1.5. DE LAS ALEGRÍAS Y PASIONES

Hermano mío, si tienes una virtud, y es tu virtud, no la tienes en común con nadie. Ciertamente, quieres llamarla por su nombre y acariciarla; quieres tirarle de la oreja y solazarte con ella. Y mira, ahora tienes su nombre en común con el pueblo, y te has vuelto pueblo y rebaño con tu virtud.

Mejor harías en decir: «Indecible y sin nombre es lo que causa a mi alma tormento y dulzura, y es, además, el hambre de mis entrañas».

Que tu virtud sea demasiado elevada para la familiaridad de los nombres; y si tienes que hablar de ella, no te avergüences de tartamudear sobre ella. Así habla y tartamudea: «Eso es mi bien, eso amo; así me place por entero; sólo así quiero yo el bien. No lo quiero como ley de un dios, no lo quiero como ordenanza y necesidad humanas: no sea para mí guía hacia supratierras y paraísos. Una virtud terrenal es la que yo amo: poca inteligencia hay en ella, y menos aún la razón de todos. Pero este pájaro construyó junto a mí su nido: por eso lo amo y lo acaricio; ahora está sentado junto a mí sobre sus huevos de oro». Así debes tartamudear y alabar tu virtud.

En otro tiempo tuviste pasiones y las llamaste malas. Pero ahora ya sólo tienes tus virtudes: crecieron de tus pasiones. A estas pasiones les pusiste en el corazón tu meta más alta: entonces se volvieron tus virtudes y tus gozo-pasiones.

Y ya fueras de la estirpe de los iracundos, o de la de los voluptuosos, o de la de los furiosos de la fe, o de la de los vengativos: al final todas tus pasiones se volvieron virtudes, y todos tus demonios, ángeles. En otro tiempo tuviste perros salvajes en tu sótano; pero al final se transformaron en pájaros y dulces cantoras. De tus venenos te preparaste tu bálsamo; ordeñaste tu vaca Pesadumbre: ahora bebes la dulce leche de su ubre.

Nada malo crecerá ya en ti de ahora en adelante, salvo el mal que nace de la lucha de tus virtudes. Hermano mío, si tienes suerte, entonces tienes una sola virtud y no más: así cruzas más fácilmente el puente. Es cosa distinguida tener muchas virtudes, pero un duro sino; y más de uno se fue al desierto y se mató, porque estaba cansado de ser batalla y campo de batalla de virtudes.

Hermano mío, ¿son guerra y batalla malas? Pero necesario es este mal; necesaria es la envidia, la desconfianza y la calumnia entre tus virtudes. Mira, cómo cada una de tus virtudes ansía lo más alto: quiere todo tu espíritu, para que sea su heraldo; quiere toda tu fuerza para la ira, el odio y el amor. Celosa está cada virtud de la otra, y terrible cosa son los celos. También las virtudes pueden sucumbir a los celos. A quien rodea la llama de los celos, ése vuelve al final, como el escorpión, contra sí mismo el aguijón envenenado. ¡Ay, hermano mío! ¿No has visto nunca a una virtud calumniarse y apuñalarse a sí misma?

El hombre es algo que debe ser superado; y por eso debes amar tus virtudes, porque perecerás por ellas.

Así habló Zaratustra.

Traducción desde el alemán (ed. crítica Colli-Montinari), revisada con ayuda de IA basada en arquitectura Transformer, siguiendo la segmentación de párrafos de Walter Kaufmann.

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