2.9. LA CANCIÓN DE LA NOCHE

Es de noche: ahora hablan más fuerte todas las fuentes que saltan. Y también mi alma es una fuente que salta.

Es de noche: solo ahora despiertan todas las canciones de los que aman. Y también mi alma es la canción de uno que ama.

Algo no saciado, insaciable hay en mí; quiere volverse sonoro. Un ansia de amor hay en mí, que habla ella misma el lenguaje del amor.

Luz soy: ¡ah, que fuera noche! Pero esta es mi soledad: que estoy ceñido de luz. ¡Ah, que fuera oscuro y nocturno! ¡Cómo querría mamar de los pechos de la luz! Y aun a vosotras mismas os bendeciría, vosotras, pequeñas estrellas chispeantes y luciérnagas allá arriba; y sería bienaventurado por vuestros regalos de luz.

Pero yo vivo en mi propia luz, bebo de nuevo en mí las llamas que brotan de mí. No conozco la dicha del que toma; y a menudo he soñado que robar debe ser aún más bienaventurado que tomar. Esa es mi pobreza, que mi mano nunca descansa de regalar; esa es mi envidia, que veo ojos que esperan y las iluminadas noches del anhelo. ¡Oh, malaventura de todos los que regalan! ¡Oh, eclipse de mi sol! ¡Oh, ansia de ansiar! ¡Oh, hambre ardiente en la saciedad!

Toman de mí: ¿pero toco yo aún su alma? Hay una brecha entre dar y tomar; y la brecha más pequeña es la última que se salva. Un hambre crece de mi belleza: querría herir a aquellos a quienes ilumino, querría despojar a aquellos a quienes he regalado: así tengo hambre de maldad. Retirando la mano cuando ya se le tiende la mano; vacilando como la cascada, que aún vacila en la caída: así tengo hambre de maldad. Tal venganza maquina mi plenitud; tal malicia mana de mi soledad. Mi dicha en regalar se extinguió al regalar, mi virtud se cansó de sí misma por su sobreabundancia.

El riesgo del que siempre regala es que pierda el pudor; la mano y el corazón del que siempre reparte tienen callos de puro repartir. Mi ojo ya no rebosa ante el pudor de los que piden; mi mano se volvió demasiado dura para el temblor de manos colmadas. ¿Adónde fue a parar la lágrima de mi ojo y el plumón de mi corazón? ¡Oh, soledad de todos los que regalan! ¡Oh, silencio de todos los que brillan!

Muchos soles giran en el espacio vacío: a todo lo que es oscuro, hablan con su luz; para mí callan. Oh, esta es la enemistad de la luz contra lo que brilla: inmisericorde recorre sus órbitas. Injusto en lo más profundo de su corazón contra lo que brilla, frío contra otros soles: así camina cada sol.

Como una tormenta vuelan los soles por sus órbitas: ese es su caminar. Siguen su voluntad inexorable: esa es su frialdad.

Oh, solo vosotros sois, vosotros los oscuros, vosotros los nocturnos, los que creáis calor a partir de lo que brilla. Oh, solo vosotros bebéis leche y refrigerio de las ubres de la luz.

Ay, hielo hay a mi alrededor, mi mano se quema en lo helado. Ay, sed hay en mí, que se consume por vuestra sed.

Es de noche: ¡ay, que deba ser luz! ¡Y sed de lo nocturno! ¡Y soledad!

Es de noche: ahora mi anhelo brota de mí como un manantial: anhelo hablar.

Es de noche: ahora hablan más fuerte todas las fuentes que saltan. Y también mi alma es una fuente que salta.

Es de noche: solo ahora despiertan todas las canciones de los que aman. Y también mi alma es la canción de uno que ama.

Así cantó Zaratustra.

Traducción revisada con asistencia de IA basada en la arquitectura Transformer. Edición orientada por el texto alemán (Colli y Montinari) y la división estructural de Walter Kaufmann.

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