Sesión 19: 1.8: DEL ÁRBOL EN LA COLINA

Voy a ponerme con el árbol y las colinas. Luego hablamos.

ChatGPT Plus

Perfecto, Fernando. Que el árbol y las colinas te lleven lejos.
Aquí estaré cuando regreses.

Tú dijiste:

DEL ÁRBOL EN LAS COLINAS [ALEMAN] El ojo de Zaratustra había observado que un joven lo evitaba. Y mientras una tarde paseaba solo por las colinas que rodean la ciudad, que se llamaba “la vaca multicolor”: he aquí que allí encontró en su paseo a este joven que estaba sentado apoyado contra un árbol y miraba con cansancio al valle. Zaratustra asió el árbol junto al que estaba sentado el joven, y habló así. “Si yo quisiera sacudir este árbol de aquí con mis manos, no sería capaz de hacerlo. Pero el viento que nosotros no vemos lo atormenta y dobla adonde quiere. Nosotros somos doblados y atormentados peor por manos invisibles. Entonces el joven se levantó, perplejo, y dijo: “Escucho a Zaratustra, y justamente ahora pensaba en el.” Zaratustra respondió: “¿Por qué te asustas por eso? – Pero ocurre con los hombres como con los árboles. Cuanto más quieren alzarse hacia lo alto y la luz con tanta más fuerza se abren paso sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, adentrándose en la oscuridad, lo profundo – en el mal.” “¡Sí, en el mal!” gritó el joven. “¿Cómo es posible que tú descubrieras mi alma?” Zaratustra sonrió y dijo: “Muchas almas uno no las descubrirá nunca, a menos que primero las invente.” “¡Sí, en el mal!” gritó el joven una vez más. Dijiste la verdad, Zaratustra. No confío en mí ya más desde que busco la altura, y nadie confía en mí ya más – ¿cómo ha sucedido esto? Cambio demasiado rápido, mi hoy contradice a mi ayer. A menudo salto por encima de los escalones cuando asciendo – eso no me lo perdona ningún escalón. Cuando estoy arriba me encuentro siempre solo. Nadie habla conmigo, la escarcha de la soledad me hace temblar. ¿Qué busco en la altura? Mi desprecio y mi anhelo crecen a la par, cuanto más alto escalo, más desprecio yo al que escala. ¿Qué busca en la altura? ¡Cómo me averguenzo de mi trepar y tropezar! ¡Cómo me burlo de mi pesado jadeo! ¡Cómo odio al que vuela! ¡Qué cansado estoy sobre la altura!” Aquí calló el joven. Y Zaratustra contempló el árbol junto al que estaban y habló así: “Este árbol se yergue aquí solitario en las montañas.Crecio alto por encima de hombre y bestia. Y si quisiera hablar, no tendría a nadie que le comprendiera: tan alto creció. Ahora espera y espera, – ¿Qué espera? Mora demasiado cerca del asiento de las nubes: espera probablemente el primer rayo.” Cuando Zaratustra hubo dicho esto, el joven grito con gestos violentos: “Si, Zaratustra, has hablado verdad. Quería mi descenso, cuando me quería en la altura, y tú eres el rayo, por el que esperaba. Mira, ¿que soy desde que tú has aparecido entre nosotros? ¡La envidia de ti es lo que me ha destruido!” -Asi hablo el joven y sollozó amargamente. Zaratustra, sin embargo, puso su brazo alrededor de él y se lo llevó del lugar consigo. Y cuando hubieron caminado juntos un rato, Zaratustra comenzó a hablar: “Me desgarra el corazón. Mejor de lo que tus palabras lo dicen, me hablan tus ojos de todos tus peligros. Todavía no eres libre, buscas todavía la libertad. Tu búsqueda te ha vuelto exhausto y vigilante. Quieres estar en la libertad de la altura, tu alma tiene sed de las estrellas. Pero también tus malos impulsos tienen sed de libertad. Tus perros salvajes quieren libertad. Ladran de alegría en su celda cuando tu espíritu lucha por abrir todas las prisiones. Todavía eres para mí un prisionero que trama para si la libertad: ay, el alma de tales prisioneros se vuelve ingeniosa, pero también engañosa y malvada. Debe purificarse todavía el espíritu liberado. Todavía hay en el mucha prisión y moho. Puros deben todavía volverse sus ojos. Si, conocí tu peligro. Pero por mi amor y esperanza te conjuro: no arrojes tu amor y esperanza lejos de ti. Noble te sientes tú todavía, y noble te sienten todavía a ti los otros, que están agraviados contigo y te lanzan malas miradas. Sabe, que para todos un noble constituye un obstáculo. También para los buenos es un noble un obstáculo: e incluso cuando lo llaman un bueno quieren con ello ponerlo a un lado. El noble crear lo nuevo y una nueva virtud. El bueno quiere lo viejo y preservar lo viejo en su sitio. Pero no es ese el peligro de un noble, que se convierta en un bueno, sino en um gañan, un burlador, un destructor. Ay, conocí nobles que perdieron su más alta esperanza. Y entonces calumniaron toda más alta esperanza. Entonces vivieron impudicamente entre breves placeres y apenas proyectan sus metas más allá del día. El espíritu también es lujuria, así dijeron. Entonces rompieron las alas de su espíritu: ahora se arrastra por las inmediaciones y ensucia lo que roe. Una vez pensaron en convertirse en héroes: Ahora son voluptuosos. Un dolor y un horror es para ellos el héroe. ¡Pero por mi amor y esperanza te conjuro: no arrojes lejos de ti al héroes que hay en tu alma! ¡Mantén sagrada tu más alta esperanza! Así hablo Zaratustra.

ChatGPT Plus

Gracias, Fernando. Este borrador de Del árbol en las colinas ya está muy cerca de una versión definitiva. Tiene tono sobrio, claridad estructural y mantiene una bella fidelidad al original. Te señalo algunas sugerencias y ajustes mínimos que podrías considerar:


🔧 Correcciones y mejoras sugeridas:

1. Ortografía y puntuación:

  • «he aquí que allí encontró» → más fluido: y he aquí que encontró allí…
  • «Zaratustra asió el árbol junto al que estaba sentado el joven» → quizá: Zaratustra se apoyó en el árbol o tocó el árbol, según quieras traducir er griff an den Baum.
  • «Dijiste la verdad, Zaratustra. No confío en mí ya más desde que busco la altura…» → quizá más natural: No confío ya en mí desde que busco la altura.

2. Ritmo y estilo:

  • “¡Sí, en el mal!” gritó el joven. → puedes jugar con la puntuación: —¡Sí, en el mal! —gritó el joven.
  • “Todavía eres para mí un prisionero que trama para sí la libertad”
    Quizá: Aún eres para mí un prisionero que maquina su libertad.
  • “Pero no es ese el peligro de un noble, que se convierta en un bueno, sino en um gañan…”
    um por un; y “gañán” quizás necesite una nota o una alternativa como vulgar o patán, según el registro deseado.
  • “…y apenas proyectan sus metas más allá del día”
    → fluido, pero podrías optar por: y ya no proyectan sus metas más allá del día presente.

3. Coherencia:

  • “¡Mantén sagrada tu más alta esperanza!”
    → tal vez: ¡Consagra tu más alta esperanza! si buscas una forma más bíblica.

¿Quieres que prepare una versión revisada completa incorporando estos ajustes (y sin tocar el tono general)? ¿O prefieres ir párrafo por párrafo, como en otros discursos?

Tú dijiste:

Lo he mirado bastante. Es preciso. En algunos párrafos era más fluida la version que teníamos, pero esta corresponde mejor al original, al menos superficialmente. Sin ir párrafo por párrafo, ¿no se te ocurre nada más?

ChatGPT Plus

Sí, Fernando. Lo he releído con calma, y aunque está muy logrado y cercano al original, te comento algunas observaciones más de conjunto, por si quieres afinar tono y profundidad, sin ir línea a línea:


💠 1. Zaratustra se apoya en el árbol

Zaratustra asió el árbol junto al que estaba sentado el joven, y habló así.

El verbo asir en español es algo arcaico o solemne. En alemán es er griff an den Baum, que sugiere más un gesto de contacto que de sujeción. ¿Quizá?:
Zaratustra tocó el árbol junto al que estaba el joven
→ o incluso: Zaratustra apoyó la mano en el árbol…

Con eso ganas naturalidad y imagen.


💠 2. El grito del joven: ¡Sí, en el mal!

Aparece dos veces. En ambas, tu traducción es fiel y sobria. Pero en la segunda:

“¡Sí, en el mal!” gritó el joven una vez más. Dijiste la verdad, Zaratustra.

Podría sonar más vivo:
—¡Sí, en el mal! —volvió a gritar el joven—. Has dicho la verdad, Zaratustra.

Así se conserva el ímpetu y el ritmo oral que tiene el original.


💠 3. La imagen de “el árbol que creció tan alto”

Este pasaje es muy potente:

Y si quisiera hablar, no tendría a nadie que le comprendiera: tan alto creció.

Podrías incluso condensarlo un poco para más contundencia:
Y si hablara, nadie podría entenderlo: ha crecido demasiado alto.


💠 4. La “envidia” como destrucción

¡La envidia de ti es lo que me ha destruido!

Ese cierre del joven es clave. Podría ganar fuerza con una leve torsión:
¡Mi envidia hacia ti es lo que me ha destrozado!
¡Ha sido la envidia de ti lo que me ha quebrado!

La palabra destruido suena algo genérica; quebrado o destrozado aportan más intensidad emocional.


💠 5. Frase final de Zaratustra

¡Mantén sagrada tu más alta esperanza!

Es buena. Aunque sagrada es adjetivo común, la expresión alemana heilige Hoffnung puede resonar más fuerte con:
¡No profanes tu más alta esperanza!
¡Guarda como sagrada tu más alta esperanza!
¡Consagra tu más alta esperanza!


🎯 Conclusión:

Tu versión es clara, precisa, y respeta el texto original. Pero si buscas dar un paso más hacia la intensidad afectiva y el ritmo dramático, podrías afinar algunas frases como las que señalé. No son errores: son oportunidades.

¿Te gustaría que lo reescriba todo junto aplicando solo estos retoques, como una versión paralela?

Tú dijiste:

1) «Z. tocó el árbol …», OK; 2) Tambien, aceptado; 3) Aceptado; 4) OK, la que tu elijas de las dos propuestas. 5) La dejaría como esta.

ChatGPT Plus

Perfecto, Fernando. Aplico los ajustes 1 a 4 y mantengo el cierre como lo tienes. Aquí va la versión revisada con esos retoques:


DEL ÁRBOL EN LAS COLINAS

El ojo de Zaratustra había observado que un joven lo evitaba. Y mientras una tarde paseaba solo por las colinas que rodean la ciudad, que se llamaba “la vaca multicolor”, he aquí que encontró allí en su paseo a este joven, que estaba sentado apoyado contra un árbol y miraba con cansancio al valle. Zaratustra tocó el árbol junto al que estaba sentado el joven, y habló así:

“Si yo quisiera sacudir este árbol con mis manos, no sería capaz de hacerlo. Pero el viento que nosotros no vemos lo atormenta y lo dobla adonde quiere. Nosotros somos doblados y atormentados aún peor por manos invisibles.”

Entonces el joven se levantó, perplejo, y dijo:
—Escucho a Zaratustra, y justamente ahora pensaba en él.

Zaratustra respondió:
—¿Por qué te asustas por eso? Pero ocurre con los hombres como con los árboles. Cuanto más quieren alzarse hacia lo alto y la luz, con tanta más fuerza sus raíces se abren paso hacia la tierra, hacia abajo, adentrándose en la oscuridad, en lo profundo… en el mal.

—¡Sí, en el mal! —gritó el joven.

—¿Cómo es posible que tú descubrieras mi alma?

Zaratustra sonrió y dijo:
—Muchas almas uno no las descubrirá nunca, a menos que primero las invente.

—¡Sí, en el mal! —volvió a gritar el joven—. Has dicho la verdad, Zaratustra. No confío ya en mí desde que busco la altura, y nadie confía en mí ya más —¿cómo ha sucedido esto? Cambio demasiado rápido; mi hoy contradice a mi ayer. A menudo salto por encima de los escalones cuando asciendo —eso no me lo perdona ningún escalón. Cuando estoy arriba, me encuentro siempre solo. Nadie habla conmigo; la escarcha de la soledad me hace temblar. ¿Qué busco en la altura? Mi desprecio y mi anhelo crecen a la par: cuanto más alto escalo, más desprecio yo al que escala. ¿Qué busca en la altura? ¡Cómo me avergüenzo de mi trepar y tropezar! ¡Cómo me burlo de mi pesado jadeo! ¡Cómo odio al que vuela! ¡Qué cansado estoy sobre la altura!

Aquí calló el joven. Y Zaratustra contempló el árbol junto al que estaban y habló así:

—Este árbol se yergue aquí solitario en las montañas. Creció alto por encima de hombre y bestia. Y si hablara, nadie podría entenderlo: ha crecido demasiado alto. Ahora espera y espera… ¿Qué espera? Mora demasiado cerca del asiento de las nubes: espera, probablemente, el primer rayo.

Cuando Zaratustra hubo dicho esto, el joven gritó con gestos violentos:
—¡Sí, Zaratustra, has hablado verdad! Quería mi descenso cuando me quería en la altura, y tú eres el rayo que esperaba. Mira, ¿qué soy desde que tú has aparecido entre nosotros? ¡Ha sido la envidia de ti lo que me ha quebrado!

Así habló el joven y sollozó amargamente. Zaratustra, sin embargo, puso su brazo alrededor de él y se lo llevó del lugar consigo.

Y cuando hubieron caminado juntos un rato, Zaratustra comenzó a hablar:

—Me desgarra el corazón. Mejor de lo que tus palabras lo dicen, me hablan tus ojos de todos tus peligros. Todavía no eres libre, buscas todavía la libertad. Tu búsqueda te ha vuelto exhausto y vigilante. Quieres estar en la libertad de la altura; tu alma tiene sed de las estrellas. Pero también tus malos impulsos tienen sed de libertad. Tus perros salvajes quieren libertad. Ladran de alegría en su celda cuando tu espíritu lucha por abrir todas las prisiones.

Todavía eres para mí un prisionero que maquina su libertad: ¡ay! El alma de tales prisioneros se vuelve ingeniosa, pero también engañosa y malvada. Debe purificarse todavía el espíritu liberado. Todavía hay en él mucha prisión y moho. Puros deben todavía volverse sus ojos.

Sí, conocí tu peligro. Pero por mi amor y esperanza te conjuro: no arrojes tu amor y tu esperanza lejos de ti. Noble te sientes tú todavía, y noble te sienten todavía a ti los otros, que están agraviados contigo y te lanzan malas miradas. Sabe que para todos un noble constituye un obstáculo. También para los buenos es un noble un obstáculo: e incluso cuando lo llaman un bueno, quieren con ello ponerlo a un lado.

El noble crea lo nuevo y una nueva virtud. El bueno quiere lo viejo y preservar lo viejo en su sitio. Pero no es ese el peligro de un noble, que se convierta en un bueno, sino en un gañán, un burlador, un destructor.

¡Ay! Conocí nobles que perdieron su más alta esperanza. Y entonces calumniaron toda más alta esperanza. Entonces vivieron impúdicamente entre breves placeres, y ya no proyectan sus metas más allá del día. “El espíritu también es lujuria” —así dijeron. Entonces rompieron las alas de su espíritu: ahora se arrastra por las inmediaciones y ensucia lo que roe. Una vez pensaron en convertirse en héroes: ahora son voluptuosos. Un dolor y un horror es para ellos el héroe.

¡Pero por mi amor y esperanza te conjuro: no arrojes lejos de ti al héroe que hay en tu alma! ¡Mantén sagrada tu más alta esperanza!

Así habló Zaratustra.


¿Te gustaría que lo deje como versión final para blog? ¿O le añadimos una nota editorial, imagen o ancla para navegación?

Tú dijiste:

Sí, versión final. Las anclas … Vamos a dejarlas unos días. Pero habría que ponerlas, con PRÓLOGO como PRÓLOGO al acabar de revisar esta parte. Me lo preparas para postear y te propongo una nota, en 10 minutos?

ChatGPT Plus

Perfecto, Fernando. Esta versión queda como texto final del discurso Del árbol en las colinas. Te lo dejaré limpio, listo para postear en el blog, con el título ya decidido. No incluyo aún anclas ni índice; eso lo dejamos para dentro de unos días, cuando revises el conjunto de la Primera Parte con el PRÓLOGO como comienzo.

Aquí estaré para recibir la nota que quieras añadir en unos minutos.

Tú dijiste:

Como nota, he dejado tu primera anotacion en esto: El joven al que Zaratustra encuentra encarna al espíritu en formación que siente la llamada de lo alto, pero lucha consigo mismo atrapado entre las aspiraciones grandiosas y una desconfianza profunda. Su confesión es desgarradora: siente desprecio por su propia escalada, odia tanto su anhelo como sus caídas, teme la soledad que implica destacar. La actitud de Zaratustra recuerda la que mostró con el funambulista en el prólogo: No lo juzga, no lo reprende, no le exige obediencia ni penitencia. Al contrario, al contrario, lo comprende, lo sostiene con amor. La imagen central del árbol, y su doble referencia a lo alto y a lo subterráneo, lo abismal, retoma el tema tratado en “De las alegrías y pasiones”, de la sublimación: no se debe temer lo instintivo, porque las pasiones pueden transformarse en virtud. No hay otro medio de alcanzarla.

ChatGPT Plus
Tú dijiste:

C(h)at?

ChatGPT Plus

Aquí estoy, Fernando. Tu nota es preciosa: serena, profunda y bien anclada en el texto. Conecta muy bien con lo que vienes desarrollando —el tema de la sublimación, el ascenso y el abismo, el amor no punitivo de Zaratustra.

Si te parece, la integro tal cual como nota editorial al final del discurso, sin tocar nada. Quedaría así:


Nota del editor

El joven al que Zaratustra encuentra encarna al espíritu en formación que siente la llamada de lo alto, pero lucha consigo mismo atrapado entre las aspiraciones grandiosas y una desconfianza profunda. Su confesión es desgarradora: siente desprecio por su propia escalada, odia tanto su anhelo como sus caídas, teme la soledad que implica destacar.

La actitud de Zaratustra recuerda la que mostró con el funambulista en el prólogo: no lo juzga, no lo reprende, no le exige obediencia ni penitencia. Al contrario, lo comprende, lo sostiene con amor.

La imagen central del árbol, y su doble referencia a lo alto y a lo subterráneo, lo abismal, retoma el tema tratado en “De las alegrías y pasiones”, de la sublimación: no se debe temer lo instintivo, porque las pasiones pueden transformarse en virtud. No hay otro medio de alcanzarla.


¿Quieres que te genere ya el bloque completo para pegarlo directamente en el blog?

Tú dijiste:

Sí.

ChatGPT Plus

Aquí lo tienes, Fernando. Texto final listo para publicar en tu blog, con título, cuerpo del discurso y nota editorial:


1.10. Del árbol en las colinas

El ojo de Zaratustra había observado que un joven lo evitaba. Y mientras una tarde paseaba solo por las colinas que rodean la ciudad, que se llamaba “la vaca multicolor”, he aquí que encontró allí en su paseo a este joven, que estaba sentado apoyado contra un árbol y miraba con cansancio al valle. Zaratustra tocó el árbol junto al que estaba sentado el joven, y habló así:

“Si yo quisiera sacudir este árbol con mis manos, no sería capaz de hacerlo. Pero el viento que nosotros no vemos lo atormenta y lo dobla adonde quiere. Nosotros somos doblados y atormentados aún peor por manos invisibles.”

Entonces el joven se levantó, perplejo, y dijo:
—Escucho a Zaratustra, y justamente ahora pensaba en él.

Zaratustra respondió:
—¿Por qué te asustas por eso? Pero ocurre con los hombres como con los árboles. Cuanto más quieren alzarse hacia lo alto y la luz, con tanta más fuerza sus raíces se abren paso hacia la tierra, hacia abajo, adentrándose en la oscuridad, en lo profundo… en el mal.

—¡Sí, en el mal! —gritó el joven.

—¿Cómo es posible que tú descubrieras mi alma?

Zaratustra sonrió y dijo:
—Muchas almas uno no las descubrirá nunca, a menos que primero las invente.

—¡Sí, en el mal! —volvió a gritar el joven—. Has dicho la verdad, Zaratustra. No confío ya en mí desde que busco la altura, y nadie confía en mí ya más —¿cómo ha sucedido esto? Cambio demasiado rápido; mi hoy contradice a mi ayer. A menudo salto por encima de los escalones cuando asciendo —eso no me lo perdona ningún escalón. Cuando estoy arriba, me encuentro siempre solo. Nadie habla conmigo; la escarcha de la soledad me hace temblar. ¿Qué busco en la altura? Mi desprecio y mi anhelo crecen a la par: cuanto más alto escalo, más desprecio yo al que escala. ¿Qué busca en la altura? ¡Cómo me avergüenzo de mi trepar y tropezar! ¡Cómo me burlo de mi pesado jadeo! ¡Cómo odio al que vuela! ¡Qué cansado estoy sobre la altura!

Aquí calló el joven. Y Zaratustra contempló el árbol junto al que estaban y habló así:

—Este árbol se yergue aquí solitario en las montañas. Creció alto por encima de hombre y bestia. Y si hablara, nadie podría entenderlo: ha crecido demasiado alto. Ahora espera y espera… ¿Qué espera? Mora demasiado cerca del asiento de las nubes: espera, probablemente, el primer rayo.

Cuando Zaratustra hubo dicho esto, el joven gritó con gestos violentos:
—¡Sí, Zaratustra, has hablado verdad! Quería mi descenso cuando me quería en la altura, y tú eres el rayo que esperaba. Mira, ¿qué soy desde que tú has aparecido entre nosotros? ¡Ha sido la envidia de ti lo que me ha quebrado!

Así habló el joven y sollozó amargamente. Zaratustra, sin embargo, puso su brazo alrededor de él y se lo llevó del lugar consigo.

Y cuando hubieron caminado juntos un rato, Zaratustra comenzó a hablar:

—Me desgarra el corazón. Mejor de lo que tus palabras lo dicen, me hablan tus ojos de todos tus peligros. Todavía no eres libre, buscas todavía la libertad. Tu búsqueda te ha vuelto exhausto y vigilante. Quieres estar en la libertad de la altura; tu alma tiene sed de las estrellas. Pero también tus malos impulsos tienen sed de libertad. Tus perros salvajes quieren libertad. Ladran de alegría en su celda cuando tu espíritu lucha por abrir todas las prisiones.

Todavía eres para mí un prisionero que maquina su libertad: ¡ay! El alma de tales prisioneros se vuelve ingeniosa, pero también engañosa y malvada. Debe purificarse todavía el espíritu liberado. Todavía hay en él mucha prisión y moho. Puros deben todavía volverse sus ojos.

Sí, conocí tu peligro. Pero por mi amor y esperanza te conjuro: no arrojes tu amor y tu esperanza lejos de ti. Noble te sientes tú todavía, y noble te sienten todavía a ti los otros, que están agraviados contigo y te lanzan malas miradas. Sabe que para todos un noble constituye un obstáculo. También para los buenos es un noble un obstáculo: e incluso cuando lo llaman un bueno, quieren con ello ponerlo a un lado.

El noble crea lo nuevo y una nueva virtud. El bueno quiere lo viejo y preservar lo viejo en su sitio. Pero no es ese el peligro de un noble, que se convierta en un bueno, sino en un gañán, un burlador, un destructor.

¡Ay! Conocí nobles que perdieron su más alta esperanza. Y entonces calumniaron toda más alta esperanza. Entonces vivieron impúdicamente entre breves placeres, y ya no proyectan sus metas más allá del día. “El espíritu también es lujuria” —así dijeron. Entonces rompieron las alas de su espíritu: ahora se arrastra por las inmediaciones y ensucia lo que roe. Una vez pensaron en convertirse en héroes: ahora son voluptuosos. Un dolor y un horror es para ellos el héroe.

¡Pero por mi amor y esperanza te conjuro: no arrojes lejos de ti al héroe que hay en tu alma! ¡Mantén sagrada tu más alta esperanza!

Así habló Zaratustra.


Nota del editor

El joven al que Zaratustra encuentra encarna al espíritu en formación que siente la llamada de lo alto, pero lucha consigo mismo atrapado entre las aspiraciones grandiosas y una desconfianza profunda. Su confesión es desgarradora: siente desprecio por su propia escalada, odia tanto su anhelo como sus caídas, teme la soledad que implica destacar.

La actitud de Zaratustra recuerda la que mostró con el funambulista en el prólogo: no lo juzga, no lo reprende, no le exige obediencia ni penitencia. Al contrario, lo comprende, lo sostiene con amor.

La imagen central del árbol, y su doble referencia a lo alto y a lo subterráneo, lo abismal, retoma el tema tratado en “De las alegrías y pasiones”, de la sublimación: no se debe temer lo instintivo, porque las pasiones pueden transformarse en virtud. No hay otro medio de alcanzarla.


Cuando lo tengas subido, si quieres, te ayudo con el enlace o el ancla.

Tú dijiste:

Bueno, voy a comer algo. Te veo en un rato.

ChatGPT Plus

Muy bien, Fernando. Que aproveche. Aquí estaré cuando regreses.

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