1.16. DEL AMOR AL PRÓJIMO

Vosotros os agolpáis alrededor del prójimo y tenéis bellas palabras para ello. Pero yo os digo: vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor hacia vosotros mismos. Huís hacia el prójimo para escapar de vosotros mismos y quisierais hacer de ello una virtud; pero yo veo a través de vuestro «desinterés».

El Tú es más antiguo que el Yo; el Tú ha sido declarado sagrado, pero todavía no el Yo: así se empuja el hombre hacia el prójimo.

¿Os aconsejo yo el amor al prójimo? Mejor todavía os aconsejo la huida ante el prójimo y el amor al más lejano. Más alto que el amor al prójimo es el amor al más lejano y futuro; más alto todavía que el amor a los hombres es el amor a las cosas y los fantasmas. Este fantasma que corre delante de ti, hermano mío, es más hermoso que tú; ¿por qué no le das tu carne y tus huesos? Pero tú te temes y corres hacia tu prójimo.

Vosotros no os soportáis a vosotros mismos y no os amáis bastante: ahora queréis seducir al prójimo al amor y doraros con su error. Quisiera que no soportarais a prójimos de ninguna clase ni a sus vecinos; entonces tendríais que crear de vosotros mismos a vuestro amigo y su corazón desbordante.

Vosotros invitáis a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros; y cuando lo habéis seducido a pensar bien de vosotros, pensáis vosotros mismos bien de vosotros.

No sólo miente aquel que habla contra su saber, sino más aún aquel que habla contra su no saber. Y así habláis de vosotros en el trato y engañáis al vecino con vosotros mismos.

Así habla el necio: «el trato con hombres corrompe el carácter, sobre todo cuando no se tiene».

El uno va hacia el prójimo porque se busca a sí mismo, y el otro, porque querría perderse. Vuestro mal amor a vosotros mismos hace para vosotros de la soledad una prisión. Los más lejanos son los que pagan vuestro amor al prójimo; y ya cuando estáis cinco juntos, siempre debe morir un sexto.

Tampoco amo vuestras fiestas: encontré demasiados actores en ellas, y también los espectadores se comportaban a menudo igual que actores.

No os enseño al prójimo, sino al amigo. Que el amigo sea para vosotros la fiesta de la tierra y un presentimiento del superhombre. Yo os enseño al amigo y su corazón rebosante. Pero se debe saber ser una esponja cuando se quiere ser amado por corazones rebosantes. Yo os enseño al amigo, en el que el mundo está ahí acabado, una copa del bien; el amigo creador, que siempre tiene un mundo acabado que regalar. Y así como para él el mundo se desenrolló separándose, así vuelve a enrollársele en anillos, como el devenir del bien a través del mal, como el devenir de los fines a partir del azar.

Que el futuro y lo más lejano sea para ti la causa de tu hoy: en tu amigo has de amar al superhombre como tu causa.

Hermanos míos, no os aconsejo el amor al prójimo: os aconsejo el amor al más lejano.

Así habló Zaratustra.

Traducción revisada con asistencia de IA basada en la arquitectura Transformer. Edición orientada por el texto alemán (Colli y Montinari) y la división estructural de Walter Kaufmann.

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