2. 14. DEL PAÍS DE LA CULTURA

Demasiado lejos volé hacia el interior del futuro: un espanto me sobrevino. Y cuando miré en torno a mí, mira: entonces era el tiempo mi único contemporáneo. Entonces huí hacia atrás, hacia el hogar —y cada vez más deprisa: así llegué a vosotros, los del presente, y al país de la cultura. Por primera vez traje conmigo un ojo para vosotros, y buen deseo: en verdad, con anhelo en el corazón vine.

Pero ¿qué me ocurrió? Por mucho miedo que tuviera, tuve que reír. ¡Nunca vio mi ojo algo tan moteado de colores! Reí y reí, mientras aún me temblaba el pie y con él el corazón: “Aquí está, sí, el hogar de todos los botes de pintura”, dije.

Pintados con cincuenta manchas en rostro y miembros: así estabais allí sentados, para mi asombro, vosotros, los del presente. Y con cincuenta espejos a vuestro alrededor, que halagaban y repetían vuestro juego de colores. En verdad, no podríais llevar mejor máscara, vosotros, los del presente, que vuestro propio rostro. ¡Quién podría — reconoceros!

Escritos de arriba abajo con los signos del pasado, y también esos signos sobrepintados con nuevos signos: así os habéis ocultado bien de todos los intérpretes de signos. Y aunque uno fuese escrutador de riñones: ¿quién cree aún que tenéis riñones? Parecéis horneados de colores y de papeles encolados. Todos los tiempos y pueblos miran abigarrados desde vuestros velos; todas las costumbres y creencias hablan abigarradas desde vuestros gestos.

Quien os quitara velos y mantos y pinturas y gestos: justo lo bastante conservaría para espantar con ello a los pájaros. En verdad, yo mismo soy el pájaro espantado que una vez os vio desnudos y sin pintura; y huí lejos cuando el esqueleto me hizo señas de amor. Antes querría aún ser jornalero en el inframundo y entre las sombras de antaño: ¡más gordos y más llenos que vosotros están, sí, aún los del inframundo!

Esto, sí, esto es amargura para mis entrañas: que ni desnudos ni vestidos os soporte, vosotros, los del presente. Todo lo inquietante del futuro, y cuanto alguna vez hizo estremecerse a pájaros extraviados, es en verdad más hogareño aún y más familiar que vuestra “realidad”. Pues así habláis: “Reales somos por entero, y sin fe ni superstición”: así sacáis pecho —¡ay, aun sin pechos! Sí, ¡cómo habríais de poder creer, vosotros, moteados de colores! — vosotros, que sois pinturas de todo lo que alguna vez fue creído. Refutaciones andantes sois de la fe misma, y quebrantamiento de miembros de todos los pensamientos. Inverosímiles: así os llamo yo, vosotros, los reales.

Todos los tiempos parlotean unos contra otros en vuestros espíritus; y los sueños y parloteos de todos los tiempos fueron más reales aún que vuestra vigilia. Estériles sois: por eso os falta fe. Pero quien tuvo que crear tuvo también siempre sus sueños verdaderos y señales de las estrellas —y creía en la fe. Puertas medio abiertas sois, ante las cuales esperan sepultureros. Y esa es vuestra realidad: “Todo merece perecer”.

¡Ay, cómo estáis ahí plantados, vosotros, estériles, qué magros en las costillas! Y más de uno de vosotros tuvo él mismo alguna conciencia de ello. Y dijo: “¿Acaso un dios, mientras yo dormía, me ha robado algo en secreto? ¡En verdad, lo bastante para formarse de ello una mujercilla! ¡Asombrosa es la pobreza de mis costillas!” Así habló ya más de uno de los del presente.

Sí, motivo de risa sois para mí, vosotros, los del presente. Y especialmente cuando os asombráis de vosotros mismos. ¡Y ay de mí, si no pudiera reír de vuestro asombro y tuviera que tragar todo lo repugnante de vuestras escudillas! Pero así quiero tomármelo más a la ligera con vosotros, pues cosas pesadas tengo que llevar; ¿y qué me importa si escarabajos y gusanos alados se posan aún sobre mi fardo? En verdad, no se me ha de volver por eso más pesado. Y no de vosotros, vosotros, los del presente, ha de venirme el gran cansancio.

¡Ay, adónde he de ascender ahora todavía con mi anhelo! Desde todas las montañas miro en busca de tierras paternas y maternas. Pero hogar no encontré en ningún sitio: sin asiento soy en todas las ciudades, y una partida en todas las puertas. Extraños me son y una burla los del presente, a los que hace poco me llevó el corazón; y desterrado estoy de las tierras paternas y maternas. Así amo solo aún la tierra de mis hijos, la no descubierta, en el mar más lejano: hacia ella mando a mis velas buscarla y buscarla. En mis hijos quiero reparar que soy hijo de mis padres: y en todo el futuro — este presente.

Así habló Zaratustra.

Traducción revisada con asistencia de IA basada en la arquitectura Transformer. Edición orientada por el texto alemán (Colli y Montinari) y la división estructural de Walter Kaufmann.


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