1.20. DEL NIÑO Y EL MATRIMONIO

Tengo una pregunta para ti solo, hermano mío: como una plomada lanzo esta pregunta a tu alma, para saber cuán profunda es.

Eres joven y deseas para ti hijo y matrimonio. Pero yo te pregunto: ¿eres un hombre al que le sea lícito desear para sí un hijo? ¿Eres el victorioso, el conquistador de sí mismo, el dominador de los sentidos, el señor de tus virtudes? Así te pregunto. ¿O habla desde tu deseo el animal y la necesidad? ¿O el aislamiento? ¿O la discordia contigo mismo?

Yo quiero que tu victoria y tu libertad anhelen un hijo. Monumentos vivos has de construir a tu victoria y a tu liberación. Más allá de ti has de construir. Pero primero debes estar tú mismo construido, a escuadra en cuerpo y alma. No sólo has de propagarte hacia delante, sino hacia arriba. ¡Que a ello te ayude el jardín del matrimonio!

Un cuerpo más alto has de crear, un primer movimiento, una rueda que rueda desde sí misma: has de crear un creador.

Matrimonio: así llamo yo a la voluntad de dos de crear lo Uno, que es más que quienes lo crearon. Reverencia recíproca llamo yo al matrimonio: reverencia ante quienes quieren tal voluntad. Que este sea el sentido y la verdad de tu matrimonio. Pero aquello que los demasiado-muchos llaman matrimonio, estos superfluos: ay, ¿cómo llamo yo a eso? ¡Ay, esta pobreza del alma a dos! ¡Ay, esta suciedad del alma a dos! ¡Ay, esta miserable satisfacción a dos! Matrimonio llaman ellos a todo esto; y dicen que sus matrimonios se sellan en el cielo. Pues bien, a mí no me gusta este cielo de los superfluos. No, no me gustan estos animales enredados en la red celestial. ¡Lejos permanezca también de mí el dios que se acerca cojeando a bendecir lo que él no ha unido! ¡No os riáis de tales matrimonios! ¿Qué hijo no tendría motivo para llorar por causa de sus padres?

Digno me parecía este hombre y maduro para el sentido de la tierra; pero cuando vi a su esposa, me pareció la tierra una casa para insensatos. Sí, yo quisiera que la tierra temblara en convulsiones cuando un santo y una gansa se aparean entre sí.

Este salió como un héroe en busca de verdades, y finalmente capturó para sí una pequeña mentira emperifollada. Su matrimonio llama él a eso.

Aquel era reservado en el trato y escogía con escrúpulo. Pero de repente echó a perder para siempre su compañía: su matrimonio llama él a eso.

Aquel buscaba una criada con las virtudes de un ángel. Pero de repente se convirtió en la criada de una mujer; y ahora haría falta que, encima, todavía se convirtiese en ángel.

Precavidos encuentro ahora a todos los compradores, y todos tienen ojos astutos. Pero incluso el más astuto compra todavía a su mujer en un saco.

Muchas locuras breves: eso se llama entre vosotros amor. Y vuestro matrimonio pone fin a muchas locuras breves, como una larga estupidez. Vuestro amor por la mujer y el amor de la mujer por el hombre: ¡ay, ojalá fuese compasión con dioses sufrientes y velados! Pero la mayoría de las veces dos animales se adivinan mutuamente.

Pero incluso vuestro mejor amor es sólo un símil arrebatado y un ardor doloroso. Es una antorcha que ha de alumbraros hacia caminos más altos. Por encima de vosotros mismos habéis de amar algún día. Así pues, aprended primero a amar. Y por eso tuvisteis que beber el amargo cáliz de vuestro amor. Amargura hay en el cáliz incluso del mejor amor: así crea anhelo hacia el superhombre, así crea sed en ti, el creador. Sed para el creador, flecha y anhelo hacia el superhombre: di, hermano mío, ¿es esta tu voluntad de matrimonio? Sagrados se llaman para mí tal voluntad y tal matrimonio.

Así habló Zaratustra.

Traducción revisada con asistencia de IA basada en la arquitectura Transformer. Edición orientada por el texto alemán (Colli y Montinari) y la división estructural de Walter Kaufmann.

Comentarios

Deja un comentario

Descubre más desde TheportableNietzsche

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo