virtud es la virtud de un danzarín, y a menudo he saltado con ambos pies a un éxtasis de oro y esmeralda; si mi malicia es una malicia riente, en su casa bajo emparrados de rosas y entre setos de lirios: — pues en la risa está todo lo malo junto, pero santificado y absuelto por su propia bienaventuranza; y si esto es mi alfa y omega: que todo lo pesado se vuelva ligero, todo cuerpo danzarín, todo espíritu pájaro; y, en verdad, esto es mi alfa y omega: — ¿Oh, cómo no habría de estar yo en celo por la eternidad y por el anillo nupcial de los anillos, — el anillo del retorno?
Nunca aún encontré a la mujer de la que quisiera tener hijos, exceptuando esta mujer a quien amo: porque te amo, oh eternidad.
Porque te amo, oh eternidad.
[7] Si alguna vez extendí cielos silenciosos sobre mí y volé con mis propias alas a mis propios cielos; si nadé jugando en profundas lejanías de luz, y llegó la sabiduría-pájaro de mi libertad: — mas la sabiduría-pájaro habla así: “Mira, no hay arriba, no hay abajo. Arrójate de un lado a otro, hacia fuera, hacia atrás, tú, ligero. ¡Canta, no hables más! ¿No están todas las palabras hechas para los pesados? ¿No mienten al ligero todas las palabras? ¡Canta, no hables más!” ¿Oh, cómo no habría de estar yo en celo por la eternidad y por el anillo nupcial de los anillos, — el anillo del retorno?
Nunca aún encontré a la mujer de la que quisiera tener hijos, exceptuando esta mujer a quien amo: porque te amo, oh eternidad.
Porque te amo, oh eternidad.
Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.
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